El origen del dinero y su valor

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La importancia de la Escuela Austriaca de economía no se muestra mejor en ningún lugar que en el área de la teoría monetaria. Es en este ámbito donde las suposiciones simplificadoras de la teoría económica de la corriente principal causa más estragos. Por el contrario la “lógica verbal” de sentido común de los austriacos es completamente adecuada para entender la naturaleza del dinero y su valoración por los actores humanos.

Menger, sobre el origen del dinero

La Escuela Austriaca ha ofrecido la explicación más completa del origen histórico del dinero. Todos reconocen los beneficios de un medio de intercambio aceptado universalmente. ¿Pero cómo pudo el dinero empezar a existir? Después de todo, las personas con intereses serían muy reticentes a entregar bienes y servicios reales a cambio de pedazos de papel intrínsecamente sin valor o incluso discos de metal relativamente inútiles. Es verdad que una vez que todos los demás aceptan dinero a cambio, entonces cualquier individuo está también dispuesto a hacerlo. ¿Pero cómo pueden llegar a esta disposición en principio los seres humanos?

Una explicación posible es que un gobernante poderoso se diera cuenta, por sí mismo o mediante sabios consejeros, de que instituir el dinero sería beneficioso para su pueblo. Así que ordenó a todos aceptar alguna cosa concreta como dinero.

Hay varios problemas con esta teoría. Primero, como apuntaba Menger, no tenemos ningún registro histórico de un acontecimiento tan importante, a pesar de que el dinero se usó en todas las civilizaciones antiguas. Segundo, es improbable que nadie haya inventado la idea del dinero sin haberla experimentado antes. Y tercero, incluso si estipuláramos que un gobernante pudiera haber descubierto la idea del dinero mientras vivíamos en un estado de trueque, no le bastaría con designar sencillamente el bien monetario. También tendría que especificar los tipos de cambio concretos entre el dinero recién definido y todos los demás bienes. De otra manera, la gente bajo su gobierno podría eludir su orden usando el “dinero” moderno cobrando precios ridículamente altos en términos de dicho bien.

La teoría de Menger elude todas estas dificultades. Según Menger, el dinero apareció espontáneamente a través de las acciones interesadas de los individuos. Ninguna persona individual se sentó y concibió un medio universal de intercambio y no fue necesaria ninguna presión pública para realizar la transición de una condición de trueque a una economía monetaria.

Para entender cómo pudo haber ocurrido esto, Menger apuntaba que incluso en un estado de trueque, los bienes tienen distintos grados de vendibilidad. (Términos parecidos serían la mercadibilidad  o liquidez). Cuando más vendible sea un bien, más fácilmente podría intercambiarlo su propietario por otros bienes a un “precio económico”. Por ejemplo, alguien que venda trigo está en una posición mucho más fuerte que alguien que venda instrumentos astronómicos. El primer producto es más vendible que el segundo.

Advirtamos que Menger no está afirmando que el dueño de un telescopio sea incapaz de venderlo. Si el vendedor fija su precio de venta (en términos de otros bienes) suficientemente bajo, alguien lo comprará. Se trata de que el vendedor de un telescopio solo será capaz de recibir su verdadero “precio económico” si dedica mucho tiempo a la búsqueda de compradores. Por el contrario, el vendedor de trigo no tendría que buscar muy duro para encontrar el mejor acuerdo que pueda obtener de sus productos.

Ya hemos abandonado el mundo de la microeconomía estándar. En los modelos típicos, podemos determinar los precios de equilibrio relativo para diversos bienes reales. Por ejemplo, podríamos descubrir que un telescopio se intercambia por 1.000 unidades de trigo. Pero la idea de Menger es que este hecho no significa realmente que alguien que vaya a un mercado puede retornar inmediatamente con 1.000 unidades de trigo.

Además, sencillamente no es el caso de que el propietario de un telescopio esté en la misma posición que el dueño de 1.000 unidades de trigo cuando entra en el mercado. Como el telescopio es mucho menos vendible, su propietario estará en desventaja cuando trate de adquirir los bienes que desea a otros vendedores.

Debido a esto, los propietarios de los bienes menos vendibles intercambiarán sus productos no solo por aquellos bienes que desean consumir directamente, sino asimismo por bienes que no valoran directamente, siempre que los bienes recibidos sean más vendibles que los que entregan. En resumen, los comerciantes astutos empezarán a dedicarse al intercambio indirecto. Por ejemplo, el propietario de un telescopio que quiera pescado no necesita esperar hasta que encuentre un pescadero que quiera mirar las estrellas. En su lugar, el dueño del telescopio puede vendérselo a cualquier persona que quiera mirar las estrellas, siempre que los bienes que ofrezca por él sea más probable que puedan tentar a los pescaderos que el telescopio.

Con el tiempo, argumentaba Menger, los bienes más vendibles se desearon por cada vez más comerciantes, debido a sus ventajas. Pero a medida que más gente aceptaba estos bienes en intercambio, más vendibles se hacían. Finalmente, ciertos bienes superaron a todos los demás a este respecto y se convirtieron en universalmente aceptados en intercambio por los vendedores de todos los demás bienes. En este momento, había aparecido  el dinero en el mercado.

La contribución de Mises

A pesar de que Menger había proporcionado una explicación satisfactoria del origen del dinero, esta explicación del proceso por sí sola no era una verdadera teoría económica del dinero. (Después de todo, para explicar el valor de intercambio de las vacas, los economistas no proporcionan una historia del origen de las vacas). Correspondió a Ludwig von Mises, en su libro de 1912, La teoría del dinero y del crédito, proporcionar una explicación coherente de los precios en unidades monetarias en términos de la teoría subjetiva estándar del valor.

Frente a la aproximación de Mises, que veremos que se caracteriza por basarse en el individuo y sus valoraciones subjetivas, la mayoría de los economistas en aquel momento seguían dos teoría independientes. Por un lado, los precios relativos se explicaban utilizando las herramientas de análisis de la utilidad marginal. Pero luego, para explicar los precios nominales en dinero de los bienes, recurrían a alguna versión de la teoría cuantitativa, basándose en las variables agregadas y en particular en la ecuación MV = PQ.

Indudablemente, los economistas eran conscientes de esta incómoda postura. Pero muchos pensaban que una explicación de la utilidad marginal del dinero sería sencillamente un argumento circular: Tenemos que explicar por qué el dinero tiene un cierto valor de intercambio en el mercado. No bastará (eso pensaban estos economistas) con explicar esto diciendo sencillamente que la gente tiene una utilidad marginal para el dinero debido a su poder adquisitivo. Después de todo, eso es lo que tratábamos de explicar al principio: ¿por qué puede la gente comprar cosas con dinero?

Mises evitó esta aparente circularidad con su teorema de la regresión. En primer lugar, sí, la gente intercambia bienes reales por unidades de dinero, porque tienen una mayor utilidad marginal para las unidades monetarias que para los demás productos entregados. Es también verdad que el economista no puede detenerse aquí: debe explicar por qué la gente tiene una utilidad marginal para el dinero. (No es el caso para otros bienes. El economista explica el valor de intercambio para un Picasso diciendo que el comprador deriva utilidad de la pintura y aquí termina la explicación).

La gente valora las unidades de dinero a causa de su poder adquisitivo esperado: el dinero permitirá a la gente recibir bienes y servicios reales en el futuro y por tanto está dispuesta a entregar bienes y servicios reales ahora para obtener efectivo. Así que el poder adquisitivo futuro esperado del dinero explica su poder adquisitivo actual.

¿Pero no hemos entrado en el mismo problema de la supuesta circularidad? ¿No estamos simplemente explicando el poder adquisitivo del dinero en referencia al poder adquisitivo del dinero?

No, apuntaba Mises, a causa del elemento temporal. La gente espera hoy que el dinero tenga mañana cierto poder adquisitivo, debido al recuerdo de su poder adquisitivo de ayer.  Así que echamos un paso atrás el problema. La gente ayer preveía el poder adquisitivo de hoy, porque recordaban que el dinero podía intercambiarse por otros bienes y servicios hace dos días. Y así sucesivamente.

Hasta aquí, la explicación de Mises sigue pareciendo dudosa: parece implicar una regresión infinita. Pero no es así, debido a la explicación de Menger del origen del dinero. Podemos retrotraer el poder adquisitivo del dinero en el tiempo, hasta que llegamos al punto en el que la gente salió por primera vez del estado de trueque. Y en ese punto, el poder del producto monetario puede explicarse de la misma manera en que puede explicarse el valor de intercambio de cualquier producto. La gente valoraba el oro por sí mismo antes de convertirse en dinero y por tanto un teoría satisfactoria del valor actual de mercado del oro debe retrotraer su evolución hasta el punto en el que el oro no era un medio de intercambio”.

Los dos grandes teóricos austriacos, Carl Menger y Ludwig von Mises proporcionaron explicaciones tanto para el origen histórico del dinero como para su precio de mercado. Sus explicaciones fueron característicamente austriacas al respetar los principios de individualismo metodológico y el subjetivismo. Sus teorías representaron no solo una mejora sustancial sobre sus rivales, sino que hasta hoy forman el fundamento para los economistas que desean analizar con éxito el dinero.


Robert Murphy es investigador adjunto del Instituto Mises, donde enseña en la Mises Academy. Gestiona el blog Free Advice y es autor de The Politically Incorrect Guide to CapitalismStudy Guide to Man, Economy, and State with Power and MarketHuman Action Study GuideThe Politically Incorrect Guide to the Great Depression and the New Deal y su nuevo libro Lessons for the Young Economist.

Publicado el 29 de septiembre de 2003. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

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