En unos pocos meses, Washington había conseguido extirpar un ejército popular entusiasta, contento e individualista y transformarlo en otro ejército estatista más, lleno de soldados aburridos, resentidos e incluso amotinados.
Si hay algo a lo cual un libertario debe oponerse completa y firmemente, es a la servidumbre involuntaria –el trabajo forzado–, un acto que niega el derecho más elemental de propiedad, el derecho sobre uno mismo.
Los precios de los bienes de producción empleados para producir cada bien de consumo están determinados indirectamente por las preferencias de consumo al generar ingresos para el empresario que justifican la demanda que éste expresa de los mismos.
La producción de la seguridad debe, en interés de los consumidores, permanecer sometido a la ley de la libre competencia. Ningún gobierno debe tener el derecho a obligar a los consumidores de seguridad a dirigirse exclusivamente a él.
Como había advertido Roger Williams a Massachusetts cuando llegaron por primera vez lo cuáqueros, cuanto más salvaje fuera la persecución, más se multiplicaría el apoyo a los cuáqueros.
Los partidarios de intervenciones gubernamentales han hecho muchas comparaciones entre el colapso financiero y la crisis de la Deepwater Horizon. Sin embargo, tanto en un caso como en el otro se equivocan.
Cualquier trabajador que coopere con los jefes en sus incesantes, despiadados e implacables esfuerzos por “acelerar” a los trabajadores y a forzarles a aumentar sus niveles de productividad, es un enemigo de la clase trabajadora.
Seguimos siendo la escuela de economía más pequeña, pero somos la que está creciendo más rápido. Somos una de las escuelas de economía más antiguas, pero la edad media de los economistas austriacos continúa disminuyendo.
Consideremos las probables consecuencias de que la cuarta economía más grande del mundo (la alemana) estableciera una divisa respaldada por oro al 100%.