Una razón para cooperar pacíficamente

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Esta es una transcripción adaptada de un extracto de su conferencia titulada “Parasitism and the Origin of the State”, dada durante su seminario Economy, Society, and History del año 2004 para el Instituto Mises.

Permítanme comenzar recordándoles por qué tenemos esta tendencia hacia un orden natural, la idea fundamental era que la división del trabajo y la cooperación humana son beneficiosas para todas las personas que participan en ellas. La división del trabajo implica una mayor productividad y proporciona a la humanidad una razón, por así decirlo, para cooperar pacíficamente entre sí.

De lo contrario, si no hubiera esta mayor productividad asociada con la división del trabajo, obtendríamos, de hecho, una especie de guerra permanente de unos contra otros. Mises escribe, por ejemplo, que si no fuera por esta mayor productividad del trabajo basada en la división del trabajo, “los hombres habrían permanecido por siempre como enemigos mortales de unos a otros, rivales irreconciliables en sus esfuerzos por asegurar una parte del suministro escaso de medios de sustento provistos por la naturaleza. Cada hombre se habría visto obligado a ver todos los demás hombres como sus enemigos, su anhelo por la satisfacción de sus apetitos le habrían llevado a un conflicto implacable con todos sus vecinos. Ninguna simpatía podría desarrollarse bajo tal situación”.

Y, de nuevo, debido a esta mayor productividad —a esta tendencia, por así decirlo— no es necesario que las personas se consideren entre sí como enemigas, sino que pueden considerarse entre ellas mismas como socios cooperativos si no incluso amigos. Y, nuevamente, para insistir en este punto, permítanme una vez más volver a citar brevemente algo que ya he citado antes en una conexión ligeramente diferente donde Mises dice:

Si uno reconoce este principio de mayor productividad de la cooperación basada en la división del trabajo, si uno reconoce un principio que resulta en la unión de todos los alemanes que son todos proletarios y de todas las formas de razas, naciones o clases específicas de individuos; entonces no puede demostrarse que este principio sea eficaz solamente dentro de los grupos colectivos”.

Toda la teoría social antiliberal —la teoría que de alguna manera enfatiza que debe haber conflictos entre humanos— pasa por alto el problema limitándose al supuesto de que la solidaridad de intereses en el grupo es tan evidente que puede aceptarse sin mayor debate, y se esfuerza sólo para probar la existencia del conflicto de intereses entre grupos y la necesidad del conflicto como la única fuerza dinámica del desarrollo histórico. Pero si la guerra ha de ser el padre de todas las cosas (la fuente fructífera del progreso histórico), es difícil de ver por qué su actividad fructífera debería restringirse dentro de los Estados, naciones, razas y clases. Si la naturaleza necesita la guerra, ¿por qué no la guerra de todos contra todos? ¿Y por qué meramente la guerra de todos los grupos contra todos los grupos?

Hasta ahora me he concentrado en todas mis charlas con breves digresiones sobre lo que podríamos llamar ‘actividades productivas’. Y permítanme explicar brevemente de nuevo a qué me refiero con ‘actividades productivas’ con el fin de contrastar estas con las que uno podría llamar ‘actividades parasitarias’.

Las actividades parasitarias son actividades que aumentan el bienestar de al menos una persona reduciendo el bienestar de otras personas. Se dan cuenta de que con esta definición evitamos todo tipo de comparaciones interpersonales de utilidad. Similar a la formulación del llamado ‘criterio de Pareto’ que también asume que no podemos comparar mi felicidad con tu felicidad. Y si no podemos comparar tu felicidad con mi felicidad, ¿podemos todavía decir algo sobre el bienestar social en aumento o no? Y la respuesta es que sí podemos hacer esto si reconocemos que si mi bienestar aumenta y a través de mis actividades el bienestar de los demás no disminuye, entonces podemos decir que el bienestar ha aumentado.

Y existen tres tipos de actividades que logran esto, es decir, mejorar la situación de al menos una persona sin empeorar la situación de cualquier otra persona en el siguiente sentido:

1. Un acto de apropiación original, es decir: soy la primera persona en poner en uso ciertos recursos que previamente no tenían dueño. Este es en este sentido un movimiento de Pareto superior. Mejora mi situación —de lo contrario no me habría apropiado de lo que me apropio— y no le quita nada a nadie más porque todos los demás habrían tenido la oportunidad de apropiarse de lo mismo, pero demuestran, a través de su propia actividad, que no le dieron suficiente valor: hicieron algo más. Así que nada se ha quitado a nadie mediante un acto de apropiación original. Sin embargo, una persona sí está definitivamente mejor y nadie más está peor como resultado de ello.

2. El segundo tipo de movimiento de Pareto superior es desarrollar actos de producción: uso mi propio cuerpo físico con la ayuda de recursos originalmente apropiados y ahora transformo algo que era menos valioso en algo que espero que sea más valioso. Obviamente estoy mejor debido a esto —de lo contrario no habría realizado este acto de producción— y nada se le quita a nadie más, todos los demás tienen exactamente los mismos recursos a su disposición que tenían antes de mi acto de producción. La situación de una persona está mejor, la de nadie ha empeorado.

3. Y, finalmente, los actos de intercambio contractual voluntario: también son productivos en el sentido de que dos individuos se benefician del intercambio —de lo contrario este intercambio voluntario no habría tenido lugar— y, de nuevo, ningún recurso en disposición de cualquier tercero se ve afectado por esta transacción voluntaria entre dos individuos. Así que en este caso tenemos dos individuos ganando en utilidad y satisfacción y nadie perdiendo en utilidad o satisfacción como resultado de ello.

Debido a esto, estos tres tipos de actividades pueden denominarse ‘actividades productivas’, como actividades que aumentan el bienestar social.

En contraste tenemos, por supuesto, lo que llamamos ‘actividades parasitarias’, y me refiero con “parasitaria” esta vez a un significado ligeramente diferente al que mencioné antes al principio como aquel habiendo sido utilizado por Carroll Quigley. Recordemos que Quigley se refiere a las actividades parasitarias como actividades que de alguna manera disminuyen la cantidad de bienes existentes, como recoger bayas y no reemplazarlas con nada. Yo llamaré a esto, bajo la definición actual, como una actividad productiva. Por lo que él utiliza ese término de una manera ligeramente diferente. En ese momento, cuando hablé sobre eso, el uso de “parasitaria” tenía simplemente un propósito explicativo distinto del que estoy usando ahora.

Lo que quiero decir con “parasitarias” en este contexto son las actividades que mejoran la situación de algunas personas a expensas de empeorar la situación de otras personas. Y esas actividades serían obviamente actividades tales como: quitarle a otra persona aquello de lo que se ha apropiado originalmente; quitarle a otra persona aquello que ha producido o; no esperar el acuerdo de algún socio potencial de intercambio, sino simplemente robarle lo que sea suyo. Tenemos en todos estos casos obviamente a una persona que gana y a otra persona que pierde.

Permítanme mencionar brevemente tres actividades parasitarias típicas que jugaban un gran papel en la historia antes de que llegaran a una forma especial de comportamiento parasitario que está asociada con la institución del Estado:

1. El comportamiento parasitario sería, por ejemplo, en la forma más drástica, el canibalismo, es decir, la gente simplemente se come a otra persona. Fue, de nuevo, una comprensión, una inteligencia por parte de la gente que llevo a la abolición del canibalismo. La gente se da cuenta de que sí, que al corto plazo el canibalismo podría ser beneficioso. Pero si tienes levemente perspectivas a más largo plazo, preferirías la esclavitud por encima del canibalismo. Esta es, de hecho, una etapa del desarrollo humano para la cual tenemos evidencia antropológica; de que la mayoría de los caníbales se dieron cuenta en algún momento —después de volverse un poco más inteligentes— de que la esclavitud era definitivamente superior al canibalismo (a menos que tengas muchísima hambre en este momento en particular).

2. Por lo menos la gente incluso superó esta ‘deliciosa’ tentación y desarrolló la esclavitud. Y fue, de nuevo, un pensamiento racional, por así decirlo, el que también superó esta institución de la esclavitud, porque se dieron cuenta de que la esclavitud es por lo general un sistema improductivo de interacción humana. Nuevamente, la esclavitud, en el corto plazo, puede ser evidentemente beneficiosa. Si puedo usarte como mi esclavo por un tiempo, incluso si reconociera que a la larga estaría mejor si fueras un hombre libre y yo un hombre libre y cooperáramos entre sí; a corto plazo, por supuesto, la esclavitud puede tener ciertas ventajas. Y requiere, de nuevo, por así decirlo, un cierto desarrollo de inteligencia, una cierta reducción de nuestra preferencia temporal, por así decirlo, para estar dispuesto a renunciar a esta ventaja inmediata que la institución de la esclavitud podría representar.

3. Aparte de la esclavitud, por supuesto, la forma más común de comportamiento parasitario es el simple delito, el robo, el fraude y las actividades como esas. Y otra vez podemos decir, por supuesto, que el hecho de que la mayoría de la gente se abstiene de este tipo de actividades se basa en la comprensión, se basa en el hecho de que se dieron cuenta de que a la larga estas cosas simplemente no compensan. Si el robo se convirtiera, por así decirlo, en una práctica general, todos estaríamos en condiciones terribles. Y nos abstenemos incluso de participar en robos y fraudes aún sabiendo que en el corto plazo podríamos salir ilesos de eso. Nuevamente la comprensión, una cierta cantidad de inteligencia, una cierta capacidad para retrasar la gratificación es necesaria por parte del hombre para renunciar a las tentaciones que estas formas de comportamiento parasitario pueden representar.

Y debido a esto, debido a una cierta cantidad de inteligencia y otras cosas, hemos llegado a una etapa en la que el canibalismo o la esclavitud básicamente han desaparecido y donde el fraude y el robo se han convertido en eventos raros llevados a cabo por unos pocos individuos asociales, mientras mayoría de las personas se abstienen de ello.

Así que la civilización es mantenida por el pensamiento racional, por haber desarrollado un cierto estado de inteligencia y haber bajado nuestra preferencia temporal hasta cierto punto. Y otra vez una cita de Mises en este sentido:

Uno puede admitir que en hombres primitivos la propensión a matar y destruir y la disposición para la crueldad eran innatas, también podemos asumir que bajo las condiciones de edades tempranas la inclinación por la agresión y el asesinato era favorable a la preservación de la vida. El hombre fue alguna vez una bestia brutal. Pero uno no debe olvidar que era físicamente un animal débil; no hubiera sido un rival para las grandes bestias de presa si no hubiera estado equipado con un arma peculiar, la razón. El hecho de que el hombre es un ser razonable que, por tanto, no cede sin inhibiciones a todo impulso, sino que ordena su conducta conforme a una deliberación razonable, no debe denominarse antinatural desde un punto de vista zoológico. La conducta racional significa que el hombre, frente al hecho de que no puede satisfacer todos sus impulsos, deseos y apetitos, renuncia a la satisfacción de aquellos que él considera menos urgentes. Para no poner en peligro el funcionamiento de la cooperación social, el hombre se ve obligado a abstenerse de satisfacer aquellos deseos cuya satisfacción dificultaría el establecimiento de instituciones sociales. No hay duda de que tal renunciación es dolorosa, sin embargo, el ha hecho su elección, ha renunciado a la satisfacción de algunos deseos incompatibles con la vida social y ha dado prioridad a la satisfacción de aquellos deseos que pueden realizarse solamente, o de una manera más profusa, bajo un sistema de división del trabajo. Esta decisión no es irrevocable y definitiva, la elección de los padres no reduce la libertad de elegir de los hijos. Ellos pueden revertir la decisión. Todos los días pueden proceder a la transvaloración de los valores y preferir la barbarie a la civilización o, como dicen algunos autores, el alma al intelecto, el mito a la razón y la violencia a la paz. Pero deben elegir, es imposible tener cosas incompatibles entre sí”.


Traducido del inglés por Oscar Eduardo Grau Rotela. El material original se encuentra aquí.

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