¿Se puede ser libertario y cristiano?

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Para muchos las creencias religiosas, más exactamente el cristianismo, en cierta medida logran menoscabar las libertades del hombre al hacerlo sujeto de adorar a un Dios que no puede ver, pero que por tradición se sabe que existe; sin embargo, esto dista mucho de la realidad, y es que se puede ser creyente y tener unas convicciones libertarias y anarcocapitalistas y que las mismas no afecten la vida espiritual.

Empecemos diciendo que la iglesia no tiene como mandato quitarte libertades, ni mucho menos prohibir que luches por ella. Después de la Biblia que es el primer libro más importante para los católicos, se encuentra el catecismo de la iglesia católica, que es un compendio de normas religiosas que a la vista de lo que pide Dios en la biblia está bien practicarlas; pero, ¿Qué dice el catecismo sobre la libertad?, En la tercera parte del catecismo, en la primera sección cuyo nombre tiene “La vocación del hombre: la vida en el espíritu; nos habla acerca de la libertad que goza el hombre por ser hijo de Dios, pero esta libertad trae responsabilidades, “El hombre es racional, y por ello semejante a Dios; fue creado libre y dueño de sus actos” (San Ireneo de Lyon, Adversus haereses, 4, 4 , 3).

La libertad hace al hombre responsable de sus actos en la medida que estos son voluntarios; es decir, que en todo acto voluntario que no implique trasgresión de mi libertad de poder decidir, estoy gozando de la libertad que tengo por ser hijo de Dios, palabras más palabras menos, con esto estamos indicando que Dios no es Socialista, como los grupos de izquierda lo quieren hacer pensar, basta con entender que para Dios todo acto que reprima la libertad y decisión es cuestionable y detestable a sus ojos. Contrario a lo que pasa en el socialismo, en donde debes trasladar tu pensamiento como individuo independiente y libre a un pensamiento colectivista y donde el bien de la mayoría prima; tampoco se está diciendo que esto nos da pie para portarnos mal con el prójimo, no, todo lo contrario, la libertad impulsa al hombre a que en pleno uso y goce de la misma pueda ayudar al necesitado de manera voluntaria y libre, y no a través de hecho coercitivos.

Pero y ¿Qué pasa si mi prójimo intenta hacerme daño? ¿Puedo defenderme?

No solo puedes, sino que debes defenderte. La vida, como máximo regalo de Dios, debe protegerse a toda costa, esto en muchas ocasiones puede llegar a significar la vida misma del agresor, “Ahora bien: del acto de la persona que se defiende a sí misma pueden seguirse dos efectos: uno, la conservación de la propia vida; y otro, la muerte del agresor… Tal acto, en lo que se refiere a la conservación de la propia vida, nada tiene de ilícito.” (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 2-2, q. 64, a. 7). También encontramos que en la misma Biblia tenemos descripciones del uso de la defensa propia o en defensa de otro: Éxodo 2: 11-12 narra y los Hechos de los Apóstoles 7:24 recuerdan cómo Moisés, acudiendo en auxilio de un hebreo que estaba siendo víctima de maltrato exagerado por parte de un egipcio, mató al egipcio con el fin de proteger al hebreo. Ahora bien, Moisés encontró el favor de Dios al hacerlo liberador del pueblo Judío, aun cuando había matado a otro; sin embargo, ese asesinato queda registrado como uso de legítima defensa ante la crueldad del agresor y no habiendo otra forma de salvaguardar uno de los tres derechos naturales con los que cuenta el ser humano: Vida, Propiedad privada y Libertad. No estamos incitando al asesinato porque sí, estamos diciendo que ante un hecho grave y como última instancia o como respuesta de una agresión de la misma fuerza, debemos defender el don preciado que Dios nos dio, que es la vida en si o la de un tercero que se encuentra indefenso.

En este pequeño post, podemos ver que nada tiene que ver el que seas creyente practicante y el pensamiento libertario – anarcocapitalista en cuanto a la libertad y defensa de la misma se refiere y que tenemos mucho en común con los conservadores, al fin y al cabo sabemos que la lucha de los tres es la misma, defender nuestros bienes y propiedad de la mezquina mano del estado y no ser víctima de la imposición injusta y coercitiva de leyes que favorecen solo a un grupo de personas específicas “lobby”.


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