El camino fácil (y equivocado) del conservadurismo kirkiano

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Un extracto de El libertarismo y la vieja derecha

A mediados de los años cincuenta, como una consecuencia del libro de Russell Kirk The Conservative Mind, la palabra «conservador» llegó a describir a cualquiera que fuera un escéptico no socialista de la política federal. Estaba descontento con la palabra, porque era un discípulo consciente de la escuela libertaria Nock-Mencken de la preguerra.

Había una diferencia fundamental entre la vieja y la nueva derecha de Kirk. El libro de Kirk celebraba a algunos buenos escritores y estadistas. Pero distorsionaba aquello que los impulsaba, que no era la «política de la prudencia», sino la convicción moral y filosófica implacable. El principal empuje de la influencia de Kirk, creo yo, fue poner a la derecha en contra de sus mejores instintos anteriores a la guerra.

En manos de Kirk, el conservadurismo se convirtió en una postura, un comportamiento, un manierismo. En la práctica, no le pedía a la gente nada más que adquirir una educación clásica, despreciar el mundo moderno, y en privado anhelar los tiempos pasados. Y si había una tensión constante en el conservadurismo kirkiano, esa era la oposición a la ideología, una palabra que Kirk demonizaba. Esto le permitió acusar a Mises y a Marx del mismo supuesto error.

En realidad, la ideología no significa nada más que pensamiento social sistemático. Sin un pensamiento sistemático, la maña intelectual del impulso estatista se libera. No puedes luchar contra los poderes masivos y organizados de las fuerzas sociales estatistas, centralistas y, en general, destruccionistas, armado sólo con una cadena de relojes y un vocabulario antiguo. Finalmente, la pregunta que debe ser planteada y respondida definitivamente en el mundo de las ideas fue planteada por Lenin: ¿Qué debe hacerse?

En la respuesta a esa pregunta se encuentra el destino de la propia civilización. Y si los que creemos en la magnificencia de la visión liberal clásica de la sociedad no la respondemos definitivamente, perderemos. Al ver esto, hombres como Frank Meyer —que era un libertario en todos los asuntos menos en la guerra y la paz— condenaron a Kirk como un estatista y un irracionalista. Al final, sin embargo, el moderatismo y el escapismo de Kirk prevalecieron porque era un camino más fácil.


Traducción original revisada y corregida por Oscar Eduardo Grau Rotela. El artículo original se encuentra aquí.

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