El proteccionismo fortalece la nación

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Probablemente el error conceptual más exitoso que es promovido por los defensores de los aranceles es el siguiente: «Los aranceles son buenos para la nación”.

Siendo impuestos sobre las ventas, son buenos para el gobierno, pero no son buenos para la nación. A lo sumo, son menos perjudiciales que un impuesto a la renta graduado. Pero ya que ambos son recolectados, los aranceles no son beneficios para la sociedad.

Si los defensores de los impuestos sobre las ventas salieran y dijeran lo siguiente, la gente probablemente no les creería: «Un impuesto extra sobre las ventas es bueno para la nación». Sin duda las personas que se consideran a sí mismas como miembros del Tea Party no quieren un incremento de los impuestos. Ellos no ven los impuestos como un beneficio para la nación.

Las personas que creen que los aranceles son buenos para la nación son literalmente incapaces de razonamiento econmómico deductivo. Este argumento ha sido utilizado por los mercantilistas desde fines del siglo 17. El libro la Riqueza de las Naciones de Adam Smith es una refutación de la posición mercantilista. No obstante, gente incapaz de seguir una línea de argumentación económica y que se considera patriota se apresura a promover los aranceles cuando escucha la palabra «nación». Por lo tanto, la combinación de patriotismo y un análisis económico ignorante produce la declaración: «El proteccionismo es bueno para la nación”.

PROTEGIENDO LO INEFICIENTE

Los aranceles son buenos para los fabricantes nacionales que no son capaces de competir con los productores extranjeros. Ellos se resienten profundamente con la competencia de todo tipo. Pero les resulta difícil conseguir que el Congreso cobre impuestos a sus competidores nacionales. Así que consiguen lo que pueden: un impuesto de ventas sobre las mercancías importadas.

Lo grave es que el hombre común no entiende que los aranceles son impuestos selectivos a las ventas. Así mismo, no entiende que los aranceles le cuestan. El principal beneficiario va a ser una empresa nacional, que ahora puede mantener sus precios altos, ya que no permite la competencia de precios del exterior. Es un acuerdo ventajoso para la industria nacional protegida, pero ella cuenta con relativamente poca gente, en comparación con el número total de personas que tienen ahora que pagar dinero extra para la compra de las mercancías importadas a las que se aplica el impuesto sobre las ventas, o que pagan más por los bienes producidos en el país.

Los defensores de los aranceles creen que un hombre con placa que apunta su pistola en el vientre del consumidor es un beneficio para la nación. Para quien él es un beneficio es para el Estado. Él es un beneficio para los burócratas que cobran el impuesto. Él es un beneficio para los capitalistas de camarilla que eligen a los políticos que aprueban los proyectos de ley de aranceles. El estadounidense promedio paga más por lo que compra y él es el perdedor.

MUCHOS PERDEDORES, POCOS GANADORES

El problema es antiguo. El costo del impuesto se distribuye en un gran número de personas, pero el beneficio se concentra en un grupo pequeño. Por lo tanto, este pequeño número de personas encuentran que es de su interés dirigir a los políticos para aque aprueben legislación que les sea beneficiosa. Asumen que la población en general no va a entender lo que se le está haciendo. El precio de organizarse políticamente en contra de un impuesto específico es alto, ya que cualquier persona que haga una movilización tiene que explicar la causa y el efecto económico al ciudadano medio, cuando este normalmente no entiende dicha relación de causa-efecto económico.

El costo de educar a los votantes es alta. El costo de sobornar al Congreso es baja. «Soborno» = dinero pagado por adelantado por servicios políticos prestados.

Esta es una gran ventaja para las empresas de las industrias protegidas, porque ellas sí entienden la causa y el efecto económico. Estas entienden que un impuesto sobre las ventas a una empresa de la competencia que exporta mercancías procedentes del extranjero les va a beneficiar, debido a que pueden mantener altos los precios de venta al por menor. Así, hay una distribución asimétrica de la información. Las personas que reciben los beneficios por medio de la coerción estatal comprenden la relación entre las tarifas y sus beneficios. La gente que paga la carga de la legislación a favor de los intereses particulares de los que promueven los aranceles no entienden la naturaleza de la relación causa-efecto económica. El costo se distribuye ampliamente entre la población general. Ellos no sienten el impuesto y por lo tanto no se oponen.

La competencia de precios es fundamental para la libertad. Si dos personas están de acuerdo en un precio determinado, ya que cada uno de ellas cree que va a ser de beneficio mutuo, excluyen a otros vendedores. Así, a veces los vendedores excluidos a los que les gustarían entrar en el acuerdo, pero cuyos precios son demasiado altos, se dan cuenta de que pueden detener el trato si persuaden al gobierno nacional de aprobar una ley a favor de los aranceles o cuotas de importación.

La cuota de importación no beneficia al gobierno de ninguna manera. No recoge ningún dinero con ella. Un arancel beneficia al gobierno, y también beneficia a las industrias que de otra manera hubieran hecho frente a la competencia extranjera.

Los perdedores son aquellos que pagan más por sus productos, cuando hubieran preferido pagar menos. Pero alguien con placa ha colocado su arma de fuego en el vientre del importador, así que este paga el impuesto. Este puede tratar de pasar el mayor precio a los consumidores. Los productores nacionales esperan que lo haga. Esto supondrá que puedan aumentar sus precios, llenarse los bolsillos, y nunca ser culpados por el hecho de que alguien con una placa y un arma ha utilizado la coacción para detener un intercambio voluntario. Pero los consumidores pueden decidir no pagar el precio más alto. La persona que vende las mercancías importadas sufre pérdidas. Eso también agrada a los productores nacionales.

EL NO TAN SÓLIDO SUR

En la América del Sur antes de la Guerra Civil, los políticos sureños entendían lo que hacían los aranceles al sector agrícola, que formaba la mayor parte de la economía del Sur. En cualquier caso, definitivamente lo entendieron después de la guerra de 1812. Antes de la guerra de 1812, el principal político y teórico político del Sur, John C. Calhoun, era un gran defensor de las tarifas – «Un nacionalista». Sin embargo, a los exportadores de algodón del sur no les gustaban los aranceles, porque tenían que importar bienes de Gran Bretaña. Ellos tenían que pagar un precio extra para hacerlo. Tras la guerra, incluso Calhoun se hizo un gran opositor de los aranceles. Se opuso a la «tarifa de abominación» en 1828.

En el Norte, los liberales (en el sentido americano) y luego los republicanos fueron grandes defensores de los aranceles. Fueron grandes defensores de la protección de las industrias nacientes, tales como la industria del acero, envueltos en pañales políticos. Se aseguraron aranceles altos, porque entendían que los agricultores del sur tendrían que pagar para llenar las arcas del gobierno federal.

Lo que es absolutamente asombroso es que haya personas que se consideran a sí mismas como defensoras de la tradición del sur, que también son grandes defensores de los aranceles. Son defensores del sistema diseñado por Alexander Hamilton, Henry Clay, William «arrabio» Kelly, y Abraham Lincoln que le quitaron la riqueza al Sur. Como dijo Lincoln en su primer discurso inaugural, «El poder que se me confió será utilizado para conservar, ocupar y poseer la propiedad y lugares pertenecientes al Gobierno y cobrar los derechos e impuestos; pero más allá de lo que sea necesario que estos objetivos , no habrá ninguna invasión, ni uso de la fuerza contra o entre la gente de cualquier lugar». Sin embargo el Sur dijo que no – ningún arancel. Lincoln invadió. Las armas y distintivos prevalecieron. Este fue el canto de alabanza de los invasores: «Padre Abraham tiene muchas armas. Muchas armas tiene el Padre Abraham. Yo tengo una de ellas, y tú también. Así que ¡Marchemos hasta el mar! »

La política hace extrañas alianzas. Lo mismo sucede con el proteccionismo.

CONCLUSIÓN

Considere los siguientes eslóganes políticos.

1. No existe tal cosa como una comida gratis

2. Siga el dinero.

3. ¿Quién paga?

4. ¿Quién gana? ¿Quién pierde?

5. ¿Quién? ¿A quién?

Los aranceles son impuestos selectivos a las ventas sobre las importaciones. Ellos hacen que el cliente pague más por los bienes importados y los productos nacionales que compiten. Recompensan a los productores de bienes nacionales, quienes no pueden ofrecer buenas ofertas comparables a las ofrecidas por los importadores.

Los perdedores consiguen que el Congreso les envíe a una persona con una placa y un arma. Él pega la pistola en el vientre del importador. «Estoy aquí en nombre de la nación. Dame tu dinero «.


El artículo original se encuentra aquí. Traducido del inglés por Mario Antonio Chávez Merino.

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