El principal experto actual en Mises, sobre el hombre y su legado

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[The Austrian 4, nº 4 (Julio/Agosto de2018): pp. 4-14]

JEFF DEIST: Eres alemán, pero de no de una gran ciudad de Alemania.

GUIDO HÜLSMANN: Correcto, de un pueblo pequeño.

JD: ¿Influyó tu crianza en un pueblo pequeño en tu carrera y puntos de vista?

GH: Creo que sí. El pueblo al que iba al instituto en esos años tenía el mayor porcentaje de votantes comunistas de toda Alemania Occidental. Y esa presencia se sentía también en la escuela, no necesariamente entre los maestros, aunque había al menos un comunista, sino especialmente entre los estudiantes. Siempre había discusiones muy enconadas, a veces acaloradas acerca de temas políticos. Sigo recordando que en realidad di mi primera conferencia en público con 15 años, en el contexto de un debate sobre rearmamento. Todos los comunistas estaban contra este y, como todos los comunistas estaban contra este, debo haber estado en la postura por defecto para todos los demás seres humanos. Así que no encontraban a ninguna persona mayor para defenderla y yo era lo suficientemente ignorante y tenía la suficiente personalidad como para hacer esto. Así que lo hice con 15 años y esa fue mi primera experiencia.

JD: ¿No pasaste una fase izquierdista de joven?

GH: No mucho. Me acerqué a algunas ideas izquierdistas cuando estaba en la universidad.

JD: Decidiste ir a la Universidad Tecnológica de Berlín y estudiar ingeniería en lugar de economía.

GH: Después del bachillerato, estuve un año en el ejército para realizar el servicio militar, así que tuve mucho tiempo para pensar. Tenía entonces dos opciones. Podía convertirme en piloto de aviación o hacer algo relacionado con la economía. En lo que se refería a la economía, habría sido derecho mercantil o ingeniería complementada con formación en economía. Sabía que me interesaba esto porque estudié economía en el ejército. Por las tardes había diversas actividades y una de las cosas que podías hacer es recibir clases. Y elegí una clase de macroeconomía. Era macroeconomía al estilo keynesiano, no tan técnica como la que me enseñaron en la universidad, pero me sirvió como introducción y la encontré muy interesante.

JD: ¿Luego estudiaste para graduarte en ciencias empresariales en Toulouse, Francia?

GH: Sí, porque había un programa de intercambio entre la Universidad Tecnológica y la Escuela de Negocios de Toulouse. Ofrecían un máster en investigación empresarial, que estaba pensado para todos aquellos hijos cuyos padres les habían enviado a la escuela de negocios y eran infelices allí y realmente buscaban realizar un tipo de trabajo más intelectual. El profesor que dirigía este programa era economista y me aceptó como alumno y me permitió dedicar la mayor parte de mi tiempo en el segundo semestre de ese año a la investigación económica.

JD: Después de la escuela de negocios, volviste a Alemania para doctorarte en Berlín, ¿Vivir en Francia te convirtió en austrolibertario en ciernes?

GH: Eso parece. Me uní a los austriacos en Francia, fíjate por donde. Mi director de investigación en Francia se dio cuenta de que me interesaban las ideas liberales y las ideas alternativas. Así que me hizo leer a Hayek y un libro de Rothbard que acababa de publicarse en Francia. Así entré en contacto con las ideas austriacas. No me convencieron de inmediato, pero las encontraba muy interesantes. Lo que me convirtió realmente fue la Teoría del dinero y del crédito de Ludwig von Mises. No fue una experiencia de conversión, pero me impresionó muy fuertemente y me convenció de que era una aproximación mucho más realista, poderosa y pertinente que cualquier otra que hubiera visto en economía y eso me impulsó a tomarla como punto de partida para mis propios trabajos. Fue entonces cuando volví a Berlín, al principio de mis estudios de doctorado.

JD: Y volviste a Francia en ti carrera profesional. Hoy estás en la Universidad de Angers y diriges allí el programa de economía, para estudiantes tanto de máster como de doctorado. Muchos de tus alumnos conocen tu reputación y buscan la oportunidad de estudiar contigo, igual que pasaba con Rothbard en la UNLV.

GH: Para mí es un privilegio tener alumnos que no se limitan a querer obtener un doctorado con cualquiera, sino que quieren estudiar conmigo, de forma que puedo elegir esos estudiantes. Además, de los alumnos que tengo de grado en Angers, creo que solo hubo uno que se quedó y se convirtió en estudiante de doctorado y es un joven que vino de Austria para estudiar conmigo en Francia. Normalmente, los estudiantes [de grado] que tenemos no tienen realmente mucho interés por la economía y, si tienen interés por la economía, normalmente tienen grandes dificultades emocionales con la economía austriaca, no tanto por sus bases metodológicas como porque las conclusiones políticas son demasiado libertarias y esto resulta muy irritante para la mayoría de los jóvenes en Francia.

Así que, en consecuencia, los que hacen el doctorado conmigo vienen de todo tipo de lugares, siendo solo un cuarto de ellos estudiantes franceses. Los demás vienen del extranjero.

JD: Hablemos sobre Mises, el hombre. Probablemente seas más conocido por haber escrito la biografía definitiva de este. Cuéntanos cómo se inició el proyecto y tus recuerdos de enfrentarte a él como economista académico desempeñando el papel de biógrafo.

GH: Se inició porque Lew Rockwell me preguntó si estaría interesado en escribir una biografía de Mises. Fue en enero de 1997. Lew y yo nos conocimos en Auburn, Alabama, en la Universidad Mises en 1995. Había leído algunos de los escritos que yo había publicado en inglés. Estaba convencido de que tenía conocimiento suficiente de la economía austriaca y, por supuesto, sabía que era germanoparlante y también hablaba francés. Así que todo esto resultaba bastante útil para realizar este tipo de trabajo.

¿Pero por qué trataba de encargar una biografía de Mises? Bueno, porque, gracias al colapso del imperio soviético, se había descubierto el archivo secreto en el que se encontraban los documentos de Mises, los documentos de Mises anteriores a la guerra y entonces estaban disponibles. La noticia había llegado a EEUU y Richard Ebeling había viajado a Moscú para mirar estos, papeles, el primer economista austriaco que tenía en sus manos ese material y Lew pensó que merecería la pena que yo también hiciera ese tipo de investigación y escribiera una biografía de Mises.

JD: Mises no era un hombre al que le gustara hablar de sí mismo. Y sus propias memorias eran insatisfactorias en ese sentido, el sentido de llegar a saber cómo era.

GH: Absolutamente no.

JD: ¿Viste eso como biógrafo? ¿Era como sonsacarle?

GH: Sí, tuve la suerte de que existiera este material anterior a la guerra. Estoy seguro de que si Mises hubiera tenido este en sus manos (si hubiera podido determinar qué sobreviviría y qué no) las mayoría del material que resulta interesante para ilustrar cómo era Mises como persona se habría destruido. Estoy completamente seguro de esto, porque no se encuentran escritos similares en su material de posguerra. Era muy discreto acerca de estas relaciones sociales. Y tener ese tipo de material no es mucho, pero indudablemente su correspondencia con su madre, su correspondencia con Margit, con quien se casó posteriormente y algunos intercambios con otras personas que permitirían ver cómo era Mises como persona probablemente se habrían desvanecido si hubiera tenido la posibilidad de hacerlo.

JD: ¿Cuánto te llevó completar el proyecto?

GH: De principio a fin, unos 10 años, poco más de 10 años: De enero de 1997 a septiembre de 2007.

JD: Evidentemente, el Instituto Mises promueve la obra de nuestro tocayo. Así que no somos una editorial imparcial y tú no eras un biógrafo imparcial, aunque indudablemente honrado y concienzudo en tu evaluación, ¿Has tenido que defender el libro contra críticos que afirmen que es una hagiografía?

GH: Hay muchas críticas del libro, creo, casi 40 reseñas, pero solo una de ellas me acusaba de ser un aficionado, un adulador que distorsionaba la realidad a favor o en beneficio de cierta ideología. Por supuesto, lo que es cierto es que nuestras propias concepciones, concepciones metodológicas, concepciones políticas, afectan al tipo de cuestiones de las que hablas, afectan a la selección de material que presentas, esto es inevitable. Pero, por supuesto, la investigación va más allá de esto, porque la investigación intenta siempre evaluar hechos, todos los hechos conocidos, y hacer justicia al material hasta donde podamos. Por supuesto, hay limitaciones, porque el conocimiento que te permite interpretar y evaluar cualquier material es limitado. Así que, debido a esto, diría que fue un intento honrado de investigación y fue apreciado por la mayoría. Quería proveer un servicio, al presentar ese material, esta enorme cantidad de material, quiero decir que hay más para ver y más para investigar sobre Mises y algunos ya han empezado a hacer esto. Y hay un servicio en juntar todo esto y presentarlo de forma coherente, relacionando la investigación de los escritos de Mises con el contexto de su tiempo y sus otras actividades. Y eso es lo que traté de hacer, aun que no sea perfectamente, pero se hizo.

JD: Sus memorias eran bastante pesimistas, al haber visto derrumbarse el imperio de los Habsburgo y el auge tanto del comunismo como del nazismo. Tampoco fue bien tratado por la universidad, ni en Europa ni tras su llegada a EEUU. Ahora en 2018 me pregunto si pensaría que el entorno intelectual para su obra y la economía austriaca en general es mucho más favorable que durante su vida.

GH: Absolutamente. Es gracias a su postura valerosa, que ha inspirado también a muchos, pero hay pocos economistas de su nivel que hayan resistido en la manera en que lo hizo y su propia postura valerosa ha inspirado a muchos otros economistas e intelectuales que no fueron necesariamente austriacos y que no se convirtieron en austriacos. Pensemos, por ejemplo, en alguien como Milton Friedman. Milton Friedman recibió un premio Nobel de economía por parte de su investigación técnica, que no conoce ninguno de sus muchos admiradores fuera del mundo económico. Es más conocido por el gran público por sus obras populares, Capitalismo y libertad y otras. Pero estas obras están muy inspiradas por los austriacos. Por supuesto, tenía otro enfoque metodológico. Pero su visión del funcionamiento del mercado es inconcebible, yo diría que incomprensible, si no se tiene el conocimiento de la economía austriaca como trasfondo. Y esa es una de las razones por las que creo que hoy la gente tiene dificultad en entender y apreciar a Friedman al no conocer a los austriacos, pues parece como alguien que se limita a profesar juicios libertarios de valor. Era muy inteligente en la manera en que presentaba sus argumentos, pero no se ve el edificio completo sobre el que se sostienen.

JD: ¿Crees que la reputación y obra de Mises se beneficiaron indirectamente al ganar Friedrich Hayek en premio Nobel en el 74, aunque Mises muriera un año antes?

GH: Bueno, no creo que esto generara mucho interés sobre Mises. Como sabes, está muy a menudo la hipótesis implícita al evaluar a alguien que es discípulo de otro, si el discípulo obtiene un premio importante, se dirá bueno, el discípulo es realmente más grande que el maestro, así que probablemente todo lo que el maestro produjo está de una forma u otra en la obra del discípulo. Este no es indudablemente el caso de Mises y Hayek y explico esto en mi libro. También he destacado que las bases sobre las que razonaban estos dos hombres eran algo distintas, no en todos los aspectos, pero distintas en múltiples aspectos. Así que se pueden obtener muchas ideas estudiando a Mises independientemente de Hayek. Hayek nunca fue un economista tan completo como Mises. Se alejó de la economía relativamente pronto y se centró más en cuestiones de filosofía social general y en la transformación de la sociedad y la política y otras cosas, que eran temas que Mises no tocó demasiado. Si quieres, hubo una división del trabajo en lo referente al análisis económico. Esta claro que Mises estaba dos o tres niveles por encima de Hayek y que lo mismo pasaba con Murray Rothbard. Yo diría que Rothbard no era tan buen economista como Mises, pero indudablemente era muchísimo mejor que Hayek. Así que no puedes dejar de lado a Mises y Rothbard solo por leer a Hayek.

JD: ¿Crees que Mises es el economista más formidable e influyente que nunca recibió un Nobel?

GH: Es una pregunta difícil.

JD: Política, en cierto modo.

GH: Todo esto tiene una fuerte dimensión política. Hay algo divertido que siempre he destacado en lo concerniente al premio Nobel y es que ningún economista ha recibido el premio después de declararse muy fuertemente en contra los bancos centrales. Hayek se opuso a los bancos centrales con vigor después de 1974 con su elección de divisa y la desnacionalización del dinero. Así que, solo por esto, probablemente la vida de Mises habría sido muy difícil, pero asimismo hay que considerar que el premio Nobel de economía se creó en 1969. Mises murió en 1973. Así que, siendo realistas, solo hubo una ventana de cinco años en la que pudo haber conseguido el premio. Era claramente uno de los principales economistas de su época. El comité en los primeros años concedió el premio a gente privilegiada que había realizado contribuciones técnicas y también a la aplicación de métodos matemáticos en el análisis económico, que, desde el punto de vista austriaco, eran en buena medida algo superfluo y estéril, ya que realmente no nos ayudan a aumentar nuestros conocimientos, pero eso era lo que esperaba en esos tiempos.

Permíteme este comentario adicional, aunque hubiera obtenido el premio Nobel, ¿habría esto contribuido a su reputación? ¿Habría ayudado a la economía austriaca? Sí, ligeramente, pero Mises se sostiene bien sobre sus propias piernas, así que Mises no necesita un premio para atraer lectores para sus obras. Ha producido obras de una calidad tan extraordinaria y valor eterno que no necesita un premio Nobel. ¿Cuánta gente lee hoy a Paul Samuelson [que ganó el premio en 1970]? Incluso su libro de texto es ahora una edición que se ha transformado tanto que es completamente distinto de la versión inicial publicada en 1948. Mises, por el contrario, sigue leyéndose y, en realidad, con la excepción de Friedman y uno o dos más, no hay ganadores del premio Nobel de economía que se sigan leyendo hoy.

JD: Su primer trabajo largo es La teoría del dinero y del crédito. Menudo libro para alguien tan joven, con poco más de 30 años.

GH: Sí, tenía 31.

JD: Aplica el concepto de la utilidad marginal al dinero y así mejora a Menger. Es un libro magnífico y premonitorio. ¿Crees que es en cierto mod su mayor logro?

GH: Oh, sí, definitivamente. Es un libro de una calidad asombrosa. Joseph Schumpeter en ese momento era todavía más cuando escribe algo similar. El libro de Schumpeter era brillante en su exposición de material complejo, pero yo diría que era típico de Schumpeter. Era muy brillante y estaba claro esta persona tenía un conocimiento completo de la literatura de lo que estaba tratando. Pero esencialmente se equivocaba. La Teoría del desarrollo económico de Schumpeter se equivoca en muchas afirmaciones. Es como la obra de John Maynard Keynes. Es intrigante, hay también vocabulario nuevo y todo eso, pero esencialmente se equivoca. Como dijo una vez Henry Hazlitt en su explicación de la teoría general de Keynes, no hay nada en este libro que sea al tiempo nuevo y correcto. Así que hay algunas cosas nuevas, pero que no son correctas y hay cosas correctas que no son nuevas. Mises hizo otra cosa. Produjo un libro que no se limitaba a contener nociones nuevas y sólidas, como la naturaleza y origen de los ciclos económicos. Produjo una gran síntesis. O, por usar una metáfora, no se limitó a añadir un nuevo piso en lo alto del edificio de Menger. Añadir un nuevo piso habría sido una buena contribución, pero algo ordinario. Cualquier discípulo con talento puede subirse a los hombros de su maestro a añadir algo en lo alto y después estas adiciones dependen enteramente de la solides de la base sobre la que construye. Pero Mises hizo algo más. No solo construyó a partir de Mises: integró sus nuevas ideas con toda la literatura sobre economía monetaria y los debates sobre política monetaria en el siglo XIX. Usó el edificio de Menger como marco y luego solidificó sus cimientos y procedió a construir toda una basílica encima de ellos. Fue un logro enorme.

JD: Cuando volvemos atrás y lo leemos hoy, con unos 106 años de perspectiva, sigue habiendo pasajes completamente relevantes.

GH: Oh, sí, definitivamente. Una obra clásica de literatura, un texto clásico, es una exposición magistral de un tema. Este es el primer criterio y el segundo es que sigue siendo relevante para nosotros hoy. Y definitivamente eso vale para todos los textos de Mises. La razón por la que es todavía relevante para nosotros hoy no es por sí mismo, es especialmente porque la ortodoxia económica ha decidido ostensiblemente olvidarlo, no leer a Mises, no entenderle, así que los grandes economistas del siglo XX no han hecho lo que él hizo al inicio del siglo XX. Los economistas se han ido haciendo cada vez más bobos, más ignorantes, no solo sobre la economía clásica, y toda la literatura del siglo XIX, sino también sobre las grandes contribuciones aportadas por Mises y otros en las décadas de 1920 y 1930.

JD: Pasemos entonces al periodo de entreguerras, escribe Nación, estado y economía; Liberalismo; Burocracia y Socialismo durante este prolífico periodo de su vida. Todos ellos siguen siendo fundamentales y van más allá de la pura economía.

GH: Estoy de acuerdo.

JD: Hablemos primero de Liberalismo. Dice que podemos reducir todo el programa liberal a una palabra: “propiedad”. “Neoliberalismo” era todavía un concepto nuevo en esos tiempos. ¿Qué crees que habría pensado Mises acerca de en qué se ha convertido el “liberalismo”, tanto conceptual como políticamente?

GH: Bueno, lo vio venir. Lo vio venir en los años de posguerra, cuando ya estaban presentes todas las distintas tendencias del neoliberalismo. La diferencia entre neoliberalismo y liberalismo clásico puede definirse exactamente en torno a esa palabra que has mencionado: “propiedad”. En el liberalismo clásico, la propiedad privada es el punto de partida. Y en el neoliberalismo es algo que es una opción técnica para la disposición de los asuntos sociales de formas que son más favorables para otras cosas, alguna otra variable, justicia o eficiencia o como quieras llamarlo. Mises veía esto, cómo se desarrollaba tras la Segunda Guerra Mundial y veía adónde acababa llevando este razonamiento: a más intervencionismo. No puedes ni siquiera definir la libertad en un contexto social sin referencia a la propiedad privada. Y lo mismo es verdad en el razonamiento económico. El neoliberalismo ha abandonado este punto de partida. Se centra en otros criterios a la vista de los cuales se trata de justificar la propiedad. Es un intento fallido.

JD: Saltemos a su libro más importante, La acción humana. Es realmente una culminación de toda una vida de trabajo. Es una síntesis de todo su cuerpo de pensamiento y obra. ¿Deberíamos dar más importancia a La acción humana que a sus escritos previos porque evolucionó y sintetizó las cosas en un tratado completo?

GH: Sí, eso creo. Es indudablemente una combinación de toda una vida de reflexión sobre todas estas cuestiones. Además, para el propio Mises, la economía es la ciencia de las relaciones, así que es la ciencia de todos los distintos aspectos de la vida humana, todos los distintos mercados, todas las distintas actividades, todas las distintas esferas en las que tomamos decisiones, en las que actuamos y cómo se relacionan entre sí. Solo por esta razón La acción humana es ineludible. Es la encarnación del pensamiento de Mises y yo también diría que en prácticamente todas las cuestiones de detalle encontramos su pensamiento más maduro en estas páginas. Puedes discutir en una o dos ocasiones, por supuesto no es perfecto, como ninguna obra humana puede ser perfecta, pero puedes plantear la pregunta: ¿es mejor que como lo expuso en obras anteriores? Entonces puedes discutir sobre una o dos cosas.

JD: No encuentras muchas grandes contradicciones en su obra a lo largo de los años.

GH: No, quiero decir, normalmente lo que encuentras es que en obras anteriores le podía faltar el detalle necesario o que había caído demasiado en la tentación del argumento opuesto, así que corregiría las cosas en La acción humana, por ejemplo, en lo referente al dinero. Peor luego, por ejemplo, hay otras preguntas, pero estas pertenecen más a explicaciones de asuntos políticos como inmigración en las que podrías decir: bueno, tal vez tuviera un punto de vista distinto, pero más adecuado, en escritos anteriores. Pero está claro que, como he dicho, en prácticamente todos los casos encontramos en La acción humana los enunciados más maduros y más detallados de sus ideas.

JD: Especialmente la Parte I de La acción humana, que es más filosófico. Lo que me sorprende al leer un libro y su trabajo anteriores, es su valiente aproximación a la filosofía, la sociología y la ética, campos más allá de la economía. Hoy la palabra de moda en interseccionalidad, en la que las disciplinas académicas se entremezclan, pero indudablemente se sentía capaz de tratar el panorama general más allá de sus confines académicos. Hoy se critica a los académicos si se aventuran demasiado lejos de su especialidad elegida.

GH: Sí, es verdad, especialmente en economía. Pero la verdad que por la manera en la que se forma hoy a los economistas jóvenes se convierten en idiotas porque todo lo que aprenden es a imitar a las ciencias naturales. Aprenden a aplicar métodos econométricos a series de datos y, por supuesto, para hacer esto no necesitan en realidad ninguna formación en economía. Puedes proceder de cualquier ciencia natural. Puedes proceder a la ingeniería, puedes proceder de la matemática, puedes proceder de la física, no importa, siempre que sepas un poco de matemáticas y matemática aplicada. Con uno o dos años de clase estás listo. Cualquiera puede hacer esto. No se necesita ningún conocimiento de literatura económica, no se necesita ningún conocimiento de historia económica, no se necesita saber nada de análisis praxeológico, el análisis lógico de la acción humana, que encontramos en la economía clásica y en la economía austriaca.

No se necesita nada de esto, porque lo que se hace mirar datos y aplicar métodos que la gente de otros ámbitos científicos aplicaría y podría aplicar si no tuviera ni idea de qué es la economía. Es el trabajo de un idiota. No es sorprendente que a la gente normalmente le resulta muy difícil dedicarse al trabajo interdisciplinar o multidisciplinar con investigadores de las ciencias sociales y también con filósofos y juristas.

JD: Comentemos su perspectiva cultural. Indudablemente se consideraba alguien cosmopolita, alguien sin una perspectiva provinciana. Indudablemente era un antinacionalista y un demócrata, especialmente en el contexto de nacionalsocialismo y lo que estaba pasando en su querida Viena. Pero también rehuía el universalismo y defendía la autodeterminación y la secesión como válvulas de seguridad para los excesos democráticos y la tiranía del estado. Y no aceptaba necesariamente los elementos de izquierda cultural de la sociedad asociados a menudo con el cosmopolitismo.

GH: Se puede tener la impresión de que Mises tenía una orientación de izquierda liberal, si se parte del contexto de sus tiempos, que eran, en general, mucho más conservadores, mucho más cristianos que el mundo actual. Y, por supuesto, en relación con ese mundo, en muchos aspectos se podría decir que era un progresista. Impulsó asuntos políticos progresistas y, por ejemplo, en su promoción de mujeres investigadoras, creo que fue uno de los primeros directores de una alumna femenina de doctorado en economía en la Universidad de Viena y, por supuesto, todo esto los asociaríamos hoy con una política progresista. Pero, por supuesto, tenemos que tener en cuenta que el propio Mises, al explicar el feminismo decía que este era una fuerza de progreso hasta el punto de ser parte del movimiento general liberal clásico, que trata de dar una mayor precisión a la definición de los derechos de propiedad. Pero, tan pronto como pasa de ser esto, se convierte en una fuerza destructiva, se une al socialismo, un movimiento generalmente destructivo. Así que lo que no podemos enajenar a Mises, tanto en el punto de partida como en la conclusión, es siempre la validez de los derechos de propiedad. Si se respetan los derechos de propiedad, estos llevan a resultados sociales muy distintos de los que les gustaría ver a los llamados actualmente progresistas o liberales de izquierdas o como queramos llamarlos, al menos esa es mi impresión.

JD: Mencionaste antes la época de la “alta teoría” de Mises y a veces se ataca a este por ser demasiado terco en su laissez-faire, demasiado intransigente y filosófico como para favorecerle. Pero estuvo 25 años en la Cámara de Comercio de Viena, dedicado al trabajo detallado cotidiano de las políticas fiscales y monetarias austriacas. No vivió en absoluto en una torre de marfil.

GH: Exactamente, sus ideas no era una concepción excéntrica de alguien fuera del contacto con la realidad. Hoy es muy famoso como el teórico de la ciencia económica como ciencia apriorística, pero eso significa que aprendiera economía mediante series de silogismos. Aprendió del análisis de las políticas económicas, en la cervecería, en la agricultura, en la fabricación de ropa, etcétera. Todos estos campos en los que los empresarios austriacos eran muy activos y tenían mucho éxito en esos tiempos y en los que sus empresas se veían dificultadas por las intervenciones públicas. Como relata Mises en sus memorias, al principio estaba convencido de que el intervencionismo se basaba en un buen razonamiento. Pero luego se lo arrepintió. Dijo: “¿Cómo se ajusta esto a lo que veo en la práctica?”, lo que le llevó a cuestionar la lógica del razonamiento básico detrás de las intervenciones. Y entonces se dio cuenta de que la realidad era exactamente la contraria. No había aumentado el nivel de vida en Austria gracias al intervencionismo: era exactamente lo contrario. Eran la acumulación de capital y las actividades de los empresarios las que creaban más riqueza en el país y por tanto aumentaban los niveles de vida de la población. Y lo que el gobierno se limitaba a hacer siempre era redistribuir la riqueza existente, al tiempo que creaba desincentivos para la creación de más riqueza, así que naturalmente lo que hacía empobrecer. Fue indudablemente sorprendente para él al principio, pero Mises era el tipo de persona que, una vez ha entendido algo, se aferra a ello y no renuncia. Si quieres que renuncie, tienes que demostrarle realmente dónde se equivoca. Pero nadie le pudo demostrar dónde se equivocaba en su razonamiento. Y no renunciaría solo porque no estuviera de moda o no sea agradable, porque eso no demuestra que se equivoque.

JD: Déjame que te pregunte acerca de la propia Escuela Austriaca. Había divisiones profundas entre los austriacos originales. Hay quien afirma que los llamados “austriacos americanos”, que también tienen divisiones profundas, representan una bastardización de la verdadera vieja Escuela de Viena.

GH: Bueno, no cabe duda de que los austriacos americanos eran esencialmente una escuela misesiana. Luego, especialmente después de que Hayek recibiera el premio Nobel, la rama hayekiana de la economía austriaca ganó importancia, pero durante las décadas de 1950 y 1960, e incluso de 1970, cuando la economía austriaca se extendió en EEUU, fue esencialmente un movimiento misesiano y es verdad que eso es lo que diferencia la economía austriaca como se conocía en el siglo XIX y luego a principios del siglo XX. Así que es verdad, pero, por supuesto, eso no significa que la economía misesiana no sea un retoño puro de la economía austriaca. No fue ciertamente la única dirección que pudo tomar la economía austriaca. Por ejemplo, los trabajos de [Friedrich von] Wieser fueron en una dirección muy diferente. Pero indudablemente es un representante, un desarrollador muy fiel de las ideas mengerianas originales. Por supuesto, ni es perfecto, ni es completo y hay probablemente algo de verdad en todas las ramas de la economía austriaca. Pero repito, tenemos que constatar el hecho de que ninguna otra rama de la economía austriaca ha producido obras de la calidad que encontramos en la rama misesiana, obras como La acción Humana o El hombre, la economía y el estado. Ninguna otra rama.

JD: Hablemos un poco más de ti. Probablemente por lo que eres más conocido es por tus trabajos sobre economía monetaria, centrados en el dinero y la banca. ¿Es porque eres austriaco por lo que te acercas naturalmente al dinero, frente a otras áreas de especialización?

GH: Bueno, es lo que me atrajo en su momento hacia la economía austriaca e indudablemente una de las áreas en las que los austriacos son más diferentes a todas las demás ramas de la economía. Sigue siendo un área en la que hay que escuchar a los austriacos hoy en día, donde tienen que destacar esas cosas que hemos heredado de Menger y de Mises sobre el dinero. Así que es muy importante, pero también difícil, especialmente para los universitarios jóvenes. Si quieres convertirte en catedrático, trabajar en economía monetaria es una batalla cuesta arriba, porque estarás mucho más lejos de la ortodoxia como para que te publiquen en cualquier revista conocida.

JD: Mientras que alguien como Peter Klein se centra en el emprendimiento, donde las opiniones austriacas tal vez sean menos radicales que en lo referido a la banca centralizada, por ejemplo.

GH: Correcto. Pero, por supuesto, seguimos necesitando a gente que piense y escriba sobre estos asuntos y también desarrolle la economía y el dinero y la banca desde la perspectiva austriaca, aunque sea difícil hacer carrera de esta manera. Peor yo también me considero un generalista, así que me he aventurado en diversos otros campos del análisis económico, algo que, por supuesto, siempre está relacionado y es más sencillo de hacer desde este punto de vista austriaco, porque se ve cómo se relacionan estas distintas cosas. He escrito sobre metodología del análisis económico, como análisis de equilibrio y leyes contrafactuales, he escrito sobre teoría del interés, sobre teoría del ciclo económico, sobre teoría del capital, sobre mercados financieros, sobre teoría de la incertidumbre y tipos de interés, sobre secesión, sobre doctrina social católica y diversos otros temas.

JD: Tu libro The Ethics of Money Production es realmente fantástico desde mi punto de vista. Lo disfruté mucho y creo que es muy fácil de entender. ¿Por qué está dedicado al difunto profesor Hans Sennholz?

GH: Hans Sennholz fue un importante economista monetario austriaco que tomó el relevo después de Mises. En su momento, cuando publiqué la edición en alem´na en 2007, Sennholz seguía vivo. Así que quise dedicarle el libro a un economista vivo. Dediqué mi tesis doctoral a dos personas muertas y no quería convertir esto en una tradición. Y entonces Hans Sennholz era el que mejor representaba el tipo de economía monetaria que consideraba esencial para mi propio análisis. En realidad, murió poco después.

JD: ¡Bueno, murió después de leerlo! Una de las cosas que dices es que el dinero tiene elementos civilizatorios y culturales. Su disposición y regulación no es simplemente un tema para banqueros tecnocráticos. Los bancos centrales afectan a todos los aspectos de la vida, con enormes ramificaciones para la sociedad. ¿Cuál sería la mejor manera para que lo entiendan las personas normales?

GH: Creo que lo más fácil es dirigirse a personas de cierta edad. Es muy difícil tener esta discusión con gente más joven. No es algo que hayan vivido, pero si hablas con personas de 50, 60 o mayores, estas han visto la decadencia cultural y entienden que puede ser problemática. Hay muy pocas personas que tengan 70 años que digan que, en general, la sociedad estadounidense ha mejorado mucho en los últimos 30 años, muy pocas. La mayoría de la gente está descontenta y dirá sencillamente: bueno, así son las cosas. Y hay quien dirá que la decadencia proviene del capitalismo, que hay demasiada libertad, así que tenemos que controlar a la gente y seguir un programa político más conservador. Aquí es donde, como economistas austriacos podemos prestar un verdadero servicio, explicando que la decadencia es en realidad fruto del intervencionismo y más en concreto de las intervenciones monetarias. Es muy importante ver que el intervencionismo no solo es destructivo en términos materiales, sino también la fuerza motriz de la destrucción cultural. El propio Mises entendía esto perfectamente y lo decía en las últimas páginas de Socialismo, en las que, por cierto, el socialismo se ha convertido en una fuerza de destrucción cultural a escala masiva. Pero, por desgracia, no entró en detalles. Así que aquí es donde puede seguir siendo útil hoy en día.

JD: Hay en un tu libro un capítulo titulado “El legado cultural y espiritual de la inflación fiduciaria”. Me encanta este capítulo porque demuestras cómo una política expresa de inflación hace que el gobierno crezca en el interior y el exterior, financiando políticas sociales y guerras en el extranjero. Pero vas más allá al final del capítulo y sugieres que la inflación no hace peores personas a nivel individual. Creo que podrías escribir otro libro sobre esta idea.

GH: En realidad, uno de mis alumnos de doctorado está trabajando sobre este tema. ¡Veremos cómo le va! Un gran problema de la intervención monetaria es que nos “desresponsabiliza”, destruye nuestras virtudes. Destruye la ética desde dentro. Esto es algo que no se aprecia lo suficiente porque se asocia la ética con toda una lista de limitaciones que se ponen a lo que a la gente le gustaría hacer.

JD: Autosacrificio.

GH: Autosacrificio por el mero hecho de sacrificarse, en lugar de buscar un fin superior. Pero esta no es la concepción tradicional de las virtudes, como encontramos principalmente en el canon cristiano de virtudes cardinales y teológicas. Estas son actitudes, disposiciones mentales para buscar el éxito en la vida, que nos hacen tener más éxito, no solo en nuestro camino personal hacia el cielo, sino también en nuestras relaciones sociales. Ahora bien, el intervencionismo monetario destruye esto porque lo que es virtuoso sigue siéndolo bajo la premisa de que se hayan definido y protegido claramente los derechos de propiedad privada, que existe algo similar a la responsabilidad, que, si se toma una decisión equivocada, habrá consecuencias negativas, porque en definitiva recaerán sobre uno mismo, serás responsable de lo que hayas hecho mal. Estropeas tus relaciones sociales, estropeas una amistad, traicionas a tus allegados y a tu mujer, y así sucesivamente hasta que acaba recayendo sobre ti. Pero en nuestra sociedad hacemos todo tipo de cosas y tenemos al gobierno interviniendo de distintas maneras, para impedir que el coste de la vida sea demasiado alto para gente que se comporta imprudentemente, tanto en sus relaciones sociales como en lo que respecta a su comportamiento individual. Piensa en el consumo de drogas, o en los deportes de alto riesgo, o en el divorcio. Estamos socializando muchos de estos riesgos asociados con esos comportamientos y, por supuesto, esto no puede dejar de destruir la virtud desde dentro y al final del proceso todos se preguntan, bueno, en primer lugar, ¿por qué debería comportarme virtuosamente?

JD: Muchos economistas dirían que no quieren hablar sobre virtudes y valores. No soy un sacerdote, quiero hablar de curvas invertidas de rendimiento. Mises en realidad pensaba que la economía trataba la vida real y la gente inteligente tendría que pensar en ello.

GH: Bueno, indudablemente el propio Mises no dejaría de comentar esto. Y no estoy adoptando la postura de un filósofo y diciendo: mirad, estas son las virtudes. El trabajo ya está hecho, no tengo que hacerlo. Lo que hago con el análisis económico es mostrar cómo el intervencionismo público refuerza esta concepción concreta de lo que son los valores y las virtudes y disminuye otras y cómo a veces invierte las concepciones tradicionales y a veces las destruye.


El artículo original se encuentra aquí.

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