Los libertarios «modales» y los paleolibertarios

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Este no es un artículo de estricta teoría política sino más bien de historia política.

[Nota editorial: se recomienda la lectura de la nota editorial al final del artículo para entender correctamente qué fue realmente el momento paleolibertario del libertarismo rothbardiano durante alrededor de 5 años. Dadas las confusiones y malos usos del término que en ocasiones se hacen consideramos que las lecturas recomendadas en la nota final darán una mejor comprensión de un término que lastimosamente a veces ha sido manoseado para fines radicalmente distintos de su intención que nunca fue otra distinta que promover los ideales revolucionarios libertarios cuya raíz intelectual es el liberalismo laissez faire.]


Un extracto de El libertarismo y la vieja derecha

Empezamos a escribir sobre los errores de los libertarios «modales». Eran blandos sobre la guerra, optimistas en cuanto a la centralización del poder, y amigables con el incremento de los aspectos socioterapéuticos del Estado inherentes al igualitarismo de los derechos civiles. No estaban interesados en la erudición y no tenían estudios en historia. Eran culturalmente marginales y políticamente comunes, que es precisamente lo contrario de lo que eran Murray y Mises. No podía imaginar a la vieja escuela libertaria de Nock, Chodorov, Garrett, Flynn y Mencken cómoda con esto.

Los mejores de los paleoconservadores, en cambio, eran constitucionalistas de antaño que adoptaban posiciones libertarias en una serie de cuestiones. Querían las tropas en casa y el gobierno fuera de la vida de la gente. Querían abolir el Estado de bienestar, y lo criticaban de manera muy contundente. Su crítica no se basaba en los derechos, pero era seria y sofisticada.

El Centro para Estudios Libertarios cofundó el Club John Randolph, al que llamé así por el aristócrata y antiigualistarista luchador contra el poder centralizado de principios del siglo XIX. La palabra «paleolibertario» también fue mía, y el propósito era recobrar el corte político, el rigor intelectual y el radicalismo de la derecha libertaria de la preguerra. No había ningún cambio en la ideología central, sino una nueva aplicación de los principios fundamentales de manera que corrigiera los fracasos obvios de la gente de Reason y National Review.

Recuerdo que en ese momento la gente decía: «¡Oh, no! ¡Te estás acostando con un montón de derechistas religiosos!» Simplemente me frotaba los ojos en consternación. En primer lugar, si una persona cree en la libertad y también resulta ser religiosa, ¿qué tiene de malo? ¿Desde cuándo el ateísmo se convirtió en una visión obligatoria en los círculos libertarios? Además, no se trataba de acostarse con nadie, sino de organizar un nuevo movimiento intelectual precisamente para luchar contra los estatistas de todos los bandos.

Muchas cosas buenas salieron de esto. Sacamos anuncios en el New York Times atacando la guerra y les plantamos cara a los neoconservadores. Tuvimos algunas reuniones muy buenas y divertidas, y Murray tuvo la oportunidad de un intercambio productivo de ideas con algunos de los pensadores más inteligentes del país.

Pero había límites de lo que se podía lograr. Como burkeanos de antaño, algo influenciados por Kirk, se resistieron por principios a la ideología. Eso significaba una impaciencia con el racionalismo de la teoría económica y la teoría política libertaria. Eso eventualmente nos causó problemas en cuestiones como el comercio internacional. Todos los bandos se opusieron al NAFTA, que era mercantilista, pero no pudimos ponernos de acuerdo sobre la urgencia de eliminar las barreras comerciales. Aun así, los debates eran divertidos. Acordamos cooperar donde pudiéramos, y discrepar donde debiéramos.


Traducción original revisada y corregida por Oscar Eduardo Grau Rotela. El artículo original se encuentra aquí.


Nota editorial:

Se recomienda enfáticamente la lectura del siguiente artículo, “Mitos y verdades del Rothbard paleolibertario” (2000), para entender mejor y correctamente el fenómeno paleolibertario, en este caso lo que concierne a la figura de Murray Rothbard. Igualmente, y en el mismo afán aclarativo y para también comprender el lugar que ocupó realmente el paleolibertarismo en el activismo libertario (como la peculiar estrategia que fue llevada a cabo en la alianza libertaria-paleoconservadora de los noventa para reivindicar el mismo libertarismo de antaño y bien entendido de siempre y así llevarlo al ciudadano común, así como para generar una revuelta dentro de la derecha en contra del amplio movimiento conservador predominante de inspiración bucklista y anticomunista que incluía solapadamente a los neoconservadores), se recomienda las lecturas indicadas más abajo, Por cierto, el mismo Rothbard fue abandonando esta intención activista poco antes de su muerte. El paleolibertarismo fue un movimiento, una estrategia, un enfoque y una corriente de activismo libertario que finalmente llegaría a su fin para ser evaluada posteriormente por sus otros protagonistas libertarios más importantes, entre ellos, Hans-Hermann Hoppe y Llewellyn Rockwell. Con las lecturas recomendadas en esta nota editorial, un entendimiento correcto del asunto puede ser finalmente adquirido. Las otras lecturas recomendadas, aparte de la recomendada inicialmente, están aquí abajo:

Mi experiencia con el conservadurismo: lo bueno y lo malo (Hans-Hermann Hoppe, 2010)

¿Te consideras un libertario? (Llewellyn Rockwell, 2007)

Lo que aprendí del paleolísmo (Llewellyn Rockwell, 2002)

El libertarismo y la vieja derecha (entrevista a Llewellyn Rockwell, 1999)

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