El anarcocapitalismo sí puede funcionar

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En su conferencia del Mises Circle el pasado 8 de noviembre, Lew Rockwell, autor de Against the State: An Anarcho-Capitalist Manifesto, respondía a la pregunta por la viabilidad del Anarcocapitalismo como sistema idóneo para la cooperación social. Caracterizaba dicho sistema por medio de tres aspectos: 1) todo ser humano se auto-posee (fundamento de la propiedad privada), 2) la existencia de un único código moral (supongo que mínimo, basado en el PNA) vinculante para todos los miembros de la sociedad, y 3) la sociedad puede coordinarse sin una dirección centralizada.

Es precisamente en esta tercera peculiaridad de la sociedad anarcocapitalista donde centraría su argumentación. Trazando una línea histórica desde los escolásticos tardíos de la Escuela de Salamanca, y pasando por Bastiat y Molinari, Rockwell descubre argumentos en contra del Estado basados en el derecho natural, hasta llegar a Rothbard, autor del sistema de pensamiento ancap más desarrollado y coherente hasta entonces.

Entonces, se pregunta Rockwell, “¿puede el Anarcocapitalismo funcionar?” Una cosa es arremeter teóricamente contra el estado de forma más o menos convincente, y otra es poner en práctica dicho esquema de coordinación social descentralizada. Para convencernos de la propuesta, nuestro autor pasa a analizar el argumento popular de la necesidad de un monopolio de la defensa de los individuos y del derecho, pues de lo contrario nos encontraríamos en el estado de naturaleza hobbesiano. Es decir, los individuos se matarían los unos a los otros en un escenario anárquico movidos exclusivamente por el interés propio.

Creo que el contraargumento ofrecido por Rockwell resulta convincente. En resumen dice así: supongamos que en realidad nuestra única motivación para actuar sea un interés egoísta de seguridad y bienestar. ¿Estaría justificado el que nos atacáramos los unos a los otros en pos del objetivo? No, porque en dicho escenario habría una alta probabilidad de que perdíeramos la vida, lo cual va en contra, obviamente, del objetivo de nuestra acción egoísta. Sería, por tanto, algo bastante irracional. No parece, por lo tanto, estar justificada la existencia de un Estado vigilante, paternalista, mediador, por mínimo que éste queramos que sea.

En cuanto a la necesidad de un monopolio legislativo sustentado por el Estado, Rockwell es igualmente claro: tal convicción carece de fundamento desde la consideración del derecho no como legislación creada sino como ley descubierta, “in which legal norms develop through the course of normal human interaction and the accumulation of a body of general principles”. Esta concepción praxeológico-evolutiva de la institución del derecho, señala nuestro autor, ha representado la norma a lo largo de la historia. Sólo con el establecimiento del Estado moderno se impone la anomalía y aberración de la equiparación entre derecho y voluntad interesada del legislador. Estaríamos, por tanto, ante una nueva refutación de la necesidad del Estado moderno.

Rockwell reconoce en su conferencia que el objetivo primordial de haber escrito un libro como Against the State fue el intentar mostrar la verdad del Estado: un monopolio de la violencia y de la masiva transferencia de riqueza. Cuanta más gente sea capaz de desengancharse del opio estatista mejor oportunidad tendrá la Humanidad de luchar contra esta rémora para la libre acción empresarial.

Un único apunte crítico me permito hacer de esta conferencia: a mi juicio, y sin desmerecer un ápice la gran carga crítica de la obra de Rothbard y de sus seguidores como Rockwell, resulta insatisfactorio fundar los argumentos a favor del Anarcocapitalismo en la idea aristotélico-tomista de una naturaleza humana, pues se corre el riesgo de un “reduccionismo naturalista”, es decir, limitar toda explicación-comprensión de la acción humana a lo que digan de ella las ciencias naturales de carácter nomológico. Lo cual, además, contradiría la definición praxeológica de acción humana que es fundamentalmente libre y, en consecuencia, no del todo predecible. Es por ello que Mises adoptó el dualismo epistemológico con el fin de distinguir el método de la comprensión praxeológica (reservado exclusivamente para la acción humana) de la explicación nomológica de los fenómenos de la naturaleza.

En definitiva, la acción humana, base de una sociedad coordinada de forma descentralizada, debemos entenderla desde sus categorías a priori. En mi propuesta de una praxeología trascendental se perfilan 4: los a priori de la misma acción, la auto-posesión, la argumentación y la elección. Considerándolos junto con sus interacciones estructuran tanto una fundamentación de todo conocimiento válido (progreso científico al margen de la manipulación ideológica), como una justificación ética de la sociedad anarcocapitalista, sin caer en el naturalismo anteriormente referido, manteniendo las pretensiones de validez universal en su discurso.

Pero este aporte deberá ser explicado con más detalle en siguientes posts.

 

Autor: José Manuel Carballido

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