Una defensa feminista de la pornografía

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“La pornografía beneficia a las mujeres, tanto personal como políticamente”. Esta frase abre mi libro “XXX: A Woman’s Right to Pornography”, y constituye una defensa más extrema de la pornografía con la que la mayoría de las feministas podría sentirse cómoda. Llegué a esta posición después de años de entrevistar a cientos de trabajadores sexuales.

Posiciones feministas

Las posiciones feministas sobre la pornografía en la actualidad se pueden dividir en tres categorías. La más común – por lo menos en el ámbito académico – es que la pornografía es una expresión de la cultura masculina a través de la cual las mujeres son explotadas y mostradas como mercancía. Un segundo punto de vista, la posición liberal, combina el respeto por la libertad de expresión con el principio de “cuerpo de la mujer, derecho de la mujer” y por lo tanto produce una defensa de la pornografía a lo largo de las líneas de “yo no la apruebo, pero todos tienen el derecho a consumir o producir palabras e imágenes”. Un tercer punto de vista – una verdadera defensa de la pornografía – surge de las feministas que han sido etiquetados como “pro-sexo” y que sostienen que la pornografía tiene beneficios para las mujeres.

Poco diálogo se produce entre las tres posiciones. Las feministas anti-pornografía tratan a las mujeres que están en desacuerdo, ya sea como incautas a quienes el patriarcado les ha lavado el cerebro o como apologistas de los pornógrafos. En la antología Sexual Liberals and the Attack on Feminism (1990) el editor Dorchen Leidholdt sostiene que las feministas que creen en que las mujeres tomen sus propias decisiones acerca de la pornografía están propagando “una mentira feliz” (p. 131). En la misma obra, Sheila Jeffreys sostiene que las feministas “pro-sexo” “erotizan la dominación y la subordinación. Wendy Stock acusa a las feministas defensoras de la libertad de expresión de identificación con sus opresores… “Al igual que los prisioneros de campos de concentración con sus carceleros” (p. 150). Andrea Dworkin, las acusa de dirigir una “raqueta de protección sexual” (p. 136) y sostiene que nadie que defienda la pornografía puede ser una feminista.

Las feministas liberales que están personalmente incómodas con la pornografía tienden a ser intimidadas para que se silencien. Las que deciden hablar, como la presidenta de la “American Civil Liberties Union” Nadine Strossen (en defensa de la pornografía) son ignoradas. Por ejemplo, Catharine MacKinnon se ha negado reiteradamente a compartir escenario con Strossen o cualquier mujer que defiende la pornografía. Las feministas “por-sexo” -muchas de las cuales son o ex trabajadoras sexuales- a menudo responden con ira en lugar de argumentos.

Dejando de lado las emociones, ¿cuáles son las cuestiones de fondo planteadas por cada perspectiva feminista?

Feministas anti-pornografía

Page Mellish de la “Feminists Fighting Pornography” ha declarado que “no hay cuestión feminista que no tenga sus raíces en el problema de la pornografía”. En su libro “Onli Words”, MacKinnon niega que la pornografía consista en palabras e imágenes, las cuales estarían protegidas por la Primera Enmienda. Ella considera a la pornografía -en sí misma- como un acto de violencia sexual. ¿Por qué la pornografía es vista tanto como el tema central del feminismo moderno y un acto inherente a la violencia? La respuesta está en la ideología feminista radical, que Christina Hoff Sommers llama “feminismo de género”.

El feminismo de género examina la historia y ve a una opresión ininterrumpida hacia las mujeres por parte de los hombres que se extiende por todas las barreras culturales. Para ellas, la única explicación posible es que los hombres y las mujeres son clases separadas y antagónicas cuyos intereses están opuestos necesariamente. Los intereses masculinos se expresan y son mantenidos por una estructura capitalista conocida como “patriarcado”.

La raíz del antagonismo es tan profunda que reside en la misma biología masculina. Por ejemplo, en el libro “Against Our Will” Susan Brownmiller señala lo inevitable de las violaciones en la época en que los hombres del Neandertal comenzaron a utilizar sus penes como armas. Brownmiller escribe: “Desde los tiempos prehistóricos hasta el presente, en mi opinión, la violación ha desempeñado una función crítica, es nada más y nada menos que un proceso consciente de intimidación por el cual todos los hombres mantienen a todas las mujeres en un estado de miedo”. Cómo Brownmiller ha adquirido este conocimiento sobre el sexo prehistórico no se conoce.

Otro principio de la opresión de género es que el sexo es una construcción social. Las feministas radicales rechazan lo que ellas llaman “esencialismo sexual” – la idea de que el sexo es una fuerza natural basada en la biología que inclina a las mujeres hacia tendencias naturales como la maternidad. Incluso, para las feministas radicales, sentir preferencias sexuales como la heterosexualidad, no es biológico. Surgen de la ideología.

Los hombres construyen la sexualidad de las mujeres a través de las palabras y las imágenes de la sociedad, lo que el filósofo francés Foucault llamó la “textos” de la sociedad. Después de dicha construcción, los hombres comercialización la sexualidad de las mujeres y la mercantilizan de nuevo en forma de pornografía. En otras palabras, a través de la pornografía el hombre define la sexualidad de la mujer- una definición que determina cada aspecto de su papel en la sociedad. Para acabar con la opresión, el patriarcado y sus textos deben ser destruidos.

Feminismo liberal

El feminismo liberal es una continuación del feminismo de los años ’60 que pedía igualdad con los hombres, quienes no eran opresores inherentes, sino más bien socios recalcitrantes que debían ser iluminados. La igualdad no significa destruir el sistema actual, pero sí reformarlo a través de medidas tales como la acción afirmativa. Bajo el principio liberal de “cuerpo de la mujer, derecho de la mujer” subyacen los argumentos que sostienen desde el derecho al aborto a las libertades de estilo de vida como el lesbianismo. El centro de la discusión está en el acto de elegir, en lugar de en el contenido de cualquier elección.

Las feministas liberales comparten la tendencia liberal general hacia la libertad de expresión, pero están en disputa en cuanto a la pornografía. Algunas organizaciones feministas liberales, como la Feminists for Free Expression (FFE) se han opuesto consistente mente a la censura en cualquiera de sus formas. Algunas feministas liberales como Sallie Tisdale (Talk Dirty to Me) han defendido firmemente la libertad sexual. Sin embargo, muchas feministas liberales frecuentemente razonan de esta manera: “como mujer me siento consternada por Playboy… pero como escritora entiendo perfectamente la necesidad de la libertad de expresión”.

Estos argumentos no son favorables a la pornografía. Ellas son anti-censura sobre la base de varios criterios, entre ellos: las grandes obras de arte y la literatura estarían prohibidas; la primera enmienda sería violada; la expresión política sería suprimida y una cultura creativa exige libertad de expresión.

Otras feministas liberales, que han aceptado muchos de los supuestos ideológicos de la posición anti-porno, parecen dispuestas a sacrificar la libertad de expresión por el bien de la protección de las mujeres. Por ejemplo, también condenan el libre mercado por la comercialización de mujeres como “partes del cuerpo”, lo cual degrada a la mujeres. En “A Capital Idea: un ensayo en defensa de la pornografía”, que a veces parece un ataque, Lisa Steel comenta:

“La representación sexista de las mujeres… Es todo parte del mismo sistema que, al servicio de los beneficios, reduce la sociedad a “grupos de consumidores”. Y el marketing es tan conservador como el militarismo… pagamos un alto precio por los “derechos” de unos pocos de obtener beneficios procedentes del resto de nosotros.”

Estas confusas y ambivalentes “defensas” a menudo ofenden a las trabajadoras sexuales que están destinadas a proteger.

Feminismo pro-sexo

Durante la última década, un número creciente de feministas -llamadas “pro-sexo”- han defendido la elección de la mujer a participar y consumir pornografía. Algunas de estas mujeres, tales como Nina Hartley, son actuales o ex-trabajadoras sexuales que conocen de primera mano que posar para la pornografía es una opción exenta de coacción que puede ser enriquecedora. Las feministas “pro-sexo” mantienen una interpretación coherente del principio de “cuerpo de la mujer, derecho de la mujer” e insisten en que cada elección pacífica que una mujer hace con su propio cuerpo debe obtener una protección jurídica completa, si no el respeto.

Los argumentos “pro-sexo” parece que a veces se superponen con los de las liberales feministas. Por ejemplo, ambos manifiestan su preocupación por quién actuará como censor, dado las palabras subjetivas, tales como “degradante” se interpretarán en el sentido que el censor desee.

La ley que vetaba a Margaret Sanger porque solía decir sífilis y gonorrea no es diferente, en principio, a la que interpreta la obscenidad hoy en día. No habrá protección, incluso por los clásicos del feminismo como “Nuestros Cuerpos, Nuestras Vidas” que proteja a una generación de mujeres con la primera visión explícita de su propia biología (sexualidad). Inevitablemente, la censura se utiliza en contra de los puntos de vista menos populares, en contra de los miembros más débiles de la sociedad… incluyendo a las feministas y las lesbianas. Cuando la Corte Suprema de Canadá decidió en 1992 proteger a las mujeres al restringir la importación de pornografía, una de las primeras víctimas fue la Librería lesbiana / gay “Glad Day”, que había estado desde hace tiempo en la lista negra de la policía.

Entre los libros incautados en las aduanas canadienses estuvieron dos libros de Andrea Dworkin, “Pornography: Men Possessing Women” y “Women Hating”. Este evento no debería haber sorprendido a Dworkin quien declaró en el programa “Take Back the Night” que “no hay una sola vida feminista que podría acudir al sistema legal machista para una real protección en contra del sistematizado sadismo masculino”. (p. 257).

En los peligros de censura a la pornografía es que las feministas pro-sexo y las liberales a menudo están de acuerdo. En los posibles beneficios de la pornografía para las mujeres es que se quiebra la unión.

Disección anti-porno

¿Las acusaciones lanzadas contra la pornografía se mantienen en pie después de examinarlas?

La pornografía es degradante para las mujeres.

Degradante es un término subjetivo. Me parece que los comerciales en los que las mujeres se erotizan sobre la espuma de jabón son tremendamente degradantes. Lo fundamental es comprender que cada mujer tiene el derecho de definir lo que es degradante y liberador para ella.

La degradación se asume, a menudo, vinculada a la “objetivación” de las mujeres: es decir, la pornografía las convierte en objetos sexuales. ¿Qué significa esto? Si se toma literalmente, no significa nada, porque los objetos no tienen sexualidad, los seres únicamente la tienen. Pero decir que la pornografía representa a las mujeres como un “seres sexuales” está basado en una pobre retórica. Por lo general, el término “objeto sexual” significa mostrar a la mujer como una parte del cuerpo, reduciéndola solo a objeto físico. ¿Qué hay de malo en esto? Las mujeres son tanto sus cuerpos como son sus mentes o almas. Nadie se molestaría si se representa a las mujeres solo como “cerebros” o solo como seres espirituales. ¿Si me concentro en el sentido del humor de una mujer y excluyo otras de sus características la estoy degradando? ¿Por qué es degradante centrarse en su sexualidad?

La pornografía lleva a la violencia en contra de las mujeres.

Una relación de causa-efecto se establece entre los hombres que miran pornografía y los hombres que atacan a las mujeres, especialmente en la forma de violaciones. Sin embargo, los estudios y los expertos no están de acuerdo en cuanto a si existe una relación entre la pornografía y la violencia, entre las imágenes y el comportamiento. Incluso el pro-censura Meese Commission Report admitió que los datos sobre la conexión entre la pornografía y la violencia no eran fiables.

Otros estudios, como el elaborado por la feminista Thelma McCormick en 1983 para el Metropolitan Toronto Task Force on Violence Against Women, no encontró un solo patrón para conectar la pornografía y los delitos sexuales. Increíblemente, el Task Force suprimió el estudio y reasignó el proyecto a un hombre “pro-censura”, que devolvió los resultados “correctos”. Su estudio sí fue publicado.

¿Qué pasa con el mundo real de la información? En Japón, donde la pornografía gráfica y brutalmente violenta está ampliamente disponible, las violaciones son mucho más bajas per cápita que en Estados Unidos, donde está severamente restringida la violencia en la pornografía.

La pornografía es violencia porque las mujeres son obligadas a hacer pornografía

Ni una sola de las decenas de mujeres presentadas en los materiales pornográficos con las que hablé reportaron haber sido forzadas. Ninguna conocía a alguna que lo hubiera sido. No obstante, no descarto las denuncias de violencia: cada industria tiene sus abusos. Y cualquier persona que utilice la fuerza o amenazas para que una mujer realice esto sin querer debe ser acusada de secuestro, asalto y / o violación. Las imágenes o películas de este tipo deben ser confiscadas y quemadas porque nadie tiene el derecho de beneficiarse de las ganancias de un delito.

La pornografía es violencia porque las mujeres que posan están tan traumatizadas por el patriarcado que no puede dar su consentimiento real.

Aunque las mujeres que trabajan en la pornografía parecen estar dispuestas, las feministas anti-porno saben que ninguna mujer psicológicamente saludable podría estar de acuerdo con la degradación que significa la pornografía. Por lo tanto, si el mutuo acuerdo parece estar presente, es porque las mujeres se han “enamorado de su propia opresión” y deben ser rescatadas de sí mismas. Una característica común de las actrices porno que he entrevistado es un amor por el exhibicionismo. Sin embargo, si una mujer declara su disfrute en hacer alarde de su cuerpo, las feministas anti-porno afirman que ella no es simplemente un ser humano único que reacciona desde una perspectiva o personalidad distinta, sino que ella está psicológicamente dañada y ya no es responsable por sus acciones. En esencia, se trata de una negación del derecho de la mujer a elegir cualquier cosa fuera del estrecho corredor de opciones ofrecidas por el pensamiento político/sexual correcto. El derecho a elegir depende de tener el derecho de hacer una “mala” elección así como la libertad de religión implica el derecho de ser ateo. Después de todo, nadie va a prevenir que una mujer haga lo que él piensa que ella debe hacer.

Una defensa pro-sexo

Como una feminista “pro-sexo” yo sostengo: la pornografía beneficia a las mujeres, tanto personal como políticamente. La pornografía proporciona información sexual al menos en tres niveles:

  • Ofrece una vista panorámica de las posibilidades sexuales del mundo. Esto es cierto incluso con la información sexual básica, tales como la masturbación. No es raro que haya mujeres que alcanzan la edad adulta sin saber cómo darse placer.
  • Permite a las mujeres experimentar “con seguridad” las alternativas sexuales y satisfacer una curiosidad sexual saludable. El mundo es un lugar peligroso. Por el contrario, la pornografía puede ser una fuente de iluminación en solitario.
  • Ofrece la información emocional que proviene sólo de experimentar algo ya sea directa o indirectamente. Nos proporciona un sentido sobre cómo se “siente” el hacer algo.

La pornografía permite a las mujeres disfrutar de escenas y situaciones que serían rechazadas por ellas en la vida real. Tomemos, por ejemplo, una de las fantasías más comunes reportados por las mujeres –la fantasía de “ser violada”. La primera cosa a entender es que una fantasía de violación no representa el deseo del acto real. ¿Por qué una mujer sana fantasía ser violada? Tal vez por perder el control, que también elimina todo sentido de responsabilidad y culpa por el sexo. Tal vez porque sea exactamente lo contrario del sexo amable y gentil que tiene ahora. Tal vez porque es halagador imaginar a un hombre particular que está tan abrumado por ella que la debe tomar. Tal vez porque es curioso. Tal vez porque ella tiene algunos sentimientos masoquistas que son ventilados a través de la fantasía. ¿Es mejor para las mujeres reprimirse?

La pornografía rompe los estereotipos culturales y políticos, por lo que cada mujer puede interpretar el sexo a su manera. Los anti-feministas les dicen a las mujeres que deben de avergonzarse de sus apetitos e impulsos. La pornografía les que deben aceptarlos y disfrutarlos. La pornografía puede ser una buena terapia. La pornografía ofrece una salida sexual para aquellos que -por cualquier motivo- no tienen una pareja sexual. Tal vez esté lejos de casa, recientemente viudo o aislado debido a alguna dolencia. Tal vez simplemente optan por estar solos. Las parejas también usan la pornografía para mejorar su relación. A veces lo hacen por su propia cuenta, ver videos y explorar juntos sus reacciones. A veces, las parejas van a una terapeuta sexual que les aconseja utilizar la pornografía como una forma de abrir la comunicación en el sexo. Al compartir la pornografía, las parejas son capaces de experimentar la variedad en su vida sexual sin tener que cometer adulterio.

La pornografía beneficia a las mujeres políticamente de muchas maneras. Históricamente, la pornografía y el feminismo han sido compañeros de viaje y aliados naturales. Aunque no es posible establecer una relación de causa-efecto entre el aumento de la pornografía y la del feminismo, ellos dos demandan las mismas condiciones sociales, a saber, la libertad sexual.

La pornografía es la libertad de expresión aplicada a la esfera sexual. La libertad de expresión es el aliado de aquellos que buscan el cambio: es el enemigo de aquellos que buscan mantener el control. La pornografía, junto con todas las demás formas de herejía sexual como la homosexualidad, debe tener la misma protección legal contra la herejía política. Esta protección es especialmente importante para la mujer cuya sexualidad ha sido controlada por la censura a través de los siglos.

Ver pornografía puede tener un efecto catártico en los hombres que tienen impulsos violentos hacia las mujeres. Si esto es cierto, la restricción de la pornografía elimina una barrera protectora entre la mujer y el abuso.

La legitimación de la pornografía protegería a las trabajadoras sexuales, que son estigmatizados por la sociedad. Las feministas anti-pornografía están realmente socavando la seguridad de las trabajadoras sexuales cuando las tratan como “las mujeres adoctrinadas”. La doctora. Leonore Tiefer, profesora de psicología, observa en su ensayo “On Censorship and Women”: “Estas mujeres han hecho un llamado de apoyo a las feministas, no el rechazo… Las trabajadoras de la industria del sexo, como todas las mujeres, se están esforzando para la supervivencia económica y tener una vida digna y, si el feminismo significa algo, significa hermandad y solidaridad con estas mujeres”.

El propósito de la ley

El debate sobre la pornografía está subrayado por dos puntos de vista radicalmente antagónicos sobre los efectos de su legitimización en la sociedad.

El primer punto de vista, que las feministas pro-sexo suscriben, es que la ley debe proteger la elección. “El cuerpo de la mujer, derecho de la mujer” se aplica a toda actividad pacífica que una mujer decida llevar a cabo. La ley debería entrar en juego sólo cuando una mujer inicia una agresión o inician el uso de la fuerza en su contra. El segundo punto de vista, a la que tanto los conservadores y las feministas anti-pornografía suscriben, es que la ley debe proteger la virtud. La ley debe entrar en juego cada vez que se ha producido una violación de la moralidad pública, o una violación de “los intereses de clase de las mujeres.”

Esta es una antigua disputa en nuevas batallas. La cuestión en juego en el debate sobre la pornografía es nada menos que el viejo conflicto entre la libertad individual y el control social.


Publicado originalmente en Free Inquiry magazine, Volume 17, Number 4. Traducido del inglés por Oskar Rosales K. Tomado de aquí.

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