Los austriacos tenían razón

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[Artículo extraído de It Didn’t Have to Be This Way: Why Boom and Bust Is Unnecessary—and How the Austrian School of Economics Breaks the Cycle]

El desplome económico global que empezó en 2007 ha producido sufrimiento a incontables millones. Todos hemos sido testigos de (y en muchos casos experimentado) la devastación.

Pero no tenía que haber sido así. Este tipo de devastación financiera ha sido predicho una y otra vez (década tras década) por defensores de la escuela austriaca de economía. Ludwig von Mises, uno de los más eminentes economistas austriacos, resumió la crisis perenne en el título de unos de sus muchos libros: Caos planificado (1947). Mises, especialmente en La teoría del dinero y del crédito (1912) y La acción humana (1949), mantenía que el ciclo de auge y declive que ha afligido a las economías modernas es al tiempo no natural e innecesario. Empeora las condiciones de vida para prácticamente todos. Desde la publicación de sus libros, abundantes estudios han validado la visión austriaca. Aun así, poca gente (incluso entre los que enseñan economía en universidades de todo el mundo) conoce o entiende a la escuela austriaca.

Escribí el nuevo libro It Didn’t Have to Be This Way para ayudar a resolver este problema.

Si hay un punto positive en la crisis económica más reciente, es este: la gente en todas partes está pensando más seriamente en cuestiones fundamentales acerca de la economía. ¿Qué causó nuestros males y, más importante, cómo podemos evitar calamidades futuras?

Para responder a estas preguntas, tenemos que entender la escuela austriaca de economía. He tenido la oportunidad única tanto de ver cómo opera la economía en el mundo real (como empresario copropietario de una empresa de suministros automovilísticos durante muchos años) como de estudiar su teoría y práctica desde la torre de marfil (como profesor de economía en el Walsh College y en la Universidad de Detroit Mercy). A lo largo de mi carrera, me ha quedado claro que mucho del establishment económico entiende malamente las fuerzas que causan la crisis económica.

La crisis que empezó en 2007 debería verse, no como un incidente aislado, sino como parte de un drama continuo que tiene sus orígenes en la manipulación del gobierno de EEUU de los mercados y la divisa. Es simplemente parta del ciclo que ha sido el azote de Occidente desde 1913, lo que nos lleva a la historia de nuestra condición moderna.

Las dos tramas principales entremezcladas en la historia son (1) el desarrollo de la teoría económica y (2) los acontecimientos que dieron forma a la historia global, especialmente en los inicios del siglo XX. La teoría económica ha tenido siempre una tremenda influencia en la acción y política del gobierno. Antes de la Primera Guerra Mundial, los gobiernos basaban la política pública en las llamadas teorías económicas clásicas acerca del dinero y el comercio. Casi toda la teoría económica estaba ligada a los mercados libres y la propiedad privada. Los gobiernos no dedicaban muchas energías a regular el comercio. Por ejemplo, la Constitución de EEUU incluye disposiciones estableciendo mercados libres y sistemas monetarios basados en metales preciosos. No hace falta decir que las cosas cambiaron tras la Primera Guerra Mundial, al ser aplastadas monarquías y tradiciones y entrar en juego nuevas teorías. Los problemas de las década de 1920 y 1930 animaron a los economistas a revisar la teoría clásica para explicar por qué ocurrieron las cosas como ocurrieron y qué deberían hacerse en consecuencia. Estas nuevas teorías (aunque fueran bienintencionadas) han tenido consecuencias profundas y a menudo devastadoras en todo el mundo.

La economía no es (o no tiene que ser) una ciencia misteriosa. Sencillamente, es el estudio de la reconciliación de los deseos ilimitados del hombre con los recursos limitados. Más resumido, es el estudio de la acción humana. En It Didn’t Have to Be This Way, trato de demostrar que la economía implica ciertas leyes inmutables del comportamiento humano. Además, espero demostrar que la escuela austriaca ha descubierto clara y efectivamente  esas leyes. El mundo ha sufrido innecesariamente una miseria indescriptible como consecuencia de teorías y políticas que ignoran estos principios.

No tenía que ser así, no en la reciente crisis económica o en la aplastante estanflación de la década de 1970 y principios de la de 1980 o en la depresión de la década de 1930. Más importante, no tiene que ser así en el futuro. Las economías mundiales pueden volver a la senda y a la prosperidad.

Para ser más preciso, los austriacos tenían razón siempre. A principios de la década de 1930, dos profesores en Inglaterra vieron la catástrofe económica mundial y propusieron soluciones muy distintas. John Maynard Keynes, en la Universidad de Cambridge, creó la idea de que salir de la recesión mediante el gasto, mientras que Friedrich A. Hayek, de la London School of Economics, seguía la postura clásica, reclamando una moneda fuerte y las virtudes tradicionales del ahorro, la inversión prudente y los presupuestos equilibrados. El keynesianismo se convirtió en el lema del mundo desarrollado y ha influido profundamente en la respuesta de los gobiernos en la crisis más reciente. Entretanto, los gobierno han ignorado a Hayek uno de los grandes economistas austriacos. Todos hemos pagado el precio por ello.

Uno de los mayores defectos del pensamiento económico ortodoxo, que se ha visto claramente en los pasos previos de la crisis financiera de 2007-08, ha sido ver la economía como una ciencia del tipo de la física, que puede reducirse a números, cantidades y fórmulas matemáticas. La escuela austriaca, entendiendo la economía como una ciencia de la acción humana individual, hace una contribución esencial con sus desconfianza en el modelado matemático o la “ingeniería financiera” del tipo que ayudó a causa el colapso de las hipotecas subprime. Es una advertencia a la que debe prestarse atención hoy.

De las muchas contribuciones que ha hecho la escuela austriaca al pensamiento económico, la otra más relevante para nuestra situación hoy es la explicación de los efectos insidiosos de expandir la oferta monetaria. La Reserva Federal moderna, que parece decidida a inyectar nuevo dinero en el sistema, viola claramente esta idea austriaca.

En tiempos recientes, una serie de expertos en economía aclamados internacionalmente que no eran miembros de la escuela austriaca han validado ideas austriacas. Dos causas de la crisis económica, reconocen ahora muchos investigadores y profesionales, fueron la rebaja artificial de los tipos de interés y el uso de ecuaciones matemáticas en un intento inútil de rebajar el riesgo. Esta gente está llegando a conclusiones a las que llegaron los austriacos hace décadas.

Durante años, hemos soportado una descarga de malas noticias: negocios patas arriba, gente perdiendo su trabajo y hogar, aumento de la deuda pública. No tenía que ser así. La escuela austriaca presenta la explicación más coherente de las relaciones económicas entre hombres y (más que cualquier otro sistema actual) establece indicaciones económicas que ofrecen perspectivas reales de prosperidad mundial.


Publicado el 5 de febrero de 2013. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

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