Hoppe y el activismo paleolibertario

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Entendiendo correctamente el paleolibertarismo.

Pasados los años, Hoppe tuvo la oportunidad de analizar la alianza activista libertaria-paleoconservadora de la primera mitad de los 90 que, en la historia del amplio movimiento libertario en Estados Unidos, es parte del antiguo activismo «paleolibertario», hoy en día ya dejado atrás hace más de dos décadas por sus antiguos líderes. Esta alianza, pragmática en cuanto al diálogo y la predisposición intelectual de unos a otros, y programática en cuanto al enemigo común identificado en el imperialismo americano y el Estado benefactor, fue llevada a cabo en los 90 para, por un lado, reivindicar el mismo libertarismo de antaño y bien entendido de siempre[1] (inspirado en la vieja derecha americana)[2] y acercarlo al ciudadano promedio; y, por otro lado, para generar e inspirar un cambio dentro de la derecha, rivalizando con el amplio movimiento conservador de la época, de predominante inspiración bucklista e intervencionista (nacional como internacionalmente), que incluía también en este amplio espectro a los líderes y políticos neoconservadores y sus partidarios.

Al fin y al cabo, eran paleolibertarios y paleoconservadores, lo que Rockwell llamaría después «paleoísmo»,[3] contra el resto de apologistas del statu quo conservador en la derecha (y contra los estatistas de todos los bandos). Pero el paleoísmo no solo rivalizaba con el establishment conservador que incluía desde antiguos miembros de la vieja izquierda —que se habían mudado a la derecha— hasta reaganistas, sino también con el establishment libertario y parte del movimiento libertario, desde los libertarios «modales»[4] hasta los libertarios de políticas públicas del gran gobierno.[5] Y fue precisamente el trabajo de los paleolibertarios diferenciarse de estos últimos.

Hoppe contó que, desde los libertarios, la cooperación con los paleoconservadores (conservadores no adherentes al establishment conservador) estaba motivada por la idea de que el libertarismo requería sociológicamente una cultura de núcleo burgués y conservador. La alianza suponía, para los austrolibertarios (los paleolibertarios o rothbardianos), romper con el libertarismo del establishment representado por institutos como el CATO y por el Partido Libertario; y para los paleoconservadores, suponía romper con «el llamado movimiento neoconservador que había llegado a dominar el conservadurismo organizado en Estados Unidos», representado, por ejemplo, por think tanks como el American Enterprise Institute y la Heritage Foundation.

Los austrolibertarios antiestablishment trataron y en general aprendieron del lado conservador respecto a «los requisitos culturales de una mancomunidad libre y próspera», pero el lado conservador, que tuvo la posibilidad de aprender economía austriaca («un hueco y una debilidad reconocidos en su armadura intelectual»), salvo excepciones, no estuvo a la altura. De esta experiencia, Hoppe aprendió una doble lección:

En primer lugar, se reforzó la lección que ya había aprendido en mi encuentro con la Sociedad Mont Pelerin: No deposites tu confianza en los políticos y no te dejes distraer por la política. Buchanan, a pesar de sus muchas y atractivas cualidades personales, era todavía en el fondo un político que creía en el gobierno, sobre todas las cosas, como un medio para lograr el cambio social. En segundo lugar y de manera más general, sin embargo, he aprendido que es imposible tener una asociación intelectual duradera con personas que, o bien, no están dispuestas, o son incapaces de comprender los principios de la economía. La economía —la lógica de la acción— es la reina de las ciencias sociales. No es de ninguna manera suficiente para una comprensión de la realidad social, pero es necesaria e indispensable. Sin un entendimiento sólido de los principios económicos, por decir al nivel de Henry Hazlitt en Economía en una lección, uno se ve obligado a cometer errores graves de explicación e interpretación histórica.[6]

Hoppe reconoció haber desempeñado «un papel prominente» en la ruptura de la alianza poco después de la muerte de Rothbard, que derivó esencialmente en la salida de los rothbardianos. Con relación a esto, Lew Rockwell cuenta:

Mientras tanto, nos enfrentamos a un lío en los círculos libertarios. Aquellos que no habían firmado la agenda del orden establecido de los vendedores de DC y el imperialismo comercial estaban reconsiderando el mérito mismo del capitalismo bajo la influencia de Pat. Murray murió en 1995, dejándonos sin una voz importante para contrarrestar esta falsa elección. Afortunadamente, Hans-Hermann Hoppe entró en acción con una serie de artículos brillantes que explicaban qué estaba mal tanto con el libertarismo de izquierda como con el paleoconservadurismo (que se reescribieron en capítulos de su libro Monarquía, democracia y orden natural). Sin entrar en detalles aquí, el tema constante de Hans fue la urgencia moral de mantenerse enfocado en el enemigo real, que es el Estado y nada más, y recordar que las fuerzas del bien son inseparables del derecho de propiedad privada.[7]

También es importante mencionar que Hoppe jamás siquiera se ha llamado ‘paleolibertario’ a sí mismo en sus escritos, más allá de que evidentemente no sea impreciso llamarlo como uno durante aquella época de activismo libertario, no solo por su libertarismo rothbardiano, sino también por su conservadurismo cultural afín a varias reivindicaciones hechas por Rockwell (más allá de la ideología libertaria estricta) en su famoso artículo paleolibertario.[8] Igualmente, hay formas más rigurosas y consistentes (con su obra) de llamarlo que él mismo ha usado para sí: por ejemplo, «libertario de derecha».[9]

Cabe recordar que el paleolibertarismo no fue ningún tipo de conservadurismo, como su nombre bien lo dice, paleolibertarismo (viejo libertarismo), pero libertarismo al fin (en este caso, uno de derecha). Este fue, entre otras cosas, un llamado de atención en el activismo libertario de la época para enderezar el rumbo del movimiento libertario y evidenciar las diferencias que se tenían con otros grupos de libertarios. El conservadurismo americano (el amplio movimiento que también incluye a los denominados neoconservadores de una u otra descripción) ha sido en general feroz y justamente criticado por los otrora exponentes paleolibertarios.[10] En su momento, los paleolibertarios rescataron con los paleoconservadores cuestiones comunes y circunstanciales relativas a la cultura del hombre medio americano[11] y algunos detalles de acción política específicos que, según la coyuntura de tales tiempos, ameritaron alguna vez tal alianza. El paleolibertarismo tampoco fue ningún «liberalismo conservador», el paleolibertarismo era radicalmente antiestatista, y en consonancia con sus dos exponentes más importantes de la época, los líderes intelectuales del antiguo activismo paleolibertario (Rockwell y Rothbard), el paleolibertarismo era evidentemente anarquista (como lo es, de hecho, el libertarismo rothbardiano).[12]

Para aclarar confusiones alrededor del término «paleolibetario», Rockwell expresó alguna vez:

Hay otras opciones, como el término que una vez usé, «paleolibertario», que se refiere al libertarismo antes de que surgiera el movimiento para institucionalizarlo como un ala ideológica del aparato político del Estado. Este término se diseñó para abordar un problema muy serio que los libertarios de Washington habían llegado a verse a sí mismos como un grupo de presión suplicante que esperaba encontrar soluciones «basadas en el mercado» a los problemas de política pública pero dentro de la política pública, y por tanto apoyan los vales escolares, las guerras limitadas, el comercio administrado, los ahorros forzosos como una alternativa a la seguridad social y similares. Desafortunadamente, el término paleolibertario se volvió confuso debido a su asociación con paleoconservador, por lo que llegó a significar algún tipo de libertario socialmente conservador, que no era el punto en absoluto, aunque el intento de definición de libertario como necesariamente izquierdista socialmente también es un problema.[13]

La estrategia paleolibertaria no generó resultados políticos de importancia. Y tan solo unos años más tarde, la alianza con los paleoconsevadores llegaría a su fin. La figura de Pat Buchanan, que los había esperanzado en un principio, y que era aún más apreciada por los paleoconservadores, terminaría cansando a los líderes paleolibetarios. Rockwell lo contaba así:

Para 1995, sin embargo, Murray había tenido suficiente, y emitió una advertencia de que el compromiso de Pat con el proteccionismo se estaba transformando en una fe integral en la planificación económica y en el Estado nacional. En otras palabras, en la antigua batalla entre el poder y el mercado, Pat estaba cada vez más del lado del poder (como lo han demostrado la mayoría de sus escritos posteriores). Habíamos recorrido un largo camino desde 1992. Era hora de seguir adelante.[14]

Finalmente, como cuenta el mismo creador del término, «el movimiento páleo [el movimiento de paleolibertarios y paleoconservadores] había sido devastado por una combinación de seducción política, confusión ideológica y amargura personal. En los años siguientes, algunos paleoconservadores adoptaron sus viejos hábitos de denunciar cadenas de tiendas, platos precocinados y economistas austriacos muertos». Otros pasaron al trabajo académico y «al compromiso serio con las tendencias neoconservadoras». Quedaron entonces «los libertarios reales», los entonces paleolibertarios, que se reagruparon y «reorientaron sus energías en la educación, la escritura y la investigación y, con el crecimiento de la web y la expansión del Instituto Mises, reconstruyeron y revivificaron sistemáticamente las filas de los libertarios serios».[15]

El edificio es más fuerte ahora, mucho más fuerte, de lo que era cuando comenzamos a enfrentar las demandas ideológicas del mundo posterior a la Guerra Fría. Y gracias a Dios, porque nunca se ha necesitado más la voz de principio para la libertad.[16]

—Llewellyn Rockwell (2002).


Notas

[1] Decía Rockwell sobre el «paleolibertarismo»:

Uso el término como los conservadores usan el paleoconservadurismo: no como un nuevo credo, sino una vuelta a sus raíces que también les distinguen de los neocones.

Véase Llewellyn H. Rockwell, Jr., «The Case for Paleo-Libertarianism», Liberty, volúmen 3, número 3, enero de 1990, pp. 34-38.

[2] Sobre esto, véase Llewellyn H. Rockwell Jr., «Libertarianism and the Old Right», Mises.org, 2006.

[3] Véase Llewellyn H. Rockwell, Jr., «What I Learned From Paleoism», LewRockwell.com, 2002. Traducción de Centro Mises.

[4] Véase Murray N. Rothbard, «Why Paleo?», The Rotbard-Rockwell Report, volúmen 1, número 2, mayo de 1990.

[5] Véase Murray N. Rothbard, «The Big Government Libertarians: The Anti-Left-Libertarian Manifesto», The Rotbard-Rockwell Report, volúmen 4, número 12, diciembre de 1993.

[6] Véase Hans-Hermann Hoppe, «The Property and Freedom Society: reflexiones después de cinco años», Centro Mises. Traducción al español de un discurso dado en la reunión anual de la Property and Freedom Society del año 2010.

[7] Rockwell, «What I Learned From Paleoism».

[8] Véase Rockwell, «The Case for Paleo-Libertarianism».

[9] Véase sobre esto, Hans-Hermann Hoppe, Getting Libertarianism Right, Mises Institute, 2018, pp. 23-56.

[10] Véase, Rockwell, «The Great Conservative Hoax».

[11] De aquí que la estrategia paleolibertaria estuviera centrada en un ‘libertarismo culturalmente eficaz para Estados Unidos’. Véase Rockwell, «The Case for Paleo-Libertarianism».

[12] Para saber más de estos tiempos de activismo libertario y de los análisis y conclusiones de sus protagonistas principales, véase Murray N. Rothbard, The Irrepressible Rothbard, editado por Llewellyn H. Rockwell, Jr., Center for Libertarian Studies, 2000; Rockwell, «What I Learned From Paleoism»; «10 questions for Lew Rockwell», Liberal Post, entrevista de Kenny Johnsson a Lew Rockwell, 2007; Rockwell, «The Case for Paleo-Libertarianism»; y Rothbard, «Why Paleo?».

Durante esta etapa paleolibertaria, Rothbard, por ejemplo, elaboró distintas estrategias políticas y escribió artículos de opinión política. Lamentablemente, la estrategia paleolibertaria no tuvo ningún éxito político de importancia y fue siempre un grupo pequeño. De todas maneras, el valor de las enseñanzas y la sabiduría de Rothbard también quedaron grabadas durante esta etapa.

[13] Véase «10 questions for Lew Rockwell». Traducción de Centro Mises.

[14] Rockwell, «What I Learned From Paleoism».

[15] Ídem

[16] Ídem.

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