Carl Menger: Pionero de la “teoría empírica”

0

2799[Este artículo se ha extraído del capítulo 4 de Mises: The Last Knight of Liberalism]

Introducción

De los problemas e ideas que inspiraron a Ludwig von Mises en sus primeros años se ocuparon los trabajos de cuatro grandes teóricos económicos: Carl Menger, Eugen von Böhm-Bawerk, Friedrich von Wieser y Joseph Schumpeter. Conocía a los cuatro personalmente, pero Menger se había retirado de la enseñanza un año antes de que Mises descubriera sus Principios. Se conocieron por primera vez alrededor de 1910, cuando Mises atendía el seminario de Böhm-Bawerk y preparaba su primer tratado: La teoría del dinero y del crédito. Entonces era habitual que los jóvenes que desearan seguir una carrera académica rindieran una visita a Menger. Les recibió en su casa en medio de su impresionante biblioteca y habló con ellos acerca de sus trabajos y proyectos.[1]

Menger había nacido en 1840 en el pueblo de Galitzia de Neu Sandez (hoy ubicado en Polonia). Su padre era un abogado de una familia de oficiales del ejército y funcionarios civiles; su madre procedía de una rica familia de comerciantes bohemios que se habían mudado a Galitzia. Su nombre completo era Carl Menger Edler von Wolfesgrün, pero tanto él como sus hermanos (el incluyente político Max y el intelectual legal socialista Anton) no usaron su título de nobleza.[2]

Menger era una personalidad fascinante y llena de energía. Vigoroso intelectualmente hasta su vejez, fue un verdadero erudito en su juventud.[3] Había estudiado derecho y ciencias de la administración primero en Praga y luego en Viena. Uno de sus maestros en la Universidad de Viena fue Peter Mischler, un defensor de la teoría del valor marginal, pero según parece Menger no estaba entonces interesado por la economía o por seguir una carrera académica. Prefería escribir sobre temas no académicos y en 1863 trabajó como periodista para elLemberger Zeitung. Alrededor de 1864 empezó a preparar su doctorado en estudiado derecho y ciencias de la administración y aprobó en primer examen en marzo de 1865. Incluso en este momento su nuevo compromiso académico se veía ensombrecido por sus pretensiones literarias.[4] Cuando aprobó el último de sus cuatro exámenes de doctorado, en marzo de 1867, estaba escribiendo varias comedias.[5]

Su interés literario era mayor que el académico. Menger fundó el periódico Wiener Tagblatt, que apareció por primera vez el 26 de noviembre de 1865. En uno de los primeros números empezó a publicar una novela anónima con el escandaloso título de Der ewige Jude in Wien (El eterno judío en Viena).[6] En marzo de 1866 se unió a la plantilla económica de otro periódico de Viena, el Wiener Zeitung. Este medio era “un puro órgano del gobierno, controlado por el Consejo de Ministros y en particular por la Oficina de la Presidencia del Ministerio del Interior. El personal editorial lo seleccionaba el gobierno, los artículos oficiales se escribían en los ministerios y los editaban y enviaban desde el Consejo de Ministros”.[7] Así que Menger se convirtió en empleado público en una posición que ofrecía buenas perspectivas de alacanzar los más altos niveles dentro del funcionariado austriaco.[8]

Una posición pública conllevaba un gran prestigio y era muy codiciada por las jóvenes élites. La competencia por los puestos más bajos era feroz. Para tener éxito, se necesitaba Protektion: la mano amiga de alguien suficientemente alto en el gobierno como para influir en al designación. En el caso de Menger, la Protektioninicial podría haber provenido de su hermano Max, pero Carl aprendió rápidamente a valerse por sí mismo.

Una de sus tareas como funcionario del Wiener Zeitung era escribir análisis de mercado. Como dijo más tarde a su discípulo Friedrich von Wieser, fue su introducción en la práctica a la teoría de precios.[9] Le sorprendió la discrepancia entre el proceso real de los precios explicado por los comerciantes y las explicaciones habituales en los libros de texto que había aprendido en la universidad. Tras una inspección más detallada, llegó a entender que los precios dependen en último término de los juicios de valor de los consumidores. Fue con esta tesis con la que acabó obteniendo su habilitación (la credencial tradicional de los profesores universitarios centroeuropeos) en ciencias de la administración.[10] En 1871 publicó su obra bajo el título Grundsätze der Volkswirtschaftslehre (Principios de economía política).

En su libro, Menger presentaba un estudio teórico de fenómenos económicos fundamentales como bienes económicos, valor, intercambio, precios, materias primas y dinero. Explicaba las propiedades de estos fenómenos y las leyes a las que están sujetos en todo tiempo y lugar. Por supuesto, esto es lo que hacía y siguen haciendo todos los buenos textos de economía. Lo que hacía especial al libro de Menger es el método que utilizaba en sus explicaciones. Trataba de trazar las causas de las propiedades y leyes remontándose a los hechos más simples. Su propósito era demostrar que las propiedades y leyes de los fenómenos económicos derivan de esos “elementos de la economía humana” discernibles empíricamente, como las necesidades humanas individuales, el conocimiento humano individual, la propiedad y adquisición de cantidades individuales de bienes, el tiempo y el error individual.[11] El gran logro de Menger en los Principios consistió en identificar estos elementos para su análisis y explicar cómo ocasionan fenómenos de mercado más complejos, como los precios. Llamaba a esto el “método empírico”, destacando que era el mismo método que había funcionado tan bien en las ciencias naturales.[12]

Para el lector actual esta calificación podría resultarle confusa, ya que no es en absoluto el método experimental de las ciencias empíricas modernas. Menger no usaba modelos abstractos para proponer hipótesis falsables que luego se probaban mediante la experiencia. En su lugar, el de Menger era un método analítico que empezaba como los fenómenos empíricos más pequeños y procedía lógicamente a partir de allí. Esto puso a Menger en disposición de considerar a los intercambios y precios en el mercado como macrofenómenos y de explicar cómo los causaban “elementos de la economía humana” atómicos pero empíricamente verificables situados en un microcosmos económico de necesidades individuales y cantidades marginales poseídas y adquiridas. En palabras de Menger, los precios no eran en modo alguno “la característica más fundamental del fenómeno económico del intercambio”, sino “solo manifestaciones incidentales de estas actividades, síntomas de un equilibrio entre las economías de los individuos”.[13]

Como revelan obras y correspondencia posteriores, Menger era plenamente consciente de que su innovación más importante fuela aplicación coherente del nuevo “método empírico”, al que también llamó “método exacto”, método “sintético-analítico” o “analítico-compositivo”. En una carta de febrero de 1884 a Léon Walras. Criticando la afirmación de Walras de que había un método económico de investigación económica, Menger escribía:

Es más bien necesario que volvamos a los elementos más simples los mayoritariamente muy complejos fenómenos que están aquí en cuestión: que determinemos por tanto de una forma analítica los factores últimos que constituyen los fenómenos, los precios, y que luego acordemos a estos elementos la importancia que corresponde a su naturaleza y que, al entender esta importancia, tratemos de establecer las leyes de acuerdo con las cuales los fenómenos complejos de la interacción humana se deduzcan de los fenómenos simples.[14][15]

Solo de esta manera era posible describir apropiadamente la esencia de los fenómenos económicos y no solo las relaciones cuantitativas contingentes en las que podrían estar con otros fenómenos en ciertos tiempos y lugares. Refiriéndose a los desacuerdos entre su teoría de los precios y la teoría del precio de su corresponsal francés, Menger argüía que la experiencia de la vida real era la única forma legítima de decidir los puntos en discusión. El mérito de una teoría “siempre depende del grado en que tenga éxito en determinar los factores reales (los que corresponden a la vida real) que constituyen los fenómenos económicos y las leyes de acuerdo con las cuales resultan los fenómenos complejos de la economía política a partir de los elementos simples”.

Merger continúa:

Un investigador que llegue a través del análisis a elementos que no se correspondan con la realidad o que, sin ningún análisis real, parte de axiomas arbitrarios (lo que pasa demasiado a menudo en el método llamado racional) cae necesariamente en el error, aunque haga un uso soberbio de las matemáticas.[16]

La base empírica de la postura de Menger contrataba radicalmente con la postura anglosajona de aquel tiempo, que se inspiraba en los Principios de Ricardo y se basaba en postulados ficticios y en agregados tan arbitrariamente construidos como el nivel de precios, capitalistas, terratenientes y trabajadores. Pero la postura de Menger también contrastaba con las modas dominantes en el continente y particularmente en Alemania, donde los economistas (a la manera de los historiadores) trataban fenómenos complejos observados, como los precios del mercado, como el punto de partida para su análisis en lugar de tratar de explicarlos con un resultado de factores más fundamentales.

De golpe, los Principios de economía política se alejaban de ambos paradigmas. Menger había encontrado el delicado equilibrio necesario para desarrollar una teoría económica que siguiera en contacto con el mundo real. Al exhaustiva arquitectura de su libro también demostraba que el principio del valor marginal, que solo había desempeñado un oscuro papel en teorías anteriores, es una importancia fundamental y omnicomprensiva en la ciencia económica.

El centro del libro de Menger es el capítulo sobre el valor, que ocupa una cuarta parte de sus páginas. Mientras que los analistas financieros de la experiencia de Menger destacaban los factores subjetivos en la formación del precio (el juicio personal de los consumidores, empresarios, operadores en el mercado bursátil, etc.) los economistas académicos relegaban estos factores subjetivos a una posición secundaria supuestamente detrás de factores objetivos independientes de las percepciones humanas. Los economistas clásicos británicos (más notablemente, Adam Smith y David Ricardo) habían creado una teoría del precio rigurosamente objetiva que buscaba explicar los precios naturales o a largo plazo en referencia solo a los costes de producción, especialmente el coste de la mano de obra. De acuerdo con el teoría del valor trabajo, los factores subjetivos pueden hacer que los precios reales del mercado se desvíen de los precios “correctos”, pero solo temporalmente y nunca lo suficiente como para desplazar el impacto de los costes objetivos de la mano de obra. El valor de un producto era por tanto en definitiva una de sus cualidades propias, igual que el peso o el volumen. Estaba “en” el bien en lugar de ser una característica accidental que derivaba “del exterior”.

Los escritos de Smith y Ricardo tenían un éxito abrumador en los países anglosajones y se habían abierto camino en el continente europeo. La Revolución Francesa había trasladado el centro de la investigación y el aprendizaje económico del contienen a Gran Bretaña. La era napoleónica fue particularmente eficaz en suprimir el movimiento liberal clásico en el continente. La atención pública se trasladó naturalmente hacia Adam Smith, el santo patrón de todavía vigorosa rama del movimiento. Smith se convirtió en la principal autoridad en teoría económica, desplazando a Quesnay, reduciendo a Turgot a una nota a pie de página y condenando a Condillac al olvido.

Pero su popularidad como líder intelectual del liberalismo político no ayudó a Smith en Alemania. Los economistas alemanes fueron mucho menos receptivos al mensaje de Smith que sus iguales en occidente. Los economistas alemanes solían ser empleados públicos y detestaban las indecorosas afiliaciones políticas. Wilhelm Roscher, un gran historiador del pensamiento económico y uno de los principales economistas alemanes del siglo XIX, observó genialmente que era “una peculiaridad nacional de los alemanes (…) desviarse de la norma del libre comercio, que se había importado de Inglaterra y Francia, a través de numerosas excepciones realizadas mediante el intervencionismo del gobierno”.[17]

Los profesores alemanes leían a Adam Smith, e incluso le leían atentamente, pero solo para rechazar sus opiniones por no tener bases sólidas. Y aunque sí reconocían a Smith como una autoridad en la materia, equivocado o no, rechazaban a Ricardo casi inmediatamente. Los errores de Smith eran debatibles, pero en Ricardo no econtraban mérito científico alguno. Esta preferencia por Smith por encima de Ricardo se hizo más fuerte el siguiente siglo y culminó en la obras de la muy influyente joven escuela histórica, que rechazaba directamente la “teoría” económica.[18]

En sus Principios, Ricardo había inventado lo que hoy se llamaría la macroeconomía, destacando las relaciones entre distintos agregados como niveles de precios, salarios medios, beneficios medios, pero también agregados sociales como trabajadores, capitalistas y terratenientes. Basándose en sus ideas acerca de la relación entre dichas variables agregadas, realizaba un alegato por un programa de laissez faire de largo alcance. Esta aproximación no se recibió con entusiasmo entre los sociólogos alemanes. Desde que el ejército revolucionario francés había invadido Alemania bajo la sangrienta bandera de los abstractos derechos humanos, los alemanes tendían a sospechar de los programas políticos radicales derivados de la teoría sin base en la realidad observada. Bajo el trauma de la Revolución Francesa, los historiadores, juristas y científicos de la administración alemanes tendían a destacar las condiciones particulares de comunidades humanas concretas, en lugar de centrarse en características de una inobservable humanidad en masse.

Ricardo si tuvo un defensor extremadamente capaz en Jean-Baptiste Say, que fue infatigable en sus esfuerzos por promover la economía clásica británica. El Traité d’économie politique de Say es una obra maestra por sí mismo, en muchos aspectos más sofisticado que los libros de Smith y Ricardo. Say daba una exposición axiomática de la ciencia económica de Smith, aumentando enormemente el prestigio de la asistemática La riqueza de las naciones del escocés.[19] Refinó el foco de los economistas británicos en las clases completas o agregados de los bienes, subdividiendo la ciencia económica en una trilogía macroeconómica: producción, distribución y consumo de los bienes de consumo en general. Lo más importante es que dio a la economía clásica una justificación epistemológica atractiva, demostrando que se tendría que basar en la experiencia común. Esta metodología orientada empíricamente tenía mucho más sentido para los intelectuales continentales y les convenció de que podía hacerse una defensa científica de la economía ricardiana y el programa político que parecía conllevar.

Say fue la figura principal en la promoción de la economía británica en el continente europeo, pero está claro que tenía una deuda intelectual mucho mayor con la tradición científica de su propio país.[20] A mediados del siglo XIX, gracias a los esfuerzos de Say, la economía birtánica se había convertido en la ortodoxia académica en Europa y América. Fue contra el trasfondo de esta ortodoxia contra lo que luchó Menger con una reafirmación de la explicación del proceso de precios.

Al desarrollar su teoría del valor y el precio, Menger se basó en los restos de una vieja teoría del precio de la escolástica tardía de la Escuela de Salamanca, que en el siglo XVI y principios del XVII había destacado precisamente aquellas características subjetivas del proceso de precios que estaban visiblemente ausentes en la escuela clásica británica. Pero los escolásticos tardíos españoles  nunca elaboraron un tratado de economía y sus descubrimientos acerca de la naturaleza del valor y los precios estaban dispersos en miles de páginas.[21]

La teoría subjetivista del valor sobrevivió solo en esta forma difusa con una importante excepción: el gran tratado de Etienne de Condillac, Comercio y gobierno. Publicado el mismo año que La riqueza de las nacionesde Smith (1776), el tratado que de Condillac daba la primera presentación axiomática completa de economía política basada en la teoría subjetiva del valor. Pero el impacto de su obra fue mínimo, porque los economistas franceses lo rechazaron. Condillac ya era un famoso filósofo cuando publicó el libro y no consideró necesario seguir las convenciones de los discípulos de Quesnay; en su lugar, presentaba su pensamiento de una forma independiente y original, lo que resultaba una ofensa lo suficientemente grave como para impedir la traducción de su obra al inglés durante más de 200 años.[22]

Aún así, Comercio y gobierno fue una de las principales fuentes de inspiración para Menger (que por supuesto leía el francés, entre otras lenguas) cuando elaboró su teoría económica del valor.[23] Menger apuntaba que el valor solo podía existir una vez los seres humanos se dieran cuenta que de existen los bienes económicos y de que cada uno de ellos tenía una importancia personal (o, como diría Menger, “subjetiva”).

Lo más importante es que el valor siempre afecta a la unidad concreta del bien, es decir, las unidades “marginales” bajo consideración, como un vaso de agua, cuatro barras de pan, tres diamantes, dos vasos de leche, etc. Nunca afecta a la existencia total de esos bienes, excepto cuando las decisiones se toman realmente sobre la existencia total. Esta idea es la clave para resolver la aparente paradoja de la teoría subjetiva del valor, que había impedido una mayor aceptación de la teoría. Si el precio de un bien dependen realmente de la importancia subjetiva del bien, entonces ¿cómo es que el agua, que es esencial para la supervivencia humana, tiene un precio mucho menor que el de los diamantes, que son mucho menos importantes que el agua? Esta aparente paradoja jugaba a favor de la teoría del valor trabajo, virtualmente la única alternativa a la postura subjetiva. Sean cuales sean los problemas de la teoría del valor trabajo, no contradice la realidad tan chocantemente como su competidora subjetiva.

Menger demostró que la paradoja es solo aparente: se desvanece tan pronto como dejamos de preguntarnos acerca del valor de clases enteras de bienes, que son económicamente irrelevantes porque no están sujetas a la toma humana de decisiones. Si nos preguntamos en su lugar acerca de las leyes que gobiernan la evaluación de las unidades individuales de un bien, la respuesta queda clara. El agua es tan abundante que no solo sirve para satisfacer la más importante (y por tanto más altamente valorada) necesidad humana de agua, sino asimismo necesidades de agua mucho menos importantes, como para fuentes decorativas: es el valor de la menos importante pero aún satisfecha necesidad la que determina el valor económico de cada unidad de agua, que por tanto conlleva un bajo precio de mercado. Por el contrario, los diamantes son tan raros que la oferta disponible solo puede satisfacer las necesidades más importantes para ellos y como consecuencia son muy caros.

Menger también demostró que el valor de los factores de producción siempre deriva del valor de los bienes de consumo y no al contrario. Al contrario de la afirmación de los teóricos del coste de producción, una botella de vino no es valiosa porque haya sido producida con terrenos y trabajo valiosos: los terrenos y trabajo invertidos en la fabricación de vino son valiosos en primer lugar porque los consumidores valoran la botella de vino.

Finalmente, Menger argumentaba que el microfenómeno del valor existe independiente de cualquier sistema social de división del trabajo. Así que empieza analizando los macrofenómenos del intercambio, los precios y el dinero solo después de su capítulo sobre el valor.

A la luz del análisis de Menger, la economía de mercado aparecía como un gran organismo dirigido a la satisfacción de las necesidades del consumidor. No solo los precios del mercado, sino también las instituciones del mercado como el dinero son parte integrante de un orden racional que puede existir y operar sin necesidad de la asistencia de autoridades políticas.

En cierto modo, Menger creó un complemento a la tesis de Condillac de que las necesidades humanas son el gran regulador de todas las instituciones humanas. Condillac hizo su alegación desde un punto de vista económico y, más genialmente, epistemológico, argumentando que las precepciones están determinadas por las necesidades.[24] Sin embargo le faltaba el elemento del marginalismo y fue sobre él sobre lo que Menger construyó una revisión completa e integral de la ciencia económica.

La obra de Menger en el contexto alemán

La antigua teoría subjetiva del valor había sobrevivido en forma fragmentaria en los escritos económicos alemanes del siglo XIX.[25] En este contexto, el joven economista de Viena se veía como un reformador en lugar de un revolucionario, evitando así el destino de Condillac.

Antes de Menger, distintos economistas alemanes habían criticado la teoría del valor trabajo en concreto y rechazado la doctrina del valor intrínseco en general. La visión de Menger de que el valor era subjetivo (personal, individual) por naturaleza no era excepcional entre los autores alemanes de la primera mitad del siglo XIX. De hecho, algunos de ellos incluso conocían el principio del valor subjetivo marginal.[26] Pero sus ideas eran meras observaciones inconexas. Ninguno de los predecesores alemanes de Menger reconoció la importancia central del valor marginal y ninguno produjo una teoría subjetiva unificada.

En la década de 1860, subsistían dos capas inconexas de análisis en los libros de texto alemanes. Sus teorías del precio normalmente incluían explicaciones del coste de producción como componente dominante y permitían la coexistencia incoherente con las explicaciones tradicionales del valor subjetivo.[27] Karl Marx acumuló burlas y desdén sobre esta muestra de eclecticismo. Tenía razón al hacerlo.

Menger tomó lo que solo se atisbaba en los escritos de sus predecesores y lo presentó en un tratado sistemático que revolucionó la opinión de la profesión sobre las relaciones entre necesidades humanas, valor y precios. A través de la búsqueda sistemática de las causas de estas relaciones en los hechos más sencillos abiertos a la investigación empírica (los “elementos de las economía humana”), Menger colocó la discusión sobre necesidades, bienes, sistemas económicos, producción, precios, renta, consumo, etc. sobre unas bases completamente nuevas.

El contraste con sus eclécticos predecesores alemanes no podría haber sido mayor. Su eclecticismo se reforzaba por tendencias que Menger evitaba. En particular, los economistas alemanes tendían a dedicarse a recoger y clasificar datos excesivos y a menudo inútiles de los fenómenos económicos, una inclinación que reflejaba el clima político del momento. La restauración de la monarquía y la consiguiente lucha contra el liberalismo entre 1815 y 1848 hacía imprudente ahondar muy profundamente en consideraciones teóricas, que podrían llevar a una valoración crítica de los límites del gobierno. Como decía William Johnston: “En un momento en que estaba prohibido debatir asuntos de principios fundamentales, los intelectuales se dedicaron a recoger datos”.[28] Esta aproximación al análisis económico de recogida de datos llegó a su clímax al final del siglo con la aparición de la Joven Escuela Histórica. Como muchos otros empleados académicos del nuevo estado centralizado alemán, se veían como “los guardaespaldas intelectuales de la Casa de los Hohenzollern”.[29]

Un defecto alemán relacionado y que Menger evitó escrupulosamente fue el historicismo: la tendencia a considerar las regularidades en los fenómenos económicos como “leyes históricas”, es decir, como condicionadas por las circunstancias particulares de tiempo y lugar. Aunque los economistas alemanes de entonces habrían estado de acuerdo con Menger en que todos los fenómenos económicos estaban de alguna manera relacionados entre sí y en que uno de los fines de la ciencia económica era encontrar cuál era esa relación, el análisis de Menger revelaba que estas relaciones eran leyes que resultaban verdaderas en todo tiempo y lugar; más aún, demostraba que podían estudiarse sin referencia al contexto histórico concreto. Su libro daba muchos ejemplos concretos de las leyes generales bajo discusión, pero en esencia, los Principios de Menger era un ejercicio de teoría pura.

Methodenstreit

Entretanto, en las universidades del Reich alemán, había aparecido un movimiento vigoroso que seguía un programa completamente opuesto a la visión de Menger y defendía una quiebra radical con la aproximación tradicional de la ciencia económica.[30] Mientras que Menger intentaba convertir la teoría económica en una ciencia analítica, los jóvenes radicales en Berlín buscaban eliminar completamente la investigación teórica, reemplazándola por los estudios históricos.

El líder de este grupo era Gustav Schmoller, un joven profesor de la Universidad de Halle.[31] El gran objetivo de Schmoller, por encima de todas sus preocupaciones teóricas y metodológicas, era combatir la creciente influencia intelectual y práctica del liberalismo del laissez faire en Alemania. Su estrategia era promover la discusión de la “cuestión social”, con lo que quería significar la cuestión de cómo el gobierno podía promover el bienestar de las clases trabajadoras. El que el gobierno podía y debía promocionar el bienestar de la clase trabajadora se daba por descontado.

Schmoller puso en práctica esta estrategia a través de una asociación de intelectuales y líderes políticos afines, la mayoría de lo cuales eran profesores de universidad y funcionarios. En octubre de 1982, convocó una primera reunión nacional de “hombres de todos los partidos de los que pueda suponerse que tengan interés y preocupación moral por la cuestión [social] y que no crean que el laissez faire et laissez passer absoluto sea lo correcto en lo que se refiere a la cuestión social”.[32] Schmoller y dos personas más, que se convertirían durante mucho tiempo en líderes del grupo (el profesor de Breslau Lujo Brentano y el estadístico de Berlín Ernst Engel) dirigieron la reunión con lecciones sobre huelgas y sindicatos, leyes en las fábricas alemanas y la cuestión de la vivienda.

La decidida orientación antimercado y pro-gobierno de estos profesores universitarios les hizo obtener rápidamente el sobre nombre de Kathedersozialisten, o “socialistas de cátedra”.[33] Significativamente, la primera reunión tuvo lugar en la ciudad de Eisenach, que el mismo año había acogido la convención de fundación del Sozialistische Partei Deutschlands (Partido Socialista Alemán). Como el SPD fue el primer partido socialista del mundo, Eisenach se había convertido en el símbolo del movimiento socialista organizado. El grupo fundó entonces la Verein für Socialpolitik (Asociación para una Política Social) con el propósito explícito de promocionar las políticas del bienestar del nuevo estado central alemán. El primer presidente fue Erwin Nasse, un profesor de Bonn. Schmoller, que en 1872 era demasiado joven, se convirtió en sucesor de Nasse en 1890 y permaneció como presidente hasta su muerte en 1917.[34]

La Verein organizaba reuniones plenarias, que se realizaban cada dos años y reuniones de un comité elegido (Ausschuss). Estas reuniones tenían un impacto profundo, y a menudo inmediato, en las políticas alemanas porque ofrecían un territorio neutral para los representantes de los grupos organizados más poderosos. Profesores universitarios, dirigentes sindicales, funcionarios de alto rango y empresarios se reunían en la Verein, se conocían y forjaban compromisos políticos sobre los temas del momento. La orientación fuertemente práctica era también visible en las publicaciones de la Verein. Cada volumen se ocupaba de un problema social acuciante distinto, analizaba sus síntomas e invariablemente acababa reclamando que el gobierno actuara. Ralph Raico dice:

Muchos de los 134 volúmenes de intensa investigación que se publicaron hasta 1914 sirvieron virtualmente como acusaciones sobre distintos defectos y quejas ante el sistema existente y cada uno de ellos reclamaba la acción del gobierno. (…) El principal objetivo de los Socialistas de Cátedra, a saber, cambiar la opinión pública dentro de la burguesía ilustrada y especialmente dentro de la burocracia, se alcanzó en buena medida.[35]

A través de estas actividades, la Verein se convirtió en uno de los vehículos más importantes para la consolidación y expansión del nuevo funcionariado del gobierno alemán. Los profesores y otros funcionarios se veían como mediadores neutrales entre los distintos grupos sociales en disputa. Cada solución al problema social percibido implicaba invariablemente o bien su participación activa o su intermediación.[36] Tal y como lo veían, promovían el compromiso político entre la izquierda y la derecha, la democracia y la monarquía, el utilitarismo y la justicia, los trabajadores y los empresarios.[37] Se consideraban árbitros neutrales porque consideraban a estos conflictos desde el punto de vista “superior” del nuevo gobierno central, que representaba a toda la nación.

La era de la Verein für Socialpolitik coincidió con el apogeo de la centralización política alemana. Sin embargo, a principios de la década de 1890. el gobierno empezó a dar la espalda a la Verein. Su constante agitación por una reforma política de izquierdas había tenido demasiado éxito y se arriesgaba a perder su reputación de neutralidad política.[38] Durante un tiempo, Schmoller se las arregló para conducir en contra de esta tendencia, pero el mismo éxito de la Verein selló su destino. Al final del siglo XIX, ya había atraído a un gran número de intelectuales y líderes sociales como Max Weber, Ludwig Pohle y Andreas Voigt, que estaban en principio en contra de los ciegos prejuicios de la Verein a favor del gobierno y se habían unido solo a causa de su importancia práctica.[39] Bajo el liderazgo de Max Weber, estos hombres chocaban constantemente con el establishment de la Verein acerca de la cuestión de “prueba” científica en asuntos políticos: tras la Primera Guerra Mundial, los seguidores de Weber cambiarían para siempre el carácter de la Verein, convirtiéndola en una institución puramente académica.

Pero en sus días gloriosos de finales de la década de 1870 y 1880, la Verein y en particular la persona de Gustav Schmoller transformaron completamente el paisaje de la ciencia económica en lengua alemana. Schmoller tuvo asimismo una influencia perdurable en la economía alemana a través de su amistad personal con Friedrich Althoff, un funcionario de alto rango en el Ministerio de Educación de Prusia, que de 1882 a 1907 controlaba las nominaciones a las cátedras de economía política en las universidades prusianas. Pronto resultó evidente que para obtener una plaza fija de profesor tenía que suscribir sin reservas el programa definido en los escritos de Schmoller.

Aunque el programa de Schmoller se dirigía principalmente contra los héroes del movimiento librecambista (economistas clásicos, como Adam Smith, Jean-Baptiste Say y David Ricardo) en la práctica eliminó cualquier enseñanza de teoría económica en las universidades alemanas. La llamada Joven Escuela Histórica bajo Schmoller fue mucho más allá del sano escepticismo de las abstracciones teóricas que habían caracterizado las obras de la generación anterior de economistas alemanes. Los seguidores de Schmoller negaban directamente que hubiera ninguna ley social en absoluto: solo había ciertas irregularidades que cambiaban con las cambiantes instituciones de la sociedad. El trabajo de la ciencia de la administración era solo incidentalmente estudiar estas regularidades dependientes del contexto. Su tarea esencial era estudiar el significado concreto de la “idea de justicia” en un determinado tiempo y lugar, porque ésta era la verdadera base del “principio de reforma social”: ajustar las instituciones sociales existentes a los sentimientos prevalentes de lo que era correcto y justo.[40] Así que Schmoller defendía un relativismo radical y un positivismo legal radical, las doctrinas más apropiadas para justificar su creencia y adoración del gobierno omnipotente.

Menger había seguido el crecimiento del movimiento de Schmoller durante algunos años. Se daba cuenta de que bajo la influencia sobrevenida de la Joven Escuela Histórica, Alemania y Austria (que estaba completamente bajo la órbita intelectual alemana), estaban en proceso de destruir el trabajo de un siglo de pensamiento económico. El primer tratado de Menger cayó en saco roto. Había encontrado seguidores en Austria, pero eso se debía en parte a su influencia personal en los nombramientos académicos. Las universidades alemanas eran impenetrables.

Menger decidió fundamentar futuros trabajo en el análisis económico positivo a través de una defensa metodológica sistemática de su nueva aproximación.[41] El resultado de estos trabajos fue otro gran libro,Untersuchungen über die Methode der Sozialwissenschaften und der politischen Okonomie insbesondere(Investigación sobre el método de las ciencias sociales, con especial referencia a la economía).[42] Menger insistía en que las leyes económicas que había explicado eran leyes “exactas” d ela realidad y que los métodos de investigación histórica eran completamente incapaces de descubrir dichas leyes económicas.

Estas opiniones no podían dejar de ofender a las sensibilidades historicistas del establishment académico, que eran especialmente fuertes entre los economistas de la propia generaciónd e Menger. De hecho, aunque el historicismo ya era advertible en las obras de la Vieja Escuela Histórica (Roscher, Knies, Hildebrand y otros), en los escritos de la Joven  Escuela Histórica (Schmoller, Lexis y otros) se había convertido en un dogma. Schmoller publicó una reseña muy crítica de la Investigación de Menger, afirmando que Menger no había sustanciado su análisis con estudios históricos apropiados: en la jerga de hoy, Menger se había dedicado a un ejercicio de pura teoría, a la que le faltaba “evidencia empírica” que la apoyara. Este ataque podía haber llevado a un debate intelectual sereno si Schmoller no hubiera tratado de sstigamtizar a su oponente calificando a su aproximación como “método individualista-mancuniano”, asociando a Menger con la supuestamente desacreditada Escuela de Manchester.[43]

El debate entre Menger y Schmoller llevó pronto a sus discípulos a un acalorado debate, durante el cual incluso el gran anciano de la economía alemana, Wilhelm Roscher, mostró menosprecio por Menger.[44] Este debate colectivo incluyó bastantes artículos y libros más.[45] Su carácter inusualmente polémico y emocional derivaba del hecho de que para Schmoller cualquier tipo de teoría económica reforzaba la defensa del capitalismo.[46] El debate culminó en 1895, cuando el último gran alumno de Menger, Richard Schüller, publicó su tesis en la que refutaba punto por punto las críticas de los economistas clásicos que había expresado Bruno Hildebrand en el discurso de inauguración en la Universidad de Viena.[47]

A pesar de la acalorada atmósfera en que tuvo lugar, el debate sobre el método entre Menger y Schmoller fue útil para clarificar las diferencias entre investigación económica teórica y aplicada. Aunque no produjo ningún resultado duradero o definitivo, sí renovó el interés sobre el asunto y destacó la importancia de ciertas distinciones esenciales que desarrollarían posteriores economistas, filósofos e historiadores como Max Weber, Heinrich Rickert, Ludwig von Mises y Alfred Schütz. De particular importancia sería la distinción entre las naturalezas fundamentalmente diferentes de las ciencias naturales, la historia y la economía.

Lo que se ve menos a menudo es que la oposición que unía a todos los “teóricos” detrás de Menger y a todos los “historiadores” detrás de Schmoller hizo que se olvidaran  algunas importantes diferencias dentro de cada grupo. Esto tenía que promover la confusión, especialmente dentro de las filas de los teóricos, que tendían ser vistos (y a verse a sí mismos)  como partidario a “la” teoría económica, cuando en realidad sostenían ideas sustancialmente distintas sobre el asunto y contenido de su ciencia. La contribución única de Menger tendía a percibirse solo como una parte de un amplio consenso sobre el perfil principal de “la” nueva teoría económica. Menger no compartía esta percepción.

La Escuela Austriaca y la Escuela de Gossen

Con solo dos libros, Menger había puesto el pensamiento económico y social sobre fundamentos completamente nuevos. Los Principios fueron pioneros en la aplicación del método empírico en la teoría económica y laInvestigación había justificado el método y aclarado la relación entre la teoría resultante y otras ciencias sociales. La ciencia económica dejó de ser solo el estudio de fenómenos económicos visibles como precios, dinero, producción: se había convertido en su lugar en el estudio de cómo se causaban estos fenómenos por la interacción entre ideas humanas y un entorno que ofrece recursos limitados para la satisfacción de las necesidades humanas.

Llevó algún tiempo tanto a sus oponentes como a sus seguidores entender el impacto completo de la revolución mengeriana. Para sus contemporáneos, el proyecto mengeriano resultaba atractivo por razones distintas de las que implicaba la gran nueva visión. En particular, fue el método analítico único de Menger de  desarrollar la teoría económica como una ciencia descriptiva del mundo real lo que atrajo a jóvenes alumnos.

El “método empírico” de Menger se ajustaba al ideal de su tiempo. Las escuelas y universidades había preparado concienzudamente a la joven élite científica para apreciar las virtudes de la investigación empírica. Más que en las universidades de otros países en ese momento, las instituciones alemanas de educación superior insistían en la necesidad de investigaciones empíricas en prácticamente todos los campos. Sorprendentemente, esta orientación era el producto de la filosofía “idealista” de Immanuel Kant, que destacaba que el conocimiento de los objetos del mundo exterior solo podía obtenerse a través de la experiencia sensorial, y en particular a través de la observación. Los científicos alemanes estaban más dispuestos que otros a abandonar sus sillones y despachos para realizar trabajo de campo dedicándose a una observación sistemática de la naturaleza. El famoso Alexander von Humboldt fue un pionero de este movimiento, pero otros empezaron pronto a seguirle. La ciencia alemana destacaba en biología, física, química, medicina, historia y prácticamente todos los demás campos del conocimiento.[48]

Sin embargo, en el campo de la economía política, que se enseñaba habitualmente bajo el nombre ciencia de la administración, la llamada a una base empírica había llevado a la idealización de la investigación histórica. Los historicistas afirmaban que no había ninguna ciencia social salvo la historia y que la teoría económica, si es que tenía algún mérito, tenía que ser una generalización de descubrimientos históricos. En este contexto, la aproximación de Menger resultaba ser una alternativa atractiva, porque demostraba que la teoría económica era una disciplina independiente que podía estudiarse por sí misma sin abandonar la agenda empírica. El poder de es te mensaje llegó a atraer incluso a intelectuales de base historicista que no tenían ningún contacto personal con Carl Menger.

El joven Ludwig von Mises era un buen ejemplo. Empapado como estaba de los prejuicios del intervencionismo y en la búsqueda de una verdadera base científica para la política económica, Mises no había encontrado convincente a Ricardo. Pero Menger le convenció de que existía una teoría económica científica, un cuerpo de proposiciones sobre la realidad empírica, completamente distinto de las proposiciones derivadas de la investigación histórica. Mises aceptó la evidencia y se convirtió en un mengeriano y seguiría siéndolo el resto de su vida.

En obras posteriores, Mises modificaría, generalizaría y cualificaría las ideas de Menger. En particular, se hizo famoso por su interpretación del estado epistemológico de las proposiciones de la ciencia económica, es decir, por su afirmación de que estas proposiciones son ciertas sobre bases a priori y por tanto no pueden ser verificadas u refutadas por la evidencia de los sentidos. Pero estas afirmaciones eran intentos de aclarar la posición que Mises había heredado de Menger. La diferencia entre la retórica aristotélica de Menger y la expresión kantiana utilizada por Mises salta a la vista, pero la diferencia es principalmente retórica. El principal hilo de continuidad entre Menger y Mises es un adhesión al mismo programa científico de desarrollar teoría económica  como una disciplina descriptiva, distinta de otras disciplinas descriptivas, como la biología o la historia. Tanto Menger como Mises creían que sus teorías describían ciertas características generales de la acción humana que existen y operan en todo tiempo y lugar. Esto es lo que les separa esencialmente de Wieser y Schumpeter y esto es lo que siguen separando a los economistas mengerianos de todos los demás economistas.

El método de Menger es también lo que le distingue más claramente de Léon Walras y William Stanley Jevons, dos autores que se unen a menudo a Menger como cofundadores de la aproximación de la utilidad marginal en la teoría de precios. Es verdad que estos tres hombres publicaron aproximadamente al mismo tiempo exposiciones sistemáticas de teorías de precios basadas en la naturaleza subjetiva y marginal del valor. Pero aparte de un acuerdo genérico sobre estas ideas básicas, la teoría de Menger no tiene mucho en común con las de los otros dos.[49]

Walras y Jevons tuvieron que superar grandes obstáculos para exponer sus principios. Ninguno tenía la tradición subjetivista alemana en la que apoyarse y ambos encontraron una férrea resistencia del establishment académico. Sin embargo, en lo que se refiere a la originalidad y el mérito científico, no pueden compararse con Menger.[50]Al contrario que Menger, Jevons y Walras tuvieron un predecesor concreto, aunque fuera oscuro, que reconocieron y alabaron: el investigador independiente alemán Hermann Heinrich Gossen había anticipado sus ideas centrales y su aproximación a la teoría de precios.

Al seguir a Gossen, Jevons y Walras desarrollaron una teoría de la utilidad marginal de los precios que era remarcablemente menos exitosa a la hora de describir la realidad observada  respecto de la aproximación del valor marginal de Menger. Las diferencias entre Menger, de un lado, y Gossen, Jevons y Walras, de otro, podría parecer arcana, pero iba a desempeñar un papel importante en el desarrollo de la economía austriaca y es frente a este trasfondo como debemos apreciar la significación de las contribuciones de Mises.

Gossen había trabajado durante veinte años en un manuscrito que publicó en 1854 bajo el título Entwickelung der Gesetze des menschlichen Verkehrs [Deducción de las leyes de las interrelaciones humanas].[51] En esta obra combinaba dos ideas centrales en un tratado general sobre comportamiento humano.

Primero, Gossen pensaba que la ciencia económica se refería a las leyes que gobiernan la psicología humana en relación con la acción humana, Las leyes psicológicas más elementales, afirmaba, eran dos leyes de deseo-satisfacción que luego se conocerían como la Primera y Segunda Ley de Gossen. De acuerdo con la Primera Ley, la satisfacción derivada del consumo de cualquier bien llegará a un máximo en algún punto. Ni un consumo mayor ni uno menor producirá una satisfacción mayor. De acuerdo con la Segunda Ley de Gossen, todos los bienes deberían consumirse en cantidades tales que la contribución a la satisfacción general a través del consumo marginal de cada bien sea exactamente igual.

Segundo, Gossen buscaba describir la acción humana con álgebra y gráficos y se basaba en varios postulados implícitos y falsos con el fin de alcanzar su objetivo. Por ejemplo, postulaba que el valor es medible y que los valores de distintas personas pueden combinarse con sentido.

Fue este procedimiento lo que hizo que su postura fuera especialmente discutida a los ojos del establishment académico de los economistas alemanes que aborrecían las especulaciones desconectadas del mundo observado. El libro de Gossen también sufría de graves defectos formales, al estar escrito como un texto continuo, sin encabezamientos de capítulos o una tabla de contenidos. Este formato y su excesivo uso del álgebra y los gráficos hacían de su obra una experiencia lectora tediosa y desagradable. Cayó en el olvido, donde probablemente hubiera permanecido si no hubiera sido por W.S. Jevons.

Cuando Jevons publicó la primera edición de sus Principios de economía política (1871), consideraba que su teoría no tenía precedentes. En 1878, el profesor Adamson, sucesor de Jevons en el Owens College de Manchester, dio con una referencia al libro de Gossen en un historia del pensamiento económico e informó a su amigo Jevons, que alabó a Gossen en el prólogo a la segunda edición de sus Principios (1879).[52]

Walras fue incluso más entusiasta que Jevons. Comparó a Gossen con Copérnico y Newton y tradujo al francés el libro de Gossen.[53] Cuando Menger le dijo en una carta que creía que había diferencias significativas entre su propia postura y la de Gossen, Walras se indignó y replicó que encontraba “odioso” pensar que Menger rechazara reconocer a un predecesor tan importante.[54]

Realmente Gossen había anticipado las teorías de Jevons y Walras.[55] Los tres hombres habían desarrollado teorías generales que eran análogas a la teoría general del valor y el precio de Menger, pero diferían de ella en su orientación psicológica y el tipo exacto de explicación que ofrecían.

En la teoría de Menger, el término “valor” no se refiere a un sentimiento psicológico, sino a la importancia relativa para un individuo de la unidad marginal del bien X, es decir, a la importancia de X en comparación conlas unidades marginales de otros bienes Y y Z. El precio de mercado de un bien deriva de la relación de vendedores y compradores, para quienes los bienes comprados y vendidos tienen distinta importancia relativa. Por el contrario, en las teorías de los otros tres autores, el precio de un bien deriva de la relación de vendedores y compradores cuyas sensaciones o bienestar se ven afectadas de modo distinto por el control del bien. Mientras que Menger explicaba el proceso de precios como derivado de la importancia de un bien en relación con la importancia de otros, Gossen, Jevons y Walras explicaban el proceso de precios como el impacto de una cantidad marginal del bien sobre la psicología del actor: un impacto al que llamaban satisfacción de deseos (Gossen), utilidad (Jevons) y necesidades satisfechas (Walras). La utilidad marginal de Jevons desempeñaba así estructuralmente el mismo papel que el valor marginal en la teoría de Menger (ofrecía una explicación de los precios del mercado), pero mientras que la utilidad marginal explica el precio de un bien por el impacto directo del bien en las sensaciones humanas, el valor marginal de Menger explica el precio de un bien por como seclasifica en importancia dicho bien en comparación con otros, de acuerdo con las necesidades de los individuos implicados en el proceso de precios.[56]

En la aproximación psicológica de Gossen, Jevons y Walras, la psique humana era el máximo común denominador de la significación económica de todos los bienes, en la teoría de Menger no había dicho denominador común. En su aproximación, el “valor” no puede ser independiente de las circunstancias concretas de tiempo y espacio: es inseparable de estas circunstancias y significa cosas distintas en distintas situaciones económicas. De acuerdo con Gossen, Jevons y Walras, la cantidad de “utilidad” derivada de un bien podría ser distinta en situaciones distintas, pero de acuerdo con Menger toda la base del valor es distinta en cuanto cambia el contexto económico, porque el bien se compararía entonces con otros bienes distintos.

Sea cual sea lo que pueda pensarse de los méritos de la aproximación psicológica, ésta tenía al menos un gran atractivo: permitía la posibilidad de una teoría matemática de precios basada en la utilidad marginal. Con la psique humana como denominador común de todos los valores económicos, se hacía concebible representar la satisfacción de deseos o utilidad derivada del consumo de un bien como una función matemática de las cantidades consumidas, se hacía concebible escalar satisfacción y utilidad en unidades con las que realizar cálculos económicos completamente desconectados de los precios del mercado. También se hacía concebible combinar las funciones de la utilidad individual en algo como una función de utilidad agregada: las satisfacción de una persona y otra pueden sumarse en una cantidad única que represente “su” satisfacción total y la ganancia de una persona sumada a la pérdida de otra pueden combinarse matemáticamente para determinar si hay una ganancia o pérdida neta.[57]

Estas consideraciones probablemente tuvieron un papel en hacer que Gossen, Jevons y Walras eligieran la aproximación psicológica. No empezaron con la observación y luego adoptaron técnicas algebraicas y geométricas como las más adecuadas para representar lo observado. En su lugar, empezaron con un programa (la necesidad de aplicar las matemáticas a la economía para hacerla más “científica”) y estaban buscando una hipótesis plausible para justificar su aproximación preferida.[58] Esto explica también otras estipulaciones de ficción a las que recurrían, también con un contraste marcado con el método de Menger. En sus teorías de precios, evitaban uno de los grandes fallos de la teoría económica al estilo de Ricardo, a saber, la confianza en los agregados. Pero al pretender hacer de la economía política una disciplina matemática cayeron presa del otro gran fallo, la confianza en postulados ad hoc ficticios. Para poder tener representaciones gráficas y algebraicas de la utilidad, la demanda y los precios, Gossen, Jevons y Walras suponían que todos los bienes eran infinitamente divisibles. Y para justificar su suposición de que el mercado estaba en equilibrio, olvidaban la existencia del error.

Igual que habían hecho los economistas clásicos antes de ellos, la Escuela de Gossen analizaba los precios comoserían si se cumplieran ciertas condiciones especiales: analizaban precios hipotéticos de equilibrio en lugar de precios reales de mercado. Luego es aquí en donde encontramos la gran división entre las escuelas austriaca y de Gossen. Menger abrió el camino para ocuparse de los precios del mundo real. Su obra hacía a la economía más científica en el verdadero sentido de la palabra (aumentando el conocimiento sobre las cosas reales), mientras que los escritos de Gossen, Jevons y Walras no se ocupaban de los hechos, sino solo de conjeturas. William Jaffé tenían toda la razón cuando escribía:

Carl Menger queda claramente aparte de los otros dos considerados fundadores de la teoría de la utilidad marginal. (…) Nadie familiarizado con la literatura esencial puede dudar por un momento de que el tratamiento de Menger de la estructura de los deseos en relación con la evaluación era más profundo y penetrante no solo que el de Walras que no manifestó ningún interés particular en dichos asuntos, sino también que el de Jevons.[59]

Jaffé continuaba identificando la raíz de la mayor profundidad en la búsqueda del realismo de Menger, que le impedía desarrollar “teoría” en el sentido de una construcción mental que esté fuera de contacto con la experiencia real:

Menger se mantenía demasiado apegado al mundo real tanto para la formulación verbal como simbólica de la teoría y en el mundo real no veía puntos de equilibrio claramente definidos, sino más bien indeterminaciones limitadas no solo en el truque bilateral aislado, sino asimismo en el comercio competitivo del mercado. (…) Co su atención fijada férreamente en la realidad, Menger no podía, y no lo hizo, hacer abstracción de las dificultades que los comerciantes afrontan en cualquier intento de obtener toda la información requerida para cualquier cosa similar a una determinación de un punto concreto de equilibro de los precios a aparecer, ni tampoco su aproximación la permitía hacer abstracción de las incertidumbres que ofuscan el futuro, incluso el futuro cercano in al anticipación consciente en la que tienen lugar la mayoría de las transacciones presentes. Tampoco excluía la existencia de grupo sin competencia o la omnipresencia de comerciantes monopolistas o monopolizadores en el mercado.[60]

Al final de su carrera, Menger extendió su aproximación para ocuparse de los problemas sociales. En este aspecto, fue un pionero. El mismo término de “sociología” había sido inventado recientemente (por el positivista francés Auguste Comte) y aún no había ningún sociólogo profesional reconocido. Carl Menger se convirtió en uno de los primeros economistas convertidos en sociólogos. Muchos otros economistas austriacos como Schumpeter y Mises seguirían sus pasos. Mises explicó más tarde que esta extensión de intereses es sencillamente un consecuencia natural del nuevo punto de vista que había desarrollado Menger en susPrincipios, pues lo esencial de la nueva aproximación era un análisis que se centraba en la acción humana individual y explicaba todos los fenómenos sociales como resultado de la interacción de individuos.[61]

La explosión de la Escuela Austriaca

En la Universidad de Viena, Menger afrontó la tenaz oposición de Lorenz von Stein, el gran defensor del socialismo francés en Alemania y Austria.[62] Stein rechazó la primera petición de Menger para la habilitación, aceptando su solicitud solo después de que Menger consiguiera que el editor vienés Wilhelm Braumüller imprimiera sus Principios de su bolsillo y enviara una prueba de los dos primeros capítulos a Stein. Aún aceptando su solicitud, Stein siguió suspendiendo a Menger. Después de varias críticas favorables de su libro aparecidas en revistas profesionales alemanas, Menger volvió a presentar su solicitud y está vez fue aprobada.

Recibió inmediatamente ofertas para enseñar fuera de Viena, pero las rechazó por las grandes pérdidas económicas que habría tenido que soportar si abandonaba su cargo en el Wiener Zeitung. En su lugar se mantuvo como profesor privado en la Universidad de Viena. Un año después la Universidad de Basilea le hizo una oferta muy atractiva. Para mantener al talentoso joven profesor, la Universidad de Viena ofreció a Menger un cargo como profesor extraordinario[63] de economía política y le permitió mantener su puesto en el Wiener Zeitung. Los aceptó y permaneció en Viena durante el resto de su carrera, dando cursos de banca, crédito, economía general y finanzas públicas.[64] En el otoño de 1874 abandonó su puesto en el Wiener Zeitung para tener más tiempo para dedicar a la investigación que llevaría a la publicación de Investigaciones.

En todos sus trabajos académicos Menger encontró la continua resistencia del departamento, que estaba dirigido por un grupo bajo el liderazgo de Stein. Menger decidió formar una nueva coalición y derrocar a los viejos oligarcas. Y en 1876 tuvo éxito, porque se produjo un cambio decisivo en su carrera. El otoño anterior se le propuso convertirse en tutor privado de Rodolfo de Habsburgo, el príncipe heredero de Austria-Hungría de 21 años.

El encargo iba a ser el cénit de las actividades pedagógicas de Menger, pero también hizo visibles sus opiniones políticas, que siempre había procurado no revelar en ninguna de sus obras publicadas. Después de un cuidadoso análisis de los cuadernos del Príncipe Rodolfo, Erich Streissler concluyó que dichos cuadernos “demuestran que Menger fue un liberal económico clásico cristalino (…) con un programa para el estado mucho menor que incluso Adam Smith”.[65] Streissler continúa:

Las Lecciones para Rodolfo de Menger son, de hecho, probablemente una de las declaraciones de principios más radicales de laissez faire jamás puestas por escrito en la literatura académica de la economía. Solo hay una causa justa para la acción económica en circunstancias “fuera de lo normal”. Sólo cuando “el desastre es inminente”, cuando “el apoyo del gobierno se convierta en indispensable” debería intervenir el estado. En caso contrario “la intervención del gobierno” es “siempre (…) dañina”.[66]

Menger era los suficientemente inteligente como para no presentar estas visiones del gobierno como su opinión personal. En su lugar elegía lecturas cuidadosamente seleccionadas para hacer que llegara el mensaje. Incluso eligió como libro de texto principal La riqueza de las naciones de Adam Smith. Aún así, parece que las opiniones políticas de Menger eran tan conocidas dentro del establishment austriaco como para causar conflictos acerca de la cuestión de su nombramiento como tutor de Rodolfo. En realidad se llegó a una confrontación entre los consejeros conservadores del padre de Rodolfo, Francisco José, y los consejeros más liberales de su madre Isabel. La emperatriz acabó teniendo la última palabra.

Menger se tomó una larga excedencia de la Universidad para realizar su trabajo con Rodolfo, que empezó en enero de 1876 y duró dos años. Se convirtió en “uno de los profesores más apreciados de la casa del príncipe, con la confianza tanto del propio Rodolfo como de sus mayores”.[67]  Manger había culminado su carrera. Su nueva Protektion monárquica le elevó rápidamente al rango de catedrático en la Universidad de Viena, el puesto más prestigioso para un economista en todo el imperio. Estaba ahora en una posición de influencia prácticamente sin rival en las ciencias sociales universitarias en Austria-Hungría. A esto le siguieron otros honores casi rutinarios: se convirtió en miembro vitalicio de la Herrenhaus, la cámara alta del parlamento austriaco, en miembro de las academias de ciencias de Viena y Roma, del Institut de France y de la Royal Society en Edimburgo.[68]

Utilizó este poder para resolver conflictos dentro del departamento en la Universidad de Viena. Y también parece haberlo usado para cubrir otras cátedras de economía política en Austria con sus seguidores, incluyendo a Böhm-Bawerk y Wieser.[69]

Menger se veía como fundador y líder de una nueva escuela de investigación social y se esforzaba por conseguir adeptos y distribuirlos por la tierra. En una carta confidencial de marzo de 1902 al ministro de cultura austriaco en la que pedía una jubilación anticipada, afirmaba que sus actividades docentes “han generado resultados que sobrepasan a los comunes en la docencia. Esto se refiere en particular a la fundación de la Escuela Austriaca de Economía”. También apuntaba que muchos magníficos investigadores jóvenes recibieron su diploma de profesores universitarios (la habilitación) bajo sus auspicios y que estos investigadores habían obtenido la mayoría de las cátedras de economía política en universidades austriacas. Aparte de sus principales seguidores, Böhm-Bawerk y Wieser, se refería a Emil Sax, Johann von Komorczynski, Robert Meyer, Gustav Gross, Eugen von Philippovich, Victor Mataja, Robert Zuckerkandl, Hermann von Schullern-Schrattenhofen, Richard Reisch y Richard Schüller. Las lista de sus alumnos que no había seguido una carrera docente no era menos impresionante. Entre ellos estaban Moritz Dub, Viktor Grätz, Wilhelm Rosenberg, Rudolf Sieghart y Ernst Seidler.[70] Estos hombres desempeñarían un importante papel en la vida y carrera de Ludwig von Mises.

Menger tuvo éxito no solo desarrollando la tradición continental de la ciencia económica, sino asimismo estableciendo una red de jóvenes pensadores con iedas similares dentro de los confines de Austria-Hungría.[71]Solo fracasó en conseguir a Böhm-Bawerk una cátedra en la Universidad de Viena. Su discípulo favorito optó dos veces, en 1887 y 1889, pero en cada caso el Ministerio de Educación eligió a un candidato distinto. Argumentaron que Böhm-Bawerk representaba la misma escuela abstracta y puramente teórica que el otro catedrático (Menger) y que era necesario tener también un representante de la nueva Escuela Histórica alemana.[72] Aún así esto no resultó ser un obstáculo decisivo. En el otoño de 1889, Böhm-Bawerk fue a Viena a incorporarse al Ministerio de Finanzas y se convirtió en profesor adjunto en la Universidad de Viena; en 1905 obtuvo la cátedra. Por tanto, en un claro contraste con todas las demás escuelas (marginalistas) modernas de pensamiento económico, la Escuela Austriaca llegó rápidamente a una posición de poder, protegida por la tradición intelectual y el patrocinio político. Bajo el liderazgo de la siguiente generación, pronto obtendría una posición de influencia sin parangón.


[1] Mises, Erinnerungen, p. 19; F.A. Hayek, “Einleitung”, Carl Menger, Gesammelte Werke (vol. I, Tubinga: Mohr, 1968), pp. XXXII.

[2] Después de que Menger realizara su encargo de enseñar economía al Príncipe Rodolfo, obtuvo el derecho de acceder a un título. Menger no lo solicitó porque prefería su estatus de burgués. Ver Brigitte Hamann, Rudolf: Kronprinz und Rebell (Munich: Piper, 1978), pp. 77, 86.

[3] Sobre Menger, ver en particular F. v. Wieser, “Karl Menger”, Anton Bettelheim (ed.), Neue österreichische Biographie: 1815–1918 (Viena, 1923), vol. I, pp. 84-92, reimpreso en idem, Gesammelte Abhandlungen (Tubinga: Mohr, 1929); F.A. Hayek, “Einleitung”, pp. VII-XXXVI; Yukihiro Ikeda,Die Entstehungsgeschichte der «Grundsätze» Carl Mengers (St Katharinen: Scripta Mercaturae Verlag, 1997).

[4] Unos diez años más tarde, en una anotación en su diario, decía que sus actuales problemas de salud se debían al exceso de actividades profesionales en el pasado, así como a una mala alimentación en algunos periodos de su adolescencia, a demasiado tiempo gastado en cafés y a los muchos asuntos amorosos. Así que decidió dedicar estar más tiempo en el campo y dar paseos habitualmente. Ver el resumen biográfico de Karl Menger de la carrera profesional de su padre Carl , “X. Beginn der akademischen Laufbahn”, Carl Menger Papers (Duke University, Box 21).

[5] Ikeda, Die Entstehungsgeschichte der «Grundsätze» Carl Mengers, pp. 65, 170.

[6] Era un tema de moda de las novelas folletinescas, un género literario nuevo en su tiempo. En Francia, el “rey del folletín”, Eugène Sue se había hecho rico y famoso con Le Juif errant (1844-45). El protagonista de esta novela simbolizaba la opresión del pueblo judío a lo largo de los siglos.

[7] Kurt Paupié, Handbuch der österreichischen Pressegeschichte 1848–1959 (Viena: Braumüller, 1960), vol. 1, pp. 119 y ss. Paupié también dice que el propio periódico de Menger, el Wiener Tagblatt, tenía un carácter oficial o semioficial, en particular debido a los fuertes lazos de Menger con Belcredi (ver ibíd., p. 119).

[8] Wieser destacaba: “Entró en el funcionariado”. F. v. Wieser, “Karl Menger”, p. 84. Ver también F.A. Hayek, “Einleitung”, p. XII; Kiichiro Yagi, “Carl Menger as Editor: Significance of Journalistic Experience for his Economics and for his Later Life”, Revue européenne des sciences sociales XXX (92), 1992; Hamann, Rudolf, p. 78.

[9] Wieser, “Karl Menger”.

[10] Aparentemente, Menger no abandonó sus intereses literarios. En enero de 1869, publicó otra novela, Die Bettlerin von St. Marx (La pedigüeña de San Marcos) en otro periódico de Viena, el Allgemeine Volkszeitung. Ver Ikeda, Die Entstehungsgeschichte der «Grundsätze» Carl Mengers, p. 65, nota al pie 168.

[11] En el lenguaje de la filosofía analítica del siglo XX, los “elementos” de Menger se habrían llamado “primitivas” de la teoría económica.

[12] Grundsätze, p. VII. Barry Smith ha argumentado convincentemente que Menger aplicó el realismo aristotélico al análisis económico. Ver Barry Smith, “Austrian Economics and Austrian Philosophy”, W. Grassl y B. Smith (eds.), Austrian Economics: Historical and Philosophical Background(Londres: Croom Helm, 1986), pp. 1-36 ; ídem, “Aristotle, Menger, Mises: An Essay in the Metaphysics of Economics”, B.J. Caldwell (ed.), Carl Menger and His Legacy in Economics (Durham, NC: Duke University Press, 1990), pp. 263-288. Ver también Raimondo Cubbedu, The Philosophy of the Austrian School (Londres: Routledge, 1993), cap. 1, § 1.

[13] Menger, Grundsätze, p. 191.

[14] Carta de Menger  de febrero de 1884 a Léon Walras, traducida y publicada en “Léon Walras et Carl Menger à travers leur correspondence” ,Économie appliquée, vol. VI, nº 2-3 (1953), pp. 269-287. El pasaje está citado de las pp. 280 y ss ; la traducción al inglés es del autor del artículo original.

[15] William Jaffé destaca que “Carl Menger evitaba el uso de matemáticas en su economía, no porque no las conociera, sino por principio. Cuando escribió a Léon Walras el 28 de junio de 1883 que había estado durante un tiempo rigurosamente informado de los escritos de Walras, no negaba, como otros corresponsales, una conocimiento suficiente de las matemáticas como para seguir estos escritos, lo que podemos estar seguros de que habría hecho si hubiera sido el caso. Por el contrario, Carl Menger declaraba su objeción en principio al uso de las matemáticas como método de avance en el conocimiento económico”. Jaffé, “Menger, Jevons and Walras De-Homogenized”, Economic Inquiry, vol. XIV (Dic. 1976), p. 521. Robert Hébert indica que Menger poseía las revistas en las que los “econo-ingenieros” franceses de mediados del siglo XIX publicaban sus estudios pioneros en economía matemática. Menger también poseía los libros de los principales representantes de esta escuela de pensamiento. Ver R.F. Hébert, “Jevons and Menger Re-Homogenized: Who is the Real ‘Odd Man Out’?” American Journal of Economics and Sociology, vol. 57, nº 3 (1998), p. 329.

[16] Ibíd., p. 282.

[17] Wilhelm Roscher, Geschichte der National-Oekonomik in Deutschland (1ª ed., Munich: Oldenbourg, 1874), pp. 1014 y ss.

[18] Ver por ejemplo Gustav Schmoller, “Volkswirtschaft, Volkswirtschaftslehre und –methode”, Handwörterbuch der Staatswissenschaften (3ª ed., Jena: Fischer, 1911), vol. VIII, p. 426, donde Schmoller habla de una batalla entre su escuela contra la parcialidad de Ricardo.

[19] Por la misma razón Say también abrió camino a desplazar la tradición continental del pensamiento económico que podría remontarse a los escolásticos tardíos españoles, una tradición que seguía viva y vigorosa en los países católicos de Europa. Ver más adelante.

[20] M.N. Rothbard, Classical Economics, cap. 1.

[21] Sobre la economía escolástica y la economía de los escolásticos tardíos de la Escuela de Salamanca en particular, ver Joseph A. Schumpeter, A History of Economic Analysis (Oxford: Oxford University Press, 1954); Marjorie Grice-Hutchinson, The School of Salamanca: Readings in Spanish Monetary Theory, 1544–1605 (Oxford: Clarendon Press, 1952); Raymond de Roover, Business, Banking, and Economic Thought (Chicago: University of Chicago Press, 1974); Emil Kauder, A History of Marginal Utility Theory (Princeton, New Jersey: Princeton University Press, 1965); Murray N. Rothbard, Economic Thought before Adam Smith (Aldershot: Edward Elgar, 1995); Jesús Huerta de Soto, “New Light on the Prehistory of the Theory of Banking and the School of Salamanca”, Review of Austrian Economics, vol. 9, nº 2 (1996), pp. 59-81.

[22] Shelagh Eltis y Walter Eltis, “The Life and Contribution to Economics of the Abbé de Condillac”, en Etienne Bonnot, Abbé de Condillac, Commerce and Government (Cheltenham, UK: Edward Elgar, 1997).

[23] Menger citaba a Condillac más que a cualquier autoridad extranjera que no fuera Adam Smith y, al contrario que a Smith, le citaba solo favorablemente.

[24] Ver en particular, Etienne de Condillac, Essai sur l’origine des connaissances humaines (1746), Traité des sensations (1754), Le commerce et le gouvernement (1776). Estas obras están recogidas en sus Œuvres complètes (París: Tourneux, Lecointe et Durey, 1822), vols. 1, 3 y 4.

[25] En 1807, Gottlieb Hufeland calificaba a la teoría sibjetivista la “visión tradicional” y recomendaba no desviarse nunca de ella. Ver Gottlieb Hufeland, Neue Grundlegung der Staatswirthschaftskunst (Giessen y Wetzlar: Tasche & Müller, 1807), p. 18.

[26] Ver en particular Erich Streissler, “The Influence of German Economics on the Work of Carl Menger and Marshall”, B.J. Caldwell, ed., Carl Menger and His Legacy in Economics (Durham, NC: Duke University Press, 1990); ídem, “Carl Menger, der deutsche Nationalökonom”, B.P. Priddat (ed.), Wert, Meinung, Bedeutung (Marburg: Metropolis, 1997), pp. 33-88; Yukihiro Ikeda, Die Entstehungsgeschichte der «Grundsätze» Carl Mengers.

[27] Erich Streissler apunta que los Principios de Alfred Marshall (1891) tenían la estructura exacta de un típico libro de texto alemán. Ver  Streissler, “The Influence of German economists on the work of Menger and Marshall”, B.J. Caldwell (ed.), Carl Menger and his legacy in economics (Durham: Duke University Press, 1990), p. 51.

[28] William M. Johnston, Vienna, Vienna – The Golden Age, 1815–1914 (Milaá: Arnoldo Mondadori, 1981), p. 15.

[29] Este punto de vista no se limitaba a los intelectuales que trabajaban en campos “intelectuales” como la historia, la economía política o la filosofía. En un discurso público realizado el 3 de agosto de 1870, Emil du Bois-Reymond, rector de la Universidad Federico-Guillermo de Berlín y pionero de la electro-fisiología, proclamó que su universidad era “el guardaespaldas intelectual de la Casa de los Hohenzollern”. Ver Bois-Reymond,Über den deutschen Krieg (Berlín: Hirschwald, 1870).

[30] Erich Streissler, “The Influence of German Economics on the Work of Carl Menger and Marshall”. A lo largo de este trabajo, Streissler ha corregido de forma convincente la hasta entonces prevalente idea de que la Joven Escuela Histórica  estaba de algún modo más profundamente enraizada en la tradición alemana de la ciencia económica que Carl Menger. Como indicaba Streissler, el verdadero revolucionario fue Gustav Schmoller, no Menger.

[31] Schmoller fue profesor en Halle de 1864 a 1872. Al ser uno de los primeros beneficiarios de la victoria prusiano-alemana sobre Francia en la Guerra Franco-prusiana, se trasladó a la Universidad de Estrasbrugo (1872-1882), antes de recibir finalmente una cátedra en la Universidad de Berlín (1882-1913).

[32] Gustav Schmoller, “Einladung zur Eisenacher Versammlung von 1872”, impreso en Franz Boese, Geschichte des Vereins für Sozialpolitik, 1872–1932 (Berlín: Duncker & Humblot, 1939), p. 241.

[33] El término despectivo “Kathedersozialisten” fue acuñado por Heinrich Bernard Oppenheim en su libro Der Katheder-Sozialismus (Berlín: Oppenheim, 1872). Ver Raico, Die Partei der Freiheit, p. 200. El único participante austriaco en la reunión inicial de 1872 fue un tal Dr. Friedmann (probablemente Otto Bernhard Friedmann), un periodista de Viena.

[34] Sobre la historia de la Verein, ver Boese, Geschichte des Vereins für Sozialpolitik, 1872–1932; Dieter Lindenlaub, Richtungskämpfe im Verein für Sozialpolitik: Wissenschaft und Sozialpolitik im Kaiserreich vornehmlich vom Begin des «Neuen Kurses» bis zum Ausbruch des ersten Weltkrieges (1890–1914) (Wiesbaden: Steiner, 1967); Irmela Gorges, Sozialforschung in Deutschland. Gesellschaftliche Einflüsse auf Themen und Methodenwahl des Vereins für Socialpolitik, der Deutschen Gesellschaft für Soziologie und des Kölner Forschungsinstituts für Sozialwissenschaften (2 vols., Frankfurt del Main: Anton Hain, 1986).

[35] Raico, Partei der Freiheit, p. 188.

[36] Muchos años más tarde, Mies calificaba su actitud con las siguientes palabras: “Es la mentalidad del funcionariado (que, de acuerdo con Brentano era ‘la única base sólida de la Asociación para la Política Social’) la que considera como constructivo y positivo solo esa ideología que pide la mayor cantidad de oficinas y funcionarios. Y el que busque reducir el número de agentes públicos es desdeñado como ‘pensador negativo’ o ‘enemigo del estado’”. (A Critique of Interventionism, Nueva York: Arlington House, 1977, pp. 82 y s.) Ver también Mises, The Historical Setting of the Austrian School of Economics (New Rochelle: Arlington House, 1969), p. 31. Sobre la historia del estado de bienestar bismarckiano y sus precedents bajo Federico II, ver Gerd Habermann, Der Wohlfahrtsstaat: Die Geschichte eines Irrwegs (2ª ed., Frankfurt: Ullstein, 1997).

[37] Gustav Schmoller, “Eröffnungsrede zum 25jährigen Bestehen des Vereins auf der Kölner Tagung von 1897”, impreso en Franz Boese, Geschichte des Vereins für Sozialpolitik, 1872–1932, pp. 253 y ss., en particular 262 y s.

[38] Ibíd., pp. 260 y s.

[39] En los primeros años, la oposición más ruidosa al programa de la Verein provenía de no-miemrbos como Heinrich Oppenheim y Julius Wolf. Ver Raico, Partei der Freiheit, pp. 200 y ss. Pohle y Voigt publicaron sus influyentes y devastadoras críticas de la Verein solo después de abandonarla en 1905.

[40] Ver por ejemplo Gustav Schmoller, “Die Gerechtigkeit in der Volkswirtschaft”, Schmollers Jahrbuch, vol. 5 (1881), pp. 19-54; idem, Zur Social- und Gewerbepolitik der Gegenwart (Leipzig: Duncker & Humblot, 1890); idem, Grundriss der allgemeinen Volkswirtschaftslehre (Leipzig: Duncker & Humblot, 1900).

[41] Ver su importante carta de febrero de 1884 a Léon Walras, traducida y publicada en Antonelli, “Léon Walras et Carl Menger à travers leur correspondence”, Économie appliquée, vol. VI, nº  2y 3 (1953), pp. 269-287. La carta se cita en las pp. 284 y s. El pasaje referido está en p. 283.

[42] Carl Menger, Untersuchungen zur Methode der Sozialwissenschaften und der politischen Oekonomie im besonderen (Leipzig: Duncker & Humblot, 1883); traducido al inglés como  Investigations into the Method of the Social Sciences and of Political Economy in Particular (Nueva York: New York University Press, 1985).

[43] Schmoller, “Zur Methodologie der Staats und Sozial-Wissenschaften”, Schmoller’s Jahrbuch, nueva serie, vol. VII, º 3, pp. 239 y ss. Ver también al reseña de Leser en Conrad’s Jahrbücher, nueva serie, vol. VII, pp. 273 y ss.

[44] Ver la edición de 1886 de la Grundlagen de Roscher, citada en  Milford, “Hufeland als Vorläufer von Menger und Hayek”, pp. 99 y s. En 1871, Menger había dedicado su Grundsätze a Roscher.

[45] En lo que se refiere a las contribuciones de Menger al debate, ver Carl Menger, Die Irrthümer des Historismus in der deutschen Nationalökonomie (Viena: Alfred Hölder, 1884); idem “Zur Kritik der politischen Ökonomie”, Zeitschrift für das Privat- und öffentliche Recht der Gegenwart XIV (1887); idem, “Grundzüge einer Klassifikation der Wirtschaftswissenschaften”, Jahrbücher für Nationalökonomie und Statistik, nueva serie, vol. XIX (1889). Estos escritos han sido reimpresos en Carl Menger, Gesammelte Werke, editado por F.A. Hayek (2ª ed., Tubinga: Mohr, 1970), vol. III.

[46] El modelo de oposición entre teóricos de ideas libertarias e historiadores estadísticos no es un reflejo completo del estado de cosas. Había en realidad historicistas partidarios del mercado como Lujo Brentano, así como teóricos con fuertes inclinaciones estatistas, como Adolf Wagner o incluso Wieser.

[47] Richard Schüller, Die klassische Nationalökonomie und ihre Gegner (Berlín: Heymanns, 1895). Hildebrand había sucedido a Lorenz von Stein, pero permaneció solo un año en Viena.

[48] Para una introducción al pensamiento alemán del siglo XIX sobre la naturaleza de la ciencia, ver la colección de rescritos originales de Humboldt, Gauss, Chamisso, Virchow, Helmholtz, Ranke, Burckhardt y muchos otros en Wolfgang Schirmacher (ed.), German Essays on Science in the 19th Century (Nueva York: Continuum, 1996).

[49] Pueden encontrarse explicaciones de las diferencias entre estos autores en J.R. Hicks, “Léon Walras”, Econometrica (Octubre de 1934), p. 338; Joseph A. Schumpeter, History of Economic Analysis (Oxford: Oxford University Press, 1954), p. 918 [Publicada en España como Historia del análisis económico (Barcelona: Ariel, 1982)]; William Jaffé, “Menger, Jevons and Walras De-Homogenized”, Economic Inquiry, vol. XIV (Dic. 1976), pp. 511 y ss.; Sandra J. Peart, “Jevons and Menger re-Homogenized?” American Journal of Economics and Sociology, vol. 57, nº 3 (1998), pp. 307 y ss.  De acuerdo con una opinión muy extendida, Walras eclipsó a Menger y Jevons porque fue el pionero en la teoría del equilibrio general y por tanto demostró la interdependencia de de todos los fenómenos económicos. Esta opinión es peculiar porque esta interdependencia general es en realidad algo que presupone cualquier tipo de análisis económico. En realidad no es más que otra forma de decir que hay escasez. Mark Blaug corrigió esta opinión errónea, destacando que Menger también analizó los fenómenos económicos en su mutua interdependencia. Ver Blaug, “Comment” [en O’Brien, “Lionel Robbins and the Austrian Connection”], B.J. Caldwell, ed., Carl Menger and His Legacy in Economics (Durham, NC: Duke University Press, 1990), p. 186.

[50] Jaffé, “Menger, Jevons and Walras De-Homogenized”, pp. 513 y ss., 518. Un predecesor francés fue Jules Dupuit, que publicó dos artículos sobre valor marginal a finales de la década de 1840. Ver Robert Hébert, Secret Origins of Modern Microeconomics: Dupuit and the Engineers(Chicago: Chicago University Press, 1999); y L’oeuvre multiple de Jules Dupuit (1804–1866): Calcul d’ingénieur, analyse économique et pensée sociale (Angers: Presses de l’Université d’Angers, 2002).

[51] Hermann Heinrich Gossen, Entwickelung der Gesetze des menschlichen Verkehrs und der daraus fliessenden Regeln für menschliches Handeln(Braunschweig: Vieweg & Sohn, 1854).

[52] Ver el prólogo de la segunda edición de 1879 de sus Principios de Economía, p. IL.

[53] L. Walras, “Un économiste inconnu: Hermann-Henri Gossen”. Journal des Économistes (Abril y Mayo de 1885). Es el mismo Walras que el su correspondencia con Menger pedía disculpas porque su alemán no era lo suficientemente bueno como para asimilar Grundsätze.

[54] Ver la carta de Walras a Menger del 2 de febrero de 1887, traducida al francés y publicada en Antonelli, “Léon Walras et Carl Menger à travers leur correspondence”, pp. 269-287. La carta se cita en las pp. 285 y s. Ver también el intercambio de correspondencia entre Jevons y Walras publicada en el Journal des Économistes (Junio de 1874). En una carta del 27 de enero de 1887 a Léon Walras, Menger había destacado que solo había una limitada analogía entre su postura y la de Gossen, pero no estaba conforme con las “cuestiones decisivas”. Ver Antonelli, “Léon Walras et Carl Menger à travers leur correspondence”, pp. 269-287. La carta se cita en las pp. 284 y s.

[55] Jaffé (“Menger, Jevons and Walras De-Homogenized”, pp. 515 y s.) destacaba que Walras al principio no asociaba la utilidad marginal decreciente a la cantidades consumidas, sino a las cantidades poseídas. Es verdad que Walras fue más cauto que Gossen y Jevons al especular sobre las bases psicológicas de su teoría del precio, aunque en sus Eléments d’économie politique si acabó dando paso a un análisis psicológico al estilo del de Gossen. Pero, como veremos, la consideración decisiva para nuestros propósitos es que el valor para Walras (igual que para Gossen y Jevons) es una relación con dos lados, implicando una persona que actúa y otro objeto, mientras que el análisis del valor de Menger muestra al menos tres elementos: la persona que actúa y dos cosas que se clasifican desde el punto de vista del agente.

[56] Estas diferencias no son evidentes inmediatamente porque Menger recurría a veces a argumentos que parecían implicar conexiones mucho más fuertes entre valor y utilidad.

[57] Gossen, Entwickelung der Gesetze des menschlichen Verkehrs etc., pp. 80 y ss.

[58] Este hecho es esencial para entender la historia del pensamiento económico del siglo XX. Gossen ya era un matemático entusiasta y solo estudió derecho bajo la severa presión de su padre; ver F.A. Hayek, “Einleitung”, prólogo a H.H. Gossen, Entwicklung der Gesetze des menschlichen Verkehrs etc. (3ª ed., Berlín: Prager, 1927), pp. X y s. Todos sus seguidores mostraron la misma mentalidad. Como apunta Mark Blaug (Great Economists before Keynes, Cambridge: Cambridge University Press, 1986), Jevons estudió primero química y biología y luego dirigió su atención a la economía. Su “inspiración era el ‘felicific calculus’ de placer y dolor de Bentham, complementado con las obras de Dionysius Lardner (…) y Fleeming Jenkins (…), dos economistas e ingenieros británicos de la década de 1860” (ibíd., p. 100). Walras cursó estudios formales de letras, ciencias e ingeniería. De su padre, el economista Auguste Walras, adoptó la convicción de que algún concepto de la maximización de la utilidad resulta ser el elemento fundamental de la ciencia económica. La gran seguidor de Walras, Vulfredo Pareto, era ingeniero y se dedicó a la economía solo cuando tuvo 42 años. De forma similar, las primeras licenciaturas universitarias de Knut Wicksell e Irving Fisher fueron en matemáticas. Gustav Cassel, quien, según Blaug (ibíd., pp. 41 y ss.), había escrito el libro de texto más difundido en el periodo de entreguerras, era doctor rn matemáticas, luego se convirtió en profesor y después se dedicó a la economía, convirtiéndose en el mayor popularizador de la economía del equilibrio general al estilo de Walras. Por el contrario, la influencia formativa predominante de los economistas austriacos no vino como formación matemática, sino a través de estudios legales. Hasta el periodo de entreguerras, todos los economistas austriacos tenían que obtener un título en derecho antes de dirigir su investigación hacia problemas económicos. En consecuencia, los economistas de Viena se distinguían por una gran capacidad de pensar conceptualmente y, lo que es más importante, por su disposición a relacionar todas sus ideas con el mundo real observado. Su formación jurídica contrapesaba eficazmente la inclinación que algunos sentían por las ciencias naturales (por ejemplo, Böhm-Bawerk tuvo en su juventud un gran interés por la física teórica, ver Schumpeter, “Eugen von Böhm-Bawerk”, Neue Österreichische Biographie (Viena, 1925), vol. II, p. 65).

[59] Jaffé, “Menger, Jevons and Walras De-Homogenized”, p. 519.

[60] Jaffé, “Menger, Jevons and Walras De-Homogenized”, p. 520.

[61] Mises, Money, Method, and Market Process, editado by R. Ebeling (Auburn, Ala.: Mises Institute, 1990).

[62] Ver el relato biográfico de Karl Menger de la carrera profesional de su padre Carl, “X. Beginn der akademischen Laufbahn”, Carl Menger Papers(Duke University, Box 21).

[63] En general, sería equivalente a un puesto de profesor asociado en Estados Unidos.

[64] Debe haber habido algún tipo de Protektion. Debemos recordar aquí que las actividades periodísticas de Menger le habían puesto pronto en contacto con las fuerzas políticas establecidas. Estas conexiones probablemente jugaron a su favor cuando solicitó la cátedra en la Universidad de Viena.

[65] Erich Streissler, “Menger’s treatment of economics in the Rudolf lectures”, E.W. Streissler, M. Streissler (eds), Carl Menger’s Lectures to Crown Prince Rudolf of Austria (Aldershot: Edward Elgar, 1994), pp. 4, 14.

[66] Ibíd., p. 17. Sobre el liberalismo de Menger, ver también Israel Kirzner, “Menger, Classical Liberalism, and the Austrian School of Economics”, B.J. Caldwell (ed.), Carl Menger and His Legacy in Economics, pp. 93-106; Kiichiro Yagi, “Carl Menger as Editor: Significance of Journalistic Experience for his Economics and for his Later Life”, Revue européenne des sciences sociales, vol. 30, nº 92 (1992); ídem, “Carl Menger and Historical Aspects of Liberalism in Austria”, ensayo presentado en unsimposio titulado Carl Menger and the Historical Aspects of Liberalism (Center for Historical Social Science Literature, Hitotsubashi University, 18-19 de diciembre de 2004).

[67] Ibíd.

[68] Kurt Rothschild, “Carl Menger”, Walter Pollack (ed.), Tausend Jahre Österreich (Viena: Verlag Jugend und Volk, 1974), vol. 3, pp. 67 y ss.

[69] Klaus H. Hennings, The Austrian Theory of Value and Capital (Cheltenham, UK: Edward Elgar, 1997), pp. 10 y s., 24 (13). La caracterización de la actitud de Menger y Böhm-Bawerk por parte de Mises da una imagen algo errónea del momento. En Erinnerungen (p. 22), Mises señalaba que estos hombres no estaban interesados en promover su causa a través de su poder personal (ver también Mises, Historical Setting of the Austrian School of Economics, p. 39). Pero eso no significa que no tuvieran un poder considerable, ni que nunca hicieran uso alguno de él.

[70] Hayek, “Einleitung”,, pp. XXXIII y s.

[71] Parece que la principal razón por la que Menger se retiró a la relativamente joven edad de 62 fue que se produjo un escándalo relacionado con su doncella. El asunto se hizo público por el nacimiento de Karl, al que Carl Menger reconoció como hijo. Karl costó a Menger su carrera y por tanto también cambió la historia de la Escuela Austriaca de economía, que bajo la guía de Carl sin duda habría tomado un rumbo distinto del que tomó bajo su sucesor, Friedrich von Wieser. Pero el nacimiento de Karl también llevó a una aproximación entre la Escuela Austriaca y la corriente principal a través de una ruta más directa: el propio Karl Menger acabaría convirtiéndose en un famoso economista matemático.

[72] hiheki Tomo, Eugen von Böhm-Bawerk, pp. 157-162.


Publicado el 29 de diciembre de 2007. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

 

Print Friendly, PDF & Email