Una revuelta por una moneda fuerte

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[«Revolution in Minnesota,» The Libertarian Forum, 1 de agosto de 1969]

Prevalece la idea de que estar a favor del oro o la plata es ser un reaccionario retrógrado; nada puede estar más lejos de la realidad. Pues el oro (igual que la plata) es el Dinero del Pueblo; es un material valioso que ha evolucionado, en el libre mercado, como el medio monetario de intercambio. El oro ha sido reemplazado, al dictado del Estado, por papel moneda, por pedazos de papel emitidos e imprimidos por el gobierno. El oro no puede producirse muy fácilmente: debe extraerse laboriosamente del suelo. Pero si los billetes de papel van a ser dinero y el Estado va a tener el poder exclusivo de emitir estos billetes prácticamente sin coste, entonces estamos a merced de esta banda de falsificadores legalizados y soberanos. Aun así, este es el sistema monetario aceptado hoy en día.

No solo este sistema de que el Estado tenga el control absoluto de nuestro dinero se está aceptando por los economistas del establishment: también está siendo apoyado cálidamente por la poderosa rama de “chicago” de los economistas del libre mercado. Hace veinte años, casi todos los economistas conservadores u orientados al libre mercado estaban a favor de una vuelta al patrón oro y la eliminación del papel fiduciario. Pero ahora han muerto casi todos los economistas del patrón oro y han sido reemplazados por los simplistas y técnicamente expertos chicagoítas, como un solo hombre desdeñosos del oro y defensores de mente simple del papel fiduciario. El patrón oro ha muerto por la deserción a su causa por la derecha y sus economistas. Numerosos derechistas que deberían entenderlo mejor aun así continúan adulando a Milton Friedman y sus chicagoítas. ¿Por qué? Supuestamente, porque tienen poder e influencia y uno nunca encuentra falta de conservadores hoy en día en lo que se refiere a hacer la pelota al poder.

En medio de esta miasma monetaria, ha llegado ahora una voz del pasado, de la Vieja Derecha, y es uno de los acontecimientos más reconfortantes del año.

Hace dos años, Jerome Daly, un ciudadano de Savage, Minnesota, un pueblo suburbano al sur de Minneapolis, rechazó hacer más pagos de la hipoteca que tenía con su banco. En su juicio (First National Bank of Montgomery vs. Jerome Daly) en diciembre de 1968 ante el juez de paz, Martin V. Mahoney, granjero y carpintero de oficio, en el que el banco trató de recuperar la propiedad, Mr. Daly argumentó que nada debía al banco. ¿Por qué? Porque el banco, al prestarle dinero, no le prestó dinero real, sino crédito bancario que el banco había creado de la nada. Al no ser dinero genuino, el crédito no era una consideración válida y por tanto el contrato era nulo. Daly argumentaba que no debía nada al banco.

Al presentar este argumento aparentemente absurdo, Jerome Daly estaba siendo un economista (y libertario) mucho mejor que nadie que yo conozca. Pues la banca de reserva fraccionario (ahora un sistema a las órdenes y la dirección de los bancos de la Reserva Federal), como el papel fiduciario, es falsificación legalizada, creación de derechos que son inválidos e imposibles de redimir. Más aún, Daly sostenía que este tipo de creación de dinero por los bancos es ilegal e inconstitucional.

Más notable incluso que la tesis de Mr. Daly es que el jurado unánimemente votó a su favor y declaró nula la hipoteca y la sentencia aprobatoria del juez Mahoney, publicada el pasado 9 de diciembre, es una perla de afirmación radical de los derechos del pueblo y un ataque total a la imprudencia y fraude e inconstitucionalidad de la banca de reserva fraccionaria.

Enfurecido, el First National Bank of Montgomery, Minnesota, procedió rutinariamente apelando ante el juez Mahoney  por un tribunal superior. Pero el truco estaba en que para reclamar una apelación, el demandante tiene que pagar una tarifa de dos dólares. El juez Mahoney, qué día más feliz, rechazó aceptar la apelación el 22 de enero porque los billetes de la Reserva Federal, que por supuesto constituían la fianza, no eran dinero legal. Solo oro y plata, afirmaba el juez, pueden ser dinero de curso legal y por tanto la tasa para la apelación no se había pagado. El juez Mahoney siguió con esto autos de respaldo el 30 de enero y el 5 de febrero, que eran mezclas reconfortantes de economía sólida y construccionista legal estricto y que asimismo declaraban la inconstitucionalidad de la Ley de la reserva Federal y la Ley de la Banca nacional, las piedras angulares de nuestro actual sistema monetario intervencionista y estatista.

Así se encuentra la cosa por el momento, pero ¿dónde se encuentra? La tenemos bajo la autoridad del juez Mahoney que las deudas a los bancos de reserva fraccionaria (es decir, el actual sistema bancario) son nulas, que su misma naturaleza es fraudulenta e ilegal (en resumen, que los bancos pertenecen al pueblo), que los billetes y papel moneda de la reserva Federal son ilegales e inconstitucionales.

Nunca ha habido un ataque más radical contra toda la naturaleza nuestro fraudulento y estatista sistema bancario.

Además, con esta batalladora gente de Minnesota, su radicalismo no es solo retórico: están preparados para respaldarlo con actos aún más concretos. Jerome Daly ya ha anunciado que si cualquier tribunal superior de Estados Unidos “perpetra un fraude sobre el Pueblo desafiando el derecho constitucional de Estados Unidos, (el juez) Mahoney ha resuelto que convocará otro jurado en Credit River Township (donde se encuentra Savage) para juzgar el tema del fraude por parte de cualquier juez estatal o federal”. Además, Daly añade que la policía y la milicia ciudadana de Credit River Township están dispuestas a utilizar su poder para respaldar la decisión del jurado y mantener a Mr. Daly en posesión de su inmueble. El pueblo de Savage, Minnesota, en resumen, está dispuesto a luchar, a resistirse a los decretos de los gobiernos estatal y federal, a usar su poder a nivel local para resistirse al Estado.

Muchos zoquetes en el movimiento libertario (y por desgracia, son legión) me han acusado de que en años recientes me he convertido simplemente en un “izquierdista”. Por las citas de Mr. Daly y sus defensores, queda bastante claro que esta es una heroica banda de gente de la Vieja Derecha, de gente que no ha sido educada con la National Review u otros órganos menores de la actual opinión de la derecha. Estoy igual de ansiosamente dispuesto a alabar su acción libertaria por el pueblo y contra el Estado, como estoy a favor de acciones “izquierdistas” como la de People’s Park.

La prueba, como indica Karl Hess en este número de The Libertarian Forum, es la acción: la acción ahora frente al Estado. Quienes se alinean con las libertades del pueblo contra el gobierno son nuestros amigos y aliados, quienes se alinean con el Estado contra el pueblo son nuestros enemigos. Es tan sencillo como eso. El problema, en lo que respecta a la derecha, es que en años recientes ha habido cero acciones de la derecha contra el Estado; por el contrario, la derecha ha estado casi invariablemente del lado del Estado: contra los manifestantes de Chicago, contra People’s Park, contra la revolución estudiantil, contra las Panteras Negras, etc. Si la prueba es, como tendría que ser, acción, y “de qué lado estás, del del pueblo o del del Estado” y no en cerrar el acuerdo sobre el quinto lema del tercer silogismo de si A es A o no, entonces la derecha en años recientes (y esto significa toda la derecha, de los partidarios de Buckley y de Rand a los falsos “anarquistas” o “anarcoderechistas”) ha sido un lamentable fracaso. Así, en el tema de la resistencia fiscal, hace diez o quince años el estandarte del rechazo a los impuestos lo portaban “derechistas” como Vivien Kellems; ahora la misma bandera la llevan “izquierdistas” como Joan Baez.

Si los “libertarios” de la derecha están en absoluto interesados en mi aprobación, hay una forma sencilla de conseguirla: adquirir la centésima parte de la fortaleza y el espíritu revolucionario de los resistentes de la Nueva Izquierda contra el Estado; volver a la tradición de Sam Adams y Tom Paine, de Garrison y John Brown, y, en años recientes, de Frank Chodorov y Vivien Kellems. Volved a esa gran tradición o dejadlos, tan pronto como podáis, que se hundan en el merecido estercolero de la historia.

Entretanto, todas mis alabanzas a los heroicos rebeldes de Savage, Minnesota, al perspicaz y valiente Jerome Daly y al juez Martin Mahoney.


Publicado el 18 de marzo de 2013. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

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