Alegato contra los “impuestos inteligentes” al carbono

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Es justo, en cierto sentido, que el día de la Tierra y el día de los impuestos estén distanciados en solo una semana. Los que echan la culpa del calentamiento global a la actividad humana ven a los impuestos como un medio eficaz y deseable de impedir la catástrofe ecológica global. En una publicación reciente, el antiguo asesor de Bush, Greg Mankiw ha presentado un “invitación abierta unirse al club de Pigou”, adoptando la idea de regular los gases de efecto invernadero con impuestos correctores.[1]

La idea tras los impuestos correctores es relativamente sencilla. El economista británico A.C. Pigou explicaba cómo los mercados necesitan correcciones. El uso de los bienes que compramos en los mercados genera costes externos. Los precios que pagamos por los bienes son internos, pero cualquier tipo de contaminación (ruido, del aire o del agua) impone un coste real sobre otra gente externa a la transacción. En ese cosas, la cantidad de bienes que compran los consumidores será excesiva porque no soportan los costes completos. Poner impuestos a los bienes que generan externalidades negativas internaliza los costes a los consumidores, siempre que se fijen al nivel correcto. Por tanto, los impuestos pueden corregir en teoría a los mercados que sobreofrecen bienes.

El Profesor Mankiw defiende gravar el carbono, lo que incluye impuestos a la gasolina. Los impuestos a la gasolina reducirían las emisiones de gases de efecto invernadero, reduciendo también la congestión de las carreteras y los accidentes de circulación. Hay varias objeciones económicas habituales a esas propuestas de impuestos correctivos.

Antes que nada, los impuestos correctores requieren conocimiento de la magnitud de las externalidades. Las externalidades, por definición, no reciben precio mediante ningún mecanismo o institución social. Pero Mankiw admite problemas en el cálculo del nivel correcto de los impuestos.

Segundo, la defensa de los impuestos correctores a menudo deriva de la falacia del nirvana. Mankiw sí menciona que los mercados son eficientes de acuerdo con “el primer teorema del bienestar de la economía”, que se caracteriza por la ausencia total de externalidades. La idea de que los mercados son solo eficientes cuando están ausentes las externalidades sugiere que los mercados deberían considerarse un patrón imposible de perfección. El economista Ronald Coase demostró que las externalidades solo se desvanecen en el mundo completamente irreal en el que la gente puede negociar y realizar transacciones sin coste. Un mundo así de costes nulos de transacción produciría una perfección económica.[2]

El hecho es que ni el gobierno ni los mercados nos llevan al nirvana. Podríamos entonces acusar al Profesor Mankiw de hacer una falsa comparación entre mercados defectuosos y un gobierno idealizado que siempre corrige los defectos de los mercados, pero se zafa de esta trampa. El principal problema con nuestro gobierno es supuestamente que los políticos escuchan a los votantes en lugar de a los expertos. Mankiw toma unas pocas frases de Bryan Caplan para argumentar que los votantes son irracionales. Los votantes bloquean la implantación de buenas políticas, como el libre comercio y los impuestos correctores al carbono, porque están en desacuerdo con los expertos reales.

Estaría de acuerdo con el primer ejemplo de que los expertos (es decir, los economistas) están a favor del libre comercio y el público debería prestarnos atención. El segundo ejemplo es más problemático. Mankiw afirma que como economista no está cualificado para comentar teorías científicas del cambio climático. Estoy de acuerdo. Ninguno de nosotros somos expertos en estas materias. No entiendo los detalles de distintas teorías del cambio climáticos relativas a gases de efecto invernadero, erupciones volcánicas, corrientes oceánicas y actividad solar.

Mankiw afirma además que hay un consenso entre los expertos en climatología en que el calentamiento global es a la vez real y causado por acciones humanas. En este caso, solo necesitamos examinar datos empíricos para ver que deberíamos declinar las invitaciones para el club de Pigou. Los datos de la RSS y la UAH sobre temperaturas globales indican que el calentamiento global llegó al máximo en 1998 y se mantuvo plano durante la pasada década, mientras los niveles de CO2 continuaban aumentando.[3]

Los datos indican que las temperaturas globales en la atmósfera realmente bajaron en 2007 y 2008. Algunos especialistas afirman que el 90% del calentamiento global tiene lugar en los océanos, pero un estudio detallado indica que las temperaturas de los océanos cayeron de 2003 a 2008.[4]

Mankiw simplemente se equivoca. Hay un consenso científico en que el calentamiento global terminó hace diez años y la idea de que los gases de efecto invernadero producen un cambio climático global está bajo disputa. Como profesor de Harvard, el Dr. Mankiw  podría consultar con su colega, el astrofísico de Harvard, Dr. Willie Soon, para saber más acerca de cómo afecta a las temperaturas globales la actividad solar.[5] El Dr. Soon está lejos de ser el único científico que duda de la teoría del calentamiento global producido por el hombre. El pasado verán, 31.000 científicos firmaron un manifiesto afirmando que

No hay evidencia científica convincente de que la emisión humana de (…) gases de efecto invernadero esté causando o vaya a causar en el futuro previsible un calentamiento catastrófico de la atmósfera de la Tierra y un cambio en el clima de la Tierra (…) hay una sustancial evidencia económica de que los aumentos en el dióxido de carbono atmosférico producen muchos efectos beneficiosos en los entornos naturales de plantas y animales.[6]

Además, hay un creciente número de científicos que predicen un enfriamiento global en los próximos veinte o treinta años.[7] Los meteorólogos Henrik Svensmark y Eigil Friis-Christensen han descubierto evidencias de que la actividad solar afecta a las temperaturas globales.[8] Las proyecciones científicas de la actividad solar predicen un mínimo solar en las próximas dos décadas.[9] Por supuesto, hay científicos  con distintas opiniones del cambio climático, pero aquí se trata de que la opinión científica está dividida sobre las causas del cambio climático. Además, la evidencia real sobre un reciente cambio climático no justifica la defensa de los impuestos al carbono.

Mankiw ha confundido a intelectuales con expertos. F.A. Hayek caracterizaba a los intelectuales como gente que traslada las ideas de los expertos al público en general a través de los medios de comunicación de masas.[10] Una buena parte de los medios escritos y radiados sí promueve la idea del calentamiento global antropogénico. Sin embargo, estos intelectuales están muy por debajo de la opinión de los expertos. Había un consenso sobre la existencia del calentamiento global hace diez años (aunque las causas de esta tendencia siguen debatiéndose). Ahora está claro que el calentamiento global ha cesado y podemos haber entrado en un periodo de enfriamiento global.

Mankiw ha retorcido la idea de que los votantes tienen creencias irracionales para argumentar que los expertos deberían idear impuestos correctores del carbono. Los impuestos a la gasolina supuestamente tienen sentido debido a las externalidades y los votantes rechazan estos impuestos supuestamente por su ignorancia. La idea de que los precios de la gasolina son demasiado bajos y deben aumentarse mediante impuestos correctores deriva de una falsa noción de la razón. La idea de que los expertos pueden hacer un trabajo mejor en dirigir el uso de los recursos, incluyendo la gasolina, que los mercados y que los precios del mercado derivan de una suposición defectuosa de que los expertos saben más que la totalidad de la sociedad.

El precio de la gasolina se forma de la competencia por la mano de obra y el capital por parte de distintas industrias: las industrias que recogen más ingresos de los consumidores obtienen el capital y mano de obra necesarios para expandir la producción hasta niveles eficientes. Por tanto los precios del mercado reflejan las demandas marginales de los productos. Los precios del mercado no reflejan un conocimiento perfecto, pero no hay mejor fuente de datos sobre el uso eficiente de los recursos. Los autocalificados como expertos afirman poseer un conocimiento superior de los deseos de los consumidores, pero se dedican a una especulación vacía. Los efectos de las externalidades en los consumidores son inobservables por definición y en este caso la existencia de la fuente de externalidad en cuestión está en seria duda.

La buena noticia es que Mankiw no es personalmente capaz de implantar los llamados “impuestos inteligentes”. La mala noticia es que la administración Obama ha sido tomada por los defensores de la teoría del calentamiento global antropogénico. El viernes, la EPA anunció que las emisiones de carbono “ponen en peligro la salud y el bienestar de la generación actual y las futuras”. Los funcionarios de la EPA han concluido que las crecientes concentraciones de CO2 son contaminantes. La EPA obtuvo autoridad en esta materia mediante una decisión del Tribunal Supremo  que definía al CO2 como contaminante bajo la Clean Air Act. Este acto de la EPA indica impuestos más altos y regulación (dirigidos a las emisiones industriales y de automóviles) en la próxima década. Por desgracia, no es solo un tema de discusiones en la torre de marfil de Harvard. Los cargos públicos están listos para actuar en esta materia y sus políticas podrían imponer altos costes a los consumidores estadounidenses.

Dados los defectos en los argumentos del Profesor Mankiw, tendré que declinar su invitación a unirme al club de Pigou. Los miembros del Club Pigou pueden pensar que los expertos son los suficientemente inteligentes como para mejorar los resultados de la competencia del mercado, pero es una proposición injustificada. Los precios del mercado reflejan el conocimiento colectivo de todos los miembros de la sociedad que compran y venden en el mercado y no hay mejor fuente de datos sobre cómo satisfacer mejor la demanda del consumidor. Los precios son ciertamente representaciones imperfectas de la realidad económica. Pero los límites de la razón humana individual hacen inútiles  los esfuerzos de los expertos por superar al mercado.

Como la defensa de los “impuesto inteligentes” está injustificada, replicaré al Profesor Mankiw extendiéndole una invitación a unirse al “Club Hayek” reconociendo que los precios del mercado son el único medio practicable para dirigir la producción global hacia la satisfacción de las demandas más urgentes de los consumidores.


[1] Ver Greg Mankiw, “Smart Taxes: An Open Invitation to Join the Pigou Club”, The Eastern Economic Journal(2009).

[2] Esta proposición también supone información perfecta, competencia, perfecta y derechos de propiedad perfectos.

[3] Ver “Global Warming On Hold?” por Michael Reilly, Discovery News.

[4] Ver “The Mystery of Global Warming’s Missing Heat” por Richard Harris, NPR.org.

[5] El blog Trade And Taxes explica cómo el Dr. Soon perdió su financiación federal por dudar de la teoría del calentamiento global debido a la contaminación. En este vídeo de YouTube se puede oír al propio Dr. Soon.

[6] Ver “Scientists sign petition denying man-made global warming” por Graham Tibbets, Telegraph.co.uk.

[7] Ver “Not Putting their money where their mouths are”, por Alex Tabbarok, Marginal Revolution, “Russian Scientist says Earth could face new ice age”, FreeRepublic.com y » Global cooling gains momentum among scientists” por Elton Robinson, DeltaFarmPress.com.

[8] Ver “The sun moves climate change”, Canada.com.

[9] Ver “Long Range Solar Forecast: Solar Cycle 25 peaking around 2022 could be one of the weakest in centuries”, NASA.gov.

[10] Ver F.A. Hayek, The Intellectuals and Socialism. University of Chicago Press, 1948.


Publicado el 22 de abnl de 2009. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

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