¿Dónde están las agencias de defensa rothbardianas?

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Desde hace algún tiempo, he pensado que un argumento libertario estándar contra la prohibición de las drogas irónicamente apoyaba el estatismo. En un reciente post del blog Gene Callahan (autor de una excelente introducción a la Economía Austriaca) ilustró mi punto de vista a la perfección: Callahan señaló al crimen organizado como un (supuesto) ejemplo de cómo se ven las agencias de seguridad de libre mercado. Primero voy a citar a Callahan para ver su punto de vista; a continuación, voy a explicar por qué está mal y cuál es el problema de los argumentos convencionales a favor de la legalización de las drogas.

Aquí está Callahan:

¿Desean que sus organismos de defensa sean privados?

Los tenemos y podemos ver exactamente cómo funcionan: se llaman carteles de la droga y su imagen no es muy bonita.

Las personas que compran y venden drogas ilegales (o sexo, o alcohol durante la Ley Seca) desarrollan sus actividades en un entorno en el que no pueden recurrir al Estado para hacer cumplir sus contratos, derechos de propiedad y así sucesivamente. Por lo tanto, deben hacer cumplir todo esto por su cuenta ¿Y cómo funcionan? En gran medida como pandillas sin ley.

Miren, no hay nada que les impida seguir un libro de Murray Rothbard, en términos de cómo comportarse. No hay nada que les impida la formación de acuerdos entre sí en cuanto a la manera de arbitrar pacíficamente sus disputas. (Bueno, excepto el hecho de que no tienen un estado al que acudir para hacer cumplir esos contratos, ¡Pero ese punto no va a ayudar mucho a los anarquistas!).

Pero podemos ver cómo se comportan realmente en su entorno. Esas son sus agencias de defensa en competencia, amigos. Ahí lo tienen en vivo y directo frente a sus ojos. Ustedes sólo tienen que tener el coraje moral para observar.

Como ya he dicho por adelantado, el error de Callahan aquí es perdonable, debido a que incluso muchos rothbardianos probablemente lo han cometido en discusiones sobre la prohibición. Así que permítanme entonces explicar dicho error intelectual, para volver a lidiar después con Callahan.

Todos tenemos la evidencia empírica en frente de nuestras caras de que la prohibición va mano a mano con el aumento de la violencia. Lo vimos en los EE.UU. claramente durante la prohibición del alcohol, con Al Capone y otros gángsters dirigiendo despiadadamente el comercio de licor cuando era ilegal. Estos fueron, sin embargo, reemplazado (por supuesto) por hombres de negocios legítimos una vez que fue legalizado. Sobre la base de este ejemplo histórico, los defensores actuales de la legalización de la marihuana, la heroína, la cocaína, etc. argumentarán que la violencia actualmente asociada con estas sustancias ilícitas se debe a la prohibición, no a la naturaleza de las drogas en sí.

Hasta ahora, todo bien. Pero el problema viene cuando el que propone la legalización quiere explicar por qué la prohibición de drogas va estrechamente ligada con la violencia.

Por lo general la respuesta es la misma, Callahan da en su cita anterior: Ya que no pueden acudir a la policía y tribunales proporcionados por el Estado para la protección de su propiedad, los traficantes de drogas no tienen más remedio que dispararse los unos a los otros y establecer una reputación de crueldad.

Sin embargo, esto no funciona. Lo deletree en profundidad en este post en Mises.org (EE.UU.), pero aquí está el remate: Hay todo tipo de ejemplos históricos y actuales de industrias y comerciantes no protegidos por el gobierno que, sin embargo, no están plagados de matones violentos. Por ejemplo, los pobres inmigrantes chinos que operan el servicio de lavandería o un restaurante en un barrio marginal, probablemente no obtengan mucha ayuda de la policía si se les roba. Así que hacen cosas como instalar un vidrio a prueba de balas y tomar otros procedimientos para garantizar la seguridad (relativa) de sus trabajadores. La relativa ausencia de protección policial y judicial no provoca que disparen a otras lavanderías.

En contraste, los traficantes de cocaína de Estados Unidos no pueden hacer semejante cosa. Sería muy fácil garantizar que los principales negocios de drogas nunca condujeran a un tiroteo, tan sólo si el gobierno se mantuviera al margen. Por ejemplo, los representantes podrían ir a un lugar neutral, propiedad de alguien con una reputación integra. El personal y los detectores de metales en las puertas asegurarían de que nadie entrara con fusiles AK-47 dentro del trato. Cada grupo podría incluso poner una fianza con el tercero, para garantizar el rendimiento y la calidad del producto. De hecho, una reunión presencial, ni siquiera sería necesaria.

Pero nada de eso es posible hoy en día, debido a que el gobierno interfiere activamente con el tráfico de drogas. Si alguna empresa se ofreciera a comprar un edificio y otorgar los servicios antes mencionados, los propietarios serían procesados por tráfico de drogas, y/o los traficantes de drogas que fueran al edificio serían presa fácil para la policía observando las puertas. Los vecinos verían a los narcotraficantes que operan a plena vista y se quejarían con la policía pidiendo que «haga algo», por lo que ni siquiera podrían hacer la vista gorda al tiempo que aceptan sobornos (como lo hacen ahora).

Así Callahan está simplemente equivocado (o al menos, muy confundido) cuando escribe: Miren, no hay nada que les impida seguir un libro de Murray Rothbard, en términos de cómo comportarse. No hay nada que les impida la formación de acuerdos entre sí en cuanto a la manera de arbitrar pacíficamente sus disputa”. El motivo por el cual agencias de defensa de buena reputación y amantes de la paz no surgen es que el gobierno las haría clausurar inmediatamente.

Si quieres apoyo académico, Ed Stringham ha escrito varios artículos revisados por colegas (y editado un libro entero) que muestra ejemplos históricos de los comerciantes y los clientes interactuando los unos con los otros en paz, incluso contando con sofisticados contratos financieros, allá por los días en que no había una autoridad política única para hacer cumplir sus acuerdos. Sin embargo, estos comerciantes de hace siglos no – se agredían («get medieval»[1])  los unos a los otros.

Ciertamente veríamos empresarios legítimos ejecutando organismos eficaces de defensa/protección en el mercado, si sólo el gobierno les permitiría operar. Señalar a las bandas organizadas de narcotraficantes como ejemplo de «libre mercado en los servicios de protección», es tan absurdo como ponerlas como ejemplo del “libre mercado de la producción de cocaína».


[1] Torturar físicamente o insultar a alguien mediante métodos arcaicos usualmente incluye el uso de herramientas de metal o tortura tradicional de la era feudal (ej. La inquisición)


El artículo original se encuentra aquí. Traducido del inglés por Mario Chávez.

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