Economía colaborativa, el libre mercado de toda la vida

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Lleva aconteciendo en nuestra sociedad un hecho por el que los libertarios deberíamos sacar pecho y luchar todos los días incluso más de lo que lo hacemos. Me refiero a lo que muchos economistas no precisamente libertarios han denominado «economía colaborativa». Estos grupos se envalentonan diciendo que este «nuevo» tipo de hacer economía responde a la caridad social y al progreso. Sin embargo vuelven a errar. Se define economía colaborativa como: una interacción entre dos o más sujetos, a través de medios digitalizados o no, que satisface una necesidad real o potencial, a una o más personas. Muchos economistas e ideólogos están viendo este tipo de economía desde una perspectiva extraña, afirmando que aunque buena, debería regularse extensamente por el «bien ciudadano». La ven como algo bueno y potencial pero que se apresuran como perros sarnosos a regular o coaccionar. Sin embargo, aunque vean esto bueno, deberíamos explotarlo, pues la economía colaborativa es el libre mercado de toda la vida.

Desprendemos de la definición de economía colaborativa el germen último del mercado «satisfacer las necesidades de dos o más personas» ¿Qué diferencia hay entre esto y el libre mercado? Absolutamente ninguna. Este «nuevo» tipo de hacer las cosas no tiene nada de novedoso, es más, está en la sociedad desde que el tiempo es tiempo. Sin embargo para el regulador encontramos este tipo de economía maligna, y no es menos (para él claro). Este tipo de economía fruto del orden espontáneo tiende en primera medida a realizarse de espaldas al regulador y funcionar con un éxito abrumador. No es de extrañar la repulsión que desde todos los ámbitos de los lobbies genera este tipo de usos. El ejemplo más significativo es el de Uber al que el lobby taxista se opuso con todo tipo de protestas sin control y totalmente indiscriminadas contra todo tipo de acto que rodeara a esta empresa y que han conseguido que el regulador se tire de cabeza a hacer lo que se le da mejor, destrozar. 

No debe extrañarnos que el Libre Mercado en su total y genuina expresión de orden espontáneo cause terror a los reguladores y a sus «satélites económicos». Las nuevas empresas que se están formando entorno a este nueva forma de llamar al libre mercado están haciendo una total y más que merecida sombra a las empresas asentadas en torno al Estado. En el caso español Uber fue totalmente prohibida por el mal llamado delito de «competencia desleal» , como si la competencia tuviera que realizarse de forma acorde a lo que dice la otra parte, y entonces el lobby taxista decidió imitar totalmente su modelo de negocio expandiéndose a las plataformas digitales y actuando casi a la perfección que lo hacia Uber pero con el beneplácito del Estado. Estamos ante una de las formas más claras y descaradas de cuanto desprecia el Estado el libre mercado y el orden espontáneo. Si no puede explotarlo de alguna a base de regulaciones e impuestos deberá ser destruido por real decreto y su lugar lo ocupará otro que cuente con su beneplácito. Una actitud totalmente mafiosa propia de la estructura del Estado.

Los liberales debemos defender esta «nueva» forma de hacer economía, que, como sostengo, no tiene nada de nuevo para los que defendemos las ideas del libre mercado y la libre competencia. Sigue siendo un orden espontáneo de hacer la competencia totalmente legitima pero que el Estado está aplastando y sometiendo a regulación para así beneficiar a sus satélites que le otorgan su poder y le ayudan a legitimarlo a base de la violencia. Luchemos para que nuestras ideas de libre mercado lleguen a todos ya que si esta nueva forma de hacer empresa está llevándose acabo en las sociedades no tan libres como nos creemos.

 

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