Inseguros con cualquier presión arterial

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¿Qué pasa si las consecuencias no buscadas en realidad se han buscado?

Esta es la idea que tuve recientemente al saber las inminente multas del Medicare a hospitales que readmitan a pacientes debido a complicaciones dentro de los 30 días de un alta inicial. La lógica es directa: Si lo hospitales no hacen que un paciente se encuentre bien a la primera, sufren el coste adicional de una multa.

Es aproximadamente lo que ocurriría si fuera a un árbitro privado para que se ocupara de mi demanda tras el cobro de reparaciones no hechas o no hechas correctamente por un mecánico. Si el árbitro decidiera que mi demanda es correcta, inmediatamente haría que el mecánico hiciera el trabajo correctamente y posiblemente le multaría por realizar un fraude.

Pero en el caso de Medicare, cuando este  es el árbitro, las multas son importantes. El gobierno estima que alrededor de 2.200 hospitales serán multados con una media de 125.000$ solo a lo largo del próximo año. Es aproximadamente la misma cantidad de dinero que compraría una vivienda media en Ohio.

Todo se hace en el nombre de la eficiencia y la aplicación de los contratos y estoy seguro de que todo parece lógico sobre el papel. Bajo el sistema actual, los hospitales tienen incentivos perversos para maltratar a los pacientes y causar readmisiones para maximizar los desembolsos del Medicare. Una solución obvia es eliminar el quebrado sistema del Medicare y pasar a una atención sanitaria más basada en el mercado. Al fortalecer el enlace pago-consumo, las fuerzas del mercado penalizarían a los hospitales que realizaran esas prácticas. Con el tiempo, la sanción tomaría la forma de pérdida de cuota de mercado ya que la competencia por los pacientes crearía incentivos tanto para aumentar la calidad de la atención sanitaria como para rebajar su precio.

Por el contrario, estamos atrapados en otra situación en la que una forma de intervención del gobierno crea consecuencias no pretendidas que requieren posteriores intervenciones. Explicada por primera vez por Ludwig von Mises en su clásico de 1926, Liberalismo, la interacción de intervenciones y el consecuente crecimiento público se aplica especialmente a Medicare y Medicaid, contribuyendo ambos poderosamente a las obligaciones fuera del presupuesto del gobierno federal que exceden ahora de los 220 millardos de dólares.

De alguna manera, la posibilidad de dicha carga se perdió en los defensores del Medicare durante los embriagadores días de la Gran Sociedad que argumentaban que el aumento del control del estado de los recursos sanitarios privaos generaría una sociedad más sana y seguridad sanitaria en la vejez. ¿Cómo va eso?

Esta intervención concreta, que se basa en la suposición de que reparar un cuerpo averiado es similar a reparar un automóvil averiado (y en que los doctores no son más que mecánicos glorificados) creará su propia nueva ronda de consecuencias no buscadas. Tres que me vienen a la mente son:

  1. Una presión al alza en los precios de todos los demás servicios de hospital para compensar las multas por readmisión.
  2. El rechazo directo de pacientes que los hospitales consideren como amenaza de probable readmisión.
  3. Un aumento en la tendencia a dejar que los pacientes sencillamente mueran cuando curarlos es probable que ocasione multas de readmisión.

Es paradójico que los hospitales puedan favorecer la muerte de una forma peor que cualquier cálculo económico del que hubiera acusado Ralph Nader de hacer a General Motors en su libro de 1965, Unsafe at Any Speed. Al menos entonces los consumidores pudieron dejar de comprar Corvairs una vez sus problemas de presión de neumáticos se relacionaron con muertes en carretera. Los hospitales serán conocidos como lugares para morir (inseguros con cualquier presión arterial) y quienes traten de salir con sus parientes renunciando a la atención sanitaria pública afrontarán multas adicionales por parte de los funcionarios por hacerlo.

Por supuesto, todas estas posibilidades pueden considerarse como necesarias para crear un entorno político que conduzca al establecimiento de un Servicio Nacional de Salud. Indudablemente, los defensores del control del estado han entendido ya que las consecuencias no buscadas en realidad actúan a su favor y que sus fracasos acabarán creando una aversión popular al sector privado y, consecuentemente, una justificación del mayor crecimiento del gobierno.[1] Los fracasos del gobierno que llevaron al 11-S han tenido un efecto similar en la expansión de la seguridad del estado desde ese malhadado día. ¿Por qué no iba a aplicarse esto a otras áreas de potencial poder estatal?

En sanidad, este poder se dirige hacia un sistema de un solo pagador en un proceso al que Mises llamó una vez “socialismo por entregas”.[2] Por desgracia, ese sistema sería de un solo pagador solo en un sentido fiduciario. Cuando el gobierno controla tanto la provisión de sanidad, todos pagamos de una forma u otra.

Salvo que retiremos ahora nuestro consentimiento. Mises escribió asimismo: “una vez se admite el principio de que es tarea del gobierno proteger a los individuos de su propia insensatez, no pueden aportarse objeciones serias contra mayores limitaciones” (La acción humana).

Rechazar hoy este principio es el primer paso hacia la resolución de ciclos de intervencionismo que arruinan vidas, a veces en nombre de la salud.


[1] “Políticamente no hay nada más ventajoso para un gobierno que un ataque a los derechos de propiedad, pues es siempre una forma fácil de incitar a las masas contra los propietarios de tierra y capital”. Mises, Liberalism: In the Classical Tradition, p. 69.

[2] “La política de la tercera vía no es una sistema económico que pueda durar. Es un método para alcanzar el socialismo por entregas”. De “Middle-of-the-Road Policy Leads to Socialism“, en Planning for Freedom, pp. 32-33.


Publicado el 25 de octubre de 2012. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

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