Los bancos centrales y nuestros mercados disfuncionales del oro

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prices2Muchos inversores siguen viendo al oro como una inversión refugio segura, pero sigue quedando mucha confusión acerca del grado en que el mercado del oro es vulnerable a la manipulación mediante operaciones a corto plazo en mercados amañados e intervenciones del largo brazo del banco central. Primero, mucho del oro que se está vendiendo como participaciones, en certificados, o para atesoramiento físico en “arcones” dudosos, simplemente no está ahí. Segundo, el oro en papel puede imprimirse hasta el infinito, igual que la moneda común. Tercero, los nuevos sistemas electrónicos de precios del oro (reemplazando, como en el pasado febrero, a la tradicional llamada telefónica a cinco bancos del London Gold Fix, aplicada desde 1919) no ha demostrado necesariamente ser un modelo más digno de confianza. Cuarto, acecha el fantasma del banco central, particularmente en forma de descuentos comerciales por volumen que les ofrecen los intercambios del metal.

El mundo complejo de las inversiones en oro

La cuestión del amaño ha atraído la atención de los medios en los últimos meses cuando diez bancos fueron investigados por la CFTC y el Departamento de Justicia de EEUU en investigaciones de manipulación de precios. También en torno a ese momento, el regulador suizo FINMA denunció un caso de manipulación de divisa en el que UBS fue acusada de trading ahead de órdenes sobre plata. Luego, la FCA de Reino Unido, que regula los derivados, ordenó a Barclays pagar cerca de 45 millones de dólares en multas contra un trader que suprimió artificialmente el precio del oro en 2012 para evitar pagos a clientes. Esas manipulaciones no se limitan al mercado de metales preciosos: en noviembre del año pasado, los grandes bancos tuvieron que pagar varios miles de millones de dólares en multas relacionadas con el amaño de referencias del cambio de moneda, incluyendo el LIBOR y otras referencias de tipos de interés.

Estos casos pisaban los talones a una serie de demandas presentadas en mayo de 2014 en Nueva York, en las que veinticinco demandantes, que incluían fondos de inversión, ciudadanos privados e inversores públicos (como fondos de pensiones) demandaban a HSBC, Barclays, Deutsche Bank, Bank Scotia y Société Génerale (los cinco bancos tradicionales del antiguo London Gold Fix) acusándoles de amañar los merados de metales preciosos y cambio de moneda. “un montón de teorías conspirativas han resultado ser un hecho conspirativo”, dijo al  New York Times Kevin Maher, un antiguo trader en Nueva York, que presentó una de las demandas.

Los bancos centrales en el centro de los mercados del oro

Se dio más prominencia a las demandas con la introducción de la London Bullion Market Association (LBMA) el 20 de febrero de 2015. El nuevo cuerpo fijador de precios se estableció con siete bancos: Goldman Sachs, J.P. Morgan, UBS, HSBC, Barclays, Bank Scotia y Société Génerale. (El 16 de junio, el Bank of China anunció, después de meses de especulación, que se uniría también).

Aunque algunos economistas han considerado la nueva fijación electrónica un buen avance frente a la fijación de precios por teléfono a puerta cerrada, otros se atreven a discrepar. El año pasado, CME Group, dedicado al comercio de materias primas fue objeto de investigación por permitir descuentos comerciales por volumen a bancos centrales, planteando la pregunta de cómo es realmente el fijación electrónico “abierta” de precios. Además, la LBMA no es una bolsa de materias primas, sino un mercado OTC (sobre la mesa) y no publica (no tiene que publicar) datos completos como la cantidad de metal que se intercambia en el mercado de Londres.

Según Ms. Ruth Crowell, la presidenta de la LBMA, escribiendo un informe para ese grupo: “El reporte después del comercio es la barrera material que impide una mayor transparencia en el mercado de los metales preciosos”. En el mismo informe, Crowell dice: “Merece la pena señalar que el papel de los bancos centrales en el mercado de los metales preciosos puede excluir la transparencia ‘total’, al menos a nivel público”. Hay que reconocer que el secreto London Gold Fix (1919-2015) mostraba en su sitio web datos de seguimiento del volumen neto diario de lingotes intercambiados y el historial de los intercambios de oro, al contrario que la información actual disponible de la LBMA, como se puede ver aquí (hacer scroll para ver los gráficos).

El problema con el oro de papel

Está además el problema de lo que se está vendiendo como oro en “papel”. A primera vista, esa opción parece buena. Los fondos de intercambio de oro (ETF), registrados en la bolsa de Nueva York, han funcionado muy bien la pasada década y muchos citan esto como una prueba de que el oro de papel, en lugar de los lingotes en mano, es igual de seguro como inversión. El precio en dólares del oro aumentó en más de un 15,4% anual entre 1999  y diciembre de 2012 y, durante ese tiempo, generó un retorno anual del 14% (mientras que los valores registraron una pérdida).

Como derechos en papel sobre fondos que mantienen oro en arcas bancarias, los ETF son para muchos preferibles al oro físico. Por ejemplo, las monedas de oro son fácilmente falsificables, perderán valor con el roce y los intermediarios se llevan grandes comisiones con su venta. Los antedichos lingotes, por su parte, con costes de transporte y entrega, son fáciles de manejar por parte de entidades bancarias, pero menos por individuos. Muchos los ven dignos de confianza: por ejemplo, ETF Securities, una de las grandes operadoras de ETF de materias primas, con 21.000 millones de dólares en activos, almacena su oro en Zúrich, en lugar de en Londres o Toronto. En estas dos últimas ciudades, según un directivo de esa empresa, “no se podría confiar en que no realizaran una orden de confiscación como la de Roosevelt en 1933”.

Además, las participaciones en estas entidades representan solo un derecho indirecto sobre una pila de oro. “Salvo que sean una gran empresa intermediaria”, escribe el economista William Baldwin, “no puedes llevar las participaciones a un cajero y conseguir metal a cambio”. Los custodios de ETF normalmente son empresas como J.P. Morgan y UBS, que participan en el mercado al por mayor, dice Baldwin, lo que implica un posible conflicto de intereses.

El gobierno y el oro después de 1944: Una relación de amor-odio

Más complicada todavía es la relación de amor-odio entre los gobiernos y el oro. Como decía el analista independiente especialista en oro Christopher Powell en un discurso en un simposio sobre ese metal en octubre de 2013 en Sídney: “Es porque el oro es una divisa nacional competitiva por lo que, si se le permite funcionar en un mercado libre, determinará el valor de otras divisas, el nivel de los tipos de interés y el valor de los bonos públicos”. Continuaba: “Por tanto, los bancos centrales pelean con el oro para defender sus divisas y sus bonos”.

Es una relación que ha tenido una historia turbulenta desde la fundación del sistema de Bretton Woods en 1944 y hasta agosto de 1971, cuando el presidente Nixon declaró suspendida la convertibilidad del dólar en oro. Durante esas décadas intermedias, el oro vivió como un rey de estraña existencia dual como metal monetario mitad controlado por el estado, mitad dirigido por el mercado libre, una situación que el economista premio Nobel, Milton Friedman, calificaba como un “patrón oro real pero ficticio”.

El origen de esta engorrosa dualidad fue el sistema de posguerra de dos pisos de precio del oro. Por un lado, había un nuevo sistema monetario que fijaba el oro a 35$ la onza. Por el otro, seguía habiendo un mercado libre para el oro. El precio oficial de 35$ era ridículamente bajo, comparado con su variante del mercado libre, generando una situación en la que las reglas del FMI contra tratar el oro a precios “libres” eran eludidas por bancos que subrepticiamente compraban oro en el mercado de Londres.

El precio artificial del oro se mantuvo constante hasta el final de los sesenta, cuando el precio del metal empezó a “negarse a cumplir” con el dólar. Aun así, la doctrina monetaria buscaba mantener fijo el precio y, al mismo tiempo, influir en los precios del mercado libre. Estos intentos fracasaron. Finalmente, en marzo de 1968. EEUU perdió más de la mitad de sus reservas, cayendo de 25.000 a 8.000 toneladas. Al precio de otros metales preciosos se le permitía moverse libremente.

El oro se retira a las sombras

Entretanto, el atesoramiento privado de oro estaba en marcha. Según el Financial Times del 21 de mayo de 1966, la producción de oro estaba aumentando, pero no estaba yendo a las existencias oficiales de oro. Esta situación, a su vez, afectaba fundamentalmente a las disposiciones del oro del FMI con respecto a los devoluciones en divisa solo en valor igual al valor del oro del momento del préstamo. Esto llevó a un aumento en la “planificación de oro de papel” como sustitutivo de mayores aumentos en las cuotas del FMI. (Ver por favor “The Paper Gold Planners — Alchemists or Conjurers?” en The Financial Analysts Journal, Nov-Dic 1966).

A finales de la década de 1960, Vietnam, la pobreza, el aumento en el delito y la inflación se acumulaban unos a otros. La Fed se puso a trabajar en lo que hace mejor: “Desde abril [de 1968], escribía el jurista y economista C. Austin Barke en un artículo de enero de 1969, “The US Money Crisis”, “la Fed ha creado continuamente nuevo dinero a  un ritmo inusualmente rápido”. Los economistas imploraron al FMI que permitiera un mercado libre para el oro, pero también que estableciera el precio oficial al menos en 70$ la onza. ¿Cuál fue el resultado de este sistema estúpido? Que en 1969 los estadounidenses estaban pagando tanto por altos impuesto como por inflación. El resto, como podrían decir, es la historia del presente.

Hoy no hay precio “oficial” para el oro, ni ningún “patrón oro-cambio” compitiendo con un mercado libre semiclandestino de oro. Sin embargo hay un legado material de oro “real pero ficticio” que sigue siendo una amenaza terrible. Que los compradores tengan cuidado con la diferencia esencial entre ambos.


Publicado originalmente el 23 de julio de 2015. Traducido del inglés por Mariano Bas uribe. El artículo original se encuentra aquí.

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