De la causa y efecto de los tipos de interés

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Un idea común aceptada por todos los que han escrito sobre el comercio, es que un aumento en la cantidad de dinero en un estado disminuye el tipo de interés, porque cuando el dinero es abundante es más fácil encontrar alguien que preste. La idea no siempre es cierta o correcta. Para probarlo, basta recordar que en 1720 casi todo el dinero de Inglaterra se llevaba a Londres. Además, el número de billetes en circulación aceleraba aún más el movimiento del dinero hasta un nivel extraordinario.#

Sin embargo esta abundancia de dinero y aumento de la circulación no disminuyó el tipo de interés, que había estado en un 5% o menos. Solo sirvió para aumentar el tipo, que aumentó hasta el 50 y 60%. Es fácil explicar este tipo de interés aumentado. La razón es que todos se habían convertido en empresario en la trama del Mar del Sur y quería tomar prestaod dinero para comprar acciones, esperando obtener una inmensa ganancia con la que les sería fácil pagar este alto tipo de interés.#

Si la abundancia de dinero en el estado viene de manos de los prestamistas, el aumento en el número de éstos probablemente rebaje el tipo de interés. Sin embargo, si la abundancia viene de manos de gente que lo gastará, tendrá justamente el efecto contrario y aumentará el tipo de interés al aumentar el número de empresarios que inician negocios como consecuencia de este aumento en el gasto y necesitarán proveer sus negocios pidiendo prestado a cualquier tipo de interés.

La abundancia o escasez de dinero en un estado siempre aumenta o disminuye el precio de todas las cosas en los mercados, sin ninguna conexión necesaria con el tipo de interés, que bien puede ser alto en estados donde hay mucho dinero y bajo en donde el dinero es más escaso; alto donde todo es caro y bajo donde todo es barato; alto en Londres, bajo en Génova.

El tipo de interés sube y baja todos los días por meros rumores, que podrían disminuir o aumentar la confianza de los prestamistas sin afectar a los precios de los productos en los mercados.

La fuente más constante de un tipo alto de interés en un estado en el gran basto de nobles, terratenientes y otros ricos. Los empresarios y maestros artesanos proporcionan las grandes casas con todos los elementos de este gasto y los empresarios casi siempre necesitan pedir prestado dinero para proveerles. Cuando los nobles consumen por encima de sus ingresos y piden dinero prestado, contribuyen  doblemente a aumentar el tipo de interés.

Por el contrario, cuando los nobles del estado viven frugalmente y compran de primera mano [sin intermediarios] siempre que pueden, adquirirán muchos productos de sus sirvientes sin tratar con empresarios. Esto disminuye las ganancias y el número de empresarios en el estado y por consiguiente reduce el número de prestatarios, así como el tipo de interés. Como estos empresarios trabajan con su propio capital (pidiendo prestado lo mínimo posible) y se contentan con pequeñas ganancias, impiden que quienes no tengan capital empiecen empresas similares con dinero prestado. Es el caso hoy de las repúblicas de Génova y Holanda, donde el interés está a veces en el 2%, o menos para las clases superiores.

Entretanto, en Alemania, Polonia, Francia, España, Inglaterra y otros países, la riqueza y gastos de los nobles y terratenientes ha mantenido a los empresarios y maestros artesanos del país acostumbrados a grandes beneficios, permitiéndoles pagar un alto tipo de interés, que es aún mayor cuando importan todo del exterior con el riesgo añadido a las empresas.

Cuando el príncipe o el estado incurren en grandes gastos, como cuando hacen la guerra, el tipo de interés aumenta por dos razones. La primera es que aumenta el número de empresarios con numerosas nuevas grandes empresas para los suministros bélicos y por tanto aumentan los préstamos. La segunda es el mayor riesgo que siempre trae la guerra.

Por el contrario, cuando la guerra acaba, disminuye el riesgo, disminuye el número de empresarios y los contratistas bélicos que abandonan los negocios reducen sus gastos y se convierten en prestamistas del dinero que han ganado. En esta situación, si el príncipe o el estado ofrecen cancelar parte de la deuda pública, reducirá significativamente el tipo de interés. Esto indudablemente tendrá un efecto en parte de la deuda que puede liquidarse sin pedir prestado en otro lugar, porque las cancelaciones aumentan el número de prestamistas en la clase superior de interés [es decir, el tipo preferencial], que afectará a todas las demás clases.

Cuando la abundancia de dinero en el estado la causa un balance comercial continuo [positivo], este dinero pasa primero a las manos de los empresarios. Y aunque aumenta el consumo, no deja de rebajar el tipo de interés porque la mayoría de los empresarios adquirirán suficiente capital como para conducir sus negocios sin pedir prestado e incluso convertirse en prestamistas de la cantidad que hayan ganado más allá de la que necesiten para operar sus negocios.

Si el estado no tiene una gran cantidad de nobles y ricos que gastas pródigamente, la abundancia de dinero sin duda rebajará el tipo de interés a tiempo que aumenta el precio de los bienes y mercancías intercambiados. Esto es lo que ocurre normalmente en repúblicas que no tienen ni mucho capital y demasiado terreno y que se enriquecen solo por el comercio exterior. Pero en estados que tienen una capital considerable y grandes terratenientes, el dinero que produce el comercio exterior aumenta sus rentas y les permite gastar mucho, lo que mantiene a muchos empresarios y artesanos además de los dedicados al comercio exterior. Esto siempre mantiene altos los tipos de interés a pesar de la abundancia de dinero.

Cuando un noble o terrateniente se arruina por gastos extravagantes, el prestamista que tiene la hipoteca de la propiedad a menudo adquiere la propiedad absoluta de ésta. También puede pasar cuando en un estado los prestamistas proveen más crédito que dinero en circulación. En este caso, son propietarios subordinados de las tierras y su producción, que ha sido hipotecada como garantía, y sin la cual el capital del prestamista se perdería por la bancarrota de los prestatarios.

De la misma manera, uno puede considerar a los propietarios de deuda pública como propietarios subordinados de los ingreso del estado, que se usan para pagarles intereses. Sin embargo si el parlamente se ve obligado por las necesidades del estado a usar estos ingresos para otros fines, los propietarios de la deuda pública lo perderían todo, mientras que la cantidad de dinero circulando en el estado no disminuiría en una sola moneda.

Si el príncipe o los administradores del estado quieren regular por ley el tipo de interés actual, la regulación debe establecerse basándose en el tipo actual del mercado en la clase superior o cerca de éste.# De otra forma la ley sería inútil, porque los empresarios obedecen a las fuerzas de la competencia (o al precio actual establecido por la proporción entre prestamistas y prestatarios) y como resultado acudirían a acuerdos secretos. Esta limitación legal solo dificulta el comercio y aumenta el tipo de interés en lugar de fijarlo.

Históricamente, los romanos, después de aprobar varias leyes para restringir los tipos de interés, aprobaron una para prohibir completamente el préstamo de dinero. Esta ley no tuvo más éxito que sus predecesoras. La ley de Justiniano, que restringía a la gente tomar más del 4%, a la de un orden inferior el 6% y a los comerciantes el 8% fue a la vez divertida e injusta, porque no prohibía obtener un beneficio del 50 y el 100% en todo tipo de empresas.#

Si es permisible y respetable que un terrateniente arriende una granja a un granjero pobre con una renta alta, arriesgando la pérdida de la renta durante todo un año, parece que debería ser permisible que un prestamista preste dinero a un prestatario necesitado con el riesgo de perder, no solo su interés o beneficio, sino asimismo su capital y a estipular cualquier tipo de interés que el prestatario consienta libremente pagar.

Es verdad que los préstamos de este tipo pueden empeorar la situación de los prestamistas: pueden perder tanto los intereses como el capital porque es mucho menos probable que recuperen las pérdidas comparado con el terrateniente, que no puede perder el terreno que arrienda. Como las leyes de quiebra son relativamente favorables a los deudores y les permiten volver a empezar, parece que las leyes de usura deberían siempre ajustarse a los tipos del mercado, como en el caso de Holanda.

El tipo actual de interés en un estado parece servir como base para establecer el precio de mercado de la tierra. Si el tipo actual es de un 5% o 1/20, el precio de los terrenos debería ser el mismo [es decir, 20 veces el tipo de interés pagado al año sobre la hipoteca de un terreno similar]. Sin embargo como la propiedad de un terreno da cierto estatus y derechos en algunos estados, ocurrirá que cuando el interés sea del 5% o 1/20, el precio de la tierra se fija a 1/24 o 1/25 [25 veces], aunque el tipo hipotecario sobre el mismo terreno apenas exceda el tipo de interés actual.

Después de todo, el precio del terreno, como todos los demás precios, está regulado naturalmente por la proporción de vendedores entre compradores, etc. Y como habrá muchos más compradores en Londres, por ejemplo, que en las provincias (y como estos compradores que viven en la capital preferirán comprar terrenos en su localidad más que en provincias distantes), estos preferirían comprar terrenos en su vecindad a 1/30 o 1/35 que en terrenos distantes a 1/25 o 1/22. A menudo hay otras razones aceptables respecto de los precios de los terrenos, que ahora es innecesario mencionar, ya que no invalidan nuestras explicaciones de la naturaleza del interés.#


Este artículo está extraído de la parte 2, capítulo 10 del Ensayo sobre la naturaleza del comercio en general (1755), traducido al inglés por Chantal Saucier y editado por Mark Thornton (Ludwig von Mises Institute, 2010).

Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí: aquí.

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