Posibles soluciones a la inmigración sin control

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En este artículo me gustaría analizar varias posiciones sobre la inmigración en la tradición austrolibertaria e intentar trazar nexos entre ellas. Me voy a centrar en las ideas de Hans-Hermann Hoppe, Walter Block y Jesús Huerta de Soto, aunque hay muchos más autores que hablan del tema. Para empezar, quiero recalcar que estas posturas pueden ser usadas por individuos de otras ideologías, pero no correctamente entendidas sin partir desde la ética austrolibertaria, basada en el derecho de propiedad privada y, extrapolando la lógica de la propiedad privada, en el principio de no agresión.

Lo primero, creo que las fronteras son totalmente legítimas en una comunidad o sociedad libre (que no afirmo que sean necesariamente útiles, eso es otro debate, ya que al final la utilidad es subjetiva) siempre que las fronteras sean el deseo de los miembros de esa comunidad. Por el contrario, las fronteras estatales son y serán siempre ilegítimas a no ser que se cumpla la voluntariedad en el arreglo de los derechos de propiedad privada del ejemplo anterior. Aunque esto tiene matices, los defensores austrolibertarios de una inmigración controlada quieren decirnos que, dadas las circunstancias actuales, no es anti-libertario, es decir, no va en contra de la ética fundamentada en el derecho de propiedad privada, proponer la inmigración controlada. No se defiende en realidad al Estado ni a las fronteras en sí, sino que se defiende a los contribuyentes de los usos que puede o no hacer el Estado en su condición de monopolista de los servicios de seguridad y defensa. Es más, cabe añadir que se centran en el tema de la secesión para conseguir descentralizar las decisiones estatales hasta el nivel del individuo o de la comunidad, entendida como un conjunto de propietarios, para conseguir eliminar ese poder estatal. Lo que yo quiero añadir posteriormente son dos conceptos que, a mi gusto, deben ser matizados.

La tesis de Hans-Hermann Hoppe se basa en seguir la lógica de la propiedad privada respecto a la inmigración. Es coherente decir que tú, como propietario, tienes libertad absoluta para discriminar en tu propiedad, por lo que en una sociedad libre el debate sobre la inmigración estaría zanjado. En caso de que así lo quieran los propietarios en esa sociedad privada o libre, la única inmigración existente (se podría extrapolar al turismo) sería mediante invitación o mediante la compra o alquiler de alguna propiedad. Cabe añadir que los propietarios podrían decidir abrir las fronteras de sus propiedades y decidir voluntariamente que ningún propietario pudiese discriminar en el sentido prohibitivo en esa propiedad comunal, lo que sería totalmente legítimo. El problema viene cuando el Estado es propietario legal (que no real ni justo propietario) de vastos territorios, vías de transporte, y de distintos bienes y servicios habiendo impuesto normas muchas veces completamente arbitrarias en ellos (no todas las normas son realmente arbitrarias siempre, muchas de ellas responden a razones técnicas y coherentes del objetivo mismo de las cosas en sí, por ejemplo, no puedes tener un mismo carril para ambos sentidos en una ruta vehicular). Realmente la propiedad estatal es propiedad expropiada o financiada a costa de los propietarios legítimos. Entonces, ¿podría el Estado limitar la inmigración o, en su contrario, incentivarla? Vamos a analizarlo.

Moviéndonos a la situación actual, tenemos la postura de Walter Block, que defiende la ilegitimidad  absoluta de las actuaciones del gobierno, cito: «(en una piscina pública) a cualquiera se le debería “permitir” llevarse el agua de la piscina, incluso los ladrillos que la componen». Respecto a la inmigración, Block da a entender que no podemos limitar la entrada a inmigrantes en nuestras calles ya que la propiedad pública está indefinida. Para mí, esta es una postura incoherente. ¿Puede ser legítima la postura de Block siguiendo la lógica del derecho de propiedad? No creo, ya que la propiedad pública realmente pertenece —aunque sea imperfectamente— a los contribuyentes, y si la dañas, los contribuyentes tienen un mejor derecho para reclamar el daño que cualquier otro que no sea un contribuyente respecto a esa propiedad pública; ¿es adecuada en el contexto actual? Rotundamente no. Podría argumentar que la existencia de policía estatal es ilegítima y no por ello estaríamos actuando éticamente bien al impedir que detuviesen a un violador y se hiciese justicia entre actores privados, ni al impedir que el Metro de Madrid funcionase y los contribuyentes recibiesen una contraprestación mínimamente compensatoria y útil en sus vidas, ni al quemar los libros de la biblioteca pública que usasen los mismos contribuyentes que la financiasen, etc. Afirmar que todo esto es legítimo por la simple contaminación del Estado en nuestras vidas es una receta para el colapso social donde los ciudadanos muchas veces poco familiarizados con el derecho de propiedad aplicado consistentemente estarían sufriendo mayores abusos que antes, lo que empeoraría la situación revictimizando a las ya víctimas de la institución estatal.

Contrariamente, encontramos la afirmación de que el gobierno, ya que existe y no se puede renunciar a él, es el encargado de “proteger” las propiedades de la gente. ¿Protege? No tanto, es más, las decisiones centralizadas a gran escala suelen proteger más bien poco. Pero lo que sí está claro es que mientras exista Estado (y más de “bienestar”, aunque he decidido no meterme en ese tema) se deberían seguir (o no va necesariamente contra la ética de la propiedad privada que se sigan) políticas restrictivas a la inmigración que evitasen una situación peor de la que ya tenemos. Me gustaría explicar con un ejemplo tanto por qué se podría evitar una situación peor como por qué una política restrictiva a la inmigración no es necesariamente algo dañino (promover y lograr un mayor respeto al derecho de propiedad que uno menor): ¿qué pasaría si de repente entrasen 20.000 socialistas en un próspero país como Liechtenstein? Allí, sus 38.000 habitantes, mayoritariamente tienen unos valores católicos y tradicionalistas con los que gracias a ellos valoran la vida, libertad y propiedad como valores fundamentales. Este mayor respeto del derecho de propiedad en comparación a otros países de la región y, por ende, del libre mercado, les ha hecho ser uno de los lugares más prósperos de Europa. Si en un tiempo relativamente corto entrasen a Liechtenstein 20.000 socialistas que no se adhiriesen a los valores católicos ni respetasen la propiedad privada al igual que los ciudadanos de Liechtenstein, y pudieran imponerse social y paulatinamente mediante mecanismos democráticos para regular e invadir el libre mercado y la propiedad privada respectivamente, entonces, expulsarían al príncipe eliminando su poder de veto, expropiarían propiedades de los ciudadanos locales y destruirían mediante decretos sus tradiciones y creencias por considerarlas retrógradas (o lo que fuese) y opuestas al bien de los ciudadanos (el bien considerado por los socialistas). Por lo tanto, se llegaría a una situación peor (al menos para los antiguos ciudadanos) debido a la entrada masiva de individuos que no respetasen de manera similar el derecho de propiedad ni los valores que han favorecido llegar a unos niveles de riqueza y prosperidad jamás vistos en la historia de la humanidad. Por esto, a Hoppe le han tachado de racista cuando él especifica que se trata de valores y no de arbitrariedades como el color de la piel, cito textualmente: «todos los inmigrantes potenciales deben ser examinados y probados no sólo por su productividad, sino también por su afinidad cultural… Cualquier comunista o socialista conocido, de cualquier color, denominación o país de origen, debe ser excluido de un asentamiento permanente». Me gustaría mencionar brevemente al filósofo Karl Popper al respecto. Él dice en su paradoja sobre la tolerancia que si se tolera a los intolerantes (a los que él considera personas dispuestas a utilizar la violencia para conseguir sus fines), ellos acabarán destruyendo a los tolerantes y, con ellos, la tolerancia. Esta paradoja coincidiría con el supuesto mencionado antes.

Jesús Huerta de Soto muestra también dos soluciones a este problema: el chovinismo del bienestar y la eliminación del derecho a voto para inmigrantes. Según el profesor Huerta de Soto:

(…) los seres humanos que emigren deben hacerlo a su propio riesgo. Esto significa que en ningún caso la inmigración debe verse subsidiada por el Estado del bienestar… Estas prestaciones no sólo son las que tradicionalmente proporciona el Estado del bienestar en el ámbito de la educación, la sanidad, la seguridad social, etc., sino que además incluyen las que surgen de la posibilidad de usar gratis las diferentes parcelas de tierra que hoy se consideran bienes públicos.

Es más, la contratación de seguros privados, realizada por actores cuyo deseo es invitar inmigrantes para tener una mayor mano de obra reduciría drásticamente el poder de los organismos públicos y acabaría con el efecto llamada que provoca la asistencia social totalmente gratuita (para los inmigrantes) que en sus países de origen no tienen. Después está el derecho a voto para inmigrantes, ¿por qué es contraproducente y causa más daños aún que el sistema democrático universal dentro para los ciudadanos locales? Según Huerta de Soto: «la concesión automática de derechos políticos a los emigrantes puede convertirse en una verdadera bomba de relojería que, utilizada demagógicamente por las mayorías políticas que preponderen en cada circunstancia, puede llegar a destruir no sólo el mercado sino también la cultura y lengua diferencial de cada país». Esto enlaza perfectamente con el ejemplo anteriormente mencionado sobre la emigración repentina de 20.000 socialistas a Liechtenstein.

No obstante, hay que admitir que muchos inmigrantes no emigran para beneficiarse de los sistemas de seguridad social occidentales, sino que son refugiados de guerra o solo buscan un futuro mejor, así que se pueden aportar otras soluciones como acabar con las intervenciones militares que destrozan sus hogares, finalizar con la ayuda al desarrollo que solo sirve para financiar a dictadores sin escrúpulos cuyo único objetivo es perpetuar la pobreza para mantener sus regímenes, enseñarles los beneficios del libre mercado y comerciar con ellos, mandarles ayuda económica y medicinas mediante organizaciones privadas, apoyar a los misioneros católicos que desinteresadamente van a ayudarles… Y muchas otras opciones más.

Eso sí, tengo que añadir que las restricciones principales deberían corresponder a las comunidades acogedoras (generalmente suelen ser las fronterizas las que sufren primero pero el Estado acostumbra a redistribuir el problema en todas las comunidades mediante un sistema de cuotas de inmigrantes totalmente arbitrario) y no al gobierno central, ya que serán esas comunidades las que asimilen la inmigración. Restringiendo, no eliminando, la movilidad entre fronteras, realmente no se dañaría ningún derecho de ningún inmigrante en mayor medida que cuando, por ejemplo, te dicen que no puedes circular en dirección contraria por la autovía. Y así tampoco se dañarían o arriesgarían los derechos de propiedad de los vecinos sobre las calles ni los derechos de propiedad de los vecinos que quisiesen invitar a un determinado número de inmigrantes (los austrolibertarios partidarios de la inmigración controlada estamos únicamente hablando de que la inmigración debería ser por invitación o responder a los intereses más particulares que sean posibles en favor de los contribuyentes, de aquí la importancia de la descentralización política; no estamos ni mucho menos justificando un etno-Estado autárquico completamente cerrado al exterior como Corea del Norte), y una vez ya invitados los inmigrantes, si son buenos vecinos (con buenos me refiero a que no dañen derechos de propiedad ajenos ni promuevan la falta de respeto a los mismos), se pudiesen quedar. Hoppe plantea una solución posible al problema de la «naturalización de inmigrantes» siguiendo de alguna manera el modelo suizo, en el que las asambleas locales, no el gobierno central, determinan quién puede convertirse en ciudadano suizo y quién no. Este modelo es bastante mejor que otros por su descentralización en la toma de decisiones, que es necesaria para evitar una mayor represión, es decir, se debería favorecer la descentralización política porque esto acercaría la presión de los ciudadanos hacia sus autoridades responsables y se conseguiría una probabilidad mayor de que las decisiones de estas no fuesen tan contraproducentes para los intereses locales en general. Es más fácil imaginar que como ciudadanos locales nos “gobernaríamos” aún más y mejor a nosotros mismos si pudiésemos esperar de nuestras autoridades respuestas y acciones concretas más conectadas a nuestros reclamos y no a miles de kilómetros de distancia y con un montón de intermediaciones diluyentes en el medio. Extrapolando lo dicho a la vigilancia de las fronteras, sería inadecuado para los intereses de los ciudadanos que el gobierno central controlase lo que ocurriese en esa frontera, pero sí sería bastante adecuado que un ejército local vigilase esa frontera. Terminando con la tesis, sería legítimo que un empresario asumiese los costes de un inmigrante para su negocio mediante una invitación, pero ilegítimo que los asumiese toda la sociedad. Por último, sería lógico que una asociación de vecinos decidiese a qué inmigrantes quieren tolerar y a qué inmigrantes no. Es un análisis sencillo que realmente saca significativamente de la ecuación al Estado y da mayor autonomía a la comunidad privada y a los individuos.

Ahora, quiero analizar dos críticas que se le han planteado al razonamiento del control fronterizo de los países. La primera es que, si esta lógica se aplica a las fronteras nacionales, entonces, ¿por qué no se aplica también a las fronteras entre comarcas o provincias? Citando a Block:

La inmigración a través de fronteras nacionales debería analizarse de una forma idéntica a la emigración que tiene lugar dentro de un país… Si la emigración a través de fronteras nacionales es de alguna manera ilegítima, eso también debería aplicarse a la variedad interior.

Esta analogía es incorrecta porque las comarcas o provincias se refieren a un mismo monopolio territorial final que es el Estado de la nación al que pertenecen; en cambio, la relación entre fronteras nacionales responde a la relación entre dos monopolios distintos (soberanías nacionales independientes entre sí). Pero, si las provincias o comarcas se independizaran, podrían de nuevo aplicar fronteras tales como las fronteras nacionales a las que pertenecían anteriormente. Por supuesto, los Estados pueden ser todavía más perjudiciales para la convivencia social en una determinada situación en la que un monopolio se haya apropiado de más de una nación cultural totalmente diferenciada. Si se descartasen las fronteras entre diferentes naciones por pertenecer al mismo monopolio, estaríamos hablando de la misma integración forzosa de antes. Aquí el profesor Jesús Huerta de Soto muestra las diferencias:

Los principios anteriores deberían aplicarse a los flujos migratorios tanto intranacionales como internacionales. Aunque es cierto que dentro de las fronteras de los actuales Estados-naciones, al estar dotados de una mayor uniformidad cultural y económica, los problemas que plantean los flujos migratorios no son tan serios, muchos efectos externos negativos se resolverían si se aplicaran de forma sistemática los principios indicados en el texto principal. Es sin embargo en relación con los flujos migratorios internacionales cuando más importante y vital es aplicar los principios que hemos indicado en este artículo.

En un sentido, un hecho que cuaja con la crítica de Block es la existencia de urbanizaciones privadas con fronteras propias. Pese a pertenecer al mismo monopolio territorial, ser homogéneas culturalmente hablando y, en muchos casos, considerarse las vías de titularidad pública, los Estados actuales permiten esa existencia de fronteras en esas urbanizaciones. Este sistema funciona de manera similar a como funcionaría en una sociedad privada. Lo que nos deberíamos preguntar todos es por qué se les prohíbe a otras comunidades y se les obliga a integrar forzosamente a cientos y miles de personas mientras a otros se les permite tener fronteras.

Un argumento de Block que sí es muy bueno (aunque sigue sin invalidar a Hoppe ya que este toma el ejemplo del síndico privado como referencia para lo que debería hacer el síndico público; que se supone que debe velar por los intereses de los ciudadanos. No es una equivalencia directa sino una referencia comparativa para sostener el razonamiento del control fronterizo como sensato. Además, la comparación de Hoppe, y su oposición a la inmigración irrestricta, no se basa en el asunto de la apropiación de las tierras vírgenes en sí, sino en analizar las alternativas con las condiciones dadas, y defender tanto la legitimidad del control fronterizo contra la inmigración irrestricta en el interés de los pagadores de impuestos y lo recomendable y la justicia relativa de la política de control basada en la inmigración por invitación) consiste en que, para él, decir que la existencia de fronteras estatales equivale al síndico privado es incoherente ya que el Estado se ha apropiado territorialmente de tierras vírgenes sin trabajar:

Cuando hay un territorio virgen, no hay razón legítima para que se impida a los inmigrantes hacer que produzca frutos. Rothbard dice: «Todos deberían tener derecho a apropiarse como suyo territorio previamente sin dueño u otros recursos». «Todos» presumiblemente incluye a inmigrantes, así como ciudadanos o residentes del país.

Si ya de por sí es un argumento coherente, Block sigue:

¿Qué pasa con los enormes espacios abiertos en las Montañas Rocosas y Alaska que nadie ha colonizado? ¿Qué aspecto del libertarismo puede violar un inmigrante si llega de alguna forma a este territorio e inicia una agricultura y ganadería de subsistencia?… Al adoptar el análisis de Hoppe, impiden a gente completamente inocente llevar a cabo su actividad legal de ocupar territorio vacío.

Para mí es la mejor crítica que se puede hacer ya que Block no habla de territorios trabajados por los ciudadanos y expropiados por el Estado, sino de territorios vírgenes apropiados ilegítimamente por el Estado. Para mí, está en lo correcto. Si un grupo de inmigrantes (en el caso de Alaska sería que no fuesen estadounidenses) se asentase en los bosques vírgenes de Alaska saltándose las fronteras estatales, no habría ninguna justificación para expulsarles. Lo mismo pasa en cualquier territorio virgen del que se haya apropiado un Estado sin siquiera trabajar u ocuparlo (puede haber matices con las reservas naturales nacionales cuyos cuidados son financiados con los impuestos y que como tales están simplemente cerradas a los propios ciudadanos del país para ser aprovechadas).

En conclusión, creo que la tesis de Hoppe respecto a la propiedad privada de los vecinos y, por ende, los límites que se pueden poner a la inmigración en la situación actual para evitar violaciones del derecho de propiedad aún mayores, es correcta, pero siempre hay que tener en cuenta que esas decisiones deben estar descentralizadas a favor de la comunidad, lejos del arbitrio de autoridades del Estado que guarden poca o ninguna relación con la comunidad. También hay que añadir que las propuestas de Huerta de Soto sobre el chovinismo del bienestar y la eliminación del «derecho» a voto para inmigrantes pueden ser medidas útiles que solucionen temporalmente el problema y reduzcan el daño que hace la administración estatal. Creo que Block no acierta en decir que esa lógica se tiene que seguir en los territorios intranacionales ya que estos territorios intranacionales no son independientes, pero es precisamente por esto por lo que hay que buscar la ansiada descentralización política para que sean independientes políticamente. Por último, no existe justificación para impedir la inmigración en tierras vírgenes apropiadas por el Estado. Siendo el Estado ilegítimo, y no habiendo ocupado ni trabajado la tierra, esa sí que es tierra de nadie.


Referencias

https://mises.org/es/library/mesa-redonda-sobre-inmigracion-hans-hermann-hoppe

https://mises.org/es/library/mesa-redonda-sobre-inmigracion-walter-block

https://digitalcommons.lmunet.edu/cgi/viewcontent.cgi?referer=&httpsredir=1&article=1071 &context=lmulrev

https://www.lewrockwell.com/2018/07/hans-hermann-hoppe/immigration-and- libertarianism/

https://mises.org/library/case-free-trade-and-restricted-immigration-0

https://www.mises.org.es/2021/09/diez-puntos-de-una-estrategia-libertaria/

http://www.jesushuertadesoto.com/wp-content/uploads/2014/05/9.-TEORIA-LIBERAL-SOBRE-LA-INMIGRACION.pdf

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