Ética y moral en la economía general

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“Cuando uno trata de leer una revista económica de nuestros días, uno se pregunta si no estará en realidad leyendo una revista académica sobre química o hidráulica. Es tiempo de que hagamos un análisis crítico sobre estos temas.

La economía no es una ciencia natural; es una ciencia moral y como tal se vincula al hombre como un ser espiritual y moral”- Wilhelm Röpke.

1. Principios praxeológicos

Los datos que estimulan la acción humana no están dados. Siempre surgen de un proceso personal y social que pone al hombre ante la tesitura de una necesidad.

Es la necesidad la que mueve al hombre, la que le empuja a actuar para saciarla.

Las necesidades, por ende, son numerosas. Abraham Maslow las organiza y clasifica en su famosa pirámide. Así, Maslow I trata sobre las necesidades biológicas, Maslow II sobre las de seguridad, Maslow III sobre las sociales, Maslow IV sobre las de estima y Maslow V, el último escalón, sobre las de autorrealización. [1]

No obstante, si se tiene necesidad de algo quiere decir que se tiene escasez de ese algo. Esta escasez igualmente no está dada, sino que es subjetiva. Es una escasez del hombre, no de la naturaleza. De esta forma, podemos decir que el petróleo es escaso, no por que queden unas pocas toneladas físicas, sino porque para los fines del hombre las cantidades son escasas. Si, por ejemplo, el petróleo ya no se necesitara para los fines energéticos actuales por el descubrimiento de nuevas fuentes, de repente, pasaría de ser un bien escaso, y por lo tanto mayor valorado, a ser un bien abundante y menor valorado.

Lo que es escaso por tanto es más valorado frente a lo que no lo es. Esta primera afirmación es una sencilla premisa que introduce la Ley de utilidad marginal decreciente. Y, por otro lado, esa escasez no está dada, sino que surge de la persona. Es una escasez subjetiva. Siendo está segunda afirmación la que invoca el principio de utilidad subjetiva. [2]

En este contexto podemos refutar con total contundencia a la Escuela Neoclásica de Economía, cuyos datos al analizar las realidades están dados. En consecuencia, según lo dicho, los datos no están dados, tal y como asevera la Escuela Austriaca de Economía. Que los datos no estén dados incluye que los fines y los medios tampoco lo están. Las necesidades son orientativas pero los fines los delimita y determina la voluntad del hombre.

Un hombre puede sentir la necesidad de comer, pero el fin de un vegetariano posiblemente sea alimentarse de verdura, mientras que el fin de un aficionado a la comida japonesa será un menú de shushi.

La verdura será escasa para el vegetariano en contraste con el shushi, y ocurrirá inversamente en el caso del aficionado a la gastronomía japonesa. Por otro lado, el vegetariano valorará más la verdura que el shushi y el aficionado anhelará más el shushi que la verdura.

Los fines y los medios no están dados y esto implica que sean subjetivos y no objetivos. Son subjetivos porque los da el sujeto.

Todas las ciencias que impliquen la interacción del hombre con la realidad, por tanto ciencias sociales, necesitan un estudio mínimo de la ciencia de la acción humana, a la que Ludwig von Mises bautizó bajo el nombre praxeología. [3]

La praxeología es la ciencia que estudia la praxis humana y es una fuente vital de la que beben otros saberes tales como la historia, la economía o la ética.

2. Principio de libertad y Ley Natural.

El primer principio de la praxeología es que el ser humano establece fines y emplea medios para alcanzar esos fines. Y a su vez, estos fines son orientativos pero no determinados. Los fines los marca el hombre, porque por ley natural el hombre está constituido de una razón de la que surge la libertad.

El hombre es por naturaleza un ser racional y por lo tanto libre. Por eso, cuando actúa de forma irracional podemos decir que se está haciendo menos libre y cuando lo hace de manera racional se hace más libre. [4]

En el primer caso actúa en contra de su naturaleza, por ende, en contra de la ley natural que le define, y en el segundo caso lo hace conforme a su naturaleza. ¿Y cuál es su naturaleza? La humana.

Por lo tanto, podemos afirmar que el ser humano se humaniza en tanto en cuanto actúe conforme a la ley natural, conforme a su naturaleza, y esto implica actuar racional y libremente. Por el contrario, el ser humano se deshumaniza cuanto más irracionalmente actúe y en consecuencia menos libremente lo haga.

Por ejemplo, un principio básico de la ley natural implica la vida. Un ser humano tiende a la vida y no a la muerte. Por eso, podemos afirmar que una persona que mata a otra o que se automutila a sí misma está actuando irracionalmente y en consecuencia se está deshumanizando.

Una sociedad que emplea la libertad para ir en contra de la ley natural se puede decir que se está deshumanizando, en contra de una sociedad que la emplea conforme a esta. Por ello, un régimen comunista es menos humano que uno capitalista, pues viola el principio de la libertad. Emplea la libertad y la razón para aniquilar la libertad y la razón. Va en contra del principio natural del hombre de ser un ser racional y libre. Esto igualmente ocurre en un país en el que se legitima el asesinato. Por esta causa podemos exponer que el régimen nacionalsocialista de Hitler era un régimen deshumanizado. Empleaba la razón y la libertad para ir contra la ley natural y en consecuencia atentar contra la vida bajo argumentos raciales.

3. Moral, ética y economía.

Que el ser humano sea racional, y por lo tanto libre, cambia el paradigma de los estudios económicos.

El ser humano deja de ser un animal autómata. Ya no responde de manera automática e idéntica ante un estímulo de la realidad objetiva.

Ante una bajada de tipos de interés ya no contestará de la misma forma. No invertirá, tal y como preconiza John Maynard Keynes en sus absurdos modelos macroeconómicos [5]. O sí. Pero no está determinado, sino condicionado.

El ser humano no es el esclavo autómata de los economistas neoclásicos, keynesianos y demás científicos sociales cuyo error principal es antropológico y metodológico.

El ser humano es racional y libre. Y esta libertad que origina el libre albedrío implica que éste actúa bajo unos principios morales. Cuando escoge fines para satisfacer sus necesidades lo hace bajo unos parámetros que Rafael Rubio de Urquía enumera en 5: [6]

  1. Las creencias: Algo que se tiene por cierto de manera que nos fiamos de ello.
  2. Valores: Escalas de preferencia, jerarquización. Lo que preferimos antes que otras cosas. Lo que en economía se recoge bajo el término Coste de Oportunidad.
  3. Actitudes: Determinaciones estables.
  4. Representaciones teóricas: Cómo piensa el sujeto que son las cosas.
  5. Representaciones prácticas: Lo que el sujeto cree saber en un instante T.

Según estos parámetros, establece sus valoraciones entre fines y medios, jerarquiza y, con voluntad, actúa.

El ser humano por tanto es un ser moral y esto implica necesariamente que la economía sea moral. Así porque la economía es la relación entre fines y medios. [7]

¿Pero toda moralidad es ética? ¿Es ético matar a otra persona?, ¿es ético arrebatar la libertad a otra persona? ¿Todos los fines valen?

¡Por supuesto que no!

Tal y como dice Jesús Huerta de Soto “a veces cometemos múltiples errores, sobre todo en la elección de los fines que se deben perseguir”. No obstante, “el hombre no está perdido sino que tiene determinadas guías que le ayudan en este campo, como pueden ser la ética y la religión”. [8]

Es imprescindible someter la moralidad a una ética. Una ética que estudia el conocimiento de qué es malo y lo qué es bueno.

Si estuviéramos determinados y no valoráramos, no podrían declararnos malas o buenas personas. A un animal no se le cataloga como malo o bueno. La pobre bestia está determinada. Sus fines y sus medios carecen de valoración, jerarquización y voluntad. Precisamente por eso, como indica Fernando Savater, “la actitud ética es el reconocimiento de esa excepcionalidad humana y no de su afirmación de continuidad con el resto de la animalidad”. [9]

Por tanto, no toda la moralidad sirve. La moralidad no es relativa, sino absoluta. Hay ciertos principios éticos universales, aplicables a todo el ser humano en cualquier momento y en cualquier época. Aplicables a todo ser humano como ser humano independientemente de su raza, su condición social, su país de procedencia o su cultura. Entonces, ¿la economía es independiente a la moral?

No, porque “el pensamiento económico sólo puede ser realizado en la mente de seres humanos, seres que valoran y juzgan moralmente”. [10]

Y, ¿la economía se puede separar de la ética?

Tampoco. Tal y como expresa Samuel Gregg, “la ética es más que ‘simplemente otra disciplina’, porque constituye una actividad esencial e inevitable en la que se implica todo el mundo en cada momento en que realiza un acto libremente deseado”. [11]

“Sólo los principios éticos pueden servirnos como criterio para tomar nuestras decisiones”. [12]

4. Conclusión

La economía no puede estudiarse sin la ética a menos que caigamos en los errores antropológicos de la Escuela Neoclásica, o los sofismas filosóficos de los relativistas. Y esto implica especialmente a la economía política, cuyas decisiones y “criterios deben tomarse fuera de la economía”. [13]

Notas

[1] HOFFMAN, E. (2009): Abraham Maslow: Vida y enseñanzas del creador de la psicología humanista, 1ª Ed., Kairos, Barcelona.

[2] MENGER, C. (1997): Principios de economía política, 2ª Ed. Unión Editorial, Madrid.

[3] VON MISES, L. (2009): La Acción Humana, 9ª Ed., Unión Editorial, Madrid.

[4] MILLÁN-PUELLES, A. (1995): El valor de la libertad, Rialp, Madrid

[5] MAYNARD KEYNES, J. (2010): Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, 4ª Ed., Fondo de Cultura Económica, Mexico D.F.

[6] Seminario del catedrático Rafael Rubio de Urquía: Diez lecciones sobre economía, antropología y ética. Impartido en el Instituto de Humanidades de Ángel Ayala con fecha de 2010.

[7] BURLING, R. (1976): “Teoría de maximización y el estudio de la antropología económica” en M. Godelier (comp.), Antropología y economía, 1ª Ed, Anagrama, Barcelona.

[8] HUERTA DE SOTO, J. (2010): Socialismo, cálculo económico y función empresarial, 4ª Ed., Unión Editorial, Madrid, p.63 (Nota 30).

[9] SAVATER, F. (2011): Tauroética, 1ª Ed., Turpial, Madrid, p.29.

[10] A. CHAFUEN, A. (2009): Raíces cristianas de la economía de libre mercado, 1ª Ed., El Buey Mudo, Madrid, p.55.

[11] GREGG, S. (2011): Economía básica para católicos, 1ª Ed., El Buey Mudo, Madrid, p.51.

[12] Artículo The Myth of Efficiency de ROTHBARD, M. N. Cita extraída del libro: La Iglesia y la economía. Una defensa católica de la economía libre, (Thomas E. Woods), 1ª Ed. El Buey Mudo, Madrid, p. 70

[13] ROBBINS, L. (1952): The Theory of Economic Policy in English classical political economy, Macmillan, Londres, pp.176-177


Bibliografía

A. CHAFUEN, A. (2009): Raíces cristianas de la economía de libre mercado, 1ª Ed., El Buey Mudo, Madrid.

BURLING, R. (1976): “Teoría de maximización y el estudio de la antropología económica” en M. Godelier (comp.), Antropología y economía, 1ª Ed, Anagrama, Barcelona.

GREGG, S. (2011): Economía básica para católicos, 1ª Ed., El Buey Mudo, Madrid.

HOFFMAN, E. (2009): Abraham Maslow: Vida y enseñanzas del creador de la psicología humanista, 1ª Ed., Kairos, Barcelona.

HUERTA DE SOTO, J. (2010): Socialismo, cálculo económico y función empresarial, 4ª Ed., Unión Editorial, Madrid.

MAYNARD KEYNES, J. (2010): Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, 4ª Ed., Fondo de Cultura Económica, Mexico D.F.

MENGER, C. (1997): Principios de economía política, 2ª Ed. Unión Editorial, Madrid.

MILLÁN-PUELLES, A. (1995): El valor de la libertad, Rialp, Madrid Seminario del catedrático Rafael Rubio de Urquía: Diez lecciones sobre economía, antropología y ética. Impartido en el Instituto de Humanidades de Ángel Ayala con fecha de 2010.

ROBINS, L. (1952): The Theory of Economic Policy in English classical political economy, Macmillan, Londres.

RÖPKE, W. (1960): A Humane Economy, Oswald Wolff, Londres.

ROTHBARD, M. N. (1979): The Myth of de Efficiency, en “Time, Uncertainy, and Disequilibrium, Lexington Books, Lexintong.

SAVATER, F. (2011): Tauroética, 1ª Ed., Turpial, Madrid.

VON MISES, L. (2009): La Acción Humana, 9ª Ed., Unión Editorial, Madrid.

WOODS, T. E. (2010): La Iglesia y la economía. Una defensa católica de la economía libre, 1ª Ed., El Buey Mudo, Madrid.

Daniel Marín estudió ciencias económicas y empresariales en la Universidad Ceu San Pablo y ahora cursa el programa de Master en Escuela Austriaca de Economía bajo la supervisión del profesor Huerta de Soto en la Universidad Rey Juan Carlos.

Su carrera profesional está ceñida al mundo de la información y de las ideas. Ha dirigido y copresentado la tertulia semanal «El Serviola» en la radio de Hortaleza, posee una columna en el diario de internet La Esfera Digital, se encarga de la redacción y de la gestión del contenido Web y de las redes sociales del telediario del Grupo Intereconomía y además, es autor del libro: «Algunas consideraciones jurídicas, económicas y filosóficas sobre el artículo 35 de la Constitución de 1978».

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