El impulso de la UE hacia la centralización política condenará su economía

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Tras los desastrosos cierres de la covid 19, la clase política ha intentado desesperadamente salvar el fallido sistema del euro. El 21 de julio los líderes europeos acordaron lo que llamaron un acuerdo «histórico». No fue nada más que un paquete de estímulo multimillonario de euros. Sin embargo, es más probable que el «fondo de recuperación» retrase cualquier posibilidad de que se produzca la tan necesaria reestructuración económica. Lo que hará es desperdiciar los escasos recursos y capital mientras prepara a Europa para otra crisis financiera y de deuda. Otra cuestión aún más importante es el peligroso camino hacia la centralización política que la UE está recorriendo como resultado de la crisis. El Parlamento Europeo está muy dominado por las fuerzas de procuración y contiene pocos individuos que defienden los principios de descentralización y libertad económica mientras ven con gran preocupación el poder siempre creciente de Bruselas.

¿Ha prevalecido el proyecto socialdemócrata para la UE?

El punto de vista liberal clásico: unión económica, descentralización política

Incluso antes de la firma del Tratado de Roma en 1957, que creó la institución central que más tarde se convirtió en la UE, ha habido tensiones entre los dos caminos que debe seguir una Unión Europea. La tensión es entre la visión liberal clásica y la visión socialdemócrata. La visión liberal se centra principalmente en la defensa de la libertad individual y el respeto de los derechos de propiedad, al tiempo que promueve una zona europea de libre comercio con un sólido mercado libre. El tratado de Roma fue una gran victoria para los liberales, ya que se basaba en dos principios básicos: la libertad de movimiento y la libre circulación de bienes, servicios y capital financiero. En resumen, el tratado tenía por objeto restablecer los derechos y valores que se habían perdido durante los primeros años del siglo XX cuando el nacionalismo y el socialismo prevalecían en el continente europeo.

Los liberales también tendieron a hacer hincapié en la descentralización, ya que hay muchas pruebas de que la descentralización no ha sido un obstáculo para el progreso económico en Europa. Italia, Alemania y Suiza (hasta el día de hoy) experimentaron un gran progreso: la competencia entre los distintos reinos condujo a una mayor libertad, preparando el terreno para la creación y el ascenso de la clase media mercantil, bancaria y urbana. Sin esto la Revolución Industrial, que también tuvo lugar en una era de descentralización y libre comercio, no habría sido posible.

En una Europa moderna «unificada», la competencia es crucial para que la visión liberal clásica prevalezca. Si existiera la competencia monetaria, las diferentes autoridades monetarias se verían obligadas a competir, mientras que la competencia fiscal permitiría a la gente votar «con los pies» dejando a los países con altos impuestos.

Pero esta no es una opinión popular en la Comisión Europea de hoy.

El proyecto socialdemócrata europeo

En contraste con la visión liberal clásica, los socialdemócratas ven a Europa como un imperio proteccionista e intervencionista. El predecesor de esta visión fue la visión napoleónica, pero la diferencia clave con la UE es que su centralización del poder no se produciría a través de medios militares, sino a través de la legislación y el proceso político. El Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Parlamento Europeo han sido muy eficaces en esta tarea. A medida que los lazos económicos entre los países han ido creciendo, los políticos europeos han logrado crear un plan de redistribución del bienestar paneuropeo.

Los países más pobres del sur de Europa han sido incapaces de hacer frente al creciente estado regulador, pero los subsidios y las transferencias de riqueza del norte rico han ayudado a los miembros del sur a adaptarse a las nuevas normas de la UE, al tiempo que han hecho que los miembros más pobres dependan de los subsidios de la UE.

El euro es un proyecto político

Además, las transferencias de riqueza de la UE, combinadas con una moneda única, han permitido a los países más pobres como Grecia, España e Italia aumentar el gasto público y la deuda, al tiempo que han tomado pocas medidas para fortalecer sus sectores privados. En otras palabras, la centralización, tanto monetaria como fiscal, ha permitido que los miembros más pobres del sur sigan políticas económicas y monetarias insostenibles.

Estas tendencias ya existían incluso antes de la crisis financiera de 2008-2009. Y luego vinieron los rescates de la era de la Gran Recesión y ahora la crisis de la covid 19.

Los rescates durante la crisis de la deuda de 2009 no sólo tuvieron un costo económico sino también político: los Estados-nación renunciaron a su control de los asuntos internos y siguen cada vez más instrucciones y órdenes de Bruselas sobre cómo dirigir sus países, con graves consecuencias si no cumplen. Ron Paul tenía razón cuando dijo que la corrupción y la ambición política de los políticos y banqueros eurófilos convirtieron a la UE en «un gobierno matón no electo en Bruselas, donde los bien conectados fueron bien compensados y aislados de los votos de los meros ciudadanos».

Conclusión

Europa necesita más que nunca los principios que la han hecho exitosa: descentralización, libre comercio y mercados sólidos. Brexit puede ser el comienzo. Necesitamos una Europa de Suizas y Lichtensteins en lugar de un Estados Unidos de Europa. Un paso en la dirección correcta sería una reforma hacia una zona de libre comercio puro entre estados soberanos en lugar de una unión política. La moneda común tendría que ser abolida; un sistema de competencia monetaria sería preferible, como sugirió F.A. Hayek.

La unión ha creado una enorme división entre los países del norte y del sur, con los ciudadanos volviéndose muy suspicaces y hostiles entre sí. Los alemanes, por ejemplo, ven a los europeos del sur como perezosos e improductivos, mientras que los europeos del sur ven a los alemanes como los verdaderos gobernantes de su país. Divisiones similares han existido desde principios del siglo XX, pero el esquema de centralización de la UE las ha empeorado. Esto es exactamente lo contrario de lo que prometieron los creadores de la UE.

Ahora, el proyecto europeo puede estar fracasando, y hay dos opciones disponibles para el futuro. O bien los ciudadanos de Europa reconocen las nefastas consecuencias de un plan de redistribución del bienestar paneuropeo y se niegan a aceptar los próximos rescates, las transferencias de riqueza y los esfuerzos por renovar la centralización política, o bien nos dirigimos hacia un camino de repetidas crisis bancarias y de la deuda que llevan a una alta inflación y a la centralización política con problemas aún mayores en el futuro.


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