El estado es el 1%

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Al movimiento de protesta “ocupa” le apasiona la afirmación de que el 99% está siendo explotado por el 1% y hay algo de verdad en lo que dicen. Pero han equivocado las identidades de los grupos. Imaginan que es el 1% de los mayores poseedores de riqueza el que es el problema. De hecho, ese 1% incluye a algunas de las personas más inteligentes e innovadoras del país: la gente que inventa, pone en el mercado y distribuye bendiciones materiales para toda la población. También poseen el capital que sostiene la productividad y el crecimiento.

Pero hay otro 1% por ahí de gente que vive parasitando a la población y explotando al 99%. Además, hay una larga tradición intelectual, que se remonta al final de la Edad Media, que atrae la atención a la extraña realidad de que una minoría diminuta viva de la labor productiva de la abrumadora mayoría.

Estoy hablando del estado, que incluso hoy está compuesto por una diminuta franja de la población pero es la causa directa de todas las guerras empobrecedoras, la inflación, los impuestos, la reglamentación y el conflicto social. Este 1% es la causa directa de la violencia, la censura, el desempleo y también de buena parte de la pobreza.

Veamos las cifras, redondeando los últimos datos. La población de EEUU es de 307 millones. Hay alrededor de 20 millones de funcionarios públicos a todos los niveles, lo que supone el 6,5%. Pero, 6,2 millones de esas personas son profesores de escuelas públicas, que creo que podemos decir que no son realmente la élite dirigente. Eso nos lleva a un 4,4%.

Podemos eliminar otro medio millón que trabaja para correos y probablemente los mismos que trabajan para distintas oficinas de departamentos de servicio. Probablemente otro millón no trabaje en ninguna rama de fuerza del estado y también está la asombrosa pelusa de la fuerza laboral que implica cualquier obra pública. Los gobiernos locales no causan problemas nacionales (normalmente) y lo mismo puede decirse de los 50 estados. El problema real está a nivel federal (8,5 millones), del que podemos restar pelusa, zánganos y trabajadores de servicio.

Al final, acabamos con alrededor de 3 millones de personas que constipen lo que se llama habitualmente el estado. Para abreviar, podemos sencillamente llamar a esta gente el 1%.

El 1% no genera riqueza por sí mismo. Todo lo que tienen lo obtienen tomándolo de otros bajo la cobertura de la ley. Viven a nuestra costa. Sin nosotros, el estado como institución moriría.

Aquí llegamos al meollo de la cuestión. ¿Qué es y qué hace el estado? Hay una enorme confusión acerca de esto, en la medida en que se habla algo de esto. Durante cientos de años, la gente ha imaginado que el estado podría ser una institución orgánica que se desarrolla naturalmente a partir de algún contrato social. O tal vez el estado sea nuestro benefactor, porque ofrece servicios que de otra no forma no podríamos proveernos por nosotros mismos.

En las aulas y las discusiones políticas, hay muy poca o ninguna explicación honrada de qué es y qué hace el estado. Pero en la tradición libertaria, las cosas están mucho más claras. De Bastiat a Rothbard, la respuesta ha estado ante nuestros ojos. El estado es la única institución en la sociedad a la que se permite por ley utilizar fuerza agresora contra personas y propiedades.

Entendámoslo con un ejemplo sencillo. Digamos que entramos en un restaurante y no nos gusta el papel pintado de la pared. Puedes quejarte y tratar de convencer al propietario de que lo cambie. Si no lo cambia, puedes decidir no volver. Pero si entras, te llevas dinero de la caja, compras pintura y tapas tú mismo el papel pintado, se te acusará de un delito y tal vez vayas a la cárcel. Todos en la sociedad están de acuerdo en que hiciste algo mal.

Pero el estado es diferente. Si no le gusta el papel pintado, puede aprobar una ley (o tal vez ni siquiera eso) y enviar un requerimiento. Puede ordenar un cambio. No tiene que encargarse de repintar: el estado te puede hacer que repintes el lugar. Si rehúsas hacerlo, eres culpable de un delito.

El mismo objetivo, distintos medios, dos tipos muy distintos de criminales. El estado es la institución que esencialmente redefine los delitos para declararse siempre exento de la ley que gobierna a todos los demás.

Pasa lo mismo con todas las leyes, todas las regulaciones, todas las órdenes y toda palabra del código federal. Todas representan coacción. Incluso en el área del dinero y la banca, es el estado el que creó y sostiene la Fed y el dólar, porque esto limita por la fuerza la competencia en el dinero y la banca, impidiendo que la gente haga del oro y la plata dinero o innovando de otras formas. Y en cierto modo ésta es la intervención más terrible de todas, porque permite al estado destruir nuestro dinero a capricho.

El estado es el enemigo de todos. ¿Por qué no lo entienden los manifestantes? Porque son víctimas de la propaganda del estado, distribuida en escuelas públicas, que intenta echar la culpa de todo el sufrimiento humana a las partes privadas y la libre empresa. No entienden que el enemigo real es la institución que les lava el cerebro para que piensen como piensan.

Tienen razón en que en la sociedad abundan los conflictos y en que la respuesta es tremendamente desigual. Es realmente el 99% contra el 1%. Sólo que se equivocan en la identidad del enemigo.

Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

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