Un movimiento hacia el socialismo de mercado

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“Quieren que la gente juegue al mercado como los niños juegan a la guerra, los trenes o la escuela. No comprenden en qué se diferencias esos juegos infantiles de lo real que tratan de imitar” – Ludwig von Mises.

La reciente crisis financiera ha renovado el interés por viejos temas. La administración Bush ha anunciado planes para comprar 85.000 millones de dólares en acciones preferentes en lo que son (por ahora) instituciones financieras privadas, como Bank of America, J.P. Morgan, Wells Fargo y Morgan Stanley. El compromiso total del Tesoro se ha establecido en 250.000 millones de dólares. Aunque este movimiento por el Departamento del Tesoro en el sector financiero es único en la historia estadounidense, tiene precedentes en otros lugares y se ha debatido muchas veces.

Karl Marx propuso “la centralización el crédito en los bancos del estado, por medio de un banco nacional que capital estatal y monopolio exclusivo”. Años después, los llamados “socialistas del mercado”, como Oscar Lange, Abba Lerner y H.D. Dickinson, propusieron en control estatal sobre el crédito y el capital financiero. Aunque estos socialistas de mercado aceptaban el comercio y el uso de dinero en los bienes de consumo, se simularían los mercados para los bienes de capital y los mercados de capital financiero se verían completamente reemplazados por planificación centralizada. La inversión de capital estaría así determinada por los cargos oficiales, en lugar de por la competencia por fondos en los mercados financieros. Lange fue especialmente claro acerca de cómo determinaría el estado el tipo  y el patrón generales de la inversión de capital. Los cargos oficiales también determinarían el patrón de inversión, en lugar de capitalistas y empresarios con ánimo de lucro.

Ludwig von Mises y Friedrich Hayek defendieron al capitalismo de sus enemigos marxistas y socialistas de mercado. Mises atribuía especial importancia a los mercados financieros y las instituciones financieras privadas. Después de todo, son los mercados financieros los que determinan el tipo y patrón de la futura inversión de capital en el capitalismo.[1] Como el socialismo se define por el control comunal del capital, este sistema requiere control estatal de la inversión y las finanzas. Por tanto, socialismo significa reemplazar dividendos privados por dividendos sociales y tipos de interés por edictos. Toda especulación privada y crédito deben prohibirse si el capital se va a convertir realmente en propiedad comunal. El capitalismo funciona porque elimina automáticamente gestores ineptos de producción a través de la quiebra, mientras extiende un mayor control sectorial a los capitalistas competentes.

La eliminación de los mercados de bienes de capital y capital financiero introduce fuerzas arbitrarias y políticas en la determinación de la inversión de capital. En el capitalismo, los precios del dinero dirigen la inversión del capital. A los cargos socialistas les faltan necesariamente precios monetarios respecto de los bienes de capital, porque los mercados que forman esos precios son incompatibles con los objetivos e ideales socialistas. Los cargos socialistas no determinarían la inversión mediante cálculos racionales en términos de dinero, sino que estarán guiados por la conveniencia política.

El colapso de la Unión Soviética fue visto por muchos como un veredicto final sobre el socialismo como sistema económico. Cualquiera que fuera la idea que uno tuviera acerca de los ideales socialistas, el sistema se veía como inoperable. Aun así, en solo quince años, hemos llegado a un punto en el que está cerca de implantarse un sistema del tipo de Lange. Por supuesto, el gobierno federal ya tiene fuertes poderes regulatorios sobre instituciones financieras. La regulación de las finanzas estadounidenses introduce un elemento político en los mercados financieros. Sin embargo, la regulación federal de los mercados financieros pone al voto público en la situación de un participante activo en los mercados financieros. Con un gobierno limitado y laissez faire, los votantes son participantes pasivos en los mercados financieros. Por decirlo de forma sencilla, los la regulación cambia el papel, pero no la posición de los votantes y los grupos de interés en estos mercados.

La compra de acciones preferentes por el gobierno federal altera la posición de la ciudadanía general respecto de las instituciones financieras. Si se implanta, este plan trasladará a los ciudadanos votantes de la posición de participantes activos a la de accionistas reales. No está todavía claro si el gobierno federal sería un socio activo o silente en las mencionadas instituciones financieras.[2] Pero, dada la experiencia histórica, parece bastante improbable que la gobierno federal gane un interés de 250.000 millones de dólares en estas instituciones sin ejercer alguna influencia en sus operaciones. Parece probable que el público estadounidense se convierta en accionista activo en algunas de las instituciones financieras mayores y más importantes.

El plan de compras de Bush se implanta “para restaurar la confianza en el maltrecho sistema bancario”. La aproximación de Bush no es, sin embargo, la única posible. El Bank of East Asia también ha tenido dificultades. Cuando los depositantes empezaron a sacar dinero en masa, el magnate de Hong Kong, Li Ka-Shing, empezó a comprar acciones. Este movimiento de Li Ka-Shing restauró la confianza de los depositantes  e hicieron bien. El Bank of East Asia está bien capitalizado y tiene una mínima participación en Lehman y AIG. Por supuesto, Li Ka-Shing hizo este movimiento para beneficio personal, pero esto ayudó a estabilizar la situación financiera en Extremo Oriente. La aproximación de Hong Kong contrasta fuertemente con la nueva política de la administración Bush. Hong Kong defiende sus instituciones capitalistas permitiendo a los inversores privados ocuparse de la crisis actual, como debe ser. El capitalismo de libre mercado transformó a Hong Kong de una víctima de la Segunda Guerra Mundial atacada por la pobreza a su actual condición de prosperidad.

La administración Bush está yendo más allá de su bien establecido historial de intervención para implantar una socialización parcial de numerosas empresas financieras. Parece que estamos en una encrucijada. ¿Nos moveremos en la dirección del socialismo de mercado de Lange u optaremos por una mayor libertad y prosperidad?

“Quieren abolir el control privado de los medios de producción, el intercambio del mercado, los precios del mercado y la competencia. Pero al mismo tiempo quieren organizar la utopía socialista de tal manera que la gente pueda actuar como si estas cosas siguieran estando presentes”. – Ludwig von Mises.

Las perspectivas de evitar más pérdidas de libertad económica parecen pocas. El candidato presidencial Barack Obama ha declarado que la actual crisis financiera es el resultado de una desregulación que ha “hecho añicos” los necesarios controles regulatorios. Aunque la creencia de Obama en una reciente desregulación de los mercados financieros es incorrecta en la práctica, su reclamación de mayor regulación podría en realidad ser preferible al plan de la administración Bush de una socialización parcial de la banca y las finanzas.

El historial general de los mercados privados de capital es de un éxito económico sin precedentes. El capitalismo financiero ha aumentado los niveles de vida a alturas previamente inimaginables. La regulación pública de los mercados financieros ha causado problemas y contratiempos. De hecho, nuestra actual crisis se debe en buena parte a las rigideces de la Community Reinvestment Act y la política de tipos de interés de la Reserva Federal. Pero la regulación no ha invertido la tendencia general hacia una mayor prosperidad.

El historial de la inversión de capital controlada por el estado mediante banca e instituciones financieras propiedad del estado está igualmente claro, pero con resultados opuestos. La inversión socializada ha fracasado tan constantemente que uno debe preguntarse por qué la administración Bush afirma que su compra de bancos restaurará la confianza pública. ¿Por qué tendría alguien confianza en la capacidad de los gobiernos federales en dirigir asuntos de finanzas e inversión? Solo hace falta ver el déficit federal y la carga de derechos no financiados como la Seguridad Social para comprobar la ineptitud de la gestión financiera federal. Estamos en una encrucijada y, por desgracia, nuestro futuro rumbo lo marcan George W. Bush y Henry Paulson.

 


[1] Por ejemplo, ver Mises Socialism, an Economic and Sociological Analysis (1922), p. 121; 1949, p. 257.

[2] Las acciones preferentes generalmente no tienen los derechos usuales de voto de los accionistas. Sin embargo, algunas acciones preferentes permiten votar unos pocos asuntos clave y pueden ser convertibles en acciones comunes.


Publicado originalmente el 22 de octubre de 2008. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

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