La guerra del aprendizaje

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Desde al menos el siglo XII hasta muy recientemente, la entrada en una profesión se ha realizado mediante un aprendizaje o, en palabras actuales, un trabajo en prácticas. Una persona joven entra a trabajar con gente con experiencia en el negocio, normalmente a cambio de espacio en la oficina, alojamiento, herramientas, pero poca o ninguna compensación monetaria. Todos ganan: el contratante puede evaluar a un potencial empleado y el aprendiz gana una experiencia inestimable y futuras ofertas de trabajo, nuevos contactos o una carta de recomendación.

¿Cuál es la alternativa? Es la opinión totalmente buenista, que apareció algo después de la Segunda Guerra Mundial, de que un estudiante puede sentarse en un pupitre escuchando de los 16 a los 20 años y así estar preparado para reclamar inmediatamente un salario sustancial a una empresa en virtud del gran valor que genera.

Esta suposición es absurda, pero es la que ronda la estructura del sistema controlado por el estado. En inviable para los empresarios y equívoca para los estudiantes. Los empresarios a menudo indican lo absurdo de que nuevos graduados entren alegremente en empresas y reclamen un salario alto sin nada más que un certificado de un entorno artificial, sin ética de trabajo o habilidades en el mundo real.

Una cosa sería que un empresario pudiera dejar de ofrecer alojamiento y otros beneficios y sólo pagar un salario realmente bajo a los empleados novatos. Pero no es eso lo que pasa hoy. El estado y su pesada mano han restringido seriamente el derecho de los empresarios a negociar salarios. El gobierno ofrece un modelo cerrado de empleo (salarios, beneficios, horas de trabajo) que aplica a todas las situaciones, incluso a aquéllas que no es posible que sean rentables, lo que ocurre especialmente con los candidatos que acaban de terminar los estudios.

Fíjense en el porcentaje de desempleo entre los veinteañeros: actualmente al 25% y subiendo. Es más del doble de la media nacional y es por una razón. Los costes de contratación exceden con mucho el valor de los nuevos trabajadores para las empresas. Durante una recesión, se evitan estos trabajadores marginales. Debe haber alguna solución que ofrezca el mercado, aunque sólo sea para que los jóvenes no se vean completamente excluidos de la división del trabajo. El aumento de los contratos en prácticas es la forma en que el mercado se las arregla para evitar las regulaciones gubernamentales, la evidencia de la tendencia a la libertad que crece como la hierba en los resquicios de las aceras.

La utilidad mutua que producen las prácticas se ha hecho especialmente atractiva para la gente en los últimos años. La evidencia demuestra que está aumentando en todos los campos. Todo esto es bueno.

Como informa el New York Times, los empresarios pusieron 643 prácticas no pagadas en el tablón laboral de Stanford este año académico, triplicando el número de hace dos años. La Asociación Nacional de Universidades y Empresarios cifró en el 83% el porcentaje de estudiantes graduados que había realizado prácticas hace dos años. En 1992, en tiempo de bonanza, sólo un 9% realizó prácticas.

El gobierno está diciendo que todo esto podría ser ilegal. M. Patricia Smith, como comisionada de Trabajo de Nueva York, tomo medidas severas el año pasado y ahora, como encarga del cumplimiento del Departamento federal de Trabajo, está haciendo lo mismo a nivel nacional. La razón es que se dice que muchas de las prácticas violan la ley del salario mínimo, entre otras muchas leyes que regulan el empleo.

¿Es verdad que son ilegales? Bueno, resulta que el gobierno tiene reglas estrictas para determinar si alguien es legalmente un “aprendiz” en lugar de un empleado:

“1. El aprendizaje, aun cuando incluya realmente operar en las instalaciones del empresario ha de ser similar a lo que se ofrecería en una escuela profesional o en una instrucción educativa académica;”

Si el aprendizaje es similar ¿qué sentido tienen las prácticas? Tiene que haber algún valor añadido, o si no se necesitaría, ni mucho menos se requeriría.

“2. El aprendizaje ha de ser en beneficio de los aprendices;”

¿Excluyendo un beneficio para los empresarios?

“3. Los aprendices no han de desplazar a los empleados normales, sino que trabajarán bajo su atenta observación;”

Eso implicaría que los negocios realmente no necesitarían al aprendiz para hacer nada importante.

“4. El empresario que ofrezca la formación no ha de obtener ninguna ventaja inmediata de las actividades de los aprendices y, en ocasiones, las operaciones del empresario pueden verse obstaculizadas en la práctica;”

Bueno, este requisito es increíble, ya que sugiere que el aprendiz no debe ofrecer realmente ningún valor real. ¡El aprendiz debe, por ley, hacer cosas inútiles! Esto pone incluso una limitación legal a lo que pueden decir las cartas de recomendación. Si el aprendiz no ofrece ningún beneficio real en sentido laboral, los costes de formación y los dolores de cabeza y el que el aprendiz esté ocupando espacio son todos costes, sin ningún beneficio. ¡Ningún empresario ni aprendiz estaría de acuerdo con esto!

“5. Los aprendices no han de tener necesariamente ningún derecho a un trabajo a la conclusión del periodo de formación y;»

Esto no es un problema, pero podemos ver aquí la mano de los sindicatos, trabajando por excluir a los trabajadores “esquiroles”.

“6. El empresario y los aprendices han de entender que éstos últimos no tienen derecho a salarios durante el tiempo empleado en formación”.

Es un poco extraño que las empresas, por un lado, se vean atacadas por no ofrecer salarios suficientemente altos y, por el otro, se les obligue a un ofrecer ningún salario. De nuevo esto sólo tiene sentido a la luz de los intereses de los sindicatos en restringir la oferta de mano de obra. En otras palabras, todas estas reglas parecen haberse escrito para prohibir directamente las prácticas.

¿Así que la mayoría de las prácticas existentes son técnicamente ilegales? Bien podría ser.

¿Quién pierde si estas medidas severas tienen éxito? Los mismos grupos que ganan bajo el actual aumento en las prácticas: los jóvenes y sus empresarios y potenciales empresarios. No puede haber otra forma de que esto se agote. Es el estado segando la hierba que crece en los resquicios de las aceras y luego esparciendo herbicida para evitar que vuelva a crecer.

También es mal momento para hacer esto: justo cuando a los jóvenes tienen más problemas que nunca para poner el pie en el mercado laboral.

Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

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