La igualdad de protección se ha transformado en su contrario. Examinemos la fórmula una vez más: igualdad de protección = igualdad de consideración y respeto = tratamiento desigual. Sencillo, ¿no?
Contrariamente a la definición popular, la inflación no se refiere a un aumento general de los precios sino a aumentos en la oferta monetaria. El aumento general de los precios en general se produce debido al aumento del dinero.
El homeschooling ha experimentado un transformación extraordinaria. De inconformista a convencional, el movimiento ha adquirido un glamoroso brillo popular.
Un régimen de moneda fiduciaria sufre de una serie de defectos económicos y éticos de largo alcance. Es inflacionista, causa inevitablemente olas de especulación, provoca malas inversiones y ciclos de “auge y declive” y en general estimula una creación excesiva de deuda.
Cuando dos fenómenos coinciden, nos senitmos tentados a tratarlos como si fueran un fenómeno único, a establecer a partir de las repetidas impresiones una relación de causalidad; o, cuando la causalidad efectivamente existe, a invertir la dirección de dicha causalidad. Estos son ejemplos de la falacia de asociación.
Otro gol que nos pasaron los políticos es desviar nuestra atención de la desigualdad ante la ley, en la que nosotros somos víctimas y ellos victimarios, hacia la “desigualdad económica y social”.
Actualmente, toda la cultura progresista se caracteriza por un fuerte sentimiento de culpa colectiva. Aquel ciudadano que no se rige por los cánones políticamente correctos y no profesa una larga lista de culpabilidades solemnemente declaradas es automáticamente señalado como “reaccionario”.
El ideal clásico de la libertad y la vida privada está volviendo a ganar actualidad y una razón importante es el éxito que ha tenido una vanguardia intelectual de investigadores austriacos y disidentes políticos a la hora de socavar los fundamentos ideológicos del estado.