Derecho natural clásico y teoría libertaria

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3818[”Derechos naturales y derecho de la vida: hacia una integración de Rothbard y Leoni”. De Property, Freedom and Society: Essays in Honor of Hans-Hermann Hoppe]

Si el libertarismo quiere abandonar las categorías políticas modernas, tiene que pensar en el derecho de una forma distinta. Murray N. Rothbard, el exponente más importante de la escuela libertaria radical, tiene razón cuando rechaza el historicismo y relativismo del realismo legal y cuando (por las mismas razones) critica a Hayek y Leoni.

Pero por desgracia no entiende realmente la función de la evolución en el derecho natural clásico. Además, su idea de crear un código libertario es completamente inconsistente con sus frecuentes referencias a la herencia legal griega y cristiana.[1]

En For a New Liberty, Rothbard apunta que la historia de una ley cambiante y en evolución puede ser útil para encontrar reglas justas: “sin embargo, como tenemos un cuerpo de principios de derecho común sobre el que trabajar, la tarea de la razón en corregir y enmendar el derecho común sería mucho más sencilla que tratar de construir un cuerpo de principios legales sistemáticos de novo a partir de la nada”.[2]

Pero la relación entre derecho común y derecho natural debe verse de una forma diferente. El derecho común no es solo una herramienta interesante para descubrir el derecho natural: tiene su papel concreto. El derecho positivo necesita interactuar con principios del derecho natural, pero ni siquiera estos últimos pueden ser considerados como autosuficientes.

Además, en su defensa de la racionalidad, Rothbard no se da cuenta de que el derecho no puede verse completamente dentro del marco praxeológico, que es axiomático y deductivo. La división de teoría e historia pone a algunas disciplinas en oposición a otras, pero sobre todo hace una distinción dentro de cada campo individual de estudio.

Por ejemplo, la economía es una ciencia teórica si se considera como economía política, pero es una actividad histórica y empírica si analiza lo que ocurrió en el pasado.[3] También esto es verdad para los estudios legales, porque tienen una parte teórica, pero, al mismo tiempo, incluyen muchos otros aspectos que, por el contrario, son históricos y no pueden examinarse utilizando métodos lógicos y a priori.

En sus escritos metodológicos, Rothbard ditingue entre empirismo y  experiencia y remarca que el rechazo del primero no implica una devaluación de la segunda. Cuando critica a Mises por su aproximación kantiana, encuentra exactamente en la experiencia humana el origen principal de los axiomas, las verdades fundamentales que son el punto de partida de una teoría basada en la lógica deductiva.[4] Pero ante la ley, Rothbard parece minimizar la dimensión contextual y no teórica de una gran parte de las controversias legales y especialmente del derecho positivo.

Utilizando el marco tomista. En este ensayo resaltaré la importancia de la lex naturalis, destacando al mismo tiempo una lex humana profundamente enraizada en la complejidad de distintas eras y sociedades, relacionada con la subjetividad y especificidad de opiniones que no pueden examinarse fructíferamente mediante una aproximación praxeológica. Muchos problemas, e incluso algunas inconsistencias de la teoría rothbardiana, son consecuencia de ello.

Más aún, la forma en que Rothbard se ocupa de los argumentos de la causalidad y la responsabilidad muestra una comprensión inadecuada de la antropología de la Escuela Austriaca, que parte de un estudio de la acción humana (intencionada y racional) y no por un simple análisis de conductas.

Al integrar el libertarismo rothbardiano con el derecho positivo, una importante contribución proviene de Bruno Leoni, que el La libertad y la ley y otros escritos desarrollaba una contribución original al liberalismo clásico. El intelectual italiano puede ayudar a mejorar algunas partes de la teoría libertaria del derecho de Rothbard. Si el autor de The Ethics of Liberty está mucho más apegado al derecho natural y es incluso menos ingenuo ante la Wertfreiheit,[5] Leoni puede corregir algunas limitaciones de la aproximación rothbardiana y su incapacidad de percibir la especificidad del derecho: una ciencia práctica y en buena parte empírica, ubicada históricamente y orientada esencialmente a encontrar soluciones razonables para casos muy concretos.

Si la filosofía del derecho tiene que investigar los principios eternos e inmutables de la justicia, la investigación jurídica debe encontrar su mejor traducción de éstos para los problemas concretos de una sociedad. Por esta razón, tomar en serio a Leoni significa imaginar un punto de encuentro de la doctrina del derecho natural y los requisitos de un derecho positivo como una realidad en evolución. E implica un esfuerzo por transferir al contexto legal la metodología misesiana  y su separación radical de teoría e historia: la esfera de los estudios axiomáticos y deductivos (praxeología) y la esfera de la investigación basada en la experiencia (historia).

Tenemos que recordar que la atención concreta a las características históricas y evolutivas de las órdenes legales ha sido un elemento crucial en la Escuela Austriaca desde sus orígenes. En su El método de las ciencias sociales, Carl Menger alaba a la Escuela Histórica de Jurisprudencia (Gustav Hugo, Friedrich Carl von Savigny, Barthold Georg Niebuhr), cuyos orígenes se remontan a Edmund Burke.

Menger también destaca el contenido individualista de la ley evolutiva con el objetivo de ayudar a la tradición liberal clásica a redescubrir sus raíces perdidas:

el derecho, como el lenguaje, no es (al menos originalmente) el producto en general de una actividad de las autoridades públicas dirigido a producirlo, ni es en particular el producto de una legislación positiva. Es, por el contrario, el resultado no pretendido de una sabiduría superior, del desarrollo histórico de las naciones.[6]

Es exactamente en este sentido en el que podemos entender la preferencia de Leoni por la ley evolutiva (derecho anglosajón y ius civile romano): una ley no orientada a preservar la tradición o el orden espontáneo por sí mismo. Por el contrario, Leoni piensa que un orden policéntrico y evolutivo está en una mejor posición para salvaguardar los derechos individuales. Las reglas que derivan del intercambio interpersonal de reclamaciones son herramientas que pueden proteger eficazmente a la sociedad frente a los gobernantes.

Como estudioso de la historia legal inglesa, Leoni muestra un fuerte interés en el derecho natural común que estaba en el centro de la perspectiva de Edward Coke. De hecho, en esa teoría la ley no expresa una actitud antirracionalista, sino que, por el contrario, encarna a la razón natural apareciendo de una forma evolutiva. Esta cultura legal se mejora con distintas contribuciones (prácticas, pragmáticas, profesionales) de mucha gente. De esta forma, la ley es la consecuencia de una actividad humana orientada a la mejora de la realidad utilizando inteligencia y experiencia.

Al criticar los sistemas legales modernos, Leoni destaca que:

hay mucha más legislación, hay muchas más decisiones en grupo muchas más alternativas rígidas y muchas menos “leyes escritas en tablas vivas”, muchas menos decisiones individuales, muchas menos alternativas libres en todos los sistemas políticos contemporáneos de las que serían necesarias para preservar la libertad de elección individual.[7]

Aunque nunca se adscribió a una teoría coherente de derecho natural, Leoni intentó una especie de reconciliación de derecho natural y realismo legal (derecho positivo correctamente entendido), explorando la posibilidad de conjugar la flexibilidad del antiguo derecho común con los justos principios de una teoría moral universal.

Leoni tenía un fuerte interés en la exploración de las potencialidades libertarias de una perspectiva similar. En sus escritos, hay muchos elementos de un libertarismo radical rechazando cualquier coacción. Cuando algunos participantes en el seminario de Claremont sobre La libertad y la ley le preguntaron quién debería elegir a los jueces en una sociedad libre, respondió: “es bastante indiferente establecer por adelantado quién nombraría a los jueces, pues, en cierto sentido, todos podrían hacerlo, como ocurre en cierto modo cuando la gente recurre a árbitros privados para resolver sus propias disputas”.[8]

En su opinión, el sistema el sistema estatista contemporáneo debería desaparecer, dejando paso a un orden competitivo de tribunales privados. La convergencia de Leoni y Rothbard es evidente a muchos niveles, porque ambos imaginan el final del monopolio del estado en la justicia y la seguridad, con el fin de abrir el camino a la competencia institucional entre la gente al cargo de evitar comportamientos criminales.[9]

También por esta razón, la teoría libertaria rothbardiana puede encontrar en Leoni y, sobre todo, en su comprensión del derecho la forma de superar sus dificultades teóricas y prácticas.

De la praxeología a la timología: El papel del derecho positivo

En su desempeño diario, el derecho se remonta a principios, pero al mismo tiempo afecta a disputas modestas, pero no despreciables. El razonamiento legal vive esencialmente en este contexto pragmático y deja los asuntos concretos de derecho natural en el trasfondo.

En el pensamiento de Mises hay una noción que nos es extremadamente útil para comprender la relación entre teoría y práctica en el derecho. De hecho, en Theory and History, contrapone praxeología a timología, que está en relación estrecha con la historia.[10] La timología es una rama de la historia y “deriva su conocimiento de la experiencia histórica”.[11] Representa ese grupo de conocimiento empírico de carácter psicológico, sociológico e incluso factual que usamos para encontrar nuestro camino en las relaciones con otra gente. Esta “psicología letrada” es la condición de un comportamiento racional: “a falta de cualquier herramienta mejor, debemos recurrir a la timología si queremos anticipar las actitudes y acciones futuras de otra gente”.[12]

Cuando Leoni vuelve a la tradición de realismo legal (al derecho en acción que Roscoe Pound contrapone al derecho en libros) y comenta una correspondencia entre derecho positivo y lo que es previsible (utilizando a menudo la fórmula id quod plerumque accidit),[13] destaca que la ley positiva es siempre inteligible en una perspectiva timológica. En este propósito explícito de aplicar la metodología misesiana al derecho, Leoni descubre una dimensión praxeológica (la parte más teórica, coincidiendo con el análisis de las demandas individuales y su interacción), pero también otra dimensión timológica (completamente dependiente de la experiencia, las opiniones comunes y las tradiciones).

Su idea es que la ley positiva tiene una estrecha relación con las costumbres. Como actividad práctica, la ley debe reducir la incertidumbre: es por esta razón por la que una demanda de un acreedor es legal, porque generalmente un deudor devuelve lo que ha recibido, mientras que la demanda del ladrón es ilegal, porque generalmente la gente no roba. El análisis probabilístico es puramente empírico, pero no irracional. Nuestro comportamiento se deja llevar muy a menudo por la racionalidad de nuestras experiencias pasadas y nuestros prejuicios.

En este sentido, la teoría leoniana de las demandas individuales es al mismo tiempo praxeológica y timológica.

Es praxeológica porque indica de forma deductiva las condiciones teóricas del intercambio y la reunión de distintas demandas individuales. Cuando, en sus escritos, contrapone el punto de vista de los profesionales legales (alejándose de las normas) y la perspectiva de los filósofos (interesados en el origen de las reglas), su objetivo es rechazar el positivismo prevalente en la teoría legal.

Tiene el proyecto de comprender las categorías a priori (al estilo de Reinach) encuadrando todas las órdenes legales. Cuando considera a la demanda individual como el punto de partida de una relación jurídica, Leoni piensa que ha entendido un dato universal: su “ley de la oferta y la demanda”. Si los precios derivan del encuentro de las acciones de gente ofreciendo y demandando, las normas son el efecto de la interacción de distintas demandas. Hay una regularidad universal y, a partir de esto, también desarrolla sus comentarios teóricos (praxeológicos) acerca de la relación entre legislación y ley viva, certidumbre y derecho y así sucesivamente.

Pero (como en Mises) la evaluación positiva de la praxeología no implica una opinión negativa de la historia o de la competencia de los juristas. Por el contrario, Leoni tiene la ambición de describir los papeles distintos pero relacionados de todas las esferas.

Por esta razón, su teoría es en buena parte timológica cuando comenta que, si es cierto (como dice Mises) que “la timología no dice sino que el hombre se mueve por distintos instintos innatos, distintas pasiones y distintas ideas”,[14] entonces es evidente que las normas se aceptan cuando satisfacen las demandas, los principios y los deseos ampliamente compartidos en una sociedad concreta y los profesionales del derecho están exactamente bien informados acerca de este entorno peculiar y “local”. Cuando Leoni destaca las cualidades del ius civile y el antiguo derecho común, pretende destacar el papel de los juristas y de toda la gente dedicada a la solución de disputas específicas y concretas.

Derecho positivo e historia

Es un punto muy importante en buena parte de la tradición filosófica. Los principales pensadores griegos y medievales fueron claros respecto del enlace entre derecho natural (universal) y la dimensión contingente (definida históricamente y, lato sensu, subjetiva) de situaciones que solo podemos entender en contextos concretos, como resultado del cruce de preferencias individuales.

Por ejemplo, en Aristóteles queda claro que hay algunos principios universales juzgando toda ley positiva. Este pasaje es muy expresivo en este aspecto:

La ley universal es la ley de la naturaleza. Pues en ella hay realmente, como adivina cualquiera en cierta medida, una justicia e injusticia natural que afecta a todos los hombres, incluso a quienes no tienen asociación o pacto entre sí. Es esto lo que la Antígona de Sófocles quiere decir cuando dice que el entierro de Polinices fue un acto justo a pesar de la prohibición: dice que era justo por naturaleza.

No lo es hoy o ayer,

Sino que es eterna: nadie puede datar su nacimiento.[15]

Al mismo tiempo, Aristóteles sostiene la opinión de que “hay dos tipos de conducta correcta e incorrecta hacia otros, una ofrecida por las ordenanzas escritas, la otra no escrita”. En el segundo grupo, una clase “deriva de la bondad o maldad excepcionales” y está relacionada con el honor, la gratitud, la amistad, etc. Pero la otra “aparece por los defectos de un código legal escrito de una comunidad. Es lo que llamamos equidad”. Esta noción aristotélica de equidad es muy importante. Y, al mismo tiempo, tenemos que percibir la relación entre esta idea de equidad (“el tipo de justicia que va más allá de la ley escrita”)[16] y la idea de phronesis, como prudencia y sabiduría práctica.

Equidad y phronesis no destruyen el derecho natural universal, pero nos dan una vía para entender cómo puede ser posible atender algunas situaciones (difíciles). Podemos establecer un puente del derecho natural y derecho positivo de nuestra relación (imperfecta) con los demás. La percepción de los límites humanos y la complejidad del mundo nos impulsan a apreciar el conocimiento preservado por un complejo sistema de nociones legales, desarrollado durante siglos de historia legal.

Para Aristóteles, estaba claro que un método puramente deductivo no sería suficiente para satisfacer nuestras exigencias.

La lección de Aquino se mueve en la misma dirección, como queda claro en su distinción entre Ley Natural (Lex naturalis) y Ley Humana (Lex humana). Si los principios morales de la ley natural son inmutables y pueden investigarse racionalmente partiendo de algunos axiomas sólidos, la ley humana es la consecuencia de contingencias culturales e históricas. Como dice la Summa Theologiae: “la ley natural contiene ciertos preceptos universales que son eternos, mientras que la ley humana contiene ciertos preceptos particulares de acuerdo con distintas contingencias”. Al mismo tiempo “nada puede ser absolutamente inmutable en cosas que están sujetas a cambio. Y, por tanto, la ley humana no puede ser totalmente inmutable”.[17]

Aquino añade que “la costumbre tiene fuerza de ley, deroga la ley y es intérprete de la ley”.[18] Acepta la ley consuetudinaria porque tiene la aprobación de los individuos: “porque, por el mismo hecho de que la toleran, parecen aprobar lo que se ha introducido por costumbre”.[19] Esta ley que se disuelve en costumbre no es derecho natural, porque Aquino no cree que podamos aceptar un orden legal que haya aparecido históricamente si va contra la justicia, sino que la evolución histórica modifica la ley positiva e incluso abre paso a distintas interpretaciones.[20]

Ley e interpretación

En el derecho positivo, hay una función esencial de interpretación, porque siempre hay una distancia entre la norma y los casos concretos. Como explica Giorgio Agamben, “en el caso del derecho, la aplicación de una norma no está contenida de ninguna manera dentro de la norma y no puede deducirse de ella: de otra forma habría habido la necesidad de crear el gran edificio de la ley de enjuiciamiento. Igual que entre el lenguaje y el mundo, entre la norma y su aplicación no hay nexo externo que permita que una deriva inmediatamente de la otra”.[21]

¿Qué significa esto? Utilizar reglas generales en situaciones concretas y específicas siempre implica una decisión y (al menos hipotéticamente) un poder arbitrario. La diferencia entre la ley en libros y la ley en acción es en buena medida una consecuencia de esto.

En muchos escritos, Chaïm Perelman comenta que la lógica legal es:

un caso individual muy elaborado de razonamiento práctico, que no es una demostración formal, sino una argumentación dirigida a persuadir y convencer a quienes se dirige que esa alternativa, decisión o actitud es preferible a otras alternativas, decisiones o actitudes.

Perelman añade: “lo que caracteriza a una argumentación es su carácter no limitativo”.[22] Así que el razonamiento legal “no se presenta como una deducción formalmente válida de verdades no temporales”, porque “razones consideradas como buenas en un periodo de tiempo o entorno no lo son en otros; están social y culturalmente condicionadas como lo son las convicciones y aspiraciones de la audiencia a la que deben convencer”.[23]

A pesar de su discutible escepticismo, Perelman tiene razón cuando apunta que la ley positiva es una actividad “práctica”, porque es una operación de resolución de casos y a menudo deriva de una transacción de distintos intereses. En buena medida, la ley no es una ciencia: es una técnica orientada a resolver problemas concretos, porque juristas y jueces no buscan la verdad, sino solo la verdad legal.

Ley e intencionalidad

Si analizamos la responsabilidad y causalidad en Rothbard, tenemos que recordar los principios fundamentales de la tradición austriaca.

En un artículo reciente, Hans-Hermann Hoppe criticaba a su mentor y destacaba cómo es contradictorio centrar la atención en el nacimiento de la propiedad (con la ocupación del terreno) y luego excluirlo, aceptando una teoría de la responsabilidad estricta cuyos orígenes positivistas y conductistas son evidentes. Hoppe comenta que “ocupación implica intención”, un elemento subjetivo; por el contrario, la teoría de Rothbard de la causación y la responsabilidad ignora este aspecto.[24] Los investigadores de la Escuela Austriaca destacan el papel de la intencionalidad como elemento crucial en el momento del origen de la propiedad privada y de su negación (robo, agresión, etc.).

No todas las invasiones físicas implican responsabilidad y, por el contrario, algunas acciones tienen responsabilidad aunque no haya invasión física. En economía, Rothbard era perfectamente consciente de esto y siempre fue muy crítico con las escuelas económicas con inclinaciones positivistas. En 1985, en el prólogo aTheory and History de Mises, ataca el positivismo de la corriente principal, comentando que “para convertirse en verdaderamente científico como la física y las demás ciencias naturales, la economía necesita, por tanto, rehuir conceptos como propósitos, objetivos o aprendizaje: debe abandonar la mente del hombre y escribir solo sobre meros acontecimientos”.[25] Pero el principal error del intelectual estadounidense es analizar solo acontecimientos simples, evitando el problema de la intencionalidad y la responsabilidad subjetiva y la consecuente necesidad de comprender una acción concreta, hecha por una persona concreta en ese momento y contexto.

Hoppe tiene razón cuando nota una contradicción en Rothbard entre su teoría de la responsabilidad estricta y la defensa de la ocupación, que implica otra visión de la ética y una antropología diferente. Cuando Rothbard condena como agresión el acto de un hombre demandando y ocupando un terreno previamente “ocupado” por otra gente, su argumento reclama una idea bien definida de moralidad que no es consistente con esa teoría sobresimplificada y conductista de la causalidad y la responsabilidad.

Un libertarismo aristotélico-tomista

Por todas estas razones, es fundamental la distinción tomista entre ley natural y ley humana, especialmente si por lex humana no entendemos la ley del estado, sino nuestra siempre imperfecta traducción a normas, de nuestra aspiración a vivir en una sociedad justa. Como comentaba correctamente Paul Sigmund “la ley humana es la aplicación a circunstancias concretas de los preceptos de la razón contenidos en la ley natural”.[26] Esta mediación nunca es satisfactoria, pero es al mismo tiempo necesaria.

Rothbard y Perelman cometen el error simétricamente opuesto, porque ninguno admite la autonomía del derecho natural y el derecho positivo. Si Perelman reduce el derecho positivo a derecho positivo (y la razón a la razonabilidad), Rothbard reduce el derecho positivo a derecho natural (y la razonabilidad a la razón). Sin embargo, tenemos que admitir la existencia de una dimensión superior y objetiva del derecho (donde está justificado el método racional de Rothbard) y un nivel inferior y mucho más prosaico que puede obtener muchas ventajas de la aproximación dialógica y retórica utilizada por Perelman.

La conciencia de la necesidad de mediar entre los principios a priori del derecho natural y un conocimiento en buena parte inductivo de la experiencia legal no está siempre presente en Rothbard. Pero por eso el legado intelectual de Leoni puede ser útil para intentar desarrollar una teoría legal libertaria dirigida a proteger la dignidad y libertad del individuo.[27]

Si en Rothbard existe el riesgo de ignorar la especificidad del razonamiento legal, Leoni comenta sobre las características empíricas de la ley y adopta un punto de vista misesiano al poner en la perspectiva correcta la experiencia humana y el papel que desempeña en el desarrollo práctico de nuestra existencia.

Leoni percibe la importancia del derecho positivo, también en una perspectiva libertaria y antiestatista. La visión de lo que es justo por naturaleza ha de enraizarse en un momento concreto, encarnado en instituciones específicas y reconocible en muchas situaciones diferentes. Pero el pensador italiano era muy consciente de que esta propuesta era una vuelta a la vieja tradición del derecho natural. En un pasaje muy interesante, critica a Kelsen, diciendo que la sociología del derecho es “el heredero moderno del derecho natural”. [28] Y especifica su idea de esta manera:

las escuelas contemporáneas de sociología del derecho pueden considerarse, en un sentido limitado, y sin las características derogatorias utilizadas por Kelsen, las “herederas modernas del derecho natural”, exactamente porque están inclinadas a reevaluar en el “derecho” el elemento de las “persuasiones” que llevan a la acción de la gente, en lugar del “orden legal” concebido como lo hacían los dogmáticos.[29]

Conclusión

A pesar de su positivismo, Leoni puede ayudarnos a entender la verdadera naturaleza del derecho natural clásico, porque no busca un “código libertario” como el que imaginaba Rothbard, concebido de alguna forma sobre el modelo de los sistemas legales del estado. Por el contrario, La libertad y la ley puede ser el punto de partida para una comprensión más “clásica” del derecho natural libertario realmente enraizado en la tradición aristotélico-tomista.

En otras palabras, en Leoni hay un enorme ámbito para la investigación jurídica y la evolución histórica, a causa de su creencia en una ley viva en interacción continua y estrecha con la realidad. El orden legal tiene algunos elementos “esenciales”, pero cambia con el tiempo y por esta razón requiere un trabajo constante y cuestionante para ajustar reglas y comportamiento.

Si volvemos a los clásicos, podemos entender mejor los problemas principales.

El racionalismo tomista parte de la conciencia de los límites de la razón. Sigmund destaca exactamente esto cuando dice que “el sistema de Aquino de derecho natural es y debe ser incompleto. No podría admitir la posibilidad aristotélica de que la naturaleza pudiese proveer todo lo necesario para la realización del hombre”.[30] El propio Rothbard no está lejos de esto cuando apunta que una aproximación racional requiere una comprensión de la imperfección estructural de las mentes: “Ningún hombre es omnisciente o infalible, una ley, por cierto de la naturaleza humana”.[31] Pero esta observación tiene que tener consecuencias significativas para la teoría legal.


[1] La noción de un código (tanto en la despótica Prusia como en la Francia napoleónica) estaba conectada con la necesidad de un poder soberano orientado a absorber el orden legal y cambiar cualquier norma por una simple decisión política.

[2] Murray N. Rothbard, For a New Liberty: The Libertarian Manifesto (Lanham, Maryland: University Press of America, 1973), 318.

[3] Ver Ludwig von Mises, Theory and History (Auburn, Ala.: Mises Institute, 1985). [Publicado en España como Teoría e historia (Madrid: Unión Editorial, 2004)].

[4] Ver Murray N. Rothbard “In Defense of ‘Extreme Apriorism’”, The Logic of Action One (Londres: Edward Elgar, 1997), 100-108. Exactamente en este sentido, Larry Sechrest explica que un “examen cuidadoso del pensamiento austriaco revelaría que el propio método praxeológico es fundamentalmente empírico”. Ver Larry J. Sechrest, “Praxeology, Economics, and Law: Issues and Implications”, Quarterly Journal of Austrian Economics 7, nº 4 (Invierno de 2004): 22. En la tradición aristotélico-tomista, la experiencia es una fuente de conocimiento: nos encontramos con el mundo (que nos es común a todos) y tenemos experiencias con sentido. Rothbard comparte esta perspectiva cuando distingue su postura de la de Mises. Por esta razón, Sechrest se opone a Hoppe (y a Mises) por su kantismo y comparte la perspectiva rothbardiana, siguiendo el proyecto de “proponer una base empírica para el Escuela Austriaca”. Ibíd., 23.

[5] Ver, en particular, Murray N. Rothbard, 2The Symposium on Relativism: A Critique”, 1960, un memo conservado en los archivos  de Ludwig von Mises, ahora en Murray N. Rothbard, Diritto, natura e ragione. Scritti inediti versus Hayek, Mises, Strauss e Polanyi, Roberta Modugno, ed. (Soveria Mannelli: Rubbettino, 2005), 125-145.

[6] Carl Menger, Investigations into the Method of the Social Sciences, Francis J. Nock, trad. (Nueva York: New York University Press, 1985), 174-175. [Publicado en España como El método de las ciencias sociales (Madrid: Unión Editorial, 2006)].

[7] Bruno Leoni, Freedom and the Law, 3ª ed. (Indianapolis: Liberty Fund, 1991), 131[Publicado en España como La libertad y la ley (Madrid: Unión Editorial, 2010)]; las cursivas son mías.

[8] Ibíd., 129.

[9] La idea del orden policéntrico (como ha sido formulada por Michael Polanyi) puede ser útil para apreciar la complejidad en un sistema basado en controles y equilibrios y operando sin una constitución escrita impuesta por una autoridad. Polanyi apunta que la mano invisible que apunta hacia un orden de libre mercado no es tan distinta de las fuerzas que definen el derecho común y la investigación científica. El progreso del conocimiento se basa en los principios de que “toda adición propuesta al cuerpo científico está sujeto a un proceso regular de escrutinio”. Encontramos una lógica similar en el orden legal, porque el derecho común “constituye una serie de ajustes entre sucesivos jueces, guiados por una interacción paralea entre los jueces y el público en general”. Michael Polanyi, The Logic of Liberty (Chicago: University of Chicago Press, 1980), pp. 162-163.

[10] Siguiendo a Mises, “la timología es una disciplina histórica”. Mises, Theory and History, 313.

[11] Ibíd., 272.

[12] Ibíd., 313.

[13] Trducción. “lo que ocurre habitualmente”.

[14] Mises, Theory and History, 313.

[15] Aristóteles, Retórica, 1373b.

[16] Ibíd., 1374a.

[17] Santo Tomás de Aquino, On Law, Morality, and Politics, William P. Baumgarth y Richard J. Regan, eds. (Indianapolis-Cambridge: Hackett Publishing Company, 1988), 77.

[18] Ibíd., 80.

[19] Ibíd., 81. Como ha apuntado Anthony Lysska, Aquino “era consciente de la diversidad cultural respecto de las costumbres” Anthony J. Lysska,Aquinas’s Theory of Natural Law: An Analytic Reconstruction (Oxford: Clarendon Press, 1996), 112.

[20] En el último desarrollo de su teoría, Leoni introducía una idea interesante cuando hablaba de las demandas a-legales (en italiano, pretese agiuridiche). Así que no solo tenemos demandas legales e ilegales, sino también algunas demandas no completamente aceptadas hoy, que en el futuro podrían considerarse legales y legítimas. Ver Bruno Leoni, “Appunti di filosofia del diritto”, en Il diritto come pretesa (Macerata: Liberilibri, 2004), 200.

[21] Giorgio Agamben, State of Exception (Chicago: The University of Chicago Press, 2005), 40. [Publicado en España como Estado de excepción(Valencia: Pre-Textos, 2003)].

[22] Chaïm Perelman, Justice, Law and Argument. Essays on Moral and Legal Reasoning, con prólogo de Harold J. Berman (Dordrecht: Reidel, 1980), 129.

[23] Ibíd., 131.

[24] Para Hoppe, aquí hay en Rothbard “una teoría de la responsabilidad estricta”. Hans-Hermann Hoppe, “Property, Causality, and Liability”,Quarterly Journal of Austrian Economics 7, nº 4 (Invierno de 2004), 88-89.

[25] Murray Rothbard, prólogo a Mises, Theory and History, iii.

[26] Paul E. Sigmund, Natural Law in Political Thought (Cambridge Mass.: Winthrop, 1971), 39; las cursives son mías.

[27] En este sentido, el derecho natural ha de concebirse siempre en una relación estricta con la contingencia de la realidad social. Si todo estuviera gobernado por el destino, no habría espacio para la ley natural (porque sus características normativas implican libertad humana). Pero al mismo tiempo es verdad que el carácter siempre cambiante de las relaciones sociales obliga al derecho natural a tener un enlace concreto con la historia.

[28] Bruno Leoni, Lezioni di filosofia del diritto (Soveria Mannelli: Rubbettino, 2004), 160.

[29] Bruno Leoni, “Oscurità ed incongruenze nella dottrina kelseniana del diritto”, en Scritti di scienza politica e teoria del diritto (Milán: Giuffrè, 1980), 202.

[30] Sigmund, Natural Law in Political Thought, 46.

[31] Murray Rothbard, The Ethics of Liberty (Atlantic Highlands, N.J.: Humanities Press, 1982), 11.


Publicado el 5 de noviembre de 2009.Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí.

 

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