Por qué una buena economía requiere una buena teoría

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Normalmente se sostiene que por medio de métodos estadísticos y matemáticos se pueden organizar los datos históricos en un cuerpo útil información, que a su vez puede servir como base para las evaluaciones del estado de la economía. También se sostiene que el conocimiento obtenido a partir de la evaluación de los datos es probable que sea di naturaleza tentativa, ya que no es posible saber la verdadera naturaleza de los hechos de la realidad.

Algunos economistas como Milton Friedman sostenían que como no es posible establecer “cómo funcionan realmente las cosas”, entonces realmente no importaba cuáles eran los supuestos subyacentes de una teoría. En esta manera de pensar, lo que importa es que la teoría pueda generar buenas predicciones.

Según Friedman:

El objetivo último de una ciencia positiva es el desarrollo de una teoría o hipótesis que genere predicciones válidas y significativas (es decir, no obviedades) acerca de fenómenos todavía no observados. (…) La pregunta relevante que hay que plantear acerca de los supuestos una teoría no es si son realistas descriptivamente, pues nunca lo son, sino si son una aproximación suficientemente buena para el propósito que tenemos. Y esta cuestión solo puede responderse viendo si la teoría funciona, lo que significa si genera predicciones suficientemente precisas.[1]

Por ejemplo, un economista se forma la idea de que los desembolsos de un consumidor en bienes y servicios están determinados por la renta disponible. Basándose en esta idea, crea un modelo, que luego se valida por medio de métodos estadísticos. El modelo se emplea luego en las evaluaciones de la dirección futura del gasto de consumo.

Si el modelo no consigue producir previsiones precisas, es remplazado o modificado añadiendo algunas otras variables explicativas. Lo que importa aquí es lo bien que los desembolsos del consumidor se correlacionan con diversas variables para conseguir un buen modelo predictivo. En este sentido, todo lo que necesita un economista es establecer un buen ajuste entre la variable dependiente y las diversas otras variables.

En este modo de pensar nos formamos nuestra opinión con respecto al mundo real basándonos en lo bien que se correlacionan entre sí las diversas piezas de información.

Sin embargo, observemos que estableciendo un buen ajuste entre los desembolsos personales de consumo y las otras diversas piezas de información no estamos explicando realmente la naturaleza de los desembolsos, sino solo describiendo cosas.

Estableciendo que los cambios en los desembolsos de consumo se correlacionan bien con los cambios de los diversos aspectos de los datos estadísticos no se dice nada acerca de la naturaleza de las cosas. Este tipo de información no nos cuenta gran cosa con respecto a la causa y efecto subyacentes. El hecho de que se ha establecido una buena correlación entre desembolsos de consumo de renta disponible no implica que los desembolsos estén causados por la renta disponible. Es bastante posible que también se puede encontrar una muy buena correlación con alguna otra variable. ¿Significa esto por tanto que la otra variable es la causa de los desembolsos de consumo?

Para dar sentido a los datos debemos tener una teoría que se sostenga por sí misma y no se origine a partir de los datos.

Lo esencial de una teoría así es que debe originarse a partir de algo real que no pueda refutarse. Por ejemplo, una teoría que se base en la idea de que los seres humanos actúan consciente e intencionadamente cumple este requisito.

El enunciado de que los seres humanos actúan consciente e intencionadamente no puede refutarse, pues, si alguien trata de hacerlo, lo hace consciente e intencionadamente, es decir, se contradice a sí mismo. (Establece conscientemente un objetivo para refutar que los seres humanos actúan consciente e intencionadamente).

Ludwig von Mises, el fundador de esta aproximación, la llamó praxeología. Utilizar el conocimiento de que los seres humanos actúan consciente e intencionadamente nos permite averiguar cuáles son las verdaderas causas subyacentes. En esta manera de pensar, las causas derivan de los propios seres humanos.

Según Murray Rothbard:

Un ejemplo que le gustaba usar en su clase a Mises para demostrar la diferencia entre las dos maneras fundamentales de aproximarse al comportamiento humano era observar el comportamiento en la Gran Estación Central durante las horas punta. El conductista “objetivo” o “verdaderamente científico”, señalaba, observaría los acontecimientos empíricos: por ejemplo, gente corriendo de un lado a otro, sin rumbo fijo en horas ciertamente predecibles del día. Y eso es todo lo que sabría. Pero el verdadero estudioso de la acción humana empezaría por el hecho de que todo el comportamiento humano es intencionado y vería que la intención es llegar de casa al tren y a trabajar por la mañana, lo contrario por la tarde, etc. Es evidente quién descubrirá y sabrá más acerca del comportamiento humano y por tanto quién será el verdadero “científico”.[2]

Por qué los métodos de las ciencias naturales no son aplicables a la economía

Los economistas siempre han envidiado a los practicantes de las ciencias naturales debido a los métodos estadísticos y matemáticos empleados en dichas ciencias. Han pensado que introducir métodos de las ciencias naturales en la economía podría llevar a un gran avance en nuestra comprensión del mundo de la economía

Pero aunque el científico natural pueda aislar diversos factores, sin embargo no conoce las leyes que gobiernan estos factores.

Todo lo que pueda hacer es crear hipótesis con respecto a la “ley real” que gobierna el comportamiento de las diversas partículas identificadas.

Nunca puede estar seguro con respecto a las leyes “reales” de la naturaleza. Sobre esto, Murray Rothbard escribía:

Las leyes solo pueden hipotetizarse. Su validez solo puede determinarse deduciendo lógicamente consecuencias de ellas, que puedan verificarse apelando a los hechos del laboratorio. Sin embargo, incluso si las leyes explican los hechos y sus inferencias son coherentes con ellos, las leyes de la física nunca pueden establecerse absolutamente. Pues alguna otra ley puede resultar más elegante o capaz de explicar un rango más amplio de hechos. Por tanto, en física, las explicaciones postuladas tienen que hipotetizarse de tal manera que ellas o sus consecuencias puedan probarse empíricamente. Incluso así, las leyes son solo tentativas en lugar de válidas absolutamente.[3]

Mientras que las ciencias naturales no podemos saber las causas reales, hemos visto que esto no es así con respecto a la economía.

El hecho de que el hombre realice acciones intencionadas implica que conocemos las causas en el mundo de la economía: derivan de los propios seres humanos y no de factores externos.

En economía no tenemos que hipotetizar con respecto a las causas reales: las conocemos. Por tanto, no necesitamos ninguna prueba empírica por medio de métodos estadísticos y matemáticos para verificar algo que ya sabemos.

Por ejemplo, contrariamente al pensamiento popular, los desembolsos individuales en bienes no están causados por la renta real como tal.

En este contexto único, cada persona decide qué parte una renta dada se usará para consumo y qué parte para inversión. Aunque es verdad que la gente responde a los cambios en sus rentas, la respuesta no es automática.

Cada persona evalúa el cambio en su renta frente al grupo particular de objetivos que quiere alcanzar. Podría decidir que, debido a un aumento de su renta, le es más beneficioso aumentar su inversión que aumentar su consumo.

Asimismo, una teoría lógicamente derivada nos permite determinar las razones para la posible discrepancia entre los datos y la teoría. Por ejemplo, de acuerdo con la teoría económica, las personas asignan una mayor importancia a tener bienes en el presente a tener bienes en el futuro. Esto deriva del hecho de que, para mantener sus vidas y bienestar, las personas tienen que consumir en el presente en lugar de en el futuro. A partir de esta manera de pensar, los tipos de interés no pueden ser negativos. Sin embargo, si observamos tipos negativos de interés esto no contradice la teoría, sino que más bien obliga al analista a descubrir cómo puede haber sucedido. Lo más probable es que descubra que la principal razón para la discrepancia entre los datos observados y la teoría se debe a las políticas monetarias del banco central.

Conclusión

La confianza en los datos estadísticos como base para la formación de una opinión acerca del estado de la economía podría generar resultados sospechosos. Pues los datos estadísticos no pueden producir mucha información acerca de las causas subyacentes detrás de los hechos de la realidad. Lo que hace falta para determinar las causas subyacentes es una teoría desarrollada lógicamente que “se sostenga por sí sola”, es decir, una teoría que no derive de los datos. Una teoría presentada por Ludwig von Mises cumple con este requisito. La teoría de Mises, que descansa sobre la base de que los seres humanos actúan consciente e intencionadamente, nos permite descubrir las causas reales en el mundo de la economía. Ludwig von Mises sostenía que, como la causalidad deriva de los seres humanos y no de factores externos, no es posible ningún modelado cuantitativo. El análisis debería ser cualitativo.

Según Mises:

El método matemático debe ser rechazado no solo debido a su infertilidad. Es un método completamente defectuoso, que parte de supuestos falsos y lleva a inferencias falaces. Sus silogismos no solo son estériles: desvían la mente del estudio de los problemas reales y distorsionan las relaciones entre los diversos fenómenos.[4]


El artículo original se encuentra aquí.

 

[1] Milton Friedman, Essays in Positive Economics, Chicago: University of Chicago Press, 1953.

[2] Murray N. Rothbard, prólogo de Teoría e historia de Ludwig von Mises.

[3] Murray N. Rothbard, “Hacia una reconstrucción de la economía de la utilidad y del bienestar”.

[4] Ludwig von Mises, La acción humana.

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