El mercado protagoniza Margin Call

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El 99% que ocupa Wall Street no se verá muy satisfecho con Margin Call, de J.C. Chandor.

Los ocupantes quieren creer que el 1% es como Gordon Gekko echándose a su garganta. La mitad de los manifestantes tienen entre 20 y 29 años, buena formación, una deuda que le llega hasta las orejas por préstamos para estudiar y desempleo. Sin duda es culpa de alguien. Los 99 quieren lo que tiene para ofrecer Wall Street: dinero, poder y un coche negro que les recoja y les lleve y traiga del trabajo cada día.

Olvidad la paz en la tierra: estos tipos quieren ser los Amos del Universo. Y no comprenden por qué sus diplomas recién impresos no hicieron posible eso. Sin embargo, el dinero, poder y estilo de vida solo se propaga a unos pocos y cuando la burbuja de activos explota, la fiesta se acaba y la caída en desgracia es grave.

Margin Call empieza con soldados privados transportados en sus escudos, rechazados abiertamente, mientras quienes quedan se preguntan nerviosamente si serán los próximos.

A los miembros jóvenes del departamento de gestión del riesgo de la empresa mítica, Seth Bregman (Penn Badgley) y Peter Sullivan (Zachary Quintro), se les dice que se tapen los ojos y vuelvan al trabajo mientras su jefe, Eric Dale (Stanley Tucci) y el 80% de los empleados en su planta se despiden, cada uno escoltado a su salida del edificio por la seguridad con todas sus posesiones personales de su vida laboral metidas en un par de cajas y con sus teléfonos y accesos a correo electrónico desconectados inmediatamente.

Con un guardia a su lado, Dale, aparentemente como idea tardía, entrega a Sullivan una memoria flash con datos parcialmente completos sobre el valor de la certera de títulos de la empresa con respaldo hipotecario y musita las palabras: “Ten cuidado”. (En la vida real, el guardia podría haber interceptado la memoria flash).

Mientras el resto de la planta se va al pueblo a celebrar su supervivencia con cócteles caros, el curioso Sullivan abre el análisis que había empezado su jefe y trabaja durante la noche para completarlo. Sullivan es experto en cohetes y después de acabar su licenciatura en ciencias de la propulsión se dio cuenta rápidamente de que podía sumar cifras en Wall Street ganando montones de dinero o en el laboratorio ganando una miseria.

Para los que trabajan duro en Margin Call (o en el Wall Street del mundo real, por cierto), el negocio de los valores no es una conspiración para oprimir a la gente pequeña, es solo una forma de ganarse la vida. Para algunos, una buena vida, pero uno nunca sabe cuándo se va a acabar.

Sullivan llama a su colega Seth en el bar y le dice que traiga consigo al nuevo jefe, Will. Deben ver su análisis completo. Después de que Peter explica a su jefe qué significan los datos, Will recupera la sobriedad lo suficiente como para llamar al curtido veterano de la empresa y director de operaciones, Sam Rogers (Kevin Spacey), que después llama a su jefe el adecuadamente pelota Jared Cohen (Simon Baker) y a Sarah Robertson (una muy sobria e innecesaria Demi Moore).

Para entonces estamos en la madrugada, pero en lugar de dormir, todos están ocupados preguntándose quién será culpado (o en el caso de Seth, obsesionado con lo mucho que ganan todos y preocupado por ser despedido). Entretanto, nadie parece encontrar a Eric Dale: “La empresa desconectó hoy su celular”, se recuerda constantemente.

Las llamadas finalmente llegan al gran jefe, John Tuld, interpretado por Jeremy Irons (el nombre de Tuld es una mezcla del exCEO de Merrill Lynch, John Thain y el de Lehman, Dick Fuld). Una vez que llega en helicóptero, se habilita una sala de reuniones llena de gente para escuchar la explicación de Sullivan de su análisis (y el de Dale) por parte del sarcástico aunque autocrítico Tuld.

Como los porcentajes de impagados se dispararon en el otoño de 2008, repentinamente el modelo con el que se marcaban los valores resultaba inútil, los valores con respaldo hipotecario empezaban a irse por el desagüe y el extremo apalancamiento estaba haciendo que saltara el historial del mercado.

Mirando al cielo nocturno, Tuld concluye: “No puedo oír ninguna música”.

Lo que haya que hacer para salvar a la firma recae en los maltrechos hombros de Sam. Con reticencias, acepta como ha hecho durante años: no por la satisfacción, no porque piense que sea lo correcto, sino porque es su trabajo y necesita el dinero.

Tuld debe culpar del problema y cortar la cabeza a alguien. Da la noticia de forma natural, como ha hecho durante años. No se le exige otra cosa. No importa quién realizó advertencias acerca de la cartera tóxica hace meses. La cabeza de turco será recompensada generosamente, pero no puede abandonar el edificio hasta que termine la jornada de trabajo.

Margin Call será comparada inevitablemente con las películas de Wall Street de Oliver Stone. Aunque Stone haya tenido dos éxitos sobre el tema, Chandor le supera en su primer intento.

La tensión sostenida y credibilidad (jerga de traders y todo eso) hace a la película apasionante de principio a fin, recordando a Glengarry Glen Ross, también protagonizada por Spacey y otro elenco de alto nivel. Spacey dijo al Wall Street Journal que la historia “estaba realizada de tal forma que era como un reloj haciendo tic tac”.

Paradójicamente, mientras que Spacey, Irons y el resto interpretaban papeles de personajes que ganaban millones, trabajaron por el mínimo sindical de 65.000$ para conseguir que se hiciera la película y solo ganarán si la película gana. El presupuesto total de la película fue de 3,4 millones de dólares y solo un cuarto se usó para pagar el elenco.

Al desarrollarse el drama, no se habla de dinero barato, la Reserva Federal o la teoría del ciclo económico. La película muestra a personas en medio del desarrollo de una burbuja y la inevitable caída que tiene lugar. Se pierden fortunas, se pierden empleos y se destruyen relaciones.

Pero después del dolor, cuando se aquietan los mercados, aparecen nuevas oportunidades. Y la vida sigue. Los ocupantes del 99 deberían empacar y seguir las suyas.


Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

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