Las tendencias y los patrones históricos desde una perspectiva austrolibertaria

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Una presentación de Hans-Hermann Hoppe llevada a cabo en Moscú, Rusia, el 6 de octubre de 2019.

Estoy impresionado por la cantidad de gente que vino a esto. Espero darles una buena y entretenida presentación intelectual. Que no es una tarea fácil. Pero dado el tamaño de la audiencia, sería un duro golpe para mí si no estuviera preparado para entretenerlos al menos decentemente bien. Así que, otra vez muchas gracias.

El título que he elegido para este discurso es «Las tendencias y los patrones históricos desde una perspectiva austrolibertaria». Es decir, quiero contarles unas historias, por decirlo así, que explican el mundo actual.

Y la historia consiste de tres partes, todas ellas están interconectadas en un curso de cierta manera paralela, pero las presentaré, por supuesto, en una secuencia. La primera de ellas, la segunda y luego la tercera, y se complementarán entre sí para concluir en una visualización completa que los haga, espero, entender mejor el mundo actual.

Primera parte: La formación de los Estados

La primera parte de la historia, donde hoy en día la gente la llama “la primera narrativa”, tiene que ver con el origen de los Estados y los cambios de los Estados o los ordenamientos de los Estados a través del tiempo. Es como una reconstrucción histórica. La segunda historia tiene que ver con la concentración de los Estados, aborda los asuntos de la guerra y el imperialismo. Y la tercera historia, que completa todo el panorama, aborda el dinero, los bancos y la centralización monetaria.

Pues déjenme empezar con la primera, les leeré una página de uno de mis trabajos que explica los fundamentos del libertarismo, propiamente los principios del libertarismo. Y luego de forma más distendida continuaré desde ahí.

Si no hubiera escasez en el mundo, no habría conflictos entre las personas. Pero hay escasez, desde que salimos del jardín de Edén las cosas son escasas. Y porque las cosas son escasas, podríamos pelear por ellas. Yo quiero hacer una cosa con un determinado objeto y tú tal vez quieras hacer otra cosa con el mismo objeto. Entonces, si queremos vivir en paz entre nosotros, es necesario que todas las cosas escasas estén en las manos de individuos distintos. Significa que necesitamos la propiedad privada para evitar los conflictos.

Tal como: yo poseo ciertas cosas y puedo hacer lo que deseo con esas cosas; y tú posees otras cosas y haces lo que deseas con esas cosas. Esta es la única solución para evitar los conflictos a menos que existiera una perfecta armonía de todos los intereses, es decir, todo el mundo quiere que todos los demás hagan exactamente lo que él espera que hagan. Pero obviamente no vivimos en tal mundo. En un mundo en que tenemos ideas distintas de lo que debería hacerse, de lo que nos hace felices o infelices. Necesitamos la propiedad privada para hacer lo que deseamos sin entrar en conflictos con otras personas.

Y luego la pregunta es: ¿Cómo determinamos quién es dueño de una cosa y quién no? Y la respuesta libertaria a esta cuestión es:

Primeramente, por supuesto: cada uno es el dueño de su propio cuerpo físico. Tú puedes hacer lo quieras con tu cuerpo, yo puedo hacer lo quiera con el mío. Yo no interfiero con tu cuerpo y tú no interfieres con el mío.

Con respecto a cosas externas, para no generar conflictos la norma para adquirir propiedad (propiedad privada) es: quien sea el primero en adueñarse de algo que previamente no tenía ningún dueño se convierte en el dueño de ello. Porque obviamente solamente el primero puede adueñarse de estas cosas sin entrar en conflicto. El segundo no puede hacer eso si aquello ya fue anteriormente apropiado por alguien. Por lo que si el segundo fuera a apropiarse de las mismas cosas, entraría en conflicto.

Y luego, por supuesto, la propiedad puede ser transferida por medio de acuerdos voluntarios. Yo puedo transferirte lo que fue originalmente apropiado por mí y tú puedes transferir a otra persona aquello de lo que te hayas apropiado originalmente.

Esas son normas muy simples, intuitivamente sensatas. Y ese es en general el programa libertario.

Esa es la manera en que adquirimos propiedad privada y es la manera en que podemos evitar conflictos. Incluso si seguimos estas reglas en general, existen evidentemente personas que no cumplen las reglas, personas que roban la propiedad o no se basan en aquello de yo transfiera la propiedad a ellas, sino que la toman sin mi consentimiento.

Entonces, ¿qué hacemos con los infractores? Y mientras la humanidad sea lo que es, siempre habrá infractores. ¿Quién decide cuando estas reglas son incumplidas? ¿Quién está en lo cierto y quién no? ¿Quién se convierte en el juez, el árbitro?

Ahora imaginen que alguien propusiera: “¡Oye! Yo tengo la solución para resolver estos problemas”. En cualquier caso de conflicto, incluido aquel conflicto en que esté involucrado yo mismo: “Soy yo el que decidirá quién está en lo correcto y quién no”.

¿Tendría yo alguna chance de que cualquiera aceptaría esta regla? Supondré que ninguno aceptaría una regla como esta, porque entonces cada uno sabría lo que pasaría.

Si esa fuese la regla, significa básicamente que yo podría iniciar un conflicto contigo, robarte algo, golpearte en la cabeza si quisiera, y luego tú te quejarías al respecto: “¿Por qué me robaste? ¿Por qué me golpeaste en la cabeza?”. Y yo diré: “Soy yo quien toma las decisiones finales en este caso. Y por lo tanto, estuvo completamente justificada la razón de mi acción”. Entonces, obviamente tal regla sería considerada ridícula.

Ahora bien, se dan cuenta claramente de que esto es precisamente lo que los Estados hacen en cualquier lugar del mundo. Es decir, ellos pueden iniciar un conflicto, pueden expropiarte, pueden incumplir estas simples normas que inicialmente expliqué, y luego si te quejas de eso, ¿quién decide quién está en lo correcto y quién no? Un juez, quien es un empleado del Estado.

Entonces la pregunta es: ¿Cómo puede ser que tan disparatadas instituciones como el Estado fueran posibles? Algo que aparentemente no tiene ningún sentido. Y quiero reconstruir cómo fue posible tal cosa.

Inicialmente, durante el período de la Edad Media más o menos, las personas llevaban los conflictos que tenían unas con otras a los que podríamos denominar aristócratas o nobles. Tú no elegirías como juez a alguien que no tuviera influencia ni el respeto del resto de las personas, porque en última instancia se debe hacer cumplir el veredicto que dicte el juez. Y solamente si tienes a personas prominentes y exitosas que son respetadas por la gente, estarás en condiciones de esperar que tu veredicto también será cumplido, que la gente aceptará que este u otro juzgamiento es correcto y que esta es la manera en que resolvemos el problema.

Y no había solamente una persona o institución a la pudieses acudir para la resolución de tus conflictos, sino que había varias. Varias personas destacadas, aristócratas y lo que sea. Personas muy respetadas de entre las cuales podías elegir. Y no había nadie quien fuera el último juez. Incluso si hubiera un juez tomando tal u otra decisión, su palabra no era la última ni la definitiva, siempre podías acudir a alguien más. Y todos los jueces eran considerados de estar sujetos a la misma ley. Ninguno tenía una posición monopolista en esto, siempre podías acudir a alguien superior, podías acudir a un rey, ir y recurrir al Papa, e incluso el Papa no era el dueño de la decisión final, porque también los Papas podían perder sus posiciones.

Por lo que había competencia en la labor de ser jueces para decidir la manera en que los conflictos debían ser resueltos. Un gran paso ocurrió después y el más paso decisivo se dio cuando uno de estos jueces elegidos voluntariamente que competía por el respeto contra otros jueces se elevó a sí mismo a la posición de ser el juez monopolista.

Mi palabra es la última palabra, y no existe apelación más allá de mi decisión, nadie está por encima de mí. Mi decisión es la decisión final y eso es todo”. A esto llamaríamos un rey absoluto. Él elimina a todos sus potenciales competidores, a todos los otros nobles, jueces a los que podías acudir anteriormente si no estabas satisfecho con la primera decisión como fue tomada.

¿Cómo se salieron con la suya con eso? Por un lado, se salieron con la suya sobornando a algunos de los jueces competidores al decirles: “Bueno, te daré una posición subordinada en mi tribunal”. Y la otra cosa que dijeron —hablando a la gente, al público en general— fue: Mira, tal vez tengas ciertos contratos u obligaciones con otras personas sobre los cuales te arrepientes y yo voy a liberarte de tales obligaciones”.

Y así ganaron el apoyo popular para esta movida de jueces en competencia hasta la situación en donde tienes un juez monopolista. Históricamente este proceso llevó varios cientos de años, empezó a finales del siglo XVI y comienzos del siglo XVII cuando los Estados se formaban, mientras que previamente no existía tal cosa como el Estado. Existían centros de autoridad en competencia pero no una autoridad final.

Así que varios cientos de años fueron necesarios para que algunas personas alcancen esta posición de juez final.

Ahora bien, después tienes dos instituciones que emergieron al tiempo de alcanzar esta posición.

La primera institución está dada en que, de repente, los tributos (impuestos) son exigidos forzosamente a a las personas. Anteriormente, incluso el noble más rico y otros tenían que consultar a sus inferiores para acordar los impuestos. Y si no estaban de acuerdo, no habían tales impuestos.

Sin embargo, ahora, ya que eres el monopolista, puedes decir: “Me debes tal y tal cosa”. Y si la gente protestara, dirías: “Mira, yo soy el juez final. Y te digo esto, me lo debes y eso es todo. Y si no haces lo que te digo, serás castigado por eso”.

La segunda cosa que pasó fue que por primera vez tuvimos lo que llamamos ‘legislación’. Antes de esto, las leyes no eran creadas, las leyes eran consideradas de ser descubiertas y aplicadas a todos de manera exactamente igual. Estas leyes que mencioné al comienzo mismo sobre cómo la propiedad es establecida. Estas no eran leyes que fueron inventadas por alguien, estas son leyes naturales. Naturales en el sentido de que si quieres evitar los conflictos, entonces estas son las leyes naturales. No pueden ser de ninguna otra manera ya que de lo contrario generarás conflictos.

Pero ahora, con los reyes absolutos instalados, tienes la situación en que puedes crear leyes, inventarlas: “Tú debes hacer tal y tal cosa. Tú tienes que tener tal y tal obligación”.

Pues así se originan los impuestos y la legislación. Obviamente primero en una pequeña dimensión, no habrían cuantiosos impuestos ni tanta cantidad de legislación, sino que lentamente el cobro de impuestos empezaría y los impuestos serían incrementados, y lentamente las leyes serían creadas y, por supuesto, las leyes siempre serían creadas de tal manera en que beneficiaran al gobernante y su séquito que forma alrededor de él.

Y luego, el siguiente paso del desarrollo que nos acerca más al tiempo actual es este: ahora, por supuesto, la posición del rey es asediada por distintas personas, principalmente por los intelectuales. Ellos dicen: “¿Pero no es acaso eso una violación del principio de igualdad ante la ley si existe una persona (el rey) que puede crear leyes? ¿No es esa una persona privilegiada? ¿No hay acaso ahora dos tipos de leyes? Las leyes que se aplican a personas comunes y las leyes que se aplican al rey. Él está por encima de la ley que se aplica a personas comunes. Y eso se tiene que acabar. Eso es una violación del principio de justicia”.

¿Y cuál fue la respuesta a esto? La respuesta a esto fue decir que lo que tenemos que hacer es lograr que sea posible que todos puedan convertirse en el rey, es decir, introducimos la democracia.

No solamente el rey debería tener el derecho de hacer eso. Todos deberían tener el derecho de hacerlo. Todos deberían estar habilitados para convertirse en el rey”.

Por decirlo así.

No obstante, la pregunta es: ¿Este paso implicó el hecho de que todas las personas se conviertan en iguales ante la ley? Y la respuesta es no, por supuesto que no.

Los presidentes, primeros ministros o cualquiera sea el nombre de estas personas elegidas democráticamente, pueden hacer lo mismo que un rey podía hacer antes. Eso significa que dos tipos de derecho aún existen. Un tipo de derecho es el que llamamos ‘derecho privado’ que se aplica a todos en sus cuestiones privadas. Y el otro tipo de derecho —el cual ni siquiera llamaríamos “derecho”— es lo que es denominado ‘derecho público’.

El derecho público es el que protege y se aplica a las personas que han sido elegidas democráticamente para ser las encargadas del Estado. Así que dos tipos de derecho existen bajo la democracia tanto como también existieron dos tipos de derecho bajo los reyes absolutos. Entonces, ¿qué implica esto en cuanto al cambio de la monarquía a la democracia?

Indicando aproximadamente cómo fue eso cuando pasó históricamente, el inicio de este proceso es con la Revolución francesa, donde la monarquía se encuentra, por así decirlo, bajo un fuerte ataque por primera vez. Y el proceso final es —por lo menos en cuanto concierne a Europa occidental— con el fin de la Primera Guerra Mundial cuando esencialmente todas las monarquías son abolidas y la democracia se convierte en el principio de organización para todas las sociedades occidentales.

Ahora, lo que esta transición significa es lo siguiente: Alguien, como el rey, que considera a su país como su propiedad privada y a todos los que viven allí como sus inquilinos, es reemplazado por un administrador temporal. El rey podría vender una parte de su reino y podría pasarlo a futuras generaciones. Él tiene lo que podemos llamar una ‘baja preferencia temporal’ a causa de esto. Es decir, un largo horizonte de planificación precisamente porque se considera a sí mismo como una suerte de dueño de todo eso.

El político elegido democráticamente a cargo del Estado no se considera a sí mismo el dueño del lugar, sino un administrador temporal del mismo. No puede vender nada y quedarse con los cobros de la venta para sí mismo, y no puede legarlo a la próxima generación. ¿Hará eso una diferencia en la manera en que él maneja su negocio? Y la respuesta es sí, hará una tremenda diferencia.

Siempre intento explicarlo a mis alumnos dándole el siguiente ejemplo: Imagina que eres dueño de una casa, puedes legarla como una herencia, puedes vender la casa, etcétera. O tienes la misma casa y por 4 años puedes hacer con la casa lo que quieras con ella. Pero no puedes legarla y no puedes venderla y quedarte con el cobro de la venta. ¿Atenderías la casa de la misma forma? Y la respuesta es no, por supuesto que no atenderías la casa de la misma forma. Si eres tan solo un cuidador temporal de ella, intentarás aprovechar la casa lo más posible en el tiempo más corto posible, porque luego de 5 o 4 años quizá ya no estés a cargo de ella y la casa sea entonces una ruina. ¿Harías lo mismo si fueses el dueño de la casa? Y la respuesta es que eso es muy poco probable. Yo no estoy descartando eso, a veces personas hay locas en el mundo, en realidad hay muchas personas locas en el mundo. Pero es mucho menos probable que las personas harían eso si fueran dueñas del lugar.

Por tanto, la democracia es un sistema que lleva a la consumición sistemática del capital. Esto significa que las personas consumen en el presente porque no saben en qué posición estarán en el futuro en lugar de acumular capital y hacer planes a largo plazo.

Hay otra cosa que debería mencionar, en democracia, puesto que obviamente las personas son votadas, podrías preguntar si acaso no es mejor que haya competencia en quién gobierna a que no la haya si tienes un rey gobernando el país. Y la respuesta aquí es que la competencia es buena cuando tiene que ver con la producción de bienes, es decir, la producción de cosas que la gente quiere. Pero la competencia no es buena cuando tiene que ver con cosas que son malas, cosas que la gente no quiere. La gente no pide que le cobren impuestos. No gritarían: “¡Oye! ¡Cóbrame los impuestos, cóbramelos! Me encanta que me cobren impuestos”. No piden: “Haz otra ley, haz otra ley que te beneficia a ti y me perjudica a mí”. Ellos tienen miedo de esto.

Pero ya que los Estados están en el negocio del cobro de impuestos y legislar, es decir, de hacer cosas malas (hacer maldades), la competencia en ese ámbito es mala. Tú no quieres competencia en quién es el mejor asesino, quién es la mejor persona en administrar un campo de concentración. Ahí estarás feliz si tienes personas incompetentes, estúpidas e ineficientes. Pero la democracia precisamente produce que los más grandes demagogos, los más grandes bandidos, lleguen a la cima.

Imagina llevar adelante una campaña y declarar que quieres que la propiedad privada esté protegida bajo cualquier circunstancia; que no quieres ningún impuesto, ninguna distribución de ingreso y riqueza, etcétera; que debemos parar de promulgar cualquier ley excepto los principios que mencioné al comienzo mismo. ¿Cuán exitoso serías en una campaña como esta? La respuesta es que no serías muy exitoso. Porque la democracia obviamente permite también a las personas usar sus votos para votar por sí mismos sobre la propiedad de otros.

En la historia del pensamiento político, no encontrarás prácticamente a nadie que alguna vez promoviera la democracia hasta muy recientemente, aunque en el pasado todos se daban cuenta de que la democracia era una forma para que las personas que tenían poco o nada votaran a sí mismos sobre la propiedad de aquellos que tienen más o están en mejores condiciones que ellos mismos.

La democracia promueve la inmoralidad. La democracia tal vez funcione en pueblos muy pequeños porque allí todos saben quiénes son las demás personas: “Ya sabes, Mr. X es buen hombre y Mr. Y es una persona deplorable”. Y tú te avergonzarás de tratar de robar la propiedad de otros porque las personas se conocen entre sí. Pero si tienes Estados constituidos por millones y millones de personas, no sabes a quién robas. Así que la inhibición que de lo contrario tendrías para robar a otras personas simplemente desaparece.

¿Pueden los reyes también ser malvados? Sí, pueden ser malvados. Pero porque heredaron su posición, no son electos para su posición. Ellos también pueden ser buenas personas. Los líderes democráticos no pueden ser buenas personas porque son el resultado de elecciones, de competencia entre ellos.

Pues esta es la primera historia. Cómo evolucionaron los Estados y cómo la estructura, la constitución de los Estados ha cambiado en el curso de mil años o los que fuesen.

Segunda parte: La guerra y los Estados

Ahora he llegado a la segunda parte de la historia, que de alguna manera complementa la primera. Hace la imagen más completa que la imagen que desarrollé hasta este punto.

En una situación en donde no tenemos Estado alguno, por supuesto que también hay peleas y actividades tipo bélicas que se suceden entre distintos grupos y esas cosas; distintas mafias, distintas familias que se pelean entre sí.

No era una situación en que todo era pacífico, maravilloso y estupendo. Sin embargo, antes del desarrollo del Estado, siempre que incurrieras en la agresión contra otras personas —unos grupos luchando contra otros grupos—, tenías que pagar tú mismo el costo de ser un agresor. Agredir a otras personas no es algo sin costo. Debes tener medios para hacerlo: dinero, armas, personas que estén de tu lado y así sucesivamente, a los que tal vez tengas que pagar para que peleen a tu lado.

Entonces siempre pensarías: “Si entro en conflicto con otros (peleo con otras personas), siempre tendré que considerar cuán costoso será eso para mí. ¿Ganaré? ¿Perderé?”. Y así.

Tan pronto como tienes la institución del Estado, hacer la guerra se convierte en un emprendimiento distinto, porque ahora puedes hacer que otras personas paguen por tu agresión o los motivos agresivos que tienes contra otras personas (otra vez, recuerden, uno puede recurrir a los impuestos). La gente tiene que pagar por tu guerra, con la cual pueden no querer tener nada que ver.

Imaginen que, digamos, el señor Bush —cuando inició sus guerras en el Medio Oriente o lo que sea— hubiese tenido que pagar por esta guerra él mismo y reclutar a sus amigos y compinches y decir: “¿Estás dispuesto a contribuir para esta guerra”. Tal vez hubiese encontrado algunas personas que contribuirían. ¿Pero habrían dicho todos los estadounidenses?: “¡Ey! Maravilloso. ¡Qué gran idea! Aquí tienes mi dinero, adelante. Hazlo”. Y la respuesta obviamente es: “¡No!”. Millones de personas hubieran dicho: “¿Qué tengo que ver yo con estas personas en Irak? ¿Qué tengo que ver con estas personas en Afganistán? ¡Es tu guerra, paga tú por tu guerra! Pero déjanos fuera de ella”.

Pues así la probabilidad de las guerras aumenta dramáticamente tan pronto como puedes externalizar los costos de ellas sobre personas que en realidad no están interesadas en toda la cuestión en absoluto.

Ahora, si los Estados van a la guerra contra otros Estados —y lo hacen, lo hacen más, como dije, que las personas privadas incurren en actividades de tipo bélicas—, entonces la pregunta es, por supuesto; ¿Quiénes tienden a ganar estas guerras? Y también dense cuenta inmediatamente de que las guerras son competiciones eliminatorias entre Estados, es decir, en cada territorio solamente puede haber un solo monopolista del cobro de impuestos y la legislación. No puedes tener en el mismo territorio diferentes organizaciones que legislen y cobren impuestos. Cada Estado en su territorio es el único que puede hacerlo.

Y por supuesto, cada Estado tiene un interés para expandir su territorio, cuanto más personas controla significa que a más personas puede cobrar impuestos, a más personas puede imponer sus leyes.

Entonces la pregunta que viene es: ¿Quién ganará estos tipos de guerras?

Ahora bien, obviamente los Estados muy pequeños probablemente no irán a la guerra contra Estados muy grandes porque saben que la perderían. Pero tan pronto como los Estados sean aproximadamente del mismo tamaño y estén similarmente poblados, entonces, descubrimos una suerte de paradoja.

Obviamente todas las guerras requieren recursos, armas, soldados, municiones, materiales logísticos, etcétera. Cuanto más se prolonga una guerra, más importante se vuelve el hecho de cuán rica es la sociedad de donde el Estado o aquel Estado puede extraer y obtener sus recursos. Y lo interesante que descubrimos en eso es:

Dado que son los Estados más liberales —liberales en el sentido europeo, no tan desagradables como otros Estados—, los que, por supuesto, manejan recursos más abundantes debido a que las sociedades liberales son sociedades más ricas que permiten más acumulación de capital y permiten a las personas hacerse más ricas y así sucesivamente, entonces, existe una tendencia que puede impactarte como paradójica: que los Estados más liberales —los Estados más buenos, por decirlo así— son aquellos que tienden a ser los más agresivos, los más inclinados al imperialismo en el curso de la historia.

Primero tienes un país como Holanda, por ejemplo, siendo realmente la primera sociedad capitalista exitosa, que se convierte en un gran poder colonial. Luego esa posición va a Inglaterra, nuevamente, un país muy liberal, un país muy rico, convirtiéndose en un lugar de dominación mundial con sitios controlados por los británicos alrededor de todo el mundo. Y después esa posición es finalmente heredada por Estados Unidos, empezando con la Primera Guerra Mundial, culminado con el fin de la Segunda Guerra Mundial. Donde Estados Unidos, porque es por lejos el país más rico, es también el país que tiene el imperio más grande que haya sido montado jamás.

Otro comentario sobre la guerra y la democracia. Los motivos para las guerras entre reyes eran en gran medida una suerte de disputas heredadas con comparativamente poca involucración de la población civil. Las guerras democráticas, empezando por la Revolución francesa y luego obviamente la Primera y Segunda Guerra Mundial, son realmente guerras nacionales. Ellas introdujeron por primera vez el servicio militar, es decir, ya que supuestamente todas las personas bajo la democracia se gobiernan a sí mismas, se alistan a sus Estados. Todos tienen ahora la obligación de participar en la guerra, incluso la población es arrastrada a la guerra, la guerra se vuelve más totalitaria: guerras más totales que las que fueron las guerras de reyes.

Las guerras de reyes, porque sus ejércitos se encontraban en campos abiertos y se enfrentaban, no afectaba por lo general a la población civil. Eso obviamente paró completamente primero con la guerra civil de Estados Unidos, luego —antes ya estuvo Napoleón— con la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial. Por supuesto, todos estos Estados usaron el servicio militar obligatorio (todas las personas tienen que participar en ella, nadie puede escapar de participar en la iniciativa de la guerra).

Y te das cuenta de que esta tendencia de los Estados yendo a la guerra e intentando expandir sus territorios solamente llegaría a su fin si en última instancia tuviéramos un solo poder dominante en el mundo. No es necesario que esto sea y, por supuesto que este es, por decirlo así, el objetivo de Estados Unidos. Sí, Estados Unidos tiene más de 150 instalaciones militares en todo el mundo, en toda clase de países. Ahora bien, están muy lejos de alcanzar esa posición que quizá nunca alcancen. Pero es importante reconocer que hay una tendencia en esa dirección.

Pues esta es la segunda parte de la historia que corresponde a la centralización del poder del Estado —como puedes imaginar fácilmente— con el lógico punto final de tener un Estado mundial, un gobierno mundial.

Y déjenme sólo marcar un punto y volveré más tarde al hilo otra vez. Si bien existen personas que pensarían —incluso algunos filósofos— que sería la situación perfecta si tuviéramos un Estado mundial, es un gran error pensar eso. Porque si tienes un Estado mundial, entonces tendrás la misma estructura de impuestos, la misma legislación, la misma estructura de regulaciones alrededor de todo el mundo, con casi ninguna posibilidad de que las personas voten con sus pies: de huir de un lugar en la búsqueda de algo que sea mejor.

Y ya que la gente no puede huir de ello, este único Estado mundial ya no tendría prácticamente ningún problema en reprimir más a más a su propia población porque después de todo no tienen otra alternativa, tienen que permanecer en donde están. Y en todas partes están gravados y regulados de la misma manera.

Tercera parte: El dinero y los Estados

Ahora llego a la tercera parte de la historia, la cual también ocurre paralelamente con las historias que ya mencioné hasta ahora y completa el panorama. Y esta parte tiene que ver con el desarrollo del dinero.

El dinero surge en el mercado como resultado de la división del trabajo en la cual las personas participan. El dinero es definido como un medio común de intercambio, es decir, es el bien más fácilmente vendible y más ampliamente aceptado de todos los bienes para facilitar el intercambio. No existe otro bien que sea aceptado por tanta gente tan fácilmente como el dinero. Y no existe otro bien que pueda ser vendido tan fácilmente como el dinero.

Originalmente el dinero es una mercancía, un bien real que ha asumido la función de ser el bien más fácilmente intercambiable de todos los bienes. Por supuesto que los Estados descubren inmediatamente que sería de máxima importancia para ellos —es decir, para incrementar el poder y la omnipotencia de los Estados— meter la mano en el dinero de alguna manera.

Ahora, ¿cómo hacen esto? Lo primero es: monopolizan la acuñación de monedas de oro, de plata o de lo que sea que esté en uso. Y al monopolizarla, esto es: “Solamente yo, en este territorio, puedo producir monedas de oro o de plata”. Con la monopolización, luego hicieron lo que es llamado ‘degradación de monedas’. Simplemente dijeron: “Envíame tus monedas, yo haré una nueva impresión en las monedas”. Nuevo rey, nueva imagen. Y luego tomaron parte del contenido de oro o de plata de las monedas y devolvieron el mismo número de monedas a la gente. Pero lo que extrajeron —el oro que sacaron o la plata que quitaron de cada una de estas monedas— fueron cantidades adicionales de dinero con las que se quedaron para ellos mismos. Por tanto, el poder adquisitivo del dinero fue reducido y el gobierno, los Estados, produjeron dinero robando de las monedas existentes. Luego la gente eventualmente descubrió este tipo de cosas.

Sobre el siguiente paso: porque la gente no siempre andaba con monedas de oro y de plata, existía también algo que es llamado sustitutos de dinero, es decir, certificados que te daban derecho a cierta suma de dinero. Eran más fáciles de llevar, simplemente pedazos, certificados. No tienes que tener tus bolsillos llenos de monedas de oro pesadas, apenas los certificados.

Pero los certificados eran títulos por monedas de oro o de plata. Y entonces luego monopolizaron la emisión de certificados. Al principio, distintos bancos y otros emitían sus propios certificados. Y cada uno de estos bancos se encargaba cuando sea que presentaras un certificado y tenían el oro o la plata a cual el certificado te daba derecho. Pues luego los certificados son monopolizados, sólo el gobierno emite certificados, y pueden ser usados con el fin de ser canjeados por monedas de oro y plata.

Y siguiente paso en este proceso fue: Tienes que deshacerte completamente de las monedas de oro y sólo usar certificados. Bien, este proceso ha sido algo complicado y no entraré en detalles sobre cómo sucedió. No obstante, todos los Estados típicamente salían en algún momento —usualmente durante tiempos de guerra— del patrón oro o el patrón de plata. Y decían: “Mira, nosotros nos quedamos con todo el oro. Tú danos todo el oro, danos toda la plata. Si no haces eso, te castigaremos. Y obtendrás certificados por ello. Pero ya no canjearemos estos certificados por oro o plata”.

De vuelta, esto fue un largo proceso que terminó en 1971, el año en que el último emparejamiento al oro fue hecho. Hasta 1971 era posible, por lo menos para los bancos centrales del exterior, llegar a Estados Unidos y decir: “Aquí tengo 35 dólares en papel moneda que me dan derecho a una onza de oro”.

Pero Estados Unidos había impreso demasiados dólares en papel moneda que eran incapaces de pagar en oro en correspondencia al acuerdo que habían hecho. Y fue el presidente Nixon en Estados Unidos quien en 1971 dijo: “Estamos completamente fuera del patrón oro. Desde ahora puedes quedarte con tus certificados y nosotros con el oro”.

Te das cuenta de que una vez que estás en esta posición, donde ya no hay absolutamente ninguna equivalencia con ninguna mercancía, puedes aumentar la cantidad de dinero a voluntad. Hoy en día puedes apenas apretar un botón y duplicar, triplicar, cuadruplicar la cantidad de dinero en existencia. Obviamente no puedes hacer esto si estás en el patrón oro o el patrón plata.

Ahora bien, lo que es importante comprender aquí es que un incremento en la cantidad de dinero en existencia no hace a una sociedad más rica. Tan solo reduce el poder adquisitivo de cada unidad de dinero. Si por medio de la impresión de papel moneda pudieras mejorar las condiciones de la sociedad, entonces pregúntate por qué existen aún países pobres en el mundo. Incluso los países más locos en el mundo pueden imprimir cualquier cantidad de papel moneda que deseen: “¿Por qué existe aún una persona pobre en el mundo si simplemente aumentando la cantidad de dinero en existencia, la riqueza sería creada?”. Y la respuesta es que no puede llevarse a cabo. Pero si preguntas a cualquier banco central en el mundo, todos creen en este absurdo. Lo lees en los diarios todos los días, dicen que ‘cuantitativamente’ fácil.

Eso no significa nada más que más cantidad de dinero será impresa y el poder adquisitivo de cada unidad disminuirá. Sin embargo, mientras que imprimiendo dinero no puedes hacer a una sociedad en conjunto más rica, lo que sí puedes hacer es hacer más ricos a aquellas personas que reciben el dinero primero, porque aquellas personas que reciben el dinero primero, pueden todavía comprar con ese nuevo dinero a los viejos precios bajos, y luego, mientras ese dinero se esparce y los precios suben, aquellos que obtienen ese dinero muy tarde ya están pagando precios más altos por todas las cosas.

Entonces hay una redistribución de ingresos en proceso para aquellos que reciben el dinero primero —que son aquellos que se benefician de esto— y son perjudicados aquellos que reciben el dinero por último. Aquellos que, por ejemplo, reciben salarios fijos. Si estás con un salario fijo y el poder adquisitivo del dinero disminuye, entonces estás jodido.

Y luego: ¿Quién es el que recibe primero siempre el dinero? Lo recibe primero el banco central que lo imprimió. Y existen las instituciones gubernamentales, y luego los principales clientes de los bancos centrales, esos son los grandes bancos privados. Y después los grandes clientes de estos bancos privados. Pero ninguno de esos es tú y yo.

Entonces, si la gente de alguna manera se queja sobre cómo la desigualdad de ingresos está siempre aumentando, una causa muy importante para esto es precisamente esto: el constante incremento de la cantidad de dinero en existencia.

Ahora, llevando la historia a un final, otra vez el dinero nos lleva a donde mencioné antes sobre la guerra y el imperialismo. El país más poderoso es también el que produce lo que es llamado la moneda de reserva. El dólar estadounidense es la moneda de reserva usada por casi todos los países. Los estadounidenses imprimen dólares y dólares, y los otros países que venden bienes a los Estados Unidos obteniendo dólares. No siempre usan estos dólares simplemente con el fin de comprar o invertir cosas dentro de Estados Unidos, los mantienen como reserva, como base de sus propias monedas. Los extranjeros que venden cosas a Estados Unidos son pagados con papel, por decirlo así, y los estadounidenses reciben bienes reales. Pues así el consumo de los estadounidenses es en gran medida financiado por personas en otros países. Lo que puedes llamar imperialismo monetario.

Actualmente todavía existe un problema incluso para los estadounidenses y ese es que el dólar no es la única moneda en el mundo, todavía existen otras monedas; el euro, el yen japonés, el rublo ruso. Y si los estadounidenses exageraran en la impresión de su dinero, entonces el peligro podría ser que las personas recurrirían a otras monedas. Pues entonces también existe una tendencia para eliminar la competencia contra otras monedas, y un intento para eso, un gran paso en esa dirección fue, por ejemplo, el establecimiento del euro.

Antes que el euro fuese establecido, alrededor del año 2000, había todavía otras monedas fuertes en competencia como el marco alemán, por ejemplo. El marco alemán no era particularmente fuerte a causa de alguna virtud alemana, pero Alemania había sufrido dos veces de la hiperinflación porque perdieron la guerra dos veces. Y a causa de su experiencia los alemanes fueron un poco más conscientes de la realidad de la inflación, de que la inflación es un peligro. Y por eso el banco central alemán fue relativamente modesto en su cantidad de emisión del marco. A los estadounidenses no les gustaba eso y promovieron el establecimiento del Banco Central Europeo. Y en el Banco Central Europeo tienes españoles, italianos, griegos, sentados en la mesa directiva del Banco Central Europeo, todos estos países son predispuestos a la emisión. Así que el euro es una moneda mucho más débil de la que era el marco alemán anteriormente.

Y lo mejor, desde el punto de vista de los intereses estadounidenses, sería, por supuesto, si el mundo entero fuera al patrón dólar. Hay esta tendencia hacia el gobierno mundial y hay una tendencia para establecer un papel moneda mundial. Un papel moneda mundial sería, por supuesto, una moneda que sería más inflacionaria que cualquier cosa que hayan visto antes. Porque no tendrás que tener miedo —queda solamente una moneda— de que pierda valor de alguna manera contra otras monedas que restringirían tu propia tentación a emitir más y más. Tampoco estoy seguro de que eventualmente este papel moneda mundial ocurrirá, tanto como no estoy seguro de que llegará al final un Estado mundial. Pero debemos ser conscientes, para entender el mundo actual, de que estas dos tendencias están en marcha, de que hay constantemente fuerzas —fuerzas influyentes— que trabajan en esta dirección.

Conclusión: La narrativa y la estrategia libertarias

Lo que les he contado hasta ahora tiene cierta proporción de similitud con la teoría marxista del desarrollo social del fin de la historia. Me di cuenta de que ustedes son mayormente jóvenes, pues quizá ya ni estén muy educados en la teoría marxista. Soy mucho más viejo que ustedes, recién cumplí 70 este año y tengo experiencia de primera mano del comunismo. Mi madre había sido expropiada por los rusos en Alemania Oriental. Yo nací en Alemania Occidental pero la mayoría de mis parientes vivía en el este. Por lo que he visto de primera mano el desastre que el socialismo causó, el acuciante empobrecimiento de la gente.

Cuando joven, era un izquierdista, había estudiado la teoría marxista. Probablemente sé más de teoría marxista que la mayoría de ustedes. Quiero que sean conscientes de ciertas similitudes de lo que dije con lo que los marxistas decían y señalar cuál fue el error más grande de ellos. La teoría marxista también dice que está habiendo explotación (la explotación es la de los capitalistas que explotan a los trabajadores).

Ahora bien, existió una teoría de la explotación y una teoría de clase mucho antes que Marx, fue una teoría liberal (o austriaca) de la explotación que es que los Estados son las organizaciones explotadoras. El cobro de impuestos es explotación. Los intereses de los trabajadores y los capitalistas son armoniosos. Cuanto mejor le va a la empresa, más altos serán los salarios de los trabajadores en su asociación voluntaria. Si el trabajador no quiere trabajar para ellos, no tiene que trabajar para ellos. Pero existe explotación en el mundo, la explotación es el cobro de impuestos.

Luego los marxistas dijeron que hay una concentración de firmas: las firmas se vuelven más y más grandes hasta que queda una sola firma global, por decirlo así. Sí, pero no son las firmas las que se vuelven cada vez más grandes, son los Estados los que se vuelven cada vez más grandes, la concentración sí se está dando. Pero no es la concentración de las empresas privadas, es la concentración de Estados de tamaño más grande.

Entonces, ¿qué podemos esperar esperanzados? Lo que podemos esperar es un proceso de descentralización, de unidades cada vez más pequeñas en el camino hacia una sociedad completamente sin Estado. Esto significa que la Unión Europea es un desastre, que el Brexit fue una buena idea. Alemania debería salirse, las provincias en Alemania deberían salirse.

En muchos discursos en Europa he inventado, por decirlo así, la frase “Lo que necesitamos es una Europa de miles de Liechtenstein”. Liechtenstein tiene 36 mil habitantes. En Liechtenstein, el príncipe de Liechtenstein permite a cada uno estos 6 o 7 pueblos, que componen Liechtenstein, secesionarse de Liechtenstein, para convertirse en independientes de Liechtenstein o unirse a Austria o Suiza, lo que quieran.

¿Por qué sería bueno eso? ¿Por qué deberían ser promovidos los movimientos secesionistas o la descentralización? Porque si tenemos Estados en todo caso, mientras tengamos cualquier Estado en todo caso, lo mejor es tener la mayor cantidad posible de ellos. Porque entonces tienen que competir entre ellos para que la gente se quede y no se mude a otros lugares. Tienen que tratar a su gente de buena manera porque de lo contrario simplemente se irán.

Los Estados pequeños también tienen menos probabilidad de participar en actividades de guerra y están casi forzados a participar en el libre comercio con el mundo. Porque imaginen si un Estado como Liechtenstein de 36 mil personas dijera: “Tomaremos medidas proteccionistas. No queremos ningún producto extranjero ingresando aquí”. La población estaría muerta en una o dos semanas. Ellos deben participar en el libre comercio. Por otro lado, si tienes un Estado gigante como Estados Unidos y dicen: “Construiremos muros al libre comercio alrededor de todo Estados Unidos”. Se reducirían, por supuesto, sus niveles de vida pero no de manera tan dramática ni inmediata como en los lugares pequeños porque aún tienen un mercado interno grande. Hay miles y millones de firmas dentro del territorio de Estados Unidos que pueden producir casi todo, quizá no de manera tan eficiente ni rápida ni buena como los productos serían si fueran también intercambiados con el resto del mundo. Pero podrían lidiar con eso por un tiempo.

Y como dije antes, cuanto más pequeños son los Estados, más difícil se hace para la gente participar en eso de “yo robo a mi vecino al votar por esto y eso”, ya que las personas se conocen entre sí y habrá más control social. Así que el objetivo de los libertarios en el camino hacia la meta de una sociedad completamente sin Estado es primero que debemos trabajar tan duro como podamos con los mejores argumentos que podamos para un proceso de descentralización e incluso de secesión.

¡Muchas gracias!


Traducido del inglés por Oscar Eduardo Grau Rotela. El material original se encuentra aquí.

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