Jonathan Gullible: Capítulo 27

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Según la necesidad

Una gran fanfarria de trompetas y el resonante redoble de un tambor silenció de repente a la multitud. El animador Phil levantó sus brazos hacia el público:

-Sus padres allá afuera han esperado bastante nuestro final. El periplo de doce años de sus hijos está por terminar. Es el ¡Juego de la Graduación!

Un órgano llenó de música el enorme lugar y repentinamente se abrieron las puertas laterales de los pasillos. Por ellos marcharon estudiantes con birretes y largas togas negras. La multitud estalló en una desordenada ronda de aplausos con alaridos y gritos esparcidos ocasionalmente.

Jonathan le murmuró a una mujer que estaba a su lado: ¿qué es el Juego de la Graduación?

Ella inclinó a medias su cabeza hacia él y respondió:

-Es una competencia entre los jóvenes de nuestras escuelas del Consejo. -Hizo una breve pausa para escuchar los anuncios y luego prosiguió, esforzándose para hacerse oír encima del bochinche-. Es la culminación de la educación formal. Hasta ahora, el propósito de una educación formal ha sido demostrar la importancia del trabajo duro y el desempeño diligente en la búsqueda del conocimiento. Hoy honramos a los mejores estudiantes por su éxito competitivo y sus destacados logros. Pero el premio final, que aún no se ha entregado, es el Premio al Mejor Alumno que se le entrega al ganador del Juego de la Graduación.

Dirigiéndose hacia el escenario, Jonathan pensó ver a alguien que le era familiar.

-¿Quién es esa que saluda a los estudiantes a medida que van pasando?

-Oh, ésa es Lady Bess Tweed. ¿No la reconoces? Es nuestra distinguida oradora. Por ser miembro del Consejo de Gobierno y reina de los políticos es la invitada de honor, como siempre, y adora la publicidad. Su profesión es la más venerada y al mismo tiempo la menos respetada de la isla. Así que es perfecta para el Juego de la Graduación.

-¿Cómo se juega? -preguntó Jonathan.

-Es así -dijo la señora, acercándose a la oreja de Jonathan-, Lady Tweed da uno de sus discursos políticos habituales y los estudiantes anotan todas las frases que contradigan directamente lo que han hecho y aprendido en la escuela. El que encuentra el mayor número de contradicciones es el ganador del prestigioso Premio al Mejor Alumno. Shhh, Lady Tweed ya comenzó. Escucha.

-…así, hemos aprendido acerca de las virtudes de la libertad -bramó Lady Tweed-. Sabemos cómo el libre albedrío y la responsabilidad personal llevan a la madurez y al crecimiento. Así es y ésa es la situación que atosiga a esta gran comunidad. A lo largo de la historia las personas siempre han buscado libertad. Qué maravilloso que ahora vivamos en una isla libre…

La mujer señaló a los estudiantes que estaban detrás de Lady Tweed en el escenario:

-Ves cómo escriben desesperadamente. ¡Oh, tantos puntos para acumular!

-¿Lady Tweed contradijo lo que los estudiantes aprendieron en la escuela? -preguntó Jonathan.

La mujer se rió con disimulo:

-¿Libre albedrío? No tiene sentido. La escuela es obligatoria. Los chicos son forzados a asistir y todos están obligados a pagar por ella. ¡Ahora silencio!

-… y tenemos la fortuna de tener las mejores escuelas imaginables, especialmente ahora que enfrentamos tiempos difíciles según el pronóstico de nuestros economistas -dijo Lady Tweed con cadencia musical-. Nuestros maestros son el modelo de comportamiento ejemplar para nuestros estudiantes, alumbrando el camino hacia la democracia y la prosperidad con la luz de la verdad y el conocimiento…

La mujer parada junto a Jonathan lo tomó de la manga exaltada. Chilló:

-Mi hija es la tercera estudiante de la derecha en la segunda fila.

Está escribiendo; tiene todos esos puntos, estoy segura.

-No entiendo -preguntó Jonathan-, ¿qué puntos?

-¿Las mejores escuelas? Es imposible comparar sin opción. Lady Tweed envió en forma privada a sus propios hijos al campo para tomar lecciones, pero a la mayoría las autoridades le asignan la escuela del Consejo más cercana. ¿Maestros modelo? ¡Ja! A los estudiantes se les pide que se sienten en silencio y cumplan órdenes durante doce años y a cambio no reciben más que calificaciones en letras y estrellas de papel. Si un profesor recibiera estrellas de papel en lugar de su salario, ¡lo llamaría esclavitud! ¿Alumbrando el camino hacia la democracia? ¡De ninguna manera! El ejemplo en la clase es la autocracia.

Lady Tweed inclinó su cabeza con humildad:

-…ahora han llegado a este hito de sus vidas. Cada uno de ustedes se da cuenta de que la nuestra no es más que una pequeña voz en el gran coro de la humanidad. Sabemos que la competencia feroz y la lucha cruel y codiciosa para alcanzar la cima hoy no resultan apropiadas. Para nosotros, la virtud más noble es el sacrificio. El sacrificio por las necesidades de los demás, por las multitudes que son menos afortunadas…

La mujer casi grita de placer:

-¡Mira cómo escriben esos estudiantes! ¡Es una mina de oro de contradicciones! “¿Gran coro de la humanidad?” “¿Sacrificio?” En la escuela, siempre se les enseñó a superar, a ser lo mejor posible. Y Tweed misma no es ninguna floja. Es la más ruidosa, la más demandante e inescrupulosa del montón. Logró abrirse camino hacia el liderazgo mediante toda clase de hábiles tácticas. Estos estudiantes saben que no llegaron a esta etapa sacrificando sus calificaciones por los estudiantes incompetentes que los rodean.

Jonathan sencillamente no lo podía entender:

-Quiere decir que en la escuela a los estudiantes se les enseña a superarse personalmente. Y sin embargo, en la graduación, ¿Lady Tweed les dice que se sacrifiquen por los demás?

-Ahora entendiste -respondió la mujer-. Lady Tweed predica un mundo distinto para los graduados. De cada uno según su capacidad para cada uno según su necesidad. Ése es el futuro.

-¿No podrían ser coherentes y enseñar lo mismo antes y después de la graduación? -preguntó Jonathan.

-Las autoridades están trabajando en eso -dijo la mujer-. Las escuelas funcionan en una tradición antigua que le da calificaciones altas a los mejores desempeños. El año próximo piensan invertir el sistema de calificaciones. Piensan utilizar incentivos y premios para preparar a los estudiantes para la nueva realidad. Las calificaciones serán dadas en función de la necesidad en lugar del logro. Los peores estudiantes obtendrán las mejores notas y los mejores estudiantes las peores. Dicen que los peores estudiantes necesitan más de buenas calificaciones que los mejores estudiantes.

Negando con su cabeza, Jonathan repitió las palabras de la mujer para asegurarse de haber oído correctamente:

-¿ Los peores estudiantes obtendrán las mejores notas y los mejores estudiantes las peores?

-Correcto -asintió ella.

-¿Pero qué sucederá con el desempeño? ¿No intentarán todos ser más necesitados y menos capaces?

-Según Tweed, lo importante es que éste será un acto humanitario. Los mejores estudiantes aprenderán la virtud del sacrificio humano y los peores estudiantes serán instruidos en la virtud de aceptar el sacrificio ajeno. También se les ha exigido a las escuelas públicas que adopten el mismo sistema para los maestros.

-¿Qué les parece eso a los profesores? -preguntó Jonathan.

-A algunos les encanta y otros lo odian. Mi hija dice que los mejores maestros amenazaron con renunciar si se adoptaba ese plan. A diferencia de los estudiantes, los maestros aún tienen el lujo de esa elección. Por ahora.

Traducido del inglés por Hernán Alberro.

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