¿Son sexistas los mercados?

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Después de años de abuso, el término “sexismo” se ha convertido en subjetivo hasta el punto de que puede malinterpretarse de diversas maneras. En algunos casos, se nos ha dicho que el sexismo está empeorando por los mercados, ya que los productores de bienes y servicios fabrican productos sexistas o cobran más a las mujeres que a los hombres por los mismos productos. Manifestaciones comunes de este problema, se nos dice, incluyen la diferencia salarial entre géneros, el impuesto “rosa” y la sexualización en los medios de comunicación.

¿Pero es culpa de los mercados alguna de estas cosas? ¿O estos se limitan a dar a los clientes lo que quieren?

La diferencia salarial entre géneros

La diferencia salarial entre hombres y mujeres es probablemente el ejemplo más citado de sexismo. Esta idea de que a mujeres con experiencia y educación comparables ganan en torno a un 20% menos que los hombres en puestos similares, se ha discutido debido a errores de agregación. Estos errores se alimentaron usando los salarios medianos de hombres y mujeres en su conjunto, no por profesión.

Otras evidencias demuestran que la diferencia salarial se explica más correctamente por el hecho de que las mujeres toman decisiones distintas de los hombres con respecto a sus carreras. Las mujeres tienden a valorar más el tiempo familiar y las prestaciones que proporcionan seguridad en comparación con los hombres. Esto no muestra discriminación de género, sino más bien diferencias de preferencias.

El impuesto rosa

El impuesto “rosa”, o precio superior de los bienes dirigidos hacia las mujeres, es otro ejemplo que usan las feministas como evidencia de sexismo. La idea es que, para productos con configuración química similar, los que se dirigen a las mujeres en lugar de a los hombres son de media más caros. Un ejemplo de este impuesto “rosa” son las cremas hidratantes faciales de Neutrogena que contienen ingredientes similares para las versiones de hombres y mujeres, siendo esta última relativamente más cara.

Igual que la crítica de la diferencia salarial, una explicación de la diferencia de precios se basa en una mayor diferenciación en productos, ya que las mujeres valoran tener muchas alternativas para sus necesidades personales. Para ofrecer mayores opciones, como la variedad de aromas y tipos de desodorante que desean las mujeres, los costes de atender más preferencias del consumidor son mayores que las relativamente pocas alternativas que han indicado los hombres a los productores. Lo que es más importante, debemos señalar que estos productos no llegarían al mercado en absoluto si las mujeres no estuvieran dispuestas a pagar más por ellos. Si los productos más caros orientados a las mujeres fueran realmente los mismos que los productos orientados a los hombres, las mujeres sencillamente comprarían los productos masculinos.

La imagen de las mujeres en los medios de comunicación

Al afirmar que los mercados aumentan y perpetúan el sexismo, hay quien afirma que los mercados obligan a una imagen hipersexualizada de las mujeres ante los consumidores.

Los estudios empíricos sí sugieren que las mujeres realmente son retratadas de manera distinta que los hombres en los medios de comunicación. En un estudio, los doctores Erin Hatton y Mary Nell Trautner, de la universidad de Buffalo, examinaron la revista Rolling Stone, concluyendo que “hay diez veces más imágenes hipersexualizadas de las mujeres que de los hombres, y 11 veces más imágenes no sexualizadas de los hombres que de las mujeres”.

Por tanto, la pregunta que se nos plantea es esta: ¿por qué los productores de los medios de comunicación incluyen esta proporción de imágenes en sus productos? ¿Es por sexismo por su parte o es en respuesta a lo que los consumidores indican que quiere?

Parece probable que este tipo de imágenes sigan siendo populares entre los consumidores, incluyendo tanto hombres como mujeres. Por ejemplo, la película taquillera Wonder Woman mostraba a un personaje femenino fuerte y poderoso, pero sin embargo la caracterizaba como físicamente atractiva y vestida con una ropa claramente provocativa de superheroína. Las audiencias masculina y femenina por igual ayudaron a que la película fuera altamente rentable.

Al mismo tiempo, los mercados han servido como canal para lanzar ataques contra empresas que se ven como promovedoras de productos que perpetúan este estilo de sexismo. Estos incluyen numerosas campañas en medios y publicidad pensadas para combatir los retratos supuestamente sexistas de los medios de comunicación, así como productores que proporcionan alternativas de vestir para chicas jóvenes que fabrican ropas modestas y no sexualizadas. Ansiosos por capitalizar mercados posiblemente no atendidos, algunos productores están buscando presentar alternativas.

En cada uno de estos casos, descubrimos que los mercados están respondiendo a las preferencias de los consumidores. En el caso del “impuesto rosa”, los productores están haciendo disponibles bienes que las mujeres aparentemente están dispuestas a comprar. En el caso de los salarios, encontramos que estos reflejan los tipos de trabajo y alternativas de carrera que deciden libremente las mujeres. En el caso de las imágenes en los medios de comunicación, descubrimos que también hay mercados que están ofreciendo lo que se demanda. Puede haber razones para hacer una excepción en la manera en que los consumidores valoran bienes y servicios y lo que acaban comprando. Sin embargo, en cada caso los problemas solo pueden resolverse cambiando los sistemas de valores de los propios consumidores. Y entonces, el mercado los seguirá.


El artículo original se encuentra aquí.

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