El ardid de los estándares abiertos

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Tal vez sea inevitable que una buena revista antes o después meta la pata en un asunto concreto. Un artículo relativamente reciente y chocante  titulado «Will History Repeat Itself?» en el número del 6 de agosto de Forbes es un buen ejemplo.

Escrito por Stephen Manes, quien sigue de cerca el sector del software, el propósito del artículo es examinar brevemente la historia del caso antitrust del gobierno federal contra IBM y recoger ideas y prescripciones políticas para la actual campaña antitrust contra Microsoft.

Manes apunta que IBM perdió su primer caso antitrust en 1936 cuando el Tribunal Supremo le ordenó permitir que se usaran en sus máquinas las tarjetas perforadas creadas por fabricantes rivales. Manes señala que la orden del Tribunal no hizo a las tarjetas competidoras más populares entre los consumidores, pero no parece que esto le preocupe. La implicación es que el gobierno federal no intervino suficientemente rápido, por lo que los consumidores se vieron atrapados un medio que en realidad odiaban.

Como obligar al uso de tarjetas de la competencia no era una humillación suficiente para el Gran Azul, los federales atacaron de nuevo veinte años después y obligaron a IBM a deshacerse de una porción su división de tarjetas perforadas y permitir la compra (no solo el alquiler) de sus máquinas.

Por supuesto, esta solución tampoco fue suficiente y en 1969, los aún insatisfechos federales decidieron que querían nada menos que una división completa de la empresa. La batalla duró hasta 1981, cuando lo federales acabaron rindiéndose.

A pesar de la campaña antitrust, IBM siguió siendo dominante hasta la popularización de la CPU de sobremesa. Luego cambió el panorama del sector, pero IBM, grande y burocratizada, no lo hizo: La destrucción creativa de los mercados en competencia acabó escribiendo el epitafio de su primer dominio.

Manes apunta que el marcado cambiante, y no el gobierno federal, acabó con el dominio de IBM. ¿Proporciona entonces el caso de IBM evidencias de la inutilidad y desperdicio de las campañas antitrust contra ella? En absoluto. Concluye que el gobierno federal no actúa suficientemente deprisa y decididamente.

¿La lección para hoy aplicada a Microsoft? Divide la empresa. Para Manes, el 28 de junio de 2001, la decisión del Tribunal de Apelaciones de EEUU evitando una división de Microsoft fue un enorme error que asegura que Microsoft “permanecerá intacta y depredatoria” y continuará “jugándosela a competidores y clientes por igual”.

Manes ve todo tipo de planes siniestros para aplastar RealPlayer y AOL Instant Messenger en el nuevo Windows XP de la manera en que se “mató” a Netscape con el Windows 98 con navegador integrado. Pero esperad un momento. ¿Cuándo se “mató” exactamente a Netscape? Manes se cuida de mencionar que el Netscape “matado” es el navegador incluido exclusivamente en los discos promocionales para el muy popular servicio de Internet de AOL y pronto será (si no lo es ya) el navegador inmutable por debajo del escritorio de AOL.[1] Ni Windows XP ni Microsoft pueden hacer nada por cambiar esta situación. Desactivar el popular escritorio de AOL sería una posibilidad, pero ¿por qué arriesgarse a enfadar a decenas de millones de suscriptores de AOL?

Así que la supuesta omnipotencia de Microsoft es absurda, pero Manes, como es típico en muchos críticos a Microsoft, propaga la mentira de Nader de que fuera de Microsoft no hay alternativa de hardware y software. (El propio Ralph Nader hizo en la página de opinión del Wall Street Journal su infame afirmación de que los consumidores no pueden hoy en día comprar una computadora sin Windows en ella).

Parece una técnica argumentativa estándar de los críticos de Microsoft pretender que no existen Apple y Sun Microsystems. Se evitan realidades desagradables como la inversión de Microsoft de 150 millones de dólares en Apple para mantener viable comercialmente su plataforma porque las ventas de su software a usuarios de Apple resulta rentable.[2]

Fue indudablemente más constructivo que muchas acciones que Apple adoptó para avanzar en la causa de su plataforma, habiéndole hecho un daño casi irreparable en la década de 1980 al mantener su precios y márgenes de beneficio relativamente altos en comparación con empresas fabricando clones compatibles con IBM.

Los fans de Apple argumentan que la plataforma Macintosh se mucho mejor que el endeble Windows, que tiene un interfaz gráfico de usuario no completamente integrado con el sistema operativo. Para los que estamos cansados por los largos tiempos de encendido y apagado, así como por los no muy raros bloqueos y errores de Windows, tienen razón.

El problema es que esa tecnología marginalmente “superior” (donde pueda definirse objetivamente) no acaba necesariamente dominando mercados cuando compite contra alternativas suficientemente cercanas que son vistas por los consumidores como un valor mejor en términos de beneficios reales percibidos respecto de costes.

Con acuerdos de licencia mucho más libres, la tecnología SuperDisk, de Imation, a finales de 1997 podía haber expandido todo nuevo disco duro de 3,5 pulgadas de 1,44 megabytes a 120 megabytes en capacidad de almacenamiento y puesto el zip drive de 100 megabytes de Iomega (con sus discos más grandes y de menor capacidad) en una situación de desventaja importante en el mercado. La tecnología habría representado un innegable avance en comodidad si hubiera triunfado, permitiendo a los discos de 3,5 pulgadas leer tanto discos de 1,44 MB y sus equivalentes de 120 MB del mismo tamaño y con 83 veces su capacidad.

¿Recordáis cuando ciertos dispositivos de 3,5 pulgadas podían leer disquetes de 720 KB, pero no de 1,44 MB? Muchos amantes del hardware piensan que los consumidores se beneficiaron cuando se mezclaron las tecnologías, permitiendo a los discos antiguos de baja capacidad y los nuevos de alta ser leídos con el mismo dispositivo.

SuperDisk podría haber representado el mismo tipo de avance en la estandarización, pero “con esteroides”. El SuperDisk de 120 MB podría haber sido el estándar de hoy en lugar de los discos actuales obsoletos de 1,44 MB (todavía un estándar en los nuevos sistemas), que podrían haber doblado su capacidad y seguirían sin ser capaces de incluir un fichero de canciones MP3 de tamaño medio.

Por el contrario, Imation retuvo un control férreo, mantuvo baja la disponibilidad al no crear fuertes alianzas OEM como hizo Iomega e invirtió una cantidad importante de dinero en una incomprensible campaña desesperada de marketing,[3] y ¡hop! SuperDisk desapareció igual que la plataforma visionaria Commodore basada en Motorola que empezó a desaparecer popularmente en 1990.[4]

La historia de Sun es un tema distinto. Creó Java como un lenguaje que trascendiera la plataforma Wintel y así desafiar el dominio de Microsoft. Aunque Sun abrió las especificaciones del lenguaje a los competidores, la compañía mantuvo el control de estas especificaciones, así como el control de los estándares de compatibilidad y términos de licencia.

Con gran aparato, en diciembre de 1999 anunció la publicación de “su” Java 2 Enterprise Edition (J2EE), el resultado de dos años de trabajo de cientos de programadores en muchas empresas diferentes. Aunque no escribió el código de la extensión J2EE, el gran defensor del “código abierto” Sun insistió en que las empresas que usaran el estándar J2EE en su software pasaran pruebas de compatibilidad y pagaran unos derechos del 3% de sus ventas a Sun.

Una enfurecida IBM, que produjo el 80% de J2EE, rechazó pagar los derechos. Para empeorar las cosas, Sun (ya un competidor de IBM en hardware servidor) publicó iPlanet, software que compite con WebSphere, de IBM.[5]

De hecho, las quejas contra Sun de IBM, BEA Systems y SilverStream reproducen casi exactamente las realizadas por Sun, Oracle y RealNetworks contra Microsoft; es decir, Sun está usando su control de un estándar para poner a la competencia en desventaja en el mercado. El iPlanet de Sun compite no solo con el WebSphere de IBM, sino también con software diseñado por BEA y SilverStream.

Scott Dietzen, de BEA, teme que Sun endurecerá sus pruebas de compatibilidad para perjudicar a la competencia mientras adquiere constantemente porción de mercado para su iPlanet.[6]

Otros pequeños desarrolladores juran que Sun les prometió que daría el control del estándar Java a un grupo independiente, pero ahora Sun proclama que se le entendió mal. Una de los críticas más sonoras de Sun fue la jefe de Java de IBM, Patricia Sueltz, que afirmó que el férreo control de Java por Sun estaba dificultando la extensión de su adopción. Sun la contrató de IBM antes de la publicación de J2EE e instantáneamente se convirtió en una de las mayores defensoras de Sun.[7]

El episodio del J2EE expone las incoherencias de la campaña antitrust y como los “defensores del consumidor” como Ralph Nader se han convertido en tontos útiles para Scott McNealy, de Sun, y Larry Ellison, de Oracle. Baste con decir que Microsoft estaba más que encantado con la polémica del J2EE.

El desarrollador de Micfrosoft, Charles Fitzgerald, dijo: “Después de años de afirmaciones mojigatas de que Java era ‘estándar abierto’, Sun finalmente ha acabado con el fingimiento. (…) los principales perdedores son las empresas que se creyeron las palabras de Sun y pensaron que no se daría ventaja sobre otros vendedores”.

Sun no es la única empresa que adopta “estándares abiertos”. Ha pasado poco más de una década desde que los economistas progresistas y los defensores de una política industrial lamentaban la “miopía” de las empresas estadounidenses (léase: la fijación avariciosa en beneficios a corto plazo e costa de la “planificación” a largo plazo) y predijeron un completo dominio de la economía de EEUU por las grandes empresas japonesas. ¿Dónde están hoy los pregonados panificadores japoneses? Como Oracle y Sun, sudando ante la posibilidad de perder nada menos que ante Bill Gates.

En mayo de este año (cuatro meses después del 8 de enero de 2001 en que se desveló el sistema de videojuegos Xbox de Microsofft en el Consumer Electronics Show), Ken Kutaragi, jefe de Sony Computer Entertainment, se alió con algunos de los principales agitadores y animadores del movimiento anti-Microsoft (Sun, RealNetworks, Netscape-AOL-Time Warner) para dificultar el inminente dominio de Microsoft del entretenimiento en la banda ancha.

¿Y qué pide Kutaragi, de Sony? Lo mismo que sus compañeros recién encontrados reclamaban para Windows 98: estándares abiertos. (¡Qué sorpresa!) “Ahora mismo [el mercado es como ir a Disneylandia, que es divertido, pero luego no se deja salir a nadie. No queremos ser un mundo cerrado como el del mundo PC”, dijo Kutaragi. Por supuesto, ¿por qué querría Sony un mundo cerrado cuando (como Sun) uno de los “estándares abiertos” podría ser potencialmente mucho más ventajoso para sus intereses?[8]

El joven consorcio de Sony no ha “hecho un Sun” flagrante hasta ahora, pero el comportamiento de Kutaragi frente a Microsoft, así como sus alianzas solo pueden hacer sospechar a muchos observadores perspicaces. Si “la historia se repite a sí misma” al estilo Sun en este aspecto podría ser un asunto futuro digno de investigación para Manes y su estilo de odio a Microsoft, pero no contengáis la respiración.

Tampoco esperéis una acción antitrust contra el consorcio Sony-Sun-RealNetworks-AOL a corto plazo por ponerse de acuerdo para “jugársela a los consumidores” (por usar las palabras de Manes). Sería dar una coherencia a juicios de brujas de antitrust, que gente como McNealy y Ellison encontrarían algo más que un poco incómodo.


[1] A Harley Hahn (harley.com) le gusta apuntar la derivación del Internet Explorer a partir de Mosaic (cuya consecuencia es que Mosaic no puede ser considerado un competidor para el navegador Explorer). Aparte de utilizar una lógica económica cuestionable, Brooks conmvenientemnte deja de mencionar que Netscape es también una derivación de Mosaic. Los competidores de Explorer incluyen hoy no solo Netscape sino Opera 5.12, NeoPlanet 5.2, iCab, K-Meleon 0.5 y Mozilla 0.9.4. Los competidores de Windows incluyen hoy no solo Mac OS X 10.1 sino asimismo Unix y sus manifestaciones GUI: Linux y Solaris.

[2] Es divertido ver a Apple perturbar sin duda a grandes contingentes de sus seguidores con su actual bramido sobre Microsoft Explorer y el new Microsoft Office v.X para Mac en su sitio web (Apple.com).

[3] Un colega de entonces, (el Dr. John M. Wells), que estaba impresionado con la tecnología igual que yo, vio los anuncios en TV y dijo: “No me sorprende que no funcione. ¡No puedes saber qué venden!”

[4] Fue estupendo no ver una repetición del fracaso de Imation en la relativamente reciente fusión de los estándares CD-R y RW en discos compactos.  Una resolución similar beneficiosa para el consumidor se produjo en el conflicto entre los estándares Rockwell X2 y U.S. Robotics K56flex para módems de 56 K en 1997. A pesar de la intervención del ITU en febrero de 1998, el estándar X2 ha ganado y el nuevo estándar V.90 impuesto por el ITU parece haberse basado mucho más en el previo estándar X2.

[5] Por supuesto, no hay nada de malo en que Sun fabrique y registre su propio software. Pero reclamar un estándar abierto (tal y como entienden el término la mayoría de los programadores) y luego cobrar tasas por usarlo parece a muchos fans de los estándares abiertos hacer un uso interesado del término.

[6] Si Microsoft no está sola en usar supuestamente su control de un estándar para poner en desventaja a su competencia, sin duda no está sola en términos acosar supuestamente a clientes y utilizar tácticas cuestionables contra rivales. A finales de junio de 2000, noticieros populares revelaron que Oracle había contratado a la empresa de los buscadores de basura de Clinton, Terry Lenzner y Jack Palladino, Investigative Group International, para rebuscar en las papeleras de los aliados de Microsoft para encontrar información dañina sobre esta y los grupos comerciales que la apoyan. La basura reciente sobre Larry Ellison y Oracle se hace cada día más jugosa. En una reunión de analistas de seguridad de junio de 2001, dio una diatriba de treinta minutos llena de obscenidades contra sus compañeros de negocios, Microsoft e incluso toda la audiencia de analistas de seguridad. “Oracle es acosadora y tengo la impresión de que está orgullosa de serlo (…) ¿por qué insultar a tus propios clientes”, pregunta Jeremy Young, del Grupo de Usuarios de Aplicaciones de Oracle. Y Craig Conway de PeopleSoft, socio de Oracle, dice: “IBM es un socio perfecto. Oracle va por ahí proclamando que eres idiota (…) Cuando te enemistas con todos, te conviertes en alguien con quien nadie quiere tratar”. IBM acusa a Oracle de publicidad engañosa al afirmar que WebSphere 4.0 AE, de IBM, es “siete veces más caro que Oracle 9iAS”. Por supuesto, muy pocas de estas polémicas del sector aparecen en la prensa generalista. Reina la fantasía de Microsoft amenazante como un kraken destructivo y que consume todo en un lado y Oracle/Ellison y Sun/McNealy como pobres víctimas inocentes en el otro. Tal vez esa perspectiva ingenua empiece a hacerse pedazos ahora que Ellison ha defendido la causa de las tarjetas nacionales de identidad y se ha ofrecido a donar software para administrar un sistema nacional de identificación para EEUU.

[7] A pesar de haber tenido un seguimiento pequeño (que parece haberse reunido mucho más por el odio a Microsoft que cualquier gran lealtad a Sun) que hace ver los supuestos méritos de Solaris y StarOffice, tanto en términos de aplicaciones populares para el hogar como para el trabajo, Sun ni siquiera hizo mella en Microsoft a pesar de hacer a su competencia a Microsoft Office (StarOffice 5.2) descargable gratis en su sitio web. Ha habido relativamente pocas descargas.

[8] Indudablemente, esto no es sugerir que todos los defensores de los estándares abiertos sean oportunistas semánticos. Lejos de ello. Muchos son izquierdistas y socialistas serios que encuentran atractivos los estándares verdaderamente abiertos y el shareware por que representan la promesa de un “regalo” a costa de otro. Por supuesto, consigues lo que pagas, de ahí la impopularidad general del género.


Publicado el 4 de septiembre de 2001. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

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