Por qué a las personas religiosas se les hace difícil la economía

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Por años me ha desconcertado la pregunta de por qué los religiosos tienen tantas dificultades en llegar a un acuerdo con la economía. Este problema aplica solo a los religiosos modernos, porque fueron los católicos de España en el siglo 15 y 16 quienes sistematizaron la disciplina de la economía para empezar. Eso fue hace bastante tiempo. Hoy, la mayoría de lo escrito sobre economía en los círculos católicos es doloroso de leer. Las fallas se extienden en la derecha e izquierda, como es probable que aparezcan en publicaciones «progresivas» o «tradicionalistas». En las publicaciones de libros, el problema es tan dominante que es difícil revisar los nuevos lotes.

No es solo que los escritores, tan serios que podrían de otra manera ser en todo asunto de fe y moral, no saben nada de la teoría económica. El problema es aun más fundacional: La tendencia extendida es negar la validez de la ciencia misma. Es tratarla como una especie de pseudociencia inventada para frustrar los logros de la justicia social o el cumplimiento de una utopía moral o de fe. ellos por lo tanto desechan la disciplina completamente como olvidable y tal vez inclusive como malvada. Es casi como si todo el tema estuviese fuera del campo de la visión intelectual de ellos.

Aquí una teoría (con una deuda a Rothbard, Hoppe, Kinsella, y otros) sobre por qué esta situación persiste. Las personas que viven y trabajan principalmente dentro del medio ambiente religioso están tratando principalmente con bienes de naturaleza infinita. Estos bienes como salvación, la intercesión de los santos, rezos de naturaleza infinitamente replicable, textos, imágenes, y canciones que constituyen bienes no escasos, que naturalmente no requieren racionamiento, asignación, y elecciones sobre su distribución.

Ninguno de estos bienes toman espacio físico. Uno puede hacer copias infinitas de ellos. Pueden ser usados sin desplazar otros casos del bien. Ellos no se devalúan con el tiempo. La integridad de ellos se mantiene intacta sin importar cuantas veces se usen. Por eso no requieren economización. Por esa razón, no necesitan normas de propiedad concernientes sobre su uso. Ellos no necesitan tener un precio. No hay problemas asociados con su asignación racional. Ellos son lo que los economistas llaman «bienes libres».

Si uno existe, vive, y piensa principalmente en el campo de los bienes no escasos, los problemas asociados con la escasez — el campo que le preocupa a la economía — siempre será elusivo. Solo para asegurar, podría parecer extraño pensar cosas como la divinidad, ideas, rezos, e imágenes como bienes, pero este término simplemente describe algo importante que es deseado por las personas. (Hay cosas también que podríamos describir como no bienes, los cuales son cosas que nadie quiere). Entonces no es un punto de controversia usar este término. Lo que requiere explicación es la descripción de rezos, divinidad, textos, imágenes y música como bienes no escasos que no requieren economización.

Así que vamos a retroceder y considerar las diferencias entre bienes escasos y no escasos. El término escasez no se refiere con precisión a la cantidad de bienes en existencia. Se refiere a la relación de cuantos de estos bienes están disponibles relativo a la demanda de bienes. Si el número disponible a precio cero es menor que las personas que lo quieren por cualquier razón, pueden ser considerados bienes escasos. Significa que hay un límite en el número que puede ser distribuido, dado el número de personas que lo quieren.

La escasez es la característica definitiva del mundo material, el hecho ineludible que da lugar a la economía. Mientras vivamos en este valle de lágrimas, no habrá un paraíso. Habrá menos de todo lo que se usaría si todos los bienes fuesen superabundantes. Esto es verdad independientemente de qué tan próspero o pobre sea una sociedad; en la medida en que las cosas materiales sean finitas, necesitarán ser distribuidas bajo algún sistema de racionalización — no uno diseñado por alguien, sino uno que emerja del curso de los intercambios, producción y economización. Este es el núcleo del problema económico que la ciencia económica busca dirigirse.

Es casi imposible pensar en un bien finito que sea no escaso. Podemos inventar un escenario, talvez, como dos personas viviendo en el paraíso rodeados por un océano de bananas. En este caso, las bananas serían un bien no escaso. Ellas pueden ser comidas y comidas por siempre, con tal de que las bananas no se estropeen. Otra condición es que no puede haber libre intercambio entre el paraíso y el resto del mundo, sino uno de los habitantes podría tener la brillante idea de arbitrar entre las bananas no escasas en el paraíso y las bananas escasas en cualquier otro lugar. En este caso, las bananas obtendrían un precio y serían llamadas bienes escasos, no bienes no escasos.

En el mundo real fuera del paraíso de bananas, los bienes no escasos tienen una naturaleza especial. Una característica es que ellos típicamente son replicables sin límites, como archivos digitales o la inspiración que uno recibe de un icono que puede ser copiado sin límites.

Como ejemplo, considera el caso de los panes y los peces, un incidente de la vida de Jesús grabado por todos los cuatro escritores del evangelio. Jesús está hablándole a las multitudes, y a los oyentes les aumenta el hambre. Los apóstoles solo tienen 5 panes y dos pescados: estos son bienes escasos. Ellos pudieron haberlos lanzados al aire y crear un motín por quién consigue qué. Ellos pudieron haber abierto un mercado y venderlos como comida por un precio bastante alto, racionalizándolos por los medios económicos. Ambas soluciones hubiesen producido resultados escandalosos.

En vez de eso, Jesús tuvo una idea diferente. él convirtió los trozos de comida en bienes no escasos al hacer copias de la comida escasa. Las multitudes comieron y quedaron llenas. Después la comida evidentemente volvió a ser un bien escaso, porque la historia termina con Jesús instruyendo a sus discípulos a recoger lo que quedaba. ¿Por qué recoger lo que es no escaso? Claramente, el milagro tuvo un principio y un fin.

La historia describe con finura las diferencias entre un bien escaso y uno no escaso. Jesús frecuentemente usaba esta distinción en sus parábolas, las cuales son en mayoría historias sobre el mundo escaso contadas con el fin de llamar la atención sobre verdades del mundo no escaso. Piensa en los comerciantes que compraron perlas a un precio bajo y las vendieron a un precio alto. Un día él descubre la perla del mayor valor posible, y vende todo lo que tiene solo para comprarla y guardarla. La perla, por supuesto, representa salvación y el amor de Dios — bien no escaso, porque hay suficiente para todo el que lo desee.

De hecho estamos rodeados todo el día por bienes no escasos exactamente iguales como los panes y los pescados. Todas las ideas son de esta naturaleza. Se me puede ocurrir una idea y compartirla contigo. Puedes poseerla, pero al hacerlo, no me despojas de la idea. En vez, tienes una réplica de ella — tan real e intacta como la versión original. Las palabras son de esta forma: no necesito interpretarlas para guardar algunas para mí mismo. Las melodías en la música son así también. Yo puedo cantarte una melodía, y tú puedes repetirla, pero esta acción no me despoja de la melodía. Una copia perfecta está hecha, y pueden hacerse y hacerse varias veces hasta el infinito.

Esto es completamente diferente a la forma en que las cosas funcionan en el reino de los bienes escasos. Digamos que te gustan mis zapatos y los quieres. Si me los quitas, ya no los tendré más. Si los quiero devuelta, tengo que quitártelos. Hay una rivalidad de suma cero sobre el uso de los bienes. Eso significa que debe haber algún tipo de sistema para decidir quién puede poseerlos. No significa absolutamente nada declarar que debería haber algo llamado socialismo para mis zapatos para que toda la sociedad pueda de alguna forma poseerlos. Es objetivamente imposible que esto pase, porque los zapatos son un bien escaso. Por esto el socialismo es una total fantasía, una tierra de sueños insignificante sobre los bienes escasos.

La diferencia entre bienes escasos y no escasos ha sido conocida desde hace tiempo dentro del ambiente cristiano. San Agustín fue retado para explicar cómo es que Jesús podía hablar por el Padre en el cielo a pesar de que el Padre estaba separado. Él respondió que hay una naturaleza especial de no escasez asociada con las palabras para que así el hijo pueda hablar las mismas palabras y poseer los mismos pensamientos que el Padre.

Esto es verdad en la tierra también, continuó Agustin:

Las palabras que estoy pronunciando penetran tus sentidos, para que cada oyente las tenga, y todavía no son retenidas para nadie más. …no tengo que preocuparme de que, al darlas todas a alguien, los otros serán privados de ellas. Espero, en vez, que todos consuman todo; para que, sin negar un oído o una mente, puedas tomarlas todas para ustedes mismos, y todavía dejar todo para todos los demás. Pero para los fallos individuales de la memoria, todo el que ha venido a oír lo que tengo que decir puede tomar todo, cada uno en su forma individual.

Diciendo estas cosas, Agustín estaba tanto establecido y siguiendo una tradición que prohibía la compra y venta de bienes no escasos. El código del Halajá judío prohíbe a un rabino o profesor ganar de la diseminación del conocimiento del Torah. Él puede cobrar por su tiempo, el uso de un edificio, los libros, etcétera, pero no el conocimiento mismo. El Torah supuestamente tiene que ser un «bien libre» y accesible a todos. De esta idea también viene la prohibición sobre la simonía del cristianismo.

La norma moral es que los bienes no escasos deben ser libres. No hay un límite físico para su distribución. No hay conflicto sobre su propiedad. Ellos no tienen que ser objeto de racionamiento. Esto no es verdad con respecto a los bienes materiales

Para entender un poco más esto, intentemos con un escenario alterno en donde un bien no escaso como la salvación (no escaso porque es infinitamente replicable) es en realidad un bien escaso que debe ser racionado. Digamos que Jesús no ofreció salvación a todos sino ha restringido el número de unidades de salvación a un exacto de 1000. Él procede a poner en cargo de asignarlas a sus apóstoles. (Cuando mencioné esto a un amigo no creyente, dijo: «¿Quieres decir como tickets al paraíso? Compré cinco de esos en una mezquita en Istanbul»).

Los apóstoles inmediatamente se hubiesen confrontado a un problema serio. ¿Los darían todos de inmediato o los dispensarían todos durante el curso de un año, o diez años? Tal vez sospecharían que el mundo duraría otros 100 años; podrían limitar la distribución de salvaciones a solo diez por año. O tal vez ellos necesiten reservarlas para que duren 1000 años. Indiferentemente, tendría que haber reglas y normas gobernando cómo serían distribuidas. Tal vez esto estaría basado en demostraciones personales de virtud, de pago monetario, de linaje familiar, etcétera.

Sin importar cuales sean los resultados, la historia de la cristiandad hubiese sido muy diferente si Jesús no hubiese hecho de la salvación un bien no escaso, pero en vez hubiese limitado la oferta y encargado a la iglesia con la asignación. No habría liberalidad en regar el evangelio. Olvídate de todo el asunto de ir al fin de la tierra o convertirse en pescadores de hombres. Bajo una oferta limitada, la salvación no hubiese podido ser replicada. Si, por ejemplo, los apóstoles eligen a una persona 1001 para ser salvada, la vida eterna se le quitaría a la primera persona que la recibió.

Esto pudiese sonar absurdo y hasta aterrador, pero esta misma situación es la que persiste en todos los bienes materiales del mundo real. Todas las cosas escasas están establecidas, y todas las cosas deben ser asignadas. Inclusive bajo condiciones de alto crecimiento económico y rápido progreso tecnológico, todos los bienes en existencia en cualquier momento son finitos y no pueden distribuirse sin normas o derechos de propiedad, para que no haya una guerra de todos contra todos. Otro factor de producción es que el tiempo es escaso, y esto también debe ser asignado bajo algunos medios.

Resulta que la salvación es en realidad un bien no escaso disponible a todo aquél que lo busque. Como lo es la intercesión de santos. Nadie falla en preguntar por la intercesión de un santo, pero nadie sabe por hecho si alguien más está empleando ese santo en ese momento. No, nosotros correctamente asumimos que los santos no tienen límites en su tiempo para los rezos. En efecto, la ilimitación de la salvación es el prototipo para todas las formas de bienes no escasos como la música, textos, imágenes y enseñanzas.

Pero considera a las personas que han dedicado sus vidas al trabajo de estos bienes no escasos. Uno puede fácilmente imaginar que ellos encuentran inmenso poder y gloria en estos bienes. Yo ciertamente lo hago. Existen las cosas a la que toda persona religiosa ha dedicado su vida. Esto es algo fantástico — y verdaderamente, sin bienes no escasos, toda la civilización se derrumbaría al nivel de los animales.

Al mismo tiempo, el mundo no solo consiste de bienes no escasos. Los problemas económicos tratan con los asuntos de bienes escasos. Y esto es igual de importante para el florecimiento de la vida en la tierra. Todas las cosas finitas son objetos de las leyes económicas. No debemos a atrevernos a ignorarlas ni ignorar el sistema de pensamientos que busca explicar su producción y distribución. Observa que las parábolas de Jesús tratan con ambos mundos. Al igual como debemos hacerlo todos nosotros.


Traducido por Pedro García, el original puede verse aquí.

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