Lo personal es lo económico

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La feminista Carol Hanisch es famosa por su oposición al concurso Miss América en la década de 1960. Ella fue también la persona que en 1968 acuñó la frase «lo personal es lo político». Su ensayo sobre el tema denunciaba la idea de que la liberación de la mujer pueda tener lugar a través de la acción individual. El asunto, escribió, no se trata de que las mujeres tomen mejores decisiones en sus vidas. En lugar de eso, se trata de revolucionar la política. Como ella dijo, «Sólo hay acción colectiva para una solución colectiva».

Ahora, tal afirmación extrema sólo se diferencia de la opinión académica convencional de la izquierda en una cosa: es un lenguaje claro. A medida que las décadas fueron pasando, las opiniones de los post-marxistas no cambiaron. Sólo empezaron a envolverlos en jerga cada vez más espesa. Pero la conclusión es siempre la misma: necesitamos acción colectiva, que es un eufemismo para el estado. El objetivo es fortalecer al estado, es decir, hacerlo más totalitario.

Bajo esa percepción del orden social, no se permite que la acción individual moldee la realidad. La elección y la libertad conducen al conflicto, al abuso, la explotación, la desigualdad, la injusticia, y todo otro mal que se pueda nombrar. Los capitalistas explotan a los trabajadores, los hombres dominan a las mujeres, los blancos abusan de los negros, los no-discapacitados alzan barreras para los discapacitados, los religiosos marginan a los no-creyentes, el rico patea al pobre, y así sucesivamente. Esa es su visión de un mundo de libertad. La única manera de regular esa pesadilla es el control total.

Por esta razón, la reforma no puede darse a través de elecciones individuales, sino que la sociedad debe ser radicalmente politizada en todos los sentidos, hasta el nivel de las relaciones entre los individuos. Cada mirada fea o desagradable pide una respuesta estatal gigantesca. Todo signo de marginación es una señal de por qué necesitamos un estado mamut para arreglar y supervisar constantemente las relaciones sociales y económicas. Y nótese que desde ese punto de vista, no hay realmente ninguna posibilidad de finalmente eliminar los conflictos inherentes a la estructura del mundo, por lo que en realidad para esa gente no hay momento en que el estado sea lo suficientemente grande e intrusivo. Tiene que crecer y crecer por siempre.

Tal punto de vista es completamente impermeable a los hechos. Que las mujeres ganen menos en promedio que los hombres en el mercado podría ser debido a la elección individual, como nuestro laureado Premio Schlarbaum Walter Block ha demostrado. Pero si uno descarta la elección individual y considera la estructura de una economía de salarios como intrínsecamente explotadadora, tales hechos no importan.

Por cierto, todos tenemos que felicitar a Walter Block por ser uno de los pocos académicos en resistir y salir victorioso de un asalto malvado, que sufrió hace unos años. Él señaló algunos datos básicos sobre la economía de la discriminación a un público universitario, y fue rápidamente criticado por no cumplir con los ‘códigos de expresión’ que rigen la vida académica. Incluso su trabajo parecía pender de un hilo. En lugar de arrastrarse y pedir perdón, él peleó punto por punto. Los chicos malos no están acostumbrados a la resistencia, ni a los hechos presentados con calma y de forma brillante. Tampoco una universidad está acostumbrada a que sus egresados se levanten para defender a un profesor invitado, y que corten sus donaciones. Finalmente, la razón prevaleció sobre los que denigran a la gente con calificativos. ¡Felicitaciones Walter!

La visión de la sociedad de la academia proto-marxista de moda es lo opuesto de la antigua visión liberal. Bastiat resumió la perspectiva correcta de cómo funciona la sociedad en «armonía social». Si dejamos que la gente sea libre de actuar, poseer, elegir, asociarse, construir, arriesgarse, experimentar, y dedicarse a sus propios asuntos, siempre y cuando no invadan físicamente a otra persona o propiedad, una armonía tiende a caracterizar el desarrollo de esa sociedad.

Lo personal realmente es sólo lo personal. El estado es quien crea un conflicto donde no debe existir.

No es de extrañar que los principales pensadores de la historia que han sostenido esta verdad tuviesen una profunda familiaridad con la lógica y la ciencia económica. Aquí es donde descubrimos la esencia de la toma de decisiones humanas y la elección. Es aquí donde se descubre la magia del intercambio mutuamente beneficioso.

Y fue Ludwig von Mises quien tomó la teoría que se aplica a la economía y la amplió en una teoría general de la elección humana, de la cual la economía se convirtió en un sub-campo. Mises transformó a la economía que dejó de hablar sobre el supuesto «hombre económico», como si todos tomásemos nuestras decisiones en la vida basándonos únicamente en las expectativas de retorno pecuniario más alto posible.

Un poco de reflexión muestra que el hombre no es un estrecho maximizador de ganancias en este sentido. Instituciones esenciales de la sociedad, como las artes, la religión, la caridad, la familia, así como las costumbres y normas sociales, existen fuera de los nexos comerciales.

Pero no existen fuera del ámbito de la elección humana. Mises armó una ciencia de la elección humana, no sólo para explicar actividades comerciales, sino todo el desarrollo social. Y por tanto, después de Mises, ya no era necesario hablar de la armonía de intereses sólo en relaciones comerciales. La armonía se extendía a toda la sociedad humana.
Esto equivale a revertir completamente el slogan neo-marxista «lo personal es lo político». Yo propondría, en su lugar: «lo personal es lo económico».

Esto significa que no hay nada que hagamos en este mundo sobre lo que la economía no pueda arrojar algo de luz. Eso no significa, como algunos economistas de la Escuela de Chicago creen, que toda conducta humana se pueda reducir y explicar por estrechos intereses económicos. Esa línea de pensamiento ha creado estantes llenos de falacias.

Significa en cambio que la economía como lógica de elección humana tiene algún grado de poder explicativo universal. Arroja nueva luz sobre viejos problemas. Puede pasar a través de nuestros prejuicios y ayudarnos a ver la verdad sobre la cooperación humana en lugares inesperados. Fue sobre esta base que Mises dijo que la economía es la médula misma de la vida. Su punto era que podemos descubrir la lógica económica en todas las cosas, y, a través del estudio de la economía, podemos obtener una nueva visión de cada forma de comportamiento humano e instituciones creadas por el hombre.

Con este telón de fondo, tal vez podamos entender cómo la Escuela Austríaca de Economía ha sido un paradigma de investigación muy fructífera. No trata de empujar al mundo entero dentro de su aparato. Utiliza una teoría robusta para entender el mundo, y para formular ideas radicales de reforma que hagan del mundo un lugar más pacífico y productivo.

Antes de llegar a los propios esfuerzos de Walter Block, echemos un vistazo a la historia.

Mises comenzó su carrera en Viena con un libro sobre el dinero. Le hizo famoso. Escribir sobre dinero es lo que se supone que los economistas deben hacer. Cuando salen de ese ámbito, pisan minas terrestres. Por eso, todos los verdaderamente grandes economistas han sido denunciados no sólo por las élites académicas, sino también por los políticos. Bastiat enfrentó esa crítica, igual que Mises, Rothbard, y, por supuesto, Walter Block. El grito es siempre el mismo: ¡quédate en economía y deja de hablar de otras cosas! Pero como hemos visto, no hay cosas que no puedan ser dilucidadas por la teoría económica.

Después de que Mises escribiera su gran libro sobre dinero, siete años después, tras la Gran Guerra, salió con otro libro. Nación, Estado y Economía. El libro explica que el tipo de democracia del cual se habla en el mundo absolutamente requiere el derecho de secesión para grupos lingüísticos sin importar lo pequeños que sean. Señaló además que la autodeterminación y el socialismo son totalmente incompatibles. El único sistema compatible con la libertad y la democracia verdadera, Mises escribió, era el capitalismo.

Aunque Mises ya había sido negado un puesto remunerado en la Universidad de Viena, aquí es cuando las nubes de tormenta empezaron a acumularse en torno a su carrera, como Guido Hülsmann documenta en su biografía de Mises. Las nubes reventaron a partir de 1920, cuando Mises escribió su prueba de que el socialismo no era un sistema económico en absoluto, sino una receta para la destrucción total de la economía y la civilización misma. Su lógica era impecable y el argumento increíblemente eficaz. Él había rechazado una obsesión de los intelectuales que se remonta a la antigüedad.

Esto era imperdonable. Los gritos de que dejara de hablar de estas cosas y se quedara en economía se hicieron más fuertes. Pero Mises no dio marcha atrás. Dos años más tarde, su libro completo sobre el socialismo fue publicado. Luego abordó el método económico. Luego con el tiempo su tratado completo sobre la sociedad humana vio la luz. Se llamaba La acción humana. Este libro es el que le convertiría en uno de los mayores pensadores de la historia. También fue el libro que finalmente mató su carrera.

Entonces, ¿por qué lo hizo? Había tres razones. En primer lugar, la integridad académica exigía que siguiera todas las implicaciones de la teoría. En segundo lugar, decir lo que es verdad es lo que moralmente debe hacerse, y es heroico hacerlo, sobre todo cuando te das cuenta de que hacerlo te dañará personalmente. En tercer lugar, nadie más decía lo que Mises tenía que decir, así que por lo tanto, dependía de él hacerlo.

Pasó lo mismo, por supuesto, con Murray Rothbard. Él contó la historia a un entrevistador, diciendo que él nunca había construido su carrera para complacer al establishment. Él contó a Bob Kephart en una carta que fue advertido desde un principio de no atacar a las personas, sino sólo a las ideas. Él rechazó aquel consejo porque pensaba que era importante alertar a la gente sobre la existencia de una clase dominante que utiliza al estado para saquearnos. No se puede llamar la atención sobre la existencia de tal cosa, sin dar nombres.

Ocurrió también con sus puntos de vista sobre anarquismo. Se le dijo que proponer tal idea arruinaría su carrera académica. Luego se le dijo que dejara de distinguir la Escuela Austríaca de la Escuela de Chicago, ya que rompería la imagen de una gran escuela de libre mercado. Luego se le dijo que dejara de hablar de la guerra y la paz, ya que arruinaría su imagen entre los conservadores.

Por supuesto, él sabía que aquel era un buen consejo para su carrera. Así que ¿por qué rechazarlo? ¿Por qué tomó consistentemente el camino equivocado?

Murray explica:

Me gusta pensar que la razón principal es una que me conmovió mucho cuando la leí en la vida Garlund sobre el gran economista austriaco sueco, Knut Wicksell. A Wicksell se le preguntó: ‘Aquí está usted, un gran economista y sin embargo usted siempre está metiéndose en problemas y arruinando su imagen académica, por todas las locuras radicales que hace’ … [¿Por qué?] Y Wicksell simplemente respondió: ‘Porque nadie más lo estaba haciendo’.

Para mí eso lo resumió. Si hubiera habido muchos libertarios anarquistas, muchos contra la guerra, muchos llamando por nombre a la élite gobernante, mucho en el ataque… Friedman, etc, yo podría no haber tomado estas decisiones, al entender que estas importantes tareas estaban siendo bien cuidadas, mientras yo me concentraba en mi propio ‘posicionamiento’. Pero en cada paso miraba alrededor y veía que nadie más lo estaba haciendo. Así que por lo tanto, dependía de mí.

Por supuesto, el sacrificio de Rothbard despejó el camino de las generaciones futuras para avanzar en estas ideas con relativa seguridad. Hoy en día, hay muchos austriacos, anarquistas y libertarios en favor de la paz en el mundo académico, el periodismo y otros campos. Muchos de ellos hablan abiertamente, y estas ideas están circulando.

Pero, ¿saben ellos que Rothbard es su benefactor, en este sentido también? Es probable que la mayoría no. Pero se necesita a esa gente para allanar el camino, con sus propias vidas, para que el mundo de las ideas sea seguro para los demás en el futuro.

Esta es la única razón por la que alguien como Mises o incluso Rothbard nos parece menos radical ahora de lo que lo fueron en su época. Lo que dijeron fue un shock, fue alarmante, completamente inquietante para toda una generación. Y pagaron un precio personal enorme. Hoy nos fijamos en esto y nos preguntamos cómo puede ser que Mises haya sufrido tanto y tan personalmente por oponerse al socialismo, o Rothbard por haberse opuesto el estado. Pero la razón que parece sorprendente para nosotros es, precisamente, porque sus acciones y palabras abrieron los nuevos caminos que ahora caminamos de forma segura.

Y lo mismo sucede con Walter Block. Él era un estudiante del postgrado de economía cuando lentamente comenzó a trabajar en su proyecto paralelo Defendiendo lo Indefendible. Vio todas estas actividades pacíficas siendo atacadas a diario en la prensa. La cultura política era abajo con el consumo de drogas, con la prostitución, con tirar basura, con el machista, con los taxistas sin licencia, con los capitalistas egoístas, con los intermediarios, con los especuladores, con los importadores, con los proxenetas, con los que no obedecen al sindicato, con los prestamistas, con los avaros, con los que reciben herencias, con los arrendadores, e incluso con los chantajistas. En cada caso, donde la sociedad veía el escándalo, el pecado y la criminalidad, Walter vio una actividad económica pacífica.

Así que los examinó uno por uno desapasionadamente. Él trajo el aire fresco de la razón a cada uno de esos temas e hizo un análisis de cada uno desde el punto de vista de la elección humana. En el transcurso de cada defensa, él ilustra los principios económicos, discutiendo un tema que era intrínsecamente interesante para el lector. Así que terminó haciendo algo más que rescatar a estas personas y actividades marginales de la demonización; de hecho él avanzó el sólido pensamiento económico en el proceso.

Pero si Mises y Rothbard caminaron varias veces por campos minados, pisando bombas que los demás les dijeron no pisar, Walter fue un paso más allá. Él buscó a los campos, siguió el mapa de donde estaban las minas y saltó y las esquivó, casi bailando.

No, él no se quedó en la economía estrechamente definida, y no trató de meter la totalidad de la experiencia humana en un marco de maximización de beneficios. En lugar de eso, utilizó una teoría robusta de intercambio y de la acción humana para explicar que una cantidad de comportamientos que son frecuentemente demonizados son realmente buenos ejemplos de cómo la sociedad se las arregla para salir adelante sin la imposición de reglas de gobierno y sus agentes de orden.

Walter en realidad mostró cómo lo personal es lo económico. Siguió ese libro con varios cientos de artículos académicos sobre diversos temas, así como muchos libros. Dos de sus últimos libros publicados por el Mises Institute abordan los temas de la discriminación y el aprovisionamiento de carreteras del gobierno. Una vez más, no hay ninguna razón bajo el sol para hablar de estos temas, excepto el hecho de que nadie más está escribiendo acerca de ellos, tiene que escribirse sobre ellos y es la correcta cosa que hay que hacer.

Déjenme decirles algo acerca de Walter Block que pocas personas conocen. Cuando era estudiante de posgrado, él ya era un arrendador exitoso, ya era propietario de dos importantes edificios de apartamentos. Este joven iba a ser un decente Donald Trump. Pero entonces conoció a Murray Rothbard y vio dos caminos delante de él. Luchar por la libertad, o «recibir una llamada a las 2:00 am de la señora Cohen sobre su refrigerador descompuesto». Walter, la sociedad necesita grandes arrendadores, pero Dios te bendiga por tomar el camino que elegiste.

Esa tendencia siempre ha sido una característica de la Escuela Austriaca. No es una escuela de constructores de modelos estrechos, sino una escuela de filósofos de mente amplia, que ofrecen una forma radical de ver el mundo. Es decir, les gusta ir a la raíz del asunto y explicar las implicaciones de lo que encuentran, sin importar las consecuencias personales.

Esta es también una de las razones para el fuerte crecimiento de la escuela austriaca en nuestros tiempos. Como una teoría de la acción real, se aplica al mundo real de manera más intensa que la teoría de moda. Uno puede ver la diferencia en la historia monetaria convencional del siglo XX, que se limita a una crónica de los altibajos de unas estadísticas, y una versión austriaca, la escrita por Rothbard, que es un drama humano real.

La economía austriaca no es sólo economía. Se trata de una teoría de la acción humana. Y esta es la razón por la que la escuela austriaca sigue creciendo, a pesar de todos los intentos de desprestigio, de traerla abajo, de hacerla desaparecer y de tratar de marginar a sus pensadores y escritores. Considere que esto ha estado sucediendo por más de un siglo, comenzando por la denominación misma de Escuela Austriaca, que fue acuñada por la Escuela Histórica Alemana, implicando que los austriacos eran inferiores en todos los aspectos a los alemanes.

El intento no ha funcionado en el largo plazo. Sin embargo, sí puede funcionar durante lo que dura una vida, y algunos austriacos han pagado un alto precio por negarse a pensar como se les ha dicho. En el caso de Mises, no era un juego de mesa. Él puso su misma vida en peligro al decidir decir la verdad. Sin embargo, si se extiende el análisis a lo largo de varias generaciones, se ve una imagen diferente pavimentando una nueva corriente dominante de pensamiento.

Hace unos años, apareció una imagen en la web que se suponía representaba una línea de economistas. Todos estaban mirando a un gráfico. Cuando la línea subía los economistas sonreían un poco. Cuando bajaba, fruncían el ceño. Esa fue toda la representación.

La economía es muy diferente en manos de la tradición austriaca. Es algo con poder explicativo de gran alcance que estudia la subida y caída de civilizaciones enteras. Analiza desde cuestiones gigantescas hasta el más pequeño de los problemas personales posibles. Ofrece una ventana para mirar al mundo con inteligencia y realismo. Y aunque la ciencia es en sí misma libre de valores, no los que la practican. Ellos ponen los valores de paz, prosperidad y libertad en la mezcla, y nos proporcionan una visión hermosa de la vida misma.

Es por esta razón que Mises termina su obra maestra con estas palabras, que —igual que Walter Block— no debemos olvidar nunca: «La economía no debe ser relegada a las aulas y las oficinas de estadística y no debe dejarse en manos de círculos esotéricos. Es la filosofía de la vida humana y de la acción, y concierne a todo el mundo y se refiere a todo. Es la médula de la civilización y de la existencia humana».

Esta charla fue preparada originalmente para El Círculo Mises en New Orleans, el 5 de noviembre de 2011.

Traducido del ingles por Dante Bayona. El original se encuentra aquí.

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