Por qué Milton Friedman entendía mal la física y Mises tenía razón en economía

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La ciencia está unida en su uso de la lógica y el razonamiento deductivo. Se mantiene objetiva y formalmente gobernada por el principio de que un argumento basado en premisas verdaderas no puede llevar a una conclusión falsa.

Por supuesto, es posible derivar conclusiones verdaderas de premisas falsas. Por dar un ejemplo simple, podemos decir que los cerdos son pájaros, los pájaros no vuelan, luego los cerdos no vuelan. Sin embargo los positivistas en el campo económico han afirmado que esos silogismos son los más comunes y útiles métodos de inferencia empleados en las ciencias naturales. En esto están completamente equivocados.

En la disputa entre la entonces predominante teoría del calórico y la naciente teoría mecánica, ambas partes afirmaban tener la explicación correcta al fenómeno del calor. La teoría del calórico afirmaba que el calor y la combustión se causaban por la emanación de los cuerpos calientes de una sustancia conocida como “calórico”. La teoría mecánica afirmaba que había una equivalencia mecánica entre calor y trabajo, de forma que ambos eran simplemente distintas formas de uno y otro (posteriormente calificado como “energía” por Thomas Young en 1807).

En este caso concreto nos vemos en la situación típica de las ciencias naturales: no podemos establecer directamente la verdad de nuestras premisas. Sin embargo podemos inferir deductivamente las consecuencias de seguir una teoría u otra.

Si cualquiera de ambas teorías lleva a conclusiones que se pueden demostrar como falsas, entonces ellas mismas resultan ser falsas. Esto se deduce porque a partir de premisas verdaderas sólo se pueden obtener conclusiones verdaderas. Así que si una conclusión que deriva de una premisa demuestra ser falsa, la propia premisa debe ser igualmente falsa y por tanto puede descartarse.

La teoría del calórico se vio rechazada definitivamente por el Conde Benjamin Rumford en 1798. Demostró mediante la fricción inducida por perforar un cañón que podía calentarse agua durante horas mientras que se perfore el cañón.

Rumford advirtió que la cantidad total de calor generado por el cañón habría sido más que suficiente como para fundir el metal, si se hubiera podido devolverlo de alguna forma al cañón. Esto demostraba que se estaba generando más calor del que podría haber contenido originalmente el metal.

Además fue capaz de calcular el equivalente mecánico de calor  al trabajo realizado, lo que se usó posteriormente para establecer el principio de la conservación de la energía. De éste se dedujo la primera ley de la termodinámica, posiblemente la mejor forma de resumir la teoría mecánica del calor.

Lo que hemos visto es que hemos sido capaces de descartar una preposición demostrando que sus conclusiones son falsas.

Debería haber quedado claro para el lector que explicar el método científico de la inferencia como forma de producir conocimiento a partir de premisas falsas es algo claramente absurdo. Lo que importa en el método científico es eliminar premisas que se contradigan con las observaciones. Nunca ha significado empezar por premisas que sabemos que son falsas y absurdas, deduciendo las implicaciones que puedan obtenerse de ellas y, cuando circunstancialmente se encuentre congruencia en nuestras “predicciones” y los datos observados, afirmar que el resultado de nuestro trabajo es “conocimiento científico”.

Ahora el lector debería ser capaz de advertir lo débil y peculiar que es realmente la postura metodológica de la economía positivista, o más bien “positiva”. En el ensayo de Friedman, “The Methodology of Positive Economics”, defiende las consecuencias deducidas a partir de premisas claramente falsas en relación con el estudio de la acción humana. Indica acertadamente que las hipótesis no necesitan ser “realistas” en sus suposiciones.

Para su desgracia, una “hipótesis” que incorpora nociones y afirmaciones que son demostrablemente falsas no es una hipótesis, sino una falsedad. Muchas de las falsedades que defiende, como el homo economicus, la competencia perfecta y el conocimiento perfecto, se siguen aplicando hoy en la economía neoclásica.

Puede identificarse en el ensayo de Friedman una confusión acerca de la forma en que se utilizan las suposiciones en las ciencias naturales. Los sistemas nunca se modelan de acuerdo con suposiciones que sean fantásticamente defectuosas en su descripción. Como observa Lev Landáu en la primera página de su Curso de Física Teórica, “los planetas pueden ser considerados como partículas al observar su movimiento respecto del sol, pero no al observar su rotación sobre sus ejes”. Si la física es verdaderamente la ciencia que los economistas neoclásicos buscan emular, es para ellos una desgracia que hayan comprendido completamente mal su metodología. Mucho de lo que hoy se califica como “economía” no puede, por tanto, ser descrito como ciencia.

Quienes pretenden justificar el razonamiento a partir de premisas falsas como un método fiable de obtener conocimiento del mundo real a menudo usan los fundamentos de su supuesta utilidad para hacer predicciones en el mundo real. Deberían considerar la siguiente historia:

Hace unos años, las organizaciones occidentales de ayuda cometieron el error de intentar suplantar las costumbres locales tribales e imponer las prácticas médicas occidentales en ciertas poblaciones africanas con el fin de prevenir la extensión de enfermedades infecciosas. La estrategia fue una catástrofe: los lugareños no aceptaban y adoptaban fácilmente estas costumbres extrañas y extranjeras.

Además, las organizaciones de ayuda entendieron totalmente mal la forma en que las prácticas locales eran realmente eficaces para ayudar a prevenir las enfermedades, a pesar de justificarse diciendo que eran absurdas y supersticiosas desde el punto de vista científico moderno. Aislar a los individuos “malditos” del resto de la sociedad y restringir el uso del suministro de agua para “arrepentirse” de pecados colectivos nos choca como algo sin sentido y supersticioso. Aún así las prácticas reales adoptadas basándose en este razonamiento eran bastante efectivas para prevenir la extensión de la dolencia.

Ninguna persona sensata en la sociedad occidental intentaría describir estas prácticas tribales como ciencia, aunque es algo bastante similar al razonamiento empleado para justificar la postura metodológica de Friedman en economía. En realidad estas supersticiones realmente muestran una conveniencia pragmática y un poder predictivo, y sus premisas son hipótesis no comprobadas en lugar de afirmaciones falsas: más de lo que podemos decir de la economía friedmanita.

Nos podemos preguntar ¿podría haber alguna base científica para el conocimiento que produce la economía? Ludwig von Mises ofrece la respuesta a esta pregunta. Lo hizo, no intentando “revolucionar”, sino revisando y reflejando las raíces de una disciplina que había estudiado e investigado toda la vida y ampliando los pensamientos e ideas de sus predecesores, como Nassau Senior y Carl Menger.

La categoría de acción y las teorías y afirmaciones praxeológicas así desarrolladas se supone que encarnan los aspectos más controvertidos de la economía “austriaca” moderna. El que otros hombres actúan, buscando fines y aplicando medios al tiempo que se mantienen las mismas categorías lógicas es algo implícito en las interacciones sociales a lo largo de la historia humana. A pesar de las afirmaciones en contra de racistas y otros polilogistas, no se ha ofrecido ninguna evidencia significativa que niegue estas proposiciones. De hecho quien intenta negarlas debe asumir ya su certidumbre en aquéllos a quienes desea convencer.

Sin duda hay problemas epistemológicos en relación con nuestra comprensión del comportamiento de otros, no menos desconcertantes que los asociados con la causalidad y la inducción. Aún así, quienes ignoren los problemas filosóficos asociados con los métodos de las ciencias naturales a causa de su manifestada conveniencia pragmática en la aplicación de tecnología deben darse cuenta de forma similar de que entender las acciones de otros como deliberadas y conscientes, compartiendo las mismas categorías, nos ha servido en la práctica tremendamente bien. Ningún artificio dialéctico puede eliminar como por arte de magia el hecho de que empecemos nuestro análisis de las acciones de otros seres humanos con la idea de que buscan fines y aplican medios para alcanzarlos.

Por tanto la praxeología se basa en la demostrablemente verdadera idea de que nosotros y los demás seres humanos actúan. En lugar de utilizar la noción supersticiosa de la acción colectiva, las acciones praxeológicas se reconocen por ser realizadas por individuos, una cada vez, conectadas juntas siguiendo una cadena causal.

En este ensayo he criticado ciertas aplicaciones de premisas falsas. Esto ciertamente no quiere decir que las critique como dispositivos teóricos por sí mismos. Sin duda tienen su utilidad. La economía constantemente en movimiento es el dispositivo con el que se puede explicar el origen de las pérdidas y ganancias, al tiempo que demuestra la tendencia prevalente al equilibrio e implícita en la acción del mercado. El análisis contrafactual del cristal roto de Bastiat sin duda aumenta nuestro conocimiento del mundo real.

La ciencia de la acción humana es mental y apriorística, es el producto de un análisis lógico de las categorías implícitas en distintos modos de acción. Y aún así produce un conocimiento empíricamente válido de las consecuencias de estas acciones, pues puede trasladarse al mundo real. Con el fin de seguir las relaciones de causa-efecto que afectan a la acción en el mundo real, debemos combinar el conocimiento conceptual y praxeológico que podamos obtener con una comprensión de los caprichos y factores que afectan a las acciones de nuestros congéneres.

Se haría un gran servicio a la humanidad si hubiera más gente dedicada al estudio de la economía real: la economía praxeológica. Sin duda podría ayudar a explicar muchas más cosas que el confuso empirismo actualmente dominante en las ideas de la profesión económica.

Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

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