¿Por qué no soy keynesiano?

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Expresa  John Maynard Keynes en su libro (Teoría general del empleo, el interés y el dinero), que el  problema fundamental de las economías capitalistas es la falta de inversión, este problema puede expresarse en dos modos: a largo y a corto plazo.

1. A largo plazo: Según Keynes las economías capitalistas son incapaces de proporcionar pleno empleo en el largo plazo, esto debido a que a medida que pasa el tiempo cada vez habrá menos inversiones rentables, y las inversiones rentables serán cada vez menos rentables, es decir, Keynes cree que existe algo así como una «tasa de rendimiento decreciente»  para la inversión. Siguiendo el razonamiento keynesiano al haber menos gasto en inversión habrá menso fuente de empleo.

2. A corto plazo: Keynes se inventa algo llamado «animal spirits», según la cual, las tasa de inversión viene dada en gran medida por el estado de ánimo más que por el cálculo racional que hacen los agentes de las ganancias futuras de sus inversiones. Aquí la cita:

«Aún haciendo a un lado la inestabilidad debida a la especulación, hay otra inestabilidad que resulta de las características de la naturaleza humana: que gran parte de nuestras actividades positivas dependen más del optimismo espontáneo que de una expectativa matemática, ya sea moral, hedonista o económica. Quizá la mayor parte de nuestras decisiones de hacer algo positivo, cuyas consecuencias completas se irán presentando en muchos días por venir, sólo pueden considerarse como el resultado de los espíritus animales —de un resorte espontáneo que impulsa a la acción de preferencia a la quietud, y no como consecuencia de un promedio ponderado de los beneficios cuantitativos multiplicados por las probabilidades cuantitativas.»

Siendo pues la inestabilidad  de los inversores tan impredecible, se corre el riesgo de que un día de repente, todos (la gran mayoría) se vean afectados por expectativas negativas y se produzca un estado emocional depresivo donde no quieran invertir y entremos en una «depresión» económica.

En definitiva que la economía es cosa del estado de ánimo y no de números. Resumiendo, a largo plazo las inversiones serán cada vez menos y a corto plazo las inversiones son inestables porque son emocionales.

Propuestas

Las propuestas para este inconveniente son las siguientes:

1. A largo plazo: La ecuación económica de Keynes es la siguiente: D = C + I, donde Demanda es igual a Consumo más Inversión. Si estamos diciendo que la inversión será decreciente pues obviamente habrá que aumentar el consumo. La pregunta pasa a ser ¿y cómo se aumenta el consumo? Establecimos que las inversiones tienen a largo plazo una tasa de rendimiento decreciente, ahora toca establecer de qué depende el consumo. Según Keynes existe una «propensión marginal al consumo» por la cual la parte de la renta destinada al consumo es siempre menos según aumenta la renta de los agentes. Esto quiere decir que si usted es pobre lo que gasta en consumo será mayor en porcentaje de su renta a lo que gasta un rico.

Así pues, ya tenemos que las inversiones irán disminuyendo a medida que la economía prospera y ahora se une a la ecuación la disminución porcentual del consumo. El problema se hace doble así que en la ecuación anterior metemos otra variable para estabilizar la economía: el gasto del Estado, ahora tenemos que D = C + I + G. Este gasto del estado puede incluir el otorgamiento de privilegios legales (leyes proteccionistas) a empresas mediante monopolios para que estas pueden mantener su rentabilidad.

El hecho de que Keynes diga que se debe gastar en lo que sea sin importar la generación de riqueza que conlleva dicho gasto, indica que Keynes no le ve importancia a la generación de bienes que resulten de la actividad productiva, sino que lo importante es que haya actividad para crear empleo. En esta línea propone cosas que parecen de chiste como enterrar billetes en una mina para que la empresa privada invierta en desenterrarlos, construir catedrales, pirámides o si nos viene un terremoto pues mejor, ya que habrá que restaurar todo de nuevo.

En el caso de España podemos tener más que claro que esto fue lo que hizo el Estado en los últimos años. Todos recordaremos el Plan E, y todo el carrusel de gasto (hay mucho en youtube que puede ver aquí) que mejor llamar despilfarro a lo largo y ancho de toda España.

Vemos que estas propuestas de Keynes son un poco absurdas, cualquier persona creo que estará de acuerdo en que el proceso productivo debe producir cosas que la gente valore, cosas que la gente desee no cualquier cosa con la excusa de generar empleo.

Un lector un poco perspicaz habrá notado que esta tesis: de una economía dirigida en su inversión por el sector publico con la propiedad nominal de los medios de producción en manos privadas es propio del fascismo, de hecho, en la edición alemana de 1936 de su libro, Keynes escribe en el prologo lo siguiente:

«La teoría de la producción agregada, de la que trata el siguiente libro, puede sin embargo adoptarse mucho más fácilmente a las condiciones de un estado totalitario que la teoría de la producción y distribución de una producción dada llevada a cabo bajo condiciones de libre competencia y un alto grado de laissez faire. Ésta es una de las razones que justifica que llame a mi teoría una teoría general

Ha aquí vemos que Keynes es un amante del estado totalitario y enemigo de la libertad de los seres humanos, el creé arrogantemente que es más capaz de manejar el dinero de las personas mejor que ellas mismas.

Todo eso ya me parece demasiado horrible como para seguir creyendo en la Teoría de este señor, sin embargo veamos ahora que propone para el problema de corto plazo

2. El corto plazo

Recordemos que la ecuación es D = C + I + G.

Así como a largo plazo, el Gasto del Estado estabiliza la economía supliendo la bajada de inversión y la propensión marginal al consumo, a corto plazo es directamente el Consumo; por tanto el gobierno lo que debe hacer es estimular el consumo ¿cómo? pues bajando impuestos al consumo, lo cual ya empieza a ser contradictorio, pues que si para el largo plazo se necesita aumentar el gasto del Estado, es incompatible bajar los impuestos, porque precisamente de los impuestos es de donde sale el financiamiento para el gasto del Estado.

Otra acción a tomar es reducir las tasas de interés para motivar a la expansión del crédito, lo cual es otro error ya que esto lo que hace es generar burbujas como la inmobiliaria o mantener recesiones como la japonesa que ya tiene más de 20 años y la tasa de interés ha sido hasta negativa sin que eso resulte en una reactivación económica.

Otra propuesta de Keynes es aumentar los impuestos al ahorro e incluso la devaluación de la moneda (al estilo Venezuela que en enero de 2013 devaluó su moneda 50%).

Esta es la teoría de Keynes y sus propuestas, ahora nos centraremos en las criticas.

1. A largo plazo:

En este apartado quiero dividir la crítica en dos partes: La primera equivocación de Keynes es de diagnostico, es obvio que el capitalismo no tiene una tasa decreciente de rentabilidad para las inversiones, o en otras palabras, la rentabilidad del capital no decrece conforme a su acumulación.

Esto es fácil de ver, fíjese que la inversión viene financiada con capital, por simple lógica a mayor capital, mayor capacidad de inversión. Keynes parece creer que existe algo como un tope y por eso a medida que se avanza económicamente se reducen las oportunidades de inversión; cosa que es claramente falsa, pues el ser humano siempre tiene necesidades infinitas. Será más fácil encontrar oportunidades de ganancia en un país como Singapur que en un país como el Congo.

Además se debe tomar en cuenta que el capital no solo se compone de capital monetario sino también de bienes de capital y la acumulación de bienes de capital, la cual es otra forma de constituir generadores de riqueza. Un ejemplo es un aeropuerto; este tendrá rentabilidad siempre y cuando hayan aviones que quieran utilizarlo, de lo contrario el aeropuerto será algo ruinoso.

Otro aspecto importante es que cada vez hay más personas; no es «a largo plazo todos muertos», es «a largo plazo serán más», por tanto, siguiendo el principio de división del trabajo que realmente es división del conocimiento, mientras más personas existan más necesidades se crearan y más oportunidades de inversión se necesitaran.

Por tanto, el argumento central del libro de Keynes de que existe una rentabilidad decreciente para las inversiones es falso y contrario a la realidad que indica que siempre habrá más cosas en las que invertir a medida que haya más personas. Esta es la razón principal de porque las personas se van desde los campos a las ciudades y no al revés.

2. A corto plazo: Ciertamente es posible que de repente todos (la mayoría) los inversores dejen de invertir a la misma vez. Es lo que conocemos como depresión. Sobre todo cuando estalla una burbuja creada por el Estado; pero no es que hayan sido atacados por los «animal spirits» es que realmente no hay en que invertir porque las inversiones estaban canalizadas a los sectores que se sustentaban de la burbuja.

Cuando esto ocurre lo bueno no es aumentar el consumo, de hecho lo mejor que puede hacer el Estado es nada. Si los agentes económicos no tienen dónde invertir o no pueden invertir porque están sobre endeudados el gobierno debe dejar que ellos mismos seleccionen como sanear sus cuentas y pagar sus deudas.

Cada familia, empresa e individuo buscando sanear sus balances constituyen la salida de las crisis, cuando el Estado busca «balancear» la economía con propuestas como las de Keynes lo que hace es quitarle renta a los individuos mediante impuestos impidiendo que estos acomoden sus economías y por ende retrasando la salida de la crisis.

A manera de conclusión

Keynes como todo economista intervencionista se cree más listo que las personas para manejar mejor el dinero de ellas mismas, ¿que la gente no consume? pues lo propiciamos desde el Estado, ¿qué los inversionistas no invierten? pues damos privilegios mercantilistas, ¿qué no hay trabajo? pues constrúyase una pirámide.

El dinero donde mejor funciona para la sociedad es en manos de quien lo produce, sencillamente porque nadie como yo mismo sabe mejor que yo en que debo gastarme mi dinero y en el caso que las personas sean incompetentes manejando sus finanzas pues el gobierno no tiene porque meterse en eso.

Lo que queda de procesos productivos dirigidos por el Estado son productos que nadie desea, bien sea por construcción directa del Estado (como aeropuertos donde no se vuela, autopistas que no se utilizan etc) como los dirigidos por burbuja como las más de 800 mil viviendas que nadie puede comprar en España.

Por donde se mire estas propuestas Keynesianas son una aberración moral que parece una película de ciencia ficción, lo peor es que hay gente que lo apoya, sobre todo renombrados economistas ganadores de Nobel como Paul Krugman. En lo moral, ninguna persona (ni gobierno) tiene derecho a quitarle el dinero (mediante impuestos) a su dueño.

Todos los avances civilizadores de la humanidad, toda nuestra forma de vida y bienestar no se deben al Estado, todo se lo debemos al capitalismo, es decir, a las personas buscando su beneficio, produciendo e intercambiando sus productos.

Cada vez que el Estado vulnera los derechos de propiedad con la excusa de «por el bien común» perdemos un poco de civilización, esa que ha progresado tanto a ritmo inimaginable por generaciones anteriores en los últimos 200 años.

 

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