Evolución y orden espontáneo

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nn[Transcripción de la conferencia originalmente denominada «Entwicklung und Spontane Ordnung», Lindau, Alemania, 1983.] La conferencia subtitulada al español aquí.

Señoras y señores, con la esperanza de poder ofrecer algo que será de interés no sólo para los economistas sino también a los científicos naturales en general.

He elegido un problema para hablar, que aunque surgió de mi estudio de los problemas económicos, me parece aplicarlo en un campo mucho más amplio de hecho, en todas partes donde la creciente complejidad de los fenómenos con los cuales tenemos que lidiar, nos obliga a abandonar la esperanza de encontrar explicaciones simples de causa y efecto, y tener que sustituir una explicación de la evolución de estructuras complejas.

Me gusta hablar a este respecto del doble problema de la formación espontánea de órdenes y la evolución. Por lo general, un proceso evolutivo que es lo único que podemos explicar, pero que representa en una medida limitada, la existencia de ciertos tipos de estructuras.

En este sentido estoy de acuerdo con lo que dijo el señor John Hicks ayer, que el grado en que en estas ciencias podemos hacer predicciones es muy limitado. Lo que me gusta decir en este sentido es que estamos confinados a predicciones de patrones, a la probabilidad de la formación de ciertas estructuras sin ser capaces de hacer verdaderas especiales predicciones de eventos particulares

En este sentido como indicó Sir John Hicks, somos científicos de segundo orden, pero que tenemos en común un campo tan enorme como la teoría de la evolución biológica, en las que las estrictas pruebas de las que Mr. John ha sugerido ayer, tampoco serían una ciencia ya que no se es capaz de hacer predicciones específicas y lo mismo es cierto en nuestros campos.

Ahora toda la interrelación entre la teoría de la evolución y otras cuentas de la existencia y formación de estructuras complejas de interacción tiene una muy compleja y paradójica historia y me permitiré incluso si se dilata la extensión de mi conferencia contarles un poco sobre la evolución histórica que de por sí ha tenido efectos profundos en nuestra actitud frente a estos fenómenos.

Por supuesto, en los últimos tiempos la aplicación de la evolución de los fenómenos sociales ha sido más bien injustificadamente desacreditada cuando los científicos sociales tuvieron que aprender de Charles Darwin y desarrollar algo conocido como darwinismo social como si su idea de la evolución hubiera sido originalmente una idea de las ciencias biológicas mientras que de hecho existe una tradición mucho más antigua de la evolución en el estudio de la sociedad y se puede demostrar que fue Darwin quien la tomó de las ciencias sociales y no al revés.

Hay otra conexión profunda sobre la que quiero decir algunas palabras. Que nuestra actitud hacia todos los fenómenos sociales, particularmente nuestro juicio, de diversos puntos de vista morales, está muy estrechamente relacionado con una vieja tradición que comienza en la antigüedad nada menos que en Aristóteles que nos ha dado una concepción totalmente anti-evolutiva de la institución social, que a través de su efecto sobre Santo Tomás de Aquino, se ha convertido en la actitud de una gran parte de la Cristiandad hacia todo lo que equivalía a un creciente desarrollo de la civilización porque se había definido como bueno lo que era necesario para preservar un orden existente sin tener que hacerse la pregunta ¿Cómo sería posible que alguna vez si, todo nuestro deber era proporcionar la preservación de lo que es, que la humanidad jamás se desarrolló grandemente. Incluso ha afirmado un historiador de la economía moderna, que Aristóteles no pudo haber visto el problema de la evolución y el problema de la conexión de la evolución con una economía de mercado operativo porque en la época en que vivió, la economía de mercado, como la llamamos resultado de la evolución, aún no existía. Ahora en dos puntos les puedo dar unas breves evidencias bastante interesantes ya que mi afirmación de que Aristóteles no poseía ninguna concepción de la evolución, que le impidió siempre comprender los problemas sociales, ha sido notablemente confirmada por la última magnífica historia de las ciencias biológicas una de las más grandes de toda la historia de la ciencia moderna que ha aparecido recientemente en «El Crecimiento del Pensamiento Biológico» de Ernst Mayr.

Lo que es para mí una gran satisfacción, porque ha sido en parte mi argumento durante mucho tiempo, argumenta explícitamente esta idea de que el universo podría tener un desarrollo de un estado original de caos.

Que un organismo superior que evolucionara a partir de los inferiores era totalmente ajeno al pensamiento de Aristóteles. Para repetirlo, Aristóteles se opuso a la evolución de cualquier tipo. Ahora esto tuvo un efecto profundo en sus puntos de vista sobre la sociedad que hemos heredado de él. Una visión que siempre ha sugerido, lo que era bueno en el mundo, lo que servía a la preservación de las instituciones existentes. Que nunca se preguntó cómo, de hecho, durante su misma vida, Atenas, casi había duplicado su tamaño, había ocurrido un gran aumento de la población.

Pero él detestaba el mercado, como lo hacían muchos intelectuales. Pero yo sólo les daré otra ilustración de alguien viviendo en el mercado, lo que era en esa época, esto viene de un contemporáneo de Aristóteles, uno de esos escritores de comedias de la época, del cual sólo se conservan fragmentos, pero que uno en particular es especialmente divertido, porque la del señor Euboulos, como se llamaba, era ya entonces una actitud común de los intelectuales respecto a los asuntos comerciales, expresar su desprecio por el papel del mercado. En unas pocas líneas que se han conservado nos dice:

 «Usted encontrará en Atenas cosas de todo tipo y formas para la venta en el mismo lugar higos, membrillos, uvas, nabos, peras, manzanas, testigos, salchichas, panales, rosas, nísperos, garbanzos, relojes de agua, mirtos, corderos, jacintos, leyes, residencias, demandas, cuajadas, picaduras de abeja y las urnas.»

Ahora en una sociedad en la que los humoristas podían hacer bromas con el mercado de tal forma, el mercado debía ser de lo más activo.

Ahora ¿Por qué Aristóteles no lo vio y qué efecto tuvo esto? Bien, en efecto en ese momento la idea de la evolución apenas si había surgido en  campo alguno, excepto en dos, y la visión original del hombre, y el hecho de que esas instituciones habían crecido gradualmente, no como resultado de un diseño intelectual deliberado, sino como una cuestión de tradición que creció lentamente, existente ya entonces en dos campos, el derecho y la lingüística. Por lo menos los antiguos estudiosos romanos de la ley y de la lingüística eran plenamente conscientes de que estas instituciones no habían sido diseñadas deliberadamente por la mente humana, sino que habían crecido en un proceso de evolución. Y ese fue un concepto de evolución que se mantuvo durante los siguientes dos mil años.

Pero en el siglo XVIII, las cosas empezaron a cambiar. Un primer caso notable es apenas comenzado el siglo XVIII, cuando un hombre, un holandés que vivía en Inglaterra llamado Bernard Mandeville comenzó a estudiar la formación de la institución y ya se han señalado los cuatro paradigmas o ‘paradigmater’ como todavía prefieren llamarlos de estos fenómenos, los dos clásicos de la ley y el idioma pero añadiéndoles la moral, el dinero y el mercado. David Hume fue una gran figura que tomó el relevo de Mandeville en esta idea, y creó la tradición de los filósofos escoceses y, particularmente, y básicamente relevante para lo que iré diciendo, la profunda visión de que la moral humana no es el diseño de la razón humana. Una visión de la doble importancia que siguió para él, de que si la moral humana no fue el diseño de la razón humana, también llegó a la conclusión que la razón científica no nos permite juzgar la moral humana.

Nunca se pueden sacar conclusiones morales a través de declaraciones puramente objetivas. Una idea que hoy en día se acredita generalmente a Max Weber, pero que ya desde la época de David Hume estaba bien establecida. Pero en este sentido planteó el siguiente problema: «¿A qué se debe realmente nuestra moral?» Y la conclusión de su principio no es que la ciencia no tiene nada que decir acerca de la moral en absoluto, sino que las preguntas que legítimamente podemos hacer son bastante limitadas. Unas preguntas que todavía podemos hacer, de las que podemos exigir una respuesta de la ciencia es: «¿Qué es la moral que heredamos?» Y «¿Cómo desarrollamos esta moral y no otras?» Y cierta y claramente relacionada con ella, una cierta pregunta que también es una pregunta científica «¿Qué nos ha hecho esta moral ?» «¿Cuál ha sido el efecto en la humanidad del desarrollo de este tipo particular de moral?» Hay áreas dignas de enorme importancia, en las que yo, como economista, tenía que estudiar. Es el campo de la moral, de la propiedad, la honestidad y la verdad. Hay normas morales que no son la creación del diseño humano, que en los términos humanos, no podemos decir científicamente si son buenas o malas, a menos que las observemos desde el punto de vista del efecto que hayan tenido sobre el desarrollo de la humanidad, de la cantidad de seres humanos y de su civilización. Esta sigue siendo la cuestión clave. Al mismo tiempo, debemos ser conscientes de que la antigua tradición de los bienes comunes, o como lo llamamos propiedad privada, es esa parte de nuestra moral que es la más disputada y que menos nos gusta. Y esto es debido al hecho – políticamente opuesto – es debido al hecho de que realmente es una tradición que no es ni natural, en el sentido de que sea innata en nuestra composición física, ni artificial, en el sentido de que sea deliberadamente hecha por la razón humana, porque como los filósofos escoceses del siglo XVIII entendieron tan claramente, el hombre nunca hizo deliberadamente su sociedad. De hecho, cuando miramos hacia atrás en la historia encontramos que éstas tradiciones nunca se justifican racionalmente, se han conservado en una variedad de grupos o comunidades, ya que fueron confirmados por creencias sobrenaturales, no por razones científicas sino creencias, que creo que respetuosamente debo llamar verdades ceremoniales, o que no son verdad en el sentido de la verdad científica, verdades demostrables, pero verdades en el sentido de lo que los hombres realmente hacen, lo que era bueno para ellos, bueno en el sentido de ayudarles a mantener un número aún mayor de ellos, aún sin poder dar las verdaderas razones por las que deben hacerlas.

Verdades que se encuentran en el medio, entre las ideas naturales, que son innatas a nosotros, y los conocimientos racionales que construimos desde nuestra razón, que pertenecen a la esfera intermedia de la tradición que es el resultado de un producto de la evolución selectiva en muchas maneras similares a la evolución selectiva de la cual por primera vez tuvimos en una teoría desarrollada completa por Charles Darwin y la escuela darwiniana pero en aspectos fundamentales, de distinta fuente.

Me referí antes a lo que fue una gran desgracia que los científicos sociales de hace unos cien años tuvieron que pedir prestada la idea de la evolución de Charles Darwin y prestado con él, el mecanismo particular que Charles Darwin o más bien el neodarwinismo más tarde, proporcionó como una explicación de este proceso de evolución que es muy diferente del mecanismo de la evolución cultural como voy a llamarlo. Ahora lo que fue una desgracia y una desgracia bastante innecesaria, debido al hecho de que parece que para esa época, los científicos sociales habían olvidado lo que era una tradición mucho más antigua en su propio campo y ni siquiera se dieron cuenta de que Charles Darwin desarrolló sus ideas en gran medida aprendiéndolas en el otro campo.

Creo que recientemente incluso se ha demostrado que la idea fundamental vino a la mente de Darwin en 1838, cuando estaba leyendo ¿Qué libro? La Riqueza de las Naciones, de Adam Smith, que por supuesto era una exposición clásica de la idea escocesa de la evolución, y que parece haber sido la influencia decisiva aun sobre Charles Darwin. Darwin mismo admitió haber sido influenciado por esa escuela, pero éste suele hacer mención de Malthus como una influencia que él recordaba, pero sus cuadernos ahora muestran que lo que estaba leyendo en el momento crítico parece que era La Riqueza de las Naciones de Adam Smith. Como resultado es que este primer gran éxito en el desarrollo de una verdadera teoría de la evolución primero en el campo de la biología, hace que la gente crea que este ejemplo tenía que ser seguido. Ahora yo podría insertar aquí otro ejemplo de mi historia que recientemente he descubierto, pero que tal vez mucho más claramente que cualquier otra cosa confirma mi suposición básica de que la concepción de la evolución deriva del estudio de la sociedad y fue tomado por el estudio de la naturaleza. Puedo demostrar muy fácilmente que el término «genética» que hoy es el término exclusivo para la evolución biológica fue acuñado en Alemania en el siglo XVIII por hombres como Herder, Wieland y Schiller y que fue utilizado en el término bastante moderno por Wilhelm von Humboldt mucho tiempo antes que Darwin. Los pasajes de Humboldt son tan interesantes que creo que citaré algunos. Humboldt hablaba en 1836 acerca del hecho de que la definición de lenguaje sólo puede ser una definición genética, «Nur eine genetische sein könne…»y va a argumentar que la formación de la lengua, sucesivamente a través de muchas etapas como el origen de los fenómenos naturales, es claramente un fenómeno de la evolución, y todo lo que estaba listo en la teoría de los lenguajes, treinta años antes de que Darwin las aplicara a las ciencias naturales.

Sin embargo, había sido olvidado o al menos ignorado fuera de los dos casos clásicos de la lengua, el derecho y, si me lo permiten, agregaré ahora la economía, incluyendo el mercado y el dinero. Y cuando fue presentada de nuevo por los darwinistas sociales todas las partes de la explicación del mecanismo no fueron tenidas en cuenta. Así que mi próxima tarea será distinguir claramente lo que tienen de común las teorías sociales de la evolución y las teorías biológicas de la evolución. Qué tienen y qué no tienen en común. Debemos comenzar con las diferencias más importantes antes de centrarme en las fundamentales y estrechamente relacionados similitudes entre las dos teorías. Las diferencias son las siguientes y se centrará en la forma en que el mecanismo de la evolución biológica fue dado por el neo-darwinismo. Darwin no estaba demasiado convencido de algunos de estos puntos, particularmente el primer punto de que mencioné.

La evolución cultural depende por completo de la transmisión de los caracteres adquiridos, exactamente lo que le excluye por completo de la evolución biológica moderna. Al comparar la evolución cultural de la evolución biológica, deberíamos compararla con la teoría Lamarckiana en lugar de con la teoría darwiniana. Número dos. Esa transmisión de hábitos e información de generación en generación en la evolución cultural por supuesto no sólo pasa de los antepasados físicos a los descendientes físicos. En el sentido de la evolución cultural, no todos nuestros predecesores pueden ser nuestros ancestros, ​​y toda la nueva generación puede ser nuestra sucesora. No es un proceso que procede de padres físicos a hijos físicos, sino que procede de una manera totalmente diferente.

En tercer lugar que tal vez sea el más importante, el proceso de la evolución cultural, sin duda, no se basa en la selección de los individuos, sino en la selección de grupos. Los biólogos todavía disputan creo, sobre qué papel juega la selección de los grupos en la evolución biológica. No hay duda de que en la evolución cultural la selección de grupos era el problema central. Donde los grupos que desarrollaron ciertos tipos de hábitos, incluso ciertos tipos de complementariedades entre los diferentes hábitos en el mismo grupo que decidió la dirección de la evolución cultural, y en ese sentido, es fundamentalmente diferente de la evolución biológica. Ahora bien, esto implica lo que llamaré quizá el número cuatro, implicaba entonces, que por supuesto la transmisión de la evolución cultural no es de características innatas, sino que es todo lo que hemos aprendido en el proceso de crecimiento. La contribución de la evolución natural a esto es un largo período de adolescencia del hombre, que se da en un largo período de aprendizaje, pero lo que se transmite en la evolución cultural es enseñado o aprendido por imitación.

Ahora lo que se ha producido, una estructura inmaterial de creencias y opiniones que recientemente Sir Karl Popper acaba de dar el nombre de «mundo tres», un mundo de estructuras que existen en cualquier momento solamente porque son conocidos por una multiplicidad de personas, pero que aún a pesar de su carácter inmaterial puede ser transmitida de generación en generación. Y finalmente, la evolución cultural, porque ésta no depende de la variación accidental en su selección, sino de los esfuerzos deliberados que contribuyen a ella, es infinitamente más rápida de lo que la evolución natural jamás podría ser. Que en ese período de diez mil o veinte mil, o tal vez cuarenta mil años en que la civilización moderna ha surgido, hasta que el hombre pudo desarrollar todo lo que ha desarrollado por el proceso de la evolución biológica, la que está totalmente fuera de la cuestión.

A este respecto la mayor velocidad de la evolución cultural es decisiva. Ahora que tenemos esto aquí Uds. podrían preguntar ¿Qué similitudes mantendrán? No parecen totalmente diferentes.

En total, hay dos similitudes fundamentales entre los dos que justifican hasta un punto la aplicación del mismo nombre «evolución». El primero es que el principio de la selección es el mismo. En la evolución biológica y en la evolución cultural lo que está siendo seleccionado es lo que contribuye a ayudar al hombre en su multiplicación, lo que le ayuda a crecer en número al igual que aquellas propiedades físicas que ayudan a las personas a sobrevivir, esos bienes culturales que están siendo seleccionados son los que ayudan al grupo que los ha adoptado a multiplicarse más rápido que otros grupos y de esta forma gradualmente desplazar y tomar el lugar de los otros.

Y hay una segunda estrecha similitud que es muy importante, pero por lo general no se entiende y que puede incluso sorprender al principio, como lo mencionara, tanto la evolución biológica como la evolución cultural no conocen ninguna ley de evolución. Leyes de la evolución en el sentido de etapas necesarias a través de las cuales el proceso tiene que pasar, es un concepto muy diferente de evolución del que se afirma desde Hegel, y Marx y pensadores similares, de que hay un descubrimiento de las leyes o secuencias de etapas por las que el proceso evolutivo debe pasar. No sólo no hay ninguna justificación para tal afirmación, mucho peor, está en conflicto con las otras ideas de evolución. Tanto la evolución biológica como la evolución cultural consisten en un mecanismo de adaptación a eventos futuros desconocidos. Si se trata de una adaptación a eventos futuros desconocidos, es totalmente imposible para nosotros ser capaces de conocer las leyes que debemos seguir, porque este desarrollo está determinado por definición, por acontecimientos que no podemos prever ni conocer. Y eso me lleva a lo que debería haber sido mi tema central, pero para los que me temo no tener tanto tiempo como quisiera ¿Cuál es el tema esencial de la evolución cultural a la que atribuyo tanta importancia? Como he indicado antes hay dos características generales que todas las civilizaciones que han sobrevivido y se han expandido hasta ahora, poseyeron, y contra las cuales todos los revolucionarios han protestado en todos los tiempos:

Esta es la tradición de la propiedad privada o como prefiero llamarla la propiedad de varios y la tradición de la familia. Yo no tengo tiempo para considerar la tradición familiar. Sería un problema mucho más difícil, porque creo que hay cambios en nuestro conocimiento actual y puede dar lugar a cambios fundamentales en la tradición familiar. Así que me limitaré exclusivamente a la proposición de la propiedad privada, que por supuesto, es la tradición de unos dos mil años contra la que todos los revolucionarios han dirigidos sus esfuerzos. Casi todos los reformadores religiosos con muy pocas excepciones, inventaron una nueva religión que suprimió la propiedad de varios y por lo general también la familia, pero ninguno de estos reformadores o ninguno de estas religiones revolucionarias que surgen constantemente nunca han durado más de cien años. Y creo que el más reciente ejemplo, también debe considerarse como una especie de religión, opuesto a la propiedad y la familia, que es el comunismo, que todavía no se prolongó durante cien años, y tengo muchas dudas de que llegará a los cien años. Pero todas las grandes religiones que han llegado que han venido a ampliarse y han permanecido en una parte cada vez mayor del mundo, han tenido estas dos cosas en común, afirmaron la propiedad privada y la familia. No sólo las tres religiones monoteístas, sino también las dos o tres grandes religiones orientales, todas están de acuerdo en estas dos características, y mi opinión es que es porque afirmaron y conservaron aquellas tradiciones en sus grupos. Esos grupos fueron seleccionados para la expansión indefinida porque hicieron posible la multiplicación de las personas que obedecían las reglas morales dictadas por ellos. Ahora ese apoyo religioso fue indispensable. Porque si es verdad lo que es mi argumento principal e inicial, que la moral de la propiedad privada y la de la familia no es natural, en el sentido de innata, ni racional, en el sentido de diseñada, es un gran problema de por qué un grupo debería pegarse a un hábito un tiempo suficientemente largo con el fin de dar al proceso una oportunidad de que se expanda y seleccione. Sólo los grupos que durante largos períodos creyeron en lo que he querido llamar verdades simbólicas, los miembros de lo que es el grupo. Sólo las tradiciones que tuvieron éxito en la aplicación de ciertas verdades simbólicas serían capaces de mantener las reglas morales cuyos beneficios los miembros del grupo nunca entendieron. Esto implica la afirmación de que la institución de la propiedad privada nunca debió estos efectos al hecho de que nunca debió sus efectos sino a una proporción menor de la población que podía ver cómo la propiedad privada los beneficiaba y defendió sus intereses, los cuales sólo habían existido en un número mucho más grande luego, los que sabiendo que se se beneficiaban de la propiedad privada apoyaron estas creencias. Y fue posible sólo debido a las creencias religiosas que les enseñaban a ellos. Esto es lo que quise decir antes cuando dije que le debemos la civilización a las creencias que en nuestra opinión moderna hemos sentido que ya no son tan ciertas. Que no son ciertas en el sentido de la ciencia, verdades científicas, pero que sin embargo eran una condición para la mayoría de la humanidad. Someterse a las reglas morales cuyas funciones no entendían nunca pudieron explicar lo que de hecho a todos los críticos racionalistas muy pronto pareció absurdo. ¿Por qué la gente debería respetar la propiedad privada si la propiedad privada parece beneficiar solamente a las pocas personas que la tienen? En las sociedades muy pronto hubo en mucho mayor número en las sociedades agrícolas primitivas, una mayoría que eran dueños de los instrumentos de su producción. Eso creó una situación que es históricamente muy interesante. La humanidad realmente debe su civilización a la creencia de que en el sentido científico eran falsas creencias, y en relación con las creencias que al hombre le disgustaban mucho. Porque no tengo muchas dudas de que si mi tesis es verdadera, la humanidad fue civilizada por un proceso que fue intensamente odiado. Por estar hecho para someterse a normas que no podían entender, ni les gustaban. Pero creo que esto es perfectamente cierto. Y creo que puedo afirmar que antes del nacimiento de la ciencia de la economía, antes de que el siglo XVIII, comenzara a explicar por qué la sociedad de mercado podría surgir únicamente sobre la base de la institución de la propiedad privada, habría sido imposible que la humanidad se multiplicara jamás tanto como lo hizo.

E igualmente fue sólo en el siglo XVIII esencialmente David Hume, Adam Smith y sus contemporáneos que no se vio claramente que el mecanismo de selección en el que los grupos que fueron seleccionados a través de la institución de la propiedad privada, fueron capaces de crecer más rápido que otros.

Eso es, por supuesto, un criterio que a su vez ha sido muy impopular y que sólo unos pocos economistas entienden. En la actualidad la actitud general de todos ellos es pensar que la multiplicación de la humanidad es una gran desgracia, y que no tenemos nada que temer más que la propia multiplicación rápida de la humanidad. Están constantemente pintando el horror de una sociedad sin futuro, la que sería una sociedad sólo excepcional. Ahora bien, hay varias cosas que decir sobre esto, debo abreviarlo o esto podría ser un tema de otra conferencia muy interesante. La primera es que el temor a un aumento de la población que conduce al empobrecimiento carece de todo fundamento y es que nunca en la historia sucedió aún que un aumento de la población lleve a la gente a ser más pobre. La impresión contraria es debida al hecho de que el concepto de pobres y ricos es mencionado en términos de promedios no en términos de individuos. Es cierto que el progreso económico basado en la propiedad privada y la división del trabajo lleva a un mayor aumento de los pobres que de los ricos, con el resultado, de que las rentas medias pueden caer como resultado del aumento de la población, pero nadie tiene que empobrecerse por esta razón sólo significa que los pobres se han incrementado más de los ricos que, por tanto, la media es empujada hacia abajo pero nadie ha sido empujado hacia abajo como resultado de este desarrollo. La explicación de esto, tanto sean los éxitos como los errores, viene en gran parte de Malthus, quien dijo que con un aumento de la población el trabajo humano debe generar rendimientos decrecientes.

Eso sería cierto en un mundo como el que Malthus estaba pensando, donde el trabajo humano era uniforme y todas las personas o casi todas las personas trabajaban en la agricultura y que en tal sociedad, de hecho, un aumento de la población llevaría a la reducción del producto por unidad de trabajo. Pero la gran ventaja de un aumento de la población es que hace posible una constante diferenciación de las actividades humanas. Y un aumento en la cantidad de hombres no es un aumento en el número de uno de los factores de la producción es un crecimiento constante de nuevos factores adicionales y diferentes de la producción que en colaboración pueden producir mucho más. Parece en efecto que, de alguna manera, el aumento de la población conduce a un aumento en la civilización. Trae rendimientos crecientes en lugar de decrecientes. Permítanme repetir que no hay evidencia de que alguna vez en la historia un aumento de la población haya llevado a un empobrecimiento real de la población existente. Hay dos o tres casos especiales que debo mencionar. Se supone que han sucedido que cuando otras circunstancias destruyéndose la fuente de ingresos hace posible que un aumento de la población resulte en una gran pobreza. El clásico caso, por supuesto, ha sido Irlanda en el siglo XIX que por la patata tuvo que aumentar su población alrededor de cuatro veces más de lo que era antes, pero cuando apareció la enfermedad de la patata desapareció la fuente de ingresos, generando el resultado de que el aumento de la población ya no podía alimentarse. Otro caso que debemos considerar por separado, y creo que nos debe dar motivo de seria reflexión, ahora estamos creando casos en que el aumento en la población local no se debe a un aumento de esa población por producir más, sino a la ayuda extranjera y en estos casos probablemente nunca habrá espacio o comida para que se produzca una gran cantidad de población en esos lugares.

Puedo dar como ejemplo, el muy citado ejemplo, de la región inmediatamente al sur del Sahara llamada regiones del Sahel, [Mali, Níger, Chad, etc.] que claramente no están ahora en condiciones de alimentar a su población, y a los que se nos exhorta a ayudarlos a alimentarse con el resultado, por supuesto, que nosotros causamos su nuevo aumento de población, lo cual será nuestra responsabilidad, porque por lo que sabemos, nunca han tenido una oportunidad en su propia región de producir lo suficiente. Creo que plantea problemas extremadamente graves de nuestra política de ayuda para algunos países subdesarrollados. Todo esto cambia el curso de nuestra actitud hacia la política exterior de muchas otras maneras, pero la clave sigue apuntando hacia la necesidad y la condición esencial del establecimiento de la propiedad conjunta, y en particular la propiedad conjunta los medios de producción, como una herramienta indispensable para la conservación de la población actual de la humanidad. Se nos dice, al menos oficialmente, que creamos lo contrario. Se cree que a pesar de la abolición de la institución de la propiedad conjunta no sólo se puede mantener todavía la población actual, sino que podríamos mantenerla mejor que hoy. Si lo que estoy diciendo es correcto, sólo puedo sugerir que la propiedad conjunta es la base indispensable para que la utilización de un conocimiento muy disperso sobre el que descansa la economía de mercado, significa que la opinión contraria, principalmente la representada por el comunismo, que no conduce a una mejora de la población, sino probablemente haría que alrededor de la mitad de la población actual del mundo muriese.

Tenemos varios ejemplos significativos de esto. Un gran número de países que eran grandes exportadores de alimentos cuando fueron operados por una economía de mercado, no sólo Rusia, sino también Argentina y otros, ya no son capaces ellos mismos de mantener su población que no ha aumentado tanto, en comparación a cómo creció la población occidental. Pero la conclusión final es, por lo tanto, lo que parece ser una conclusión política, Una conclusión sobre las consecuencias de los dos sistemas alternativos de ética en que las dos mitades del mundo son expertos. Si bien es cierto que podemos mantener incluso a la población actual del mundo sólo apoyándose en todo ese sistema de economía de mercado apoyada en la propiedad conjunta de los instrumentos de producción. Y que su abolición conduciría a algo así como una gran proporción de la humanidad muriendo de hambre. Eso parecería un resultado no deseado. Incluso si un científico no tiene permiso para llamar a algo indeseable, puedo decir que sería un resultado del que la mayoría de la gente no querría saber. Y la última conclusión que voy a hacer, aun a riesgo de desacreditar totalmente esta gloriosa reunión de científicos aquí, es que el punto de vista opuesto que cree que podemos hacerlo mejor manteniendo la población actual del mundo mediante la abolición de la propiedad conjunta, es bienintencionado pero muy tonto.


 

 

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