Hoppefobia

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[Publicado originalmente en marzo de 1990, en Liberty vol. 3 No. 4, pp. 11-12].

La frenética y casi histérica reseña de Loren Lomasky de Una teoría del capitalismo y el socialismo (“El argumento desde el simple argumento”, septiembre de 1989) de Hans-Hermann Hoppe es una divertida si no inconsciente reivindicación del método de Hoppe en exponer “las contradicciones performativas” entre sus oponentes. Los argumentos reales de Lomasky contra Hoppe son escasos, pero la mayor parte de la reseña de Lomasky consiste, no en la argumentación, sino en la realización de dos ataques de ira: (1) que Hoppe es mal educado con los filósofos o economistas con los que no está de acuerdo, y (2) que Hoppe es poco académico.

Sin embargo, en la realización de estos dos ataques, Lomasky es una contradicción viviente. El lector de su reseña nunca lo sabrá, pero las críticas de Hoppe a sus opositores constituyen tan sólo dos o tres notas al pie de página de un libro de varios cientos de páginas. El grueso del libro establece la teoría deductiva positiva de Hoppe sobre económica y ética política. Esto explica por qué Hoppe no está pasando más tiempo refutando a Nozick, Locke, etc., que hace descender sobre él la ira de Lomasky. En realidad, es Lomasky el que desvaría y es grosero en su ataque a Hoppe. Contradicción performativa número uno.

El segundo ataque de Lomasky contra Hoppe es la falta de rigor académico, por la cual no perder tiempo con Nozick es una típica —e irrelevante— acusación. Pero, ¿qué pasa con el rigor académico de Lomasky, tal como evidencia su reseña? En primer lugar, está conmocionado y sorprendido de que Hoppe no sea simplemente un defensor del capitalismo existente; su libro es “no menos que un manifiesto a favor del anarquismo sin trabas”. Bueno, ¡cielos a Betsy! ¡Anarquismo! ¡Uno se pregunta dónde ha estado Lomasky durante los últimos 20 años! Tal vez el conocimiento todavía no ha penetrado en las fortalezas de Minnesota, pero el anarquismo ha sido una parte vibrante del diálogo libertario durante un largo tiempo, como la mayoría de los lectores de Liberty saben bien.

Lomasky luego continúa con un pequeño truco. Define muy correctamente el “socialismo” como la planificación central y la propiedad estatal de los medios de producción, pero luego se burla de Hoppe llamándolo “idiosincrático” por llamar a cualquier interferencia del gobierno en el libre intercambio como “socialístico”. Los dos, sin embargo, no son contradictorios. Gobierno total es socialismo; gobierno parcial es socialístico. Si Lomasky ha de leer alguna vez cualquier comentario sobre los dramáticos acontecimientos en Europa del Este, por ejemplo, sabrá a qué se refiere, muy apropiadamente, como los movimientos lejos del socialismo y hacia los mercados libres.

Lomasky también escribe como si la idea de un a priori de la argumentación sea una rara bizarría nueva propuesta por Hoppe. Parece que nunca ha oído hablar de la doctrina de Habermas-Apel, de la cual Hoppe es una extensión libertaria. Comparar los argumentos deductivos de Hoppe con los de Zeno o Anselmo también es no comprender el punto, ya que estos argumentos clásicos son demostraciones difíciles de refutar de conclusiones que la mayoría de nosotros consideramos absurdas, mientras que el de Hoppe es un argumento difícil de refutar para una conclusión que se supone que los libertarios consideran bienvenida: un argumento remachado en cobre a favor de los derechos absolutos de propiedad privada.

Absurdamente, Lomasky ataca los argumentos de Hoppe contra los bienes públicos (perdiendo completamente de vista el análisis sutil y prolongado de Hoppe) que dice que las acciones voluntarias y los intercambios son óptimos, mientras que las transacciones coercitivas dañan a las personas y son por tanto peores que óptimos. Una vez más, Lomasky actúa como si Hoppe acabara de llegar a una extraña tesis de su parte, pareciendo no haber oído hablar de muchas décadas de pensamiento libertario y de libre mercado que ha concluido de manera similar. Parece, en resumen, que Lomasky nunca ha oído hablar de los argumentos o doctrinas libertarias. ¡Hable acerca de la falta de rigor académico! Contradicción performativa número dos.

La reseña de Lomasky es un ejemplo interesante de lo que está llegando a ser un fenómeno bastante común: Hoppefobia. Aunque es un hombre personalmente amable, el trabajo escrito de Hoppe parece tener la notable capacidad para enviar a algunos lectores al paredón, aumentarles la presión arterial, haciéndolos murmurar y masticar la alfombra. No son los irrespetuosos ataques a los críticos lo que lo hace. Tal vez la respuesta es el modo lógico y deductivo del pensamiento y escritura de Hoppe, demostrando la verdad de sus proposiciones y exponiendo que aquellos que difieren son a menudo atrapados en la contradicción y la autorrefutación.

En los buenos viejos tiempos, esto era un estilo común en la filosofía, empleado por kantianos, tomistas, misesianos y randianos por igual. En la era moderna, sin embargo, este método de pensamiento y escritura ha ido pasando de moda en la filosofía, donde la verdad casi nunca se alcanza, y ciertamente nunca defendió de una manera deductiva. El modo moderno es utilitario, positivista, tangencial, orientado al rompecabezas, y pseudoempirista. Como resultado, los tipos positivistas modernos se han hecho flojos y complacientes, y leer a deductivistas duros —¡por no decir nada de los libertarios duros!— pega a estas personas con la fuerza de un golpe en el estómago.

Pues bien, ¡en forma, chicos! En la argumentación como en la política, aquellos que no pueden soportar el calor deductivista deben salir de la cocina filosófica o económica.


Traducido del inglés por Josep Purroy. Revisado y corregido por Oscar Eduardo Grau Rotela. El artículo original se encuentra aquí.

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