
Ese hombre era Albert Jay Nock, escritor, un hombre fino, aristocrático (en el mejor sentido de la palabra). Autor de una biografía sobre Thomas Jefferson (M Jefferson, 1926), fundador de la primera versión de The Freeman (1920-1924). Sus dos libros capitales son “Memoirs of a superflous Man”, “Our Enemy the State”. En ellos se puede encontrar lo mejor de la Vieja Derecha americana, que el anarquismo no es simplemente insultar un policía y tirarle piedras. De manera precisa alaba las bondades de una sociedad libre, en la que los individuos pueden llevar sus vidas como mejor les de el talante. Se muestra inclaudicable en su lucha por lo que es bueno y correcto, en la ley natural, en su defensa del individuo.
Identifica, y con razón, la suma de todos los males en el estado. Es la unión del robo, de la violencia, de la mentira, del fraude, del militarismo, del espirítu de rebaño. Todos esos males institucionalizados, que encontraron su forma física en el estado. Se mostraba indiferente a la creciente idolatría que muchos sentían (y sienten) por la Naturaleza. Un hombre amante de la sabiduría aprende de los hombres, no de los árboles. Albert Jay Nock, otro grande olvidado.
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