El problema de la “acomodación pública”

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La regulación pública de la propiedad en nombre de una “acomodación pública” obligatoria se ha convertido en una de las formas más fáciles de expandir el poder estatal en todas las empresas, hasta las empresas familiares más diminutas.

Estas regulaciones (critican a los propietarios privados quiénes pueden usar su propiedad y con quién están obligados a asociarse) se afirma que son necesarias bajo la idea de que sea los estados no microgestionan a los propietarios de negocios en éste aspecto, entonces las personas de los grupos desfavorecidos (por ejemplo, grupos étnicos minoritarios) no tendrían acceso a bienes y servicios básicos.

Esta idea ha tenido de hecho tanto éxito político que prácticamente nadie que se presente a un cargo público está dispuesto a oponerse a ella e incluso el libertario más aparentemente radical del laissez-faire a menudo se retractará inmediatamente si se le pregunta si debería permitirse a los propietarios rechazar atender a ciertos grupos de personas.

Sin embargo, como pasa con todas las regulaciones impuestas a los negocios, las regulaciones de acomodación pública generan un aumento en el coste de hacer negocios y llevan a menos alternativas para consumidores y trabajadores, al tiempo que refuerzan el poder de monopolio de las grandes empresas afectadas. Si el objetivo real es aumentar el acceso a una variedad de bienes y servicios, la clave para dar a los grupos étnicos minoritarios más acceso a bienes y servicios es reducir el poder de monopolio de las firmas establecidas abriendo el camino a nuevas entradas en el mercado y rebajando los costes de mantenimiento de nuevas empresas. Solo esta estrategia puede demostrarse que proporciona una alternativa real a lo largo del tiempo, mientras contribuye asimismo al crecimiento de la actividad empresarial dentro de los propios grupos marginalizados.

Si los políticos piensan que es importante combatir los efectos en la discriminación por parte de los dueños de negocios, deberían perseguir el objetivo de más alternativas y diversidad entre los dueños de negocios, al tiempo que animan a más empresarios a abrir más negocios en más lugares. Las leyes de acomodación pública, por el contrario, hacen lo opuesto. Aumentan el coste de hacer negocios, crean barreras de entrada para nuevas empresas y abren los pequeños negocios a la persecución y acoso públicos. Peor aún, las leyes de acomodación pública funcionan en desacuerdo con los enclaves étnicos, que, como veremos más adelante, son un factor valioso a la hora de promover el éxito económico y social de las minorías étnicas.

Para combatir los efectos de la discriminación, expandir las alternativas y la competencia

Los entusiastas de las leyes de acomodación pública afirman que, sin ellas, la gente se vería excluida de participar en la economía y las actividades sociales ordinarias.

Sin embargo, lo que esta postura supone es que no aparecerá ningún empresario para ocuparse de estas necesidades y que las firmas existentes persistirán como monopolios totales o parciales en la distribución de bienes y servicios. De hecho, sabemos por observaciones empíricas que salvo que el estado intervenga para crear barreras para fundar y mantener negocios, los empresarios en realidad aparecerán para atender poblaciones desatendidas (y muchos florecerán al hacerlo).

Para ilustrar esta realidad podemos ver la experiencia de los grupos étnicos que han estado sometidos históricamente ha extendidos prejuicios contra ellos: los mexicanos estadounidenses y los japoneses estadounidenses.

En ambos casos, encontramos que a la vista de una discriminación tanto de iure como de facto contra personas en estos grupos, los empresarios respondieron abriendo empresas para atender a estas comunidades.

La experiencia mexicano estadounidense

En su ensayo sobre dueños de negocios mexicano estadounidenses en el del Corpus Christi de la década de 1940, Mary Ann Villarreal señala en An American Story: Mexican American Entrepreneurship and Wealth Creation como respondieron a la discriminación los residentes locales:

Empresas [propiedad de latinos] como Tex-Mex News Stand, MGM Foods y Mirabal Printing encontraron una base de clientes entre una población mexicana de Texas que había soportado la discriminación y la segregación en ciudades como Corpus Christi y mucho del sur rural de Texas. Ese prejuicio, en muchos sentidos, limitaba el acceso que tenían los mexicanos tejanos a empresas y servicios locales. Por ejemplo, no era raro que los restaurantes, especialmente los pueblos cercanos, mostraran abiertamente carteles proclamando “No aceptamos mexicanos ni perros”. Los mexicanos tejanos, como Orea Vélez, respondieron de distintas maneras, incluyendo la creación de pequeñas empresas que se acomodaban a las necesidades de sus comunidades. (…)

Estas circunstancias, en concreto las que rodean a la segregación, dieron paso al crecimiento de nuevas oportunidades de negocio para los mexicanos de Texas. Dos otros factores, los medios impresos y las organizaciones sociales y cívicas, contribuyeron a la aparición de estos establecimientos. Los dueños de pequeños negocios invirtieron capital en medios impresos y en estas organizaciones tanto para servir a sus comunidades como para ganar estatus social como empresarios. [Cursivas añadidas]

En la década de 1940, no era de rigeur para los mexicanos estadounidenses reclamar el “derecho” a entregar dinero a los restauradores anglos que los veían como poco más que perros. Por el contrario los empresarios mexicanos estadounidenses respondieron abriendo sus propias empresas. Es verdad que no eran tan elegantes como muchos establecimientos anglos. Pero, a medio y largo plazo, estos nuevos empeños empresariales contribuyeron a la acumulación de capital dentro de las propias comunidades étnicas.

El papel clave de los enclaves étnicos

Así, además de proveer productos y servicios necesarios para la población mexicano-estadounidense, estos empresarios también prepararon el terreno para una economía de enclave étnico que funcionaba por sí misma como una especie de incubadora de negocios. Estas economías locales específicas para ciertos grupos étnicos también ayudaban tanto a propietarios como a empleados a desarrollar habilidades y fuentes de capital necesarias para la expansión más allá de la propia economía local.

En su obra sobre la economía de los cubano-estadounidenses en Miami, Heike Alberts describe el papel del enclave étnico para la creación de capital:

Los investigadores creen que la solidaridad étnica es crucial en las etapas tempranas del desarrollo empresarial, ya que permite a los emprendedores crear capital a través de redes étnicas y les da acceso a información de negocio, así como a una fuerza laboral étnica barata y leal.

Como se ha demostrado en grupos asiático-estadounidenses en California, así como en grupos mexicano-estadounidenses en los estados del oeste, los grupos étnicos a menudo responden al aislamiento debido a la discriminación, creando primero sus propias redes sociales y económicas y luego moviéndose hacia afuera. Como señala Alberts, desde la década de 1980, la solidaridad entre cubanos ha disminuido y esto puede deberse al relativo éxito de numerosas empresas de propiedad cubana, lo que ha abierto fuentes de capital y mano de obra fuera del enclave. La solidaridad étnica sirvió para su propósito y luego declinó.

Los mexicanos estadunidenses en Texas construyeron redes similares. Además, el rechazo de algunos “anglos” (es decir, blancos no hispanos) a atender a estas poblaciones creó una base de clientes lista para los negocios de propiedad latina, que construyeron sus propios enclaves étnicos: “Los mexicanos de Texas tenían que desarrollar estrategias empresariales particulares si querían sobrevivir”, describe Villarreal. “Al mismo tiempo, estas mismas circunstancias también permitieron el éxito de los negocios de los mexicanos de Texas”. [Cursivas añadidas].

Geraldo Cadava señala que esta respuesta empresarial no era nada nuevo para la comunidad mexicano-estadounidense, aunque los investigadores han tendido a sobrevalorar a los trabajadores en las obras académicas sobre latinos:

El crecimiento de las empresas de propiedad latina y de los datos recogidos por las agencias públicas de EEUU acerca de ellos, ha llevado a una ola de intelectualidad que ha caracterizado a los empresarios latinos como miembros esencialmente importantes, aunque mal estudiados, de sus comunidades. Como país, nos hemos centrado en los acalorados debates sobre la migración laboral latinoamericana, en lugar de en los empresarios que han creado mercados, desempeñado papeles esenciales del desarrollo de sus comunidades y emergido como organizadores y líderes políticos.

Tal vez el auge moderno más grande de este tipo de emprendimiento pueda remontarse a la época posterior a la Segunda Guerra Mundial en numerosas ciudades estadounidenses. Cadava escribe:

Las pequeñas empresas siguieron siendo la piedra angular de la actividad empresarial latina en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial y los consumidores latinos eran aún sus clientes objetivos. Durante un periodo definido generalmente como un tiempo de auge económico, los latinos de segunda o tercera generación (descendientes de familias latinas que habían vivido en EEUU desde siglo XIX o los hijos de inmigrantes latinoamericanos que había llegado a principios del siglo XX) empezaron más negocios que ninguna generación anterior de latinos.

De hecho, el abuelo de este autor se ganaba la vida suministrando cerveza a restaurantes mexicanos durante el auge de la posguerra en Los Ángeles. No es sorprendente que su empleador, la cervecera Cuauhtémoc Moctezuma, quisiera aprovechar la expansión de los negocios mexicano-estadounidenses en ese momento.

Imagen: La tarjeta comercial de mi abuelo de la década de 1950. Muchos otros mexicano-estadounidenses trabajaron en campos similares durante los años del auge de la posguerra en economías latinas.

También se expandieron grandes empresas nacionales, con muchas de ellas especializándose en atender a una base de clientes latinos, entre otros. Cadava continúa:

Las empresas de propiedad latina a mediados del siglo XX encontraron progresivamente mercados para sus bienes y servicios más allá de la comunidad latina, tanto porque los latinos empezaron a salir de los barrios después de la Segunda Guerra Mundial, como debido a la creciente comercialización de todas las cosas latinas, especialmente la comida y la música. Goya Foods, por ejemplo, empezó en 1936 como una empresa pequeña de propiedad familiar que vendía sus productos solo dentro de las comunidades Latinas de Nueva York. En el periodo de posguerra, cadenas que no eran de propiedad latina, incluyendo Safeway , rechazaban vender productos de Goya. Pero bajo el liderazgo de Joseph A. Unanue, nacido en EEUU, hijo de un inmigrante puertorriqueño, y el fundador de la empresa, Prudencio Unanue, Goya Foods se convirtió en la mayor distribuidora de alimentos de propiedad latina en EEUU y también enviaba sus productos a todo el mundo, especialmente a Latinoamérica, España y otros países europeos. La Preferida, una empresa alimentación de propiedad mexicana, establecida en Chicago a finales de siglo XIX también empezó como una pequeña empresa que luego se expandió para vender sus productos nacional e internacionalmente.

Debería advertirse, sin embargo, que todo esto estaba teniendo lugar en un escenario de intolerancia legal e informal muy real. Como mostraron en ese momento tanto el espectáculo de los juicios de Sleepy Lagoon como los disturbios de los zoot suit, el resentimiento anti-mexicano-estadounidense era real.

Igual que Villarreal, Cadava señala que el abandono de los clientes latinos por los propietarios anglos contribuyo al crecimiento de los negocios de propiedad latina: “la segregación de las comunidades latinas que oportunidades de negocio para latinos aspirantes a empresarios”. [Cursiva añadida]

Además, la misma existencia de empresas como Goya Foods y la multitud de periódicos privados, restaurantes e incluso instituciones financieras entre los mexicano-estadounidenses contradice las afirmaciones de que sin leyes de acomodación pública, las minorías étnicas serían incapaces de obtener bienes y servicios esenciales. Después de todo, alguien estaba vendiendo suministros de restauración, muebles de oficina, imprentas y otro equipo y herramientas a estas empresas propiedad de minorías. No todas ellas podrían haber obtenido el 100% de los bienes y servicios que necesitaban de otros dentro de sus propios grupos étnicos.

La experiencia de los japoneses estadounidenses

Aunque está claro que existía un prejuicio antilatino a nivel privado, por suerte se manifestó las políticas públicas cada vez menos a lo largo del tiempo después de la Segunda Guerra Mundial. Es decir, las leyes que limitaban la actividad empresarial latina empezaron a desvanecerse a mediados del siglo.

Este es un asunto clave a señalar, ya que la discriminación del gobierno, por supuesto, al contrario que la discriminación el sector privado, es necesariamente monopolista. Mientras un mexicano-estadunidense a menudo es libre para fundar una empresa y competir contra un propietario del sector privado, nadie puede crear un sistema justicia penal en competencia cuando, como demostró el caso  Sleepy Lagoon, los tribunales públicos existentes tenían prejuicios fundamentales contra los mexicano-estadunidenses.

Esto ilustra, otra vez, el factor clave para aumentar las alternativas de los grupos minoritarios es mantener un régimen legal que estimule y sostenga la actividad empresarial y la entrada de nuevas empresas en el mercado.

Un grupo de gente que no siempre tuvo tanta suerte con respecto a la discriminación impuesta por el gobierno fue la comunidad de los japoneses estadounidenses. A principios del siglo XX, los japoneses estadounidenses afrontaban limitaciones legales muy reales impuestas por el estado a su capacidad de abrir y poseer negocios. En otro artículo, escribí sobre este fenómeno:

En California, a finales del siglo XIX y principios del XX, el sentimiento antijaponés era alto, a pesar de que nunca fueron más de un 3% de la población. Para desanimar la inmigración japonesa a California y limitar la riqueza los propios inmigrantes, un gran número de grandes empresarios acuerdo entre ellos no contratar a ningún trabajador japonés. Al mismo tiempo, los políticos en el parlamento estatal aprobaban leyes prohibiendo a los inmigrantes japoneses trabajar en diversas profesiones. En respuesta los japoneses, tanto los inmigrantes como los nativos, eludieron estas leyes y predicciones de empleo centrándose en sectores que eran ignorados por mucha de la población debido al duro trabajo que requerían y los pequeños márgenes de beneficio que producían. Trabajadores y empresarios japoneses empezaron a dominar la horticultura y los sectores de las flores y los viveros. Los japoneses, que desarrollaron formas más eficientes de cultivo y de llevar las cosechas al mercado, pronto empezaron a desplazar del mercado a los granjeros blancos. Los californianos bancos respondieron con leyes sobre terrenos en propiedad de extranjeros en 1913 y 1920, que prohibían la venta de tierras a japoneses nacidos en el extranjero y también debía arrendar tierras a los mismos durante más de tres años. Los japoneses se limitaron a responder firmando los acuerdos sobre tierras con los nombres de sus hijos nacidos en Estados Unidos y el ciclo continuo, hasta que Roosevelt solucionó muchos de los problemas de los bancos sencillamente encerrando los japoneses en campos de concentración.

En este caso, cuando la discriminación privada informal fracaso en echar de los negocios a los japoneses estadounidenses, los bancos locales recurrieron a la dura mano del poder estatal leyendo la propiedad privada para muchos de ellos.

De todos modos, los enclaves japoneses estadounidenses tuvieron éxito y estos fueron el primer grupo de una minoría étnica en abrir una institución financiera en la California moderna. En su libro sobre banca étnica en «How Ethnic Banks Matter«, Wei Li, et al escriben:

En 1899, los inmigrantes fundaron la primera empresa financiera étnica en California, Nichibei Kinyusha (la Compañía Financiera Japonesa Estadounidense). En 1903, esta empresa fue Licenciada como banco estatal de California, el Nichbei Ginko (Banco Japonés Estadounidense) y se inauguró una sucursal en Los Ángeles. Le siguió el Kinmon Ginko en 1905. Ambos bancos se centraban en la porción del centro de la ciudad de una comunidad japonesa que totalizaba 1.200 personas en el condado de Los Ángeles en 1900.

Igual que los mexicanos estadounidenses en California y Texas, los japoneses estadounidenses respondieron a la discriminación creando sus propios enclaves étnicos y redes dedicadas a estimular el crecimiento empresarial y la acumulación de capital. Favorecieron concretamente a otros japoneses estadounidenses en su contratación y decisiones de inversión y se movieron hacia fuera una vez se establecieron redes sociales, económicas y financieras.

Aunque sin alcanzar el mismo nivel de complejidad financiera que los bancos asiáticos estadounidenses explicados por Li, et al, los grupos latinos también trabajaron para proporcionar préstamos dentro de sus propias comunidades con el fin de crear negocios y economías locales. Cadava explica cuántos préstamos fueron concedidos considerando preferencias co-étnicas:

Adicionalmente, latinos de grupos étnicos particulares tendían a prestar dinero a latinos del grupo similares. Cuando abrió sus negocios, un 18% de los latinos confiaban en fuentes “co-étnicas” de capital (es decir, cubanas, mexicanas o nicaragüenses) y sólo un 6% se beneficiaban de capital “co-racial” (es decir, latino). Igualmente, los mexicanos era más probable que compraran en tiendas de otros mexicanos, los cubanos en tiendas de otros cubanos y los portorriqueños en tiendas de portorriqueños.

Los negocios co-étnicos (negocios pensados para atender a grupos étnicos concretos) servían también para funciones sociales importantes. En «Latino Busines Landscapes and the Hispanic Ethnic Economy«, Alex Oberle describe la importancia la carnicería en proporcionar un lugar de encuentro para empresarios locales, consumidores y otros residentes dentro de las comunidades mexicano-estadounidenses. Estas instituciones proporcionaron (y siguen proporcionando) apoyo social dentro de enclaves étnicos así como conexión entre potenciales prestatarios con fuentes para préstamos, información acerca de las necesidades de la comunidad y una forma para que los nuevos empresarios conecten con potenciales clientes.

Las leyes de acomodación pública no producen éxito económico

Nuestros ejemplos históricos explicados aquí tuvieron todos lugar antes de la Ley de Derechos Civiles de 1964 y antes del auge de las leyes de acomodación pública como órdenes a las empresas privadas para proveer bienes y servicios a todos los clientes independientemente de su origen étnico.

Lo que es más importante, hay pocas razones para creer que la acomodación pública haya hecho algo por hacer realmente más ricos a los grupos étnicos. Echando la vista atrás a la década de 1940, Villarreal señala que “el fin de la segregación étnica no afectó mucho a la pobreza que experimentaron los mexicano-estadounidenses e inmigrantes mexicanos más pobres”.

¿Y por qué debería haberlo hecho? El problema de la pobreza no se resuelve agitando una varita mágica antidiscriminación que de alguna manera haga más ricos a los grupos étnicos marginados. Además, las poblaciones pobres no es más probable que consigan préstamos bancarios si siguen siendo pobres y siempre ha sido legal rechazar atender a clientes que no puedan permitirse comprar ninguno de tus productos o servicios.

Por el contrario, hay razones convincentes para creer que el crecimiento económico real y la acumulación real de capital dentro de grupos étnicos se consiguen mejor estimulando la actividad empresarial a nivel local y expandiéndose hacia afuera, lo que genera aumentos reales en rentas y niveles de vida. Adicionalmente, el crecimiento de la actividad empresarial asegura que los consumidores dentro de esos grupos étnicos tendrán más alternativas en lo que se refiere a conseguir préstamos, servicios y una variedad de productos de propietarios dentro de esa comunidad, todo sin imponer órdenes a las empresas y tratar de castigar a los propietarios empresas basándose en especulaciones acerca de motivaciones supuestamente intolerantes.

¿Cree alguien seriamente que los japoneses estadounidenses lograron niveles más altos de renta y estatus socioeconómico que los blancos porque el Congreso ordenara a las empresas privadas sentarlos en las barras? Una explicación mucho más creíble es que las raíces del éxito de los empresarios japoneses estadounidenses existían mucho antes de la década de 1960. Por cierto, todo esto pasó a pesar de las extendidas restricciones públicas sobre estas actividades. La discriminación privada no era realmente el mayor problema que afrontaron los japoneses estadounidenses en el siglo XX.

Igualmente, con los grupos latinos, la salida de la pobreza se aceleró no ordenando que los empleados si hubieran café a los mexicano-estadounidenses. Mucho más probable es que de hecho de que, impelidos por los rechazos a proporcionar servicios por parte de algunos anglos, los empresarios mexicano-estadounidenses crearon sus propias instituciones sociales y económicas que (como Goya Foods) crecieron más allá de los límites de sus propios grupos étnicos con el paso del tiempo.

Beneficios y costes de las leyes de acomodación pública para minorías étnicas

Muchos defienden las leyes de acomodación pública basándose en que al menos ayudan a los miembros de los grupos minoritarios en la compra de bienes y servicios “esenciales” (definidos de diversas maneras). Es indudablemente cierto que se puede señalar casos en los que las leyes de acomodación pública han aumentado la comodidad para los consumidores en diversos tiempos y lugares. ¿Pero qué pasa con lo que no se ve? Si los enclaves étnicos la solidaridad étnica desempeñan un papel económico y social importante en aumentar la riqueza de los grupos marginados (como hemos visto antes), ¿cuál es el efecto de prohibir esencialmente la referida solidaridad de los grupos étnicos como los mexicano-estadounidenses? Recordemos que las leyes de acomodación pública se oponen necesariamente a muchas de las actividades mencionadas aquí por los investigadores, incluyendo preferencias co-étnicas para prestar y contratar cómo los préstamos “co-étcnicos” descritos por Cadava. Como las leyes de acomodación pública (y las leyes de “igualdad de oportunidades”) prohíben a los blancos no hispanos mostró preferencias por otros, igualmente prohíben a los mexicano-estadounidenses y japoneses estadounidenses (por ejemplo) mostrar preferencias por otros dentro de sus propios grupos étnicos. Por suerte, por razones políticas, estas leyes nos aplican tan estrictamente dentro de enclaves étnicos no anglos y es este descuido (deliberado) por parte del estado lo que permite a estos enclaves étnicos continuar (de una manera reducida) sirviendo a su papel esencial de promover actividad empresarial dentro del grupo.

Igualdad y fraternidad entre todos los grupos étnicos suena bien sobre el papel, pero en la experiencia real, el papel esencial de la acumulación de capital y el emprendimiento basados técnicamente (reforzados por el favoritismo co-étnico) no puede darse por descontado.

Busquemos rebajar los costes de la actividad empresarial

Si los cargos electos están tan preocupados por aumentar el acceso a bienes y servicios para las minorías étnicas, deberían buscar eliminar restricciones sobre las actividades del sector privado y rebajar las barreras de entrada en el mercado.

Después de todo el edificio de la acomodación pública se construyó en buena parte sobre la idea de que empresas encabezadas por intolerantes serían capaces de crear monopolios parciales o totales que puedan dictar a los consumidores quién puede comprar qué.

Sin embargo, en una economía libre razonable esto no puede ser posible, ya que una ausencia de barreras legales de entrada reduce la posibilidad de ser capaz de crear un monopolio sostenible a niveles cercanos a cero.

Los defensores las leyes de acomodación pública suponen que las minorías étnicas se verían reducidas a la pobreza más abyecta en un estado de apartheid si no fuera por los mandatos estatales sobre acomodaciones públicas. En el caso de los japoneses estadounidenses y latinos al menos, esto nunca se ha demostrado o siquiera atisbado en la experiencia real.

Lo que sí se ha demostrado es que el factor clave para rebajar los efectos de la discriminación es el aumento de la actividad empresarial y la acumulación de capital dentro de estas comunidades. Naturalmente, el estado debe también apartarse para que ocurra esto.

Si realmente queremos ver florecer los grupos étnicos minoritarios, la respuesta es permitir libre asociación a estos grupos (y a todos los grupos) y recortar las regulaciones públicas en las cuales se ven atrapados los propios negocios propiedad de minorías. Estas regulaciones incluyen salarios mínimos, leyes de acomodación pública, leyes urbanísticas, restricciones a la vivienda, restricciones a la fabricación de alimentos y multitud de otras restricciones que hacen muchísimo más difícil salir de la pobreza.


Publicado originalmente el 3 de junio de 2016. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

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