Religión y libertarismo

2

La relación entre el libertarismo y la religión es larga y tormentosa.

No se puede negar que Ayn Rand ha tenido una larga, fuerte y profunda relación con el libertarismo. Aunque nos menospreció como «hippies de derechas» (pronunciándolo «ippes of de racht» en inglés), muchos de nosotros todavía estamos cautivados por ella, inspirados por ella, y en deuda con ella, por habernos introducido por vez primera en la temática de la moral en la libre empresa. Desde luego, me incluyo en esta categoría.

Su ateísmo beligerante es una de las influencias más poderosas que ha ejercido sobre el movimiento libertario. Para muchos seguidores de la filosofía de la libertad, un combativo rechazo de Dios y de todos los asuntos religiosos podría ser, también, el axioma básico de su visión del mundo. Confieso que durante muchos años también mi postura personal sobre este asunto fue más o menos esa. También es la perspectiva de un adinerado donante potencial del Instituto Mises, que habría podido contribuir de manera importante si esta organización hubiera cambiado su punto de vista sobre estas cuestiones, adoptando una posición de principios en contra de toda religión. Afortunadamente, Lew Rockwell se negó a desvirtuar la misión de su Instituto en tal sentido. Aún siendo él mismo creyente, Rockwell se mantuvo firme: El Instituto Mises continuaría involucrándose en el estudio de la economía y la libertad, pero nunca directamente de la religión.

¿Qué fue lo que cambió mi opinión? ¿Por qué soy ahora tan empedernidamente ateo como he sido siempre y, sin embargo, amigo y partidario de la religión? No tiene nada que ver con que trece de los últimos diecisiete años haya yo trabajado en instituciones católicas de los jesuitas. Fui profesor en el  College of the Holy Cross desde 1991 hasta 1997. También he estado en la Loyola University de Nueva Orleáns, desde 2001 hasta la actualidad.

Algunos, aquellos que siguen cautivados por la visión randiana de la religión y la libertad, consideran bastante malo que un libertario tenga una visión positiva de la religión. Para la mayoría, que un ateo como yo sea partidario e incluso admirador de la religión, no parecerá otra cosa que una contradicción lógica. Me explico.

En esto me guío por el aforismo “el enemigo de mi enemigo, es mi amigo”. Aunque esto no siempre es cierto, en este caso creo que si lo es.

Entonces, ¿qué institución constituye el mayor enemigo para la libertad humana? Sólo puede haber una respuesta: el estado en general, y su versión totalitaria en particular. Quizás no haya mejor ejemplo de un gobierno semejante que el de la URSS, y sus dictadores Lenin y Stalin (aunque la primacía en términos de cantidad total de inocentes asesinados podría pertenecer a la China de Mao). Nos preguntamos entonces, ¿qué instituciones fueron singularmente expuestas al oprobio por estos dos ilustres rusos? Sólo puede haber una respuesta: en primer lugar la religión, y en segundo la familia. No fue por accidente que los soviets promulgaran leyes que recompensaban a los niños para que entregaran a sus padres por actividades anticomunistas. Con seguridad, no hay mejor manera de disolver la familia que esta diabólica política. ¿Y cómo trataron a la religión? Preguntar esto es responderlo. La religión se convirtió en el enemigo público número uno, y sus practicantes fueron cruelmente perseguidos.

¿Por qué meterse con la religión y la familia? Porque son estos los dos grandes competidores del estado por la lealtad de la gente. Desde su propia perspectiva malvada, los comunistas estaban en lo cierto al fijar su atención en estas dos instituciones. Por lo tanto, todos los enemigos del estado arrogante harían bien en abrazar religión y familia como sus amigos, tanto si ellos mismos son ateos como si no, tanto si son padres de familia como si no.

La principal razón de que la religión se les atragante a los líderes laicos es que esta institución define la autoridad moral al margen del poder que ellos ostentan. Cualquier otra organización de la sociedad (con la posible excepción de la familia) ve al estado como la fuente última de aprobación ética. A pesar del hecho de que algunos líderes religiosos efectivamente han doblado la rodilla ante los funcionarios gubernamentales, existe una enemistad natural y fundamental entre las dos fuentes de autoridad. Puede que el Papa y otros líderes religiosos carezcan de regimientos de soldados, pero sí que tienen algo de lo que carecen presidentes y primeros ministros, con gran pesar por parte de estos últimos.

Esta es mi posición. Rechazo la religión, toda religión, ya que, como ateo, no estoy convencido de la existencia de Dios. En realidad voy más allá. No soy un agnóstico, sino que estoy convencido de su no existencia. Sin embargo, como animal político, acojo calurosamente esta institución. Es un baluarte contra el totalitarismo. Aquél que desee oponerse a la depredación estatista, no podrá hacerlo sin el apoyo de la religión. La oposición a la religión, incluso si se basa en motivos intelectuales y sin intenciones políticas, equivale, de facto, a apoyar al estado.

Pero, ¿qué hay del hecho de que la mayoría, si no todas, las religiones apoyan al estado? «Render unto Caesar… (dad al Cesar…) etc.». No podemos ignorarlo. A pesar del hecho de que la religión organizada puede encontrarse con frecuencia en el lado del estatismo, paradójicamente no fue así en el caso de estos dos dictadores, Lenin y Stalin; los líderes de semejantes “religiones” estaban en lo cierto: a pesar del hecho de que la gente religiosa con frecuencia apoya al estado, estas dos instituciones, religión y estatismo, en el fondo son enemigos. Estoy “de acuerdo” con Lenin y Stalin en este asunto. Dese su propio punto de vista, reprimir brutalmente la práctica religiosa era completamente correcto. Esto hace que sea aún más importante que el resto de nosotros, seamos o no ateos, apoyemos a aquellos que adoran a Dios. El enemigo de mi enemigo es mi amigo.

Llegados aquí, se nos objetará enérgicamente que numerosas personas inocentes han sido asesinadas en nombre de la religión. Es cierto; por desgracia, muy cierto. Sin embargo, un poco de perspectiva no viene mal en este punto. ¿Cuántas personas fueron asesinadas por los excesos religiosos, como la inquisición? Aunque las estimaciones son muy variables, las mejores (véalas aquí) consideran que el número de muertes durante esta triste época, que tuvo lugar durante varios siglos, fue de entre 3.000 y 10.000. Algunos expertos (aquí) estiman una cantidad tan baja como 2.000. Si no fuera porque estamos hablando de seres humanos asesinados, considerando únicamente las magnitudes relativas, uno podría decir en justicia que esto palidece por su absoluta insignificancia, comparado con la devastación infligida sobre la raza humana por los estados. De acuerdo con las mejores estimaciones (véalo aquí, aquí, aquí, aquí, aquí y aquí), las víctimas del estatismo solamente durante el siglo XX se aproximan a la marca de los 200 millones. ¡No se trata de un error de imprenta! Comparar unos pocos miles de muertes  injustificadas con varios cientos de millones no es razonable. Sí, incluso el asesinato de una sola víctima es un ultraje. Pero al comparar religión y estado, uno debe tener en cuenta estas astronómicas diferencias.

Aquí tenemos una lista de personas devotamente religiosas que he conocido personalmente, que han realizado grandes contribuciones a la libertad; quizás esto ayude a demostrar cual es la contribución a nuestras metas que nuestros colegas religiosos han realizado: William Anderson, Doug Bandow, William Barnett II, Peter Boettke, Steve Call, Art Carden, Paul Cwik, Ken Elzinga, Marshall Fritz, Stephen Grabill, Gary Galles, Jeff Herbener, Paul Heyne, PJ Hill, Guido Hülsmann, el rabino Israel Kirzner, el rabino Dan Lapin, Bill Luckey, Robert Murphy, Gary North, Rev. Edmund Opitz, Joe Peden, Duane and Morgan Poliquin, Shawn Rittenour, Lew Rockwell, Joann Rothbard, Fr. James Sadowsky, S.J., Fr. James Schall, S.J., Hans Sennholz, Fr. Robert Sirico, Monsignor Greg Smith, Timothy Terrell, Jeff Tucker, Laurence Vance, Jim Viator, Fr. Kevin Wildes, S.J., Tom Woods, Steven Yates. (Probablemente he dejado fuera de esta lista a algunos amigos míos, que se sentirán dolidos por la omisión de sus nombres; si fuera así, les ruego que me envíen un recordatorio, y corregiré este error no intencionado para una posterior revisión de esta publicación. Diré en mi defensa que, al ser yo una persona no religiosa, sólo marginal o accidentalmente puedo tener conocimiento de las prácticas religiosas de muchos de mis colegas de la comunidad Austro-libertaria).

Luego está la escuela de Salamanca, representada principalmente por sacerdotes como los siguientes: Los dominicos: Francisco de Vitoria, 1485-1546; Domingo de Soto, 1494-1560; Juan de Medina, 1490-1546; Martín de Azpilcueta, 1493-1586; Diego de Covarrubias y Leiva, 1512-1577; Tomás de Mercado, 1530-1576. Los jesuitas: Luis Molina, 1535-1600; Cardenal Juan de Lugo, 1583-1660; Leonard de Leys, 1554-1623; Juan de Mariana, 1536-1624. Esta escuela de pensamiento es verdaderamente nuestra predecesora intelectual y moral. Para conocer la contribución de la escuela de Salamanca al movimiento Austro-libertario, vea aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, y aquí. Para otros enlaces entre religión y libertarismo, vea aquí, aquí y aquí

Ya es hora, ya hace mucho tiempo que es hora, de que el movimiento Austro-libertario rechace la virulenta oposición randiana a la religión. Si, Ayn Rand ha hecho contribuciones a nuestros esfuerzos; no debemos tirar al bebe con el agua del baño. Pero, sin duda, el sentimiento antirreligioso pertenece a la categoría del agua del baño, no a la del bebe.

Las opiniones expresadas encima están en consonancia con la perspectiva de mi mentor durante mucho tiempo,  Murray Rothbard. Este estudioso, que con frecuencia fue llamado “Señor libertario”, era muy pro-religión, especialmente pro-católico. Él atribuyó los conceptos de individualismo y libertad al  cristianismo (y casi cualquier otra cosa positiva en la civilización occidental), y defendió con rotundidad que mientras los libertarios hicieran del odio a la religión un principio básico o principio de organización, no irían a ninguna parte, ya que la inmensa mayoría de las personas de todos los tiempos y lugares han sido siempre religiosas.

Walter Block desea agradecer a William Barnett II y Guido Hülsmann por sus útiles sugerencias en referencia a un borrador anterior de este ensayo. Todos los errores, omisiones y otros desaciertos son de su propia responsabilidad, naturalmente.


Traducido del inglés por Antonio Canosa. El artículo original se encuentra aquí.

Print Friendly, PDF & Email