El gran debate de la PI de 1983

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He explicado en posts previos en el Mises Economics Blog el trasfondo histórico del moderno (y creciente) movimiento abolicionista libertario de los PI («The Origins of Libertarian IP Abolitionism«; «The Four Historical Phases of IP Abolitionism«; ver también «The Death Throes of Pro-IP Libertarianism«). Podemos dividir la historia en cuatro fases:

  1. El movimiento antipatente de 1850 a 1873.
  2. Los debates entre anarquistas individualistas a finales del siglo XIX.
  3. El montaje del escepticismo libertario sobre la PI en la era pre-Internet (décadas de 1930 a 1980).
  4. Abolicionismo austrolibertario sobre la PI en la era digital/Internet (1995-hoy).

La tercera fase puede dividirse en dos subfases: primero la oposición a la PI por los economistas del libre mercado (pero no completamente comprometidos o libertarios) como Arnold Plant y Fritz Machlup de la década de 1930 a la de 1950;[1] segundo, un periodo de fuerte oposición libertaria a la propiedad intelectual que abarca aproximadamente las décadas de 1960 a 1980.

Los principales pensadores libertarios de este último periodo son Hayek, Rothbard, Wendy McElroy, Samuel Edward Konkin III («SEK3») y Tom Palmer. Hayek y Rothbard eran buenos en esto (especialmente Rothbard) pero sus análisis no fueron tan extensos.[2]

Konkin fue una significativa figura temprana en el desarrollo de una oposición sistemática y libertaria a la PI, como se explica en el artículo de David Gordon «Sam Konkin and Libertarian Theory«; ver también el post de Lew Rockwell «Remembering Samuel Edward Konkin III«, explicando ambos el artículo pionero de Konkin, «Copywrongs«. Después de verse influida por  Konkin, Wendy McElroy desarrolló más el argumento, realizando el primer alegato moderno extenso, íntegro, completamente libertario y de principios contra la PI, apoyándose en principios de la economía austriaca. Gordon tiene razón en su evaluación de la importancia de Konkin:

La obra de Konkin sobre PI merece al menos el mismo reconocimiento que su más conocida defensa de la contra-economía y el agorismo y, en la medida en que las opiniones contra la PI han llegado a prevalecer entre los libertarios, predigo que Sam Konkin será un nombre que oiremos a menudo.

Creo que pasa lo mismo con McElroy. Yo diría que los originadores primarios de la oposición libertaria moderna a la PI son Benjamin Tucker, Konkin y finalmente McElroy, que desarrolló sus ideas. El análisis de McElroy era más moderno y austriaco y radicalmente basado en la propiedad que el de Tucker (quien, después de todo, flojeaba en la propiedad de la tierra) y era más extenso y sistemático que el de Konkin. Tucker era un abolicionista protolibertario en PI, que no podía aprovechar las ideas propietarias modernas austriacas y radicales; Konkin fue un pionero en indeas libertarias modernas sobre PI, como puede verse en su artículo «Copywrongs», pero McElroy las llevó aún más lejos. (De hecho, fue la obra de McElroy la que ejerció una importante influencia en mi propio pensamiento mientras buscaba la aproximación correcta a la PI a principios de la década de 1990. Las ideas sí tienen consecuencias).

Los comentarios introductorios de McElroy a su reciente artículo en Libertarian Papers «Contra Copyright, Again» desarrolla esta historia. Como escribía allí, en una “Retrospectiva”:

Ernest Hemingway escribió una vez: “Si tienes las suerte de haber vivido en París de joven, dondequiera que vayas el resto de tu vida, estará en ti, pues París es una continua fiesta”.  Los Ángeles, al principio de la década de 1980 era algo así para los libertarios. Desbordaba clubs sociales, grupos de estudiantes, pequeñas revistas, debates y conferencias. Dada la concentración de intelectuales y activistas de alto nivel en la zona, era inevitable la explosión de actividad. Aunque el recién nacido Partido Libertario era extremadamente activo, los círculos en los que yo me movía eran en general antipolíticos o apáticos acerca de la política electoral. Incluían a la camarilla en torno a Robert LeFevre, una pizca de objetivistas (principalmente admiradores de Nathaniel Branden), unos pocos galambosianos y tanto rothbardianos como podía encontrar. Y luego Carl Watner, George H. Smith y yo establecimos nuestro propio círculo único al crear el boletín The Voluntaryist y reintroducir la expresión voluntarista en la corriente principal libertaria. Una librería libertaria de libros usados llamada “Lysander’s Books”, de la que yo era copropietaria, se convirtió en el centro del voluntarismo.

Un círculo intelectual en concreto ejerció una profunda influencia en el desarrollo de mi pensamiento sobre propiedad intelectual: los anarcocapitalistas que se agrupaban en torno a Samuel Konkin III (o, como prefería él, SEK3), muchos de los cuales vivían en el mismo complejo de apartamentos que SEK3: el complejo llego a conocerse como la anarco-villa. (En realidad, fueron SEK3 y Victor Koman, en lugar de todo el círculo, los que ejercieron la influencia).

Mi primer conocimiento de las teorías que constituyen la propiedad intelectual provenía de leer a Ayn rand,[3] pero el tema no me hizo pensar mucho en él. No fue hasta leer a Lysander Spooner que empezara a analizar el asunto críticamente. Spooner defendía una forma bastante extrema de propiedad en las ideas. Escribió una vez: “Tan absoluto es un derecho de dominio del autor sobre sus ideas que puede prohibir que se comuniquen incluso por voz humana, si lo desea”.[4] Yo había adoptado muchas de las ideas de Spooner tal cual, pero rechazaba su opinión de la propiedad intelectual. Aunque entonces no cuestionaba la afirmación de que las ideas podían ser propiedad, me molestaba lo muy cercana que la defensa de Spooner se encontraba de la de los galambosianos, de la que muchos de mis compañeros se reían burlonamente. Es sabido que Galambos tenía un jarro con níqueles en el que depositaba una moneda cada vez que usaba una palabra que había sido “inventada” por otro y a quien (en su opinión) debía dinero por su uso. Pensaba entonces (y ahora) que esos derechos de propiedad iban contra el libre flujo del conocimiento que requeriría una sociedad próspera (…) o una persona próspera, en todo caso. En resumen, la aproximación de Spooner a la propiedad intelectual me parecía errónea.

Al mismo tiempo, estaba dedicada a indexar el periódico de finales del siglo XIX de Benjamin Tucker, Liberty (1881–1908) y acabé llegando a la explicación de Tucker de la propiedad privada en la que fundamentalmente se mostraba en desacuerdo con las opiniones de su mentor, Spooner. El pre-stineriano Tucker consideraba que este tema era en lo único en que se desviaba de Spooner. Al ir leyendo el muy activo debate dentro de Liberty, empecé a reducir mi compromiso con la propiedad intelectual, a estrecharlo. Por ejemplo, abandoné completamente la creencia en que los inventos podían patentarse adecuadamente. Sin embargo, mi creencia en los derechos de auor fue más persistente a pesar del hecho de que Murray Rothbard (mi ídolo y amigo) era contrario a los derechos de autor. Francamente, Murray y yo nunca discutimos ese asunto.

Pero SEK3 y yo lo hicimos. Mucha gente encontraba a SEK3 algo molesto en la forma de argumentar sus ideas. Había una constancia y una seguridad despreocupada acerca de sí mismo que irritaba a algunos pero que  yo encontraba atractiva. SEK3 siempre estaba disponible y “despierto” para sesiones de charla que duraban horas. Tenía una rara habilidad para encontrar la línea de pensamiento en tu argumento que podía reducirse al absurdo. Alguna gente le molestaba amargamente esta  habilidad porque pensaba que le hacía parecer tonta, pero a mí me fascinaba y la encontraba convincente. SEK3 usó entonces su técnica en mí y así me alejó de mi aceptación de los derechos de autor.[5] El último golpe lo dio un escritor de ciencia-ficción y miembro del grupo de SEK3, Victor Koman, que me hizo una pregunta en una fierta por otro lado olvidable.  Vic preguntó: “¿Realmente piensas que posees lo que está en mi mente?” Como anarquista que estaba entonces leyendo tanto tratados de Tucker como de abolicionistas del siglo XIX, solo era posible una respuesta: “no”. Y aun así, si afirmaba la propiedad sobre una disposición de palabras que hubiera leído, tenía que responder “sí” porque esa disposición ahora residía en la mente de Victor. Si pudiera convencerle (como sugería Spooner) de que no dijera las palabras en voz alta, entonces estaba haciendo una reclamación de propiedad sobre el cuerpo de otra persona.

En ese momento (y, de verdad, me llevó varios meses de pensar para llegar a ese momento) abandoné toda creencia en la propiedad intelectual.

Uno de los miembros del grupo de SEK3 que nunca dio el mismo salto fue/es el escritor de ciencia ficción J. Neil Schulman, autor de la novela clásica de ciencia ficción Alongside Night. Poco después de mi experiencia de conversión, se me pidió debatir con J. Neil con respecto al tema de los derechos de autor en un club social de Westwood que descartó la cena esa tarde para acomodar un programa más largo de debate, réplica, turno de preguntas. (SEK3 podía haber sido la alternativa más lógica, pero, como dije, irritaba a alguna gente). El acontecimiento fue un caluroso éxito en varios aspectos. Primero, la gran sala estaba llena por encima de su capacidad, con gente decidiendo estar de pie durante horas en lugar de irse. Brad (ahora mi marido durante más de 20 años) acudió como representante de la Society for Libertarian Life. SLL ofreció dos pines: uno a favor y otro en contra de los derechos de autor; por lo que recuerdo, se agotaron.

Fue una tarde larga, sobre todo debido al hecho de que J. Neil se pasó de sus 20 minutos en cerca de 30 minutos. Sin embargo, ninguna persona se fue y el turno de preguntas fue inusualmente movido. Al principio me decepcioné porque las preguntas se dirigían abrumadoramente a J. Neil. Pero luego me di cuenta de que nadie discutía conmigo. Todos estaban ofendidos por su presentación de lo que llamaba “logoderechos”. En ese momento, me relajé hasta que finalmente el moderador tuvo que acabar con las preguntas porque la reunión había excedido el tiempo por el que había sido alquilada la sala. Un grupo nos reunimos en un restaurante Good Earth y continuamos la discusión.

J. Neil empezó inmediatamente a escribir su posición en el debate y la publicó posteriormente.[6] Yo hice lo mismo. Como siempre escribo mis presentaciones, esto requería solamente ciertos retoques para escribir «Contra Copyright», que apareció en uno de los primeros números del boletín The Voluntaryist. A continuación aparece una revisión aún más retocada.

Podemos ver por este relato histórico cómo la influencia de Benjamin Tucker y SEK3 (y Victor Koman) llevaron al completo rechazo de McElroy de la PI y a su debate con Schulman. El discurso de Schulman durante el debate generó su artículo “Logorights” (1990) y el de McElroy en su “Contra Copyright”. Yo lo reproduje pocos meses después en Libertarian Papers, con la nueva retrospectiva histórica, y cuando discutía esta obra con McElroy, mencionó que podría existir una grabación de ese debate original. Resultó que Victor Koman había grabado el debate y aún tenía una copia. (Por cierto, que años antes yo había leído y disfrutado las novelas de Koman, Solomon’s Knife y The Jehovah Contract). A solicitud de Wendy, la editó y mezcló y hace solo unos días Wendy me la envió. Fue publicada la pasada semana como podcast por el Instituto Mises.

Es verdaderamente un asombroso tesoro encontrado. Ojalá se hubieran gravado y conservado más acontecimientos libertarios de décadas precedentes. En todo caso, aquí tenemos un inteligente y agitado debate acerca de la PI en la década de 1980, en el centro del fermento libertario en Los Ángeles. Podéis escuchar en el debate a los precursores de los argumentos y preguntamos que nos hacemos hoy. (Uno solo puede lamentar que Rothbard hubiera dedicado más atención a este asunto en ese momento. Sin duda habría escrito más sobre él si hubiera vivido después de 1995, en la era de Internet).

Por supuesto, pienso que McElroy tiene los mejores argumentos en el debate; de hecho,. creo que estoy de acuerdo con todo lo que dijo. Sus argumentos son lógicos y devastadores, su voz elocuente, sincera e inteligente. Schulman trata de argumentar las restricciones en el uso de ideas e información, pero podéis oír la incomodidad de la audiencia con su propuesta. He criticado previamente las ideas de Schulman;[7] aquí solo apuntaré unas pocas cosas.

Primero, aunque hay que reconocer que Schulman, como anarquista, admite que si pudiera demostrarse que su versión de la PI solo pudiera aplicarse por leyes del estado, la abandonaría, acaba su discurso con una muy poco libertaria amenaza de muerte: azuzando a la empresa a usar la «Smith and Wesson» en aquellos que utilicen las ideas que hayan aprendido de él. Segundo, en este debate trató de defender lo sustancial de la PI diciendo al tiempo que no estaba defendiendo la PI, tratando de estar en ambos bandos. Tercero, en posteriores discusiones conmigo y con otros, objeta a mi observación que su argumento es básicamente randiano, lo que he criticado por extenso;[8] aun así en este debate podéis escuchar los explícitamente que confía en los argumentos de rand acerca de la naturaleza de los derechos de propiedad y la propiedad de los “valores” que alguien ha “creado”- Otro hecho interesante es que Schulman fue y sigue siendo un gran seguidor de Konkin (incluyó un epílogo de Konkin en su Alongside Night).

En una conversación privada con McElroy me dio algunos detalles más de los acontecimientos que rodearon el debate. A continuación reproduzco una versión editada de esa correspondencia:

Antes que nada, gracias por tus amables palabras acerca de mi postura sobre PI en la década de 1980 (…) que es prácticamente mi postura ahora mismo. Creo que pasó algo notable y único en Los Ángeles en 1980 que no ocurrió en otros baluartes libertarios como NY, DC o SF. Samuel Konkin III había sido una especie de voz solitaria contra la PI, con unos pocos socios con talento, como Victor Koman, asumiendo la causa. Hablaba del tema en los clubes sociales, escribía sobre ello (limitadamente, por ejemplo en el artículo “Copy Rights and Copy Wrongs”. En las reuniones mensuales que se producían en algún lugar u otro, SEK3 y yo (éramos buenos amigos) insistíamos repetidamente acerca de la PI porque yo venía de un trasfondo randiano y él estaba muy influido por Spooner. En ese momento yo estaba empezando a la leer el debate de la PI dentro del Liberty de Tucker y Tucker (junto con varios convincentes colaboradores) simplemente abrumaron mi creencia en la PI, como un ejército tomando los muros de un castillo. [Ver «Copyright and Patent in Benjamin Tucker’s Periodical«, de McElroy]. En este momento empecé a introducir argumentos de PI de Tucker ante SEK3 y después él empezó a dejarme participar en debates sobre PI en reuniones. Creía que estaba cansado del tema. SEK3 vivía en la “anarco-villa” (un bloque apartamentos que parecía un motel reconvertido) y J. Neil Schulman vivía literalmente en la puerta de al lado. Creía que SEK3 estaba hasta la coronilla de discutir sobre este asunto (…) y yo estaba (…) llena de la pasión de los conversos y expresando nuevos giros en el argumento que él no había escuchado antes.

Pensé acerca de la PI durante un mes seguido. Estaba indexando el Liberty de Tucker por la noche y trabajando durante el día como secretario legal. Era un buen trabajo. Mi jefe estaba reunido en torno al 50% del tiempo y tenía mucho tiempo libre para preparar artículos, etc. El debate con J. Neil se produjo porque tanto SEK3 como yo estábamos impulsando el tema en clubes sociales, etc. y estaba convirtiéndose en un tema bastante de actualidad en L.A. de una forma que no creo que fuera verdad en ninguna otra ciudad. Por lo que recuerdo, los organizadores del debate consideraron primero a SEK3. Pero mucha gente se oponía a SEK3, que era bastante popular en algunos círculos, en parte porque podía ser realmente bastante mordaz; también SEK3 se mostraba reacio. Seguía dejándome la PI a mí. Para empezar, yo venía con argumentos que él no había oído antes. Por diversas razones, las audiencias eran más receptivas cuando yo me dirigía a ellas.

Respecto del propio evento (…) era un club social que eliminó la comida de la tarde para ofrecer un programa expandido: un debate sobre un asunto que interesaba a sus miembros. Rompiendo las normas, se realizó en un hotel en lugar de en un restaurante y la masa se desbordó, con el espacio de gente de pie extendiéndose en el pasillo más allá de las puertas abiertas. Moderaba George Smith. La voz que oyes informando a los tertulianos del momento s la de [mi actual marido] Bradford Rodriguez, que estaba en su fase de Toast Master y asumió la tarea de controlar el tiempo. Victor Koman estaba entre la audiencia y aparecía cada cierto tiempo para ocuparse del equipo de grabación que había en la mesa en la tarima en la que nos sentamos. SEK3 estaba entre la audiencia, sonriendo y asintiendo continuamente, con su pipa en la boca, ¡qué bien que estuviera allí! Había unas pocas personas de las que recuerdo sus nombres que a ti no te dirán nada: Paul y Maureen Genteman, Charles Curley, Dick Eagleson, Linda Rader. (…)Howard Hinman representaba a la SLL (Students for Libertarian Life) y vendía pines que eran a favor o en contra de la PI, así como libros sobre el tema. Por cierto, que a ninguno de ambos se nos pagó por nuestra “actuación”.

Después, un grupo nos retiramos al restaurante Good Earth para una cena tardía. (…) Entre otros, yo estaba muerta de hambre porque nunca puedo comer antes de un discurso. J. Neil y su futura esposa estaban en el grupo, igual que George Smith, SEK3, Victor Koman y Brad.

Repito que creo que lo que ocurrió sobre la PI en Los Ángeles fue único y resultó de la combinación de SEK3 y, entonces, yo haciéndonos oír mucho sobre el tema. También recuerdo a varios amigos diciéndome que era una postura ridícula que arruinaría mi reputación si seguía así. Recuerdo tener una pelea (algo que raramente me pasa) con un amigo que anunció públicamente que la postura contra la PI era sin duda la única tontería que me había oído nunca argumentar y que debería avergonzarme. Esa fue en general la respuesta de la gente que estaba oyendo estos argumentos por primera vez. Pero yo pensaba que  tenía razón en seguir siendo “tonta”. Además, ¿de qué carrera hablábamos? Trabajaba como secretario legal. Por cierto, que Carl Watner es un fuerte seguidor a favor de la PI, siguiendo la línea de Spooner, pero publicó encantado tanto a SEK3 como a mí sobre este asunto. Pero es que Carl es de oro.

SEK3 estaba convencido en este tema antes que yo. Lo que hizo fue introducir argumentos anarquistas del siglo XIX en la receta (junto con algunas ideas de Murray y otros, como Jefferson, lo creas o no) y luego, tomar las cosas donde SEK3 las dejó.

Es divertido que Mises pueda estar creando un podcast de un debate que realice hace décadas. Gracias, chicos. Me hacéis sonreír.

Mi respuesta:

Buena historia. Es asombroso lo duro que es, incluso para quienes nos ocupamos de estos temas, mantener una perspectiva clara sobre ello, pero esto confirma la opinión de que SEK3 y tú estabais allí al inicio de movimiento libertario moderno contra la PI, el primero de todos en tener una postura sólida y radical y libertaria sobre PI. Es interesante que fuera un tema candente en los círculos libertarios de LA a principios de la década de 1980, pero lo que sospecho que ocurrió  es que el asunto se mantuvo como una especie de tema “intelectual” de importancia solo limitada, hasta que los efectos de la ley de PI empezaron a magnificarse radicalmente en torno a 1995, con la aparición de Internet.

McElroy:

Creo que has dado en el clavo cuando dices que “el asunto se mantuvo como una especie de tema intelectual de importancia solo limitada, hasta que los efectos de la ley de PI empezaron a magnificarse radicalmente en torno a 1995, con la aparición de Internet”. La gente estaba bastante interesada por el asunto que debatía activamente en LA en torno a 1980-1984, pero cuando se iban a casa tenía poca relevancia para sus vidas, al contrario que los impuestos, por ejemplo. No es solo Internet la que ha cambiado todo el panorama de la PI, sino también los DVD y la capacidad de copiar películas tan fácilmente.


[1] Ver Arnold Plant, «The Economic Theory Concerning Patents for Inventions«, Economica, New Series, 1, nº 1 (Feb., 1934); Fritz Machlup, U.S. Senate Subcommittee On Patents, Trademarks & Copyrights, An Economic Review of the Patent System, 85º Cong., 2ª Sesión, 1958, Estudio Nº 15; Fritz Machlup y Edith Penrose, «The Patent Controversy in the Nineteenth Century«, Journal of Economic History 10 (1950), p. 1.

[2] Sobre las opiniones de Hayek sobre la PI, ver Tucker, «Misesian vs. Marxian vs. IP Views of Innovation«; Jeff Tucker, «Hayek on Patents and Copyrights«; Salerno, «Hayek Contra Copyright Laws«; sobre Rothbard, ver su «Knowledge, True and False» y Man, Economy, and State and Power and Market, Scholars Edition, pp. liv, 745-754, 1133-1138, 1181-1186.

[3] Ver Ayn Rand, «Patents and Copyrights», en Capitalism: The Unknown Ideal (1970).

[4] Lysander Spooner, The Law of Intellectual Property; Or an Essay on the Right of Authors and Inventors to a Perpetual Property in their Ideas (1855), p. 125.

[5] La opiniones de SEK3 sobre PI se expresan en Samuel Edward Konkin III, «Copywrongs», The Voluntaryist (Julio de 1986).

[6] Ver J. Neil Schulman, «Informational Property –  Logorights«, Journal of Social and Biological Structures, 13 nº 2 (1990), pp. 93-117.

[7] Ver «On J. Neil Schulman’s Logorights«; «Kinsella v. Schulman on Logorights and IP«; «Query for Schulman on Patents and Logorights«;»Replies to Neil Schulman and Neil Smith re IP«; «Schulman: Kinsella Is ‘the Foremost Enemy of Property Rights‘».

[8] Ver mis posts «Locke on IP; Mises, Rothbard, and Rand on Creation, Production, and ‘Rearranging’«; «Locke, Smith, Marx and the Labor Theory of Value«; «Libertarian Creationism«; «Rand on IP, Owning ‘Values,’ and ‘Rearrangement Rights’”; «Elaborations on Randian IP«; «Objectivists on IP«.

Publicado el 18 de julio de 2011. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

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